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Spanish Revolutions | #15m #acampadasol #nolesvotes
Lo que está ocurriendo estos días en España es algo que me produce, después de años de profunda vergüenza nacional, un atisbo de orgullo. Los eventos de estos días son en mi opinión preferibles a la Huelga General convocada hace unos meses por unos sindicatos obsoletos y anclados en un sistema de lucha de clases del pasado (de la que ya hablé). No nos sorprendió que dicha Huelga fuera un fracaso. Se trataba de presionar con nuestra ausencia en los puestos de trabajo, cuando lo que hay que hacer es trabajar más. Se peleaba por los derechos laborales, cuando el problema es, precisamente, que muchos españoles (un 21% de la población activa y un 44% de los jóvenes) ni siquiera tiene una situación laboral en absoluto. La iniciativa de plataformas sin adscripción partidista (pero para nada apolíticas) era el acicate perfecto para mover a los ciudadanos, no a las ideologías concretas. Entiendo el escepticismo de los realistas que ven en esta agitación un movimiento romántico, idealista y utópico. Nadie ni nada hará cambiar a la banca, nada ni nadie gritará con tanta fuerza que el sistema financiero se reubique. Pero boicotear unas manifestaciones que se acercan más que nunca a un espíritu espontáneo y no violento es simplemente una muestra de resentimiento hacia la juventud que tenemos. Se la puede criticar y ridiculizar, pero repito, es nuestro valor más seguro y hay que apoyarla.
Desde ciertas tribunas (como por ejemplo, y da verguenza conocer esto, la radio pública) se ha procedido a una campaña de descrédito de este movimiento como pocas veces habíamos presenciado. La virulencia del status quo hacia todo lo que está ocurriendo demuestra el miedo que se tiene a que alguien se atreva a cuestionar la sospechosa legimitidad de su apoltronamiento. Esto incluye a periodistas y políticos. Se ridiculiza a unos jóvenes como hippies antisistema que disfrutan de sus iPhones, como si eso deslegitimase sus reivindicaciones de por sí. Se les llama rebeldes antisistema, anarquistas, y después se les tilda de aburguesados. No hay consistencia en las acusaciones porque la masa que se ha manifestado no es consistente. Es, simplemente, la gente a la que se le dio de todo con 20 años y después, con 30, se les arrebató más aún: la posiblidad de tener un futuro y de ser autosuficientes. Después hablaremos del papá Estado.
La actuación policial y de los medios han sido la primera victoria de la iniciativa. Si bien el 15 de mayo no pretendía más que ser una expresión de indignación sin unos objetivos concretos, se han conseguido dos muy importantes. El primero, ofrecer pruebas palpables de la falta de democracia que denuncian. Efectivamente, la clase política se puso sus mejores galas pro-derechos civiles para defender a ultranza el derecho del pueblo egipcio para resistir en la plaza de Tahir. Pero el pueblo español parece no tener siquiera ese derecho. Algún lidercillo dirá entonces que las circunstancias de Egipto requerían medidas más drásticas; y nosotros nos preguntaremos qué derecho tienen esos líderes de establecer cuándo el pueblo puede tomar las riendas y cuándo no (EDITO: ya lo han hecho). Lo que faltaba. El segundo objetivo cumplido, y con creces, ha sido dejar en evidencia a unos medios servilistas y acomodaticios, meros transmisores de notas de prensa y comunicados oficiales, gusanillos que se arrastran hacia las ruedas de prensa y juegan al juego de darle bola a los insultos de parvularios que los politicuchos se traen en su bodevil de correveidiles. Los medios tardaron días en reaccionar a lo que estaba ocurriendo, censurando de forma efectiva y activa (no fue un acto de omisión, sino de acción) lo que estaba ocurriendo. Porque ellos sólo hacen de voceros de los bancos, los partidos, los sindicatos, las instituciones de valoración financiera y otros parásitos varios. Han sido reemplazados por las suscripciones a una selección de feeds y un torrente de microblogging ante el que nada pueden hacer, ni en velocidad ni en amplitud de difusión. Están ya atrasados, son ya obsoletos, al igual que el carpetovetónico sistema de diálogo social y actores sociales (nunca mejor dicho lo de “actores”). Son el siglo XX, se creen herederos de una autoridad moral. Son viejos.
Iñaki Gabilondo decía el otro día en su videoblog que “la sociedad española llega a las elecciones en un ambiente de profundo descrédito de la clase política”, y es gracioso que esto lo diga un periodista, incapaz de hacer autocrítica y añadir que “la sociedad española llega a las elecciones en un ambiente de profundo descrédito de la profesión periodística”.
Pedro J Ramirez, en su videoblog propio (lo intentan, lo intentan, pero no consiguen ser parte de la auténtica internet) dice que este movimiento debe ser tenido en cuenta por los políticos como un aviso de algo más grande que puede llegar si no hacen algo para remediarlo, para después pasar al ataque y decir que el manifiesto de la iniciativa es propio de un movimiento de extrema izquierda, de socialismo real cercano al comunismo o a la dictadura castrista. Esto debería extrañar a todo ya que el movimiento se está alzando precisamente tras el fracaso de diversas medidas de índole social que se intentaron poner en práctica antes del famoso cambio doctrinal al que sometió Zapatero a la estrategia del Gobierno abrazando soluciones propias de la derecha económica y del Partido Popular. Para mí, este movimiento debería ser un rechazo a ambas doctrinas, a la social y a la liberal, si no van acompañadas de humanidad e intención de regenerar a España, de reinventar el país. Eso es lo que significa el #nolesvotes, ni más ni menos. Para mí, este movimiento se confronta totalmente con la iniciativa sindical de la Huelga General de hace unos meses y con el antiguo sistema de representación. Si este movimiento es “de izquierdas”, va a perder su fuelle. Debe desmarcarse y presentar una propuesta desligada de aumentos de impuestos, subsidios al desempleo y sugerencias tan cercanas a la izquierda. Su manifiesto se debe centrar en la democracia, la representatividad, la transparencia y la depuración de la escena política hacia una auténtica dignidad de la labor de gobierno y de servicio público de los administradores.
Lo que es evidente es que parece difícil arrebatarle a los movimientos “de izquierdas” la exclusiva total de movimientos sociales como este. La derecha jamás ha parecido identificarse con la protesta y la reivindicación excepto para temas relacionados con la moralina y los valores tradicionales. Eso que se pierden, porque si la masa social de derecha joven e indignada se uniese e identificase con movilizaciones como las que están ocurriendo estos días, la fuerza y la intensidad de la protesta serían memorables, históricos, imparables. Es una pena que la izquierda monopolice esto.
Lo que, en mi humilde opinión, es una base de propuestas irrenunciables que presentar en esta ocasión a la clase política son las siguientes:
- Impuestos. Exijamos a los grandes capitales y a las corporaciones el tributo que deben, sin condonar ni omitir sus responsabilidades. Nada de tratos de favor, nada de ligereza fiscal para los tiburones.
- Listas abiertas. La necesidad de listas abiertas es el núcleo de lo que el lema “Democracia real YA” significa. Hasta que no se alcance una representatividad real y la posibilidad de un auténtico sistema de elección transparente no habrá democracia real.
- Reforma de la ley electoral. Una revisión de la Ley d’Hondt permitirá acabar con injusticias como la nimia presencia parlamentaria de grupos que han obtenido casi tantos votos como otros partidos que se ven recompensados exageradamente en proporción. Se sabe que la gobernabilidad será más difícil, pero es algo que se debe seguir intentando.
- Depuración del lenguaje político. El circo político es vergonzoso y un insulto a la inteligencia del electorado. Los políticos se dirigen a la masa que desgraciadamente no tiene demasiado criterio y, en lugar de informarla y educarla, se la hunde más aún en la ignorancia de cómo funcionan las cosas realmente. Se acude al insulto, al maquillaje, a la sonrisa y a la demagogia. Y lo peor de todo es que funciona. Este sistema de control marketiniano debe morir cuanto antes. En este sentido los medios se deberían negar a transmitir ese aspecto de la clase política y dedicarse a investigar e informar, educar en el funcionamiento de la Administración y denunciar los excesos de sus funcionarios políticos.
- Me permito añadir las 10 peticiones de @DrZito:
- Reforma electoral
- Listas abiertas
- Persecucion del fraude impositivo
- Reforma de la ley de financiacion de los partidos
- Defensor del pueblo elegido democraticamente
- Democracia participativa a nivel local
- Referendums vinculantes
- Laicidad
- Fin de la inmunidad judicial de los cargos politicos
- Reforma del senado y racionalización de las administraciones
EDITO (25 de mayo) … ¿Reiki? ¿Biodanza? Pero, ¿qué sandeces son estas? Yo, personalmente, me desligo del apoyo a #acampadasol. Esto es ridículo.
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Nebraska | The real thing
Quería compartir aquí un par de fotos de un amigo que vive en un pueblo de unos 100 habitantes que hay en la Nebraska profunda, bien al norte de la interestatal, tirando hacia las sandhills. Se llama Big Joe, vive solo en su cabaña, sin calefacción (tiene que cortar su propia leña) y acompañado constantemente por su botella de whiskey. Es un gran tipo. Su motocicleta es su orgullo, no sé si funciona pero cuando se prestó para estas fotografías no dudó sacarla del cobertizo y posar con ella como si fuese su pride and joy, su mayor orgullo en la vida. Sirvan estas imágenes para reivindicar la autenticidad, la humanidad y la crudeza de la vida por estas latitudes del inmenso mundo, donde hay de todo. No sabemos nada, amigos.

Big Joe en su motocicleta.

Primer plano de Big Joe
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El secreto de su éxito (…o “algo que perder”)
Mucho se critica la naturaleza del cuerpo de empleados públicos. Concretamente el estatus vitalicio de las plazas de los funcionarios en España, puestos de trabajo cuyas condiciones son definidas oficialmente según el Estatuto de la Función Pública como “plazas en propiedad, fija, vitalicia y sin posibilidad de despido” y que para algunos es responsable de muchos males ‘típicos’ del país. En cuanto a la educación, que es de lo que trata este artículo, se trata de un asunto importante ya que la mayor proporción de los funcionarios en España se dedican a ese sector fundamental. Lo que parece innegable es que los profesores no suelen estar en peligro de perder sus puestos, los directores de los centros no tienen control alguno sobre ellos a nivel laboral, y existe cierta suspicacia sobre el modo en que se apolillan en sus puestos, dando lugar a maestros frustrados, aburridos, anquilosados y, en fin, “afuncionariados”.
Me pregunto si existe la posibilidad de que los trabajadores de la Administración Pública pudieran ser sujetos a una auditoría, una inspección de trabajo basada en objetivos cumplidos, productividad y resultados, para asegurar su permanencia en el puesto si cumple con unos estándares. En ese sentido viene a cuento mi experiencia fuera de España. Los profesores aquí tienen la responsabilidad de que sus alumnos cumplan con los criterios y expectativas estatales y federales de aprendizaje, y los resultados deben estar a la altura. Todo se mide, se cuantifica, se pone en gráficos y es estudiado sincrónica y diacrónicamente. La cantidad de datos de todo tipo recogidos al cabo de un año es abrumadora, y la revolución tecnológica es utilizada extensivamente para el registro y análisis de los mismos: resultados académicos, test estatales, objetivos cumplidos, estándares asegurados, evolución cuantitativa de innúmeros parámetros… es increíble cómo cada cosa en registrada en un gráfico de barras y enviado a las autoridades u organismos competentes. Cada cierto tiempo, los profesores y maestros son observados y “calificados” por sus directores, y se les ofrece formación contínua en forma de cursos varias veces al año para mantenerles formados, informados y actualizados. No sé si todo esto se hace en España, pero a partir de mi experiencia docente en un centro (Público!) en los EE UU, puedo decir que el nivel de gestión y efectividad que se llevan a cabo son infinitamente superiores a cualquier empresa privada en la que haya podido trabajar en España. Todo está en una hoja de cálculo, todo sigue un plan predeterminado, todo exige de tí un 120% cada día para asegurar la excelencia docente. Supongo que suena frío, pero os aseguro que lo llevamos a cabo con la mayor pasión y dedicación.
Me pregunto si tras el recorte del 5% que han sufrido los funcionarios les apetece hablar de subidas de sueldo. En EE UU el sueldo puede llegar a congelarse (cosa inaudita), pero lo que nadie te quita es el aumento por antiguedad y, desde luego, dependiendo de tu formación. A la derecha se puede ver la tabla de sueldos anuales según la titulación del cuerpo docente. Si haces créditos de posgrado en veranito y llevas el expediente académico a las oficinas del distrito donde trabajas, “subes un escalón” y pasas a cobrar la cantidad especificada en el siguiente siguiendo estos incrementos. Comparo los 1800 € de un profesor medio en España con los 3000 $ mínimos (pueden llegar hasta los 6000 $) en EE UU y me pregunto hasta qué punto los funcionarios pueden ser felices y resignarse.
Todo esto tiene una contrapartida, y tiene que ver con la siguiente viñeta que ví en Facebook el otro día. Tiene cierta gracia (si bien el dibujo es horrible y me cuesta ponerlo en el blog), porque da a entender que según lo de “las competencias básicas” va a ser el profesor el único responsable del fracaso escolar. En realidad significa que al docente se le van a exigir una serie de cualidades profesionales que debe cumplir para asegurar el éxito de su misión educativa (en EE UU, también asegurarán su permanencia en el puesto, como veremos a continuación).
El equivalente a todo esto en la Educación Pública en los EE UU (pero a lo grande) sería la Ley llamada N.C.L.B. (No Child Left Behind, “Ningún niño se queda atrás”). Los americanos, en su sistema educativo, contemplan una cosa que ellos llaman A.Y.P. (Adequately Yearly Progress, que viene a significar “Progreso Anual Adecuado”) y que sirve como guía para saber si las cosas funcionan de acuerdo a los objetivos. Es interesantísima la Sección 1116 de la Ley NCLB que determina una serie de complicados mandatos que se deben seguir cuando los parámetros del AYP no alcanza los objetivos — o, como dicen ellos, no “cubre los huecos” (achievement gaps). La Ley NCLB exige a los distritos educativos justificar que los fondos federales que están recibiendo están siendo aplicados de forma eficiente y productiva, cosa que debe revisarse cada año escrupulosamente. Miles de gráficos saltan por todas partes. Todo es cuantificado y convertido en barras, medianas y percentiles: Notas, progreso, frecuencia, comprensión… todo.
Cuando una escuela no alcanza los objetivos de AYP dos años consecutivos, se pone en marcha un drástico plan de 2 años de duración, basado en la incorporación de un estudio científico de los problemas específicos que causaron el fallo para adoptar políticas y metodologías nuevas que ayuden a potenciar el éxito del alumnado y atacar los aspectos que no funcionan. El plan requiere, además, que se invierta un 10% del presupuesto proveniente de los fondos federales en desarrollo y formación profesional en actividades de ‘tiempo extendido’ (antes y después de clase, los fines de semana, en verano), incluyendo a alumnos y profesores. Además, se les da a los padres la posibilidad de transferir a su hijo a otro centro que no esté señalado como “necesita mejorar”. Como se puede ver, no sólo se le ponen calificaciones a los estudiantes, sino también a los centros.
Si al final del segundo año de la implementación de este plan el Centro sigue sin alcanzar sus objetivos AYP, se procede a las “acciones correctivas” legales. Algunas de estas acciones (US Department of Education, 2002) son:
- Reemplazar al profesorado responsable del fracaso
- Implementar un nuevo currículo (plan de estudios)
- Extender las horas de clase diarias o el número de días de escuela al año
- Disminuir la autoridad de la Dirección en el Centro
- Contratar a expertos externos para asesorar al Centro
- Reestructurar la organización interna del Centro
Si aun siguiendo estos mandatos el Centro sigue sin alcanzar sus objetivos, podrá ocurrir lo siguiente:
- Reabrir la escuela como un ‘public charter‘ (leer definición en el enlace, os podéis imaginar cómo se rebajaría la notoriedad del Centro como tal)
- Reemplazar a parte de la plantilla o su totalidad, incluyendo al Director.
- Permitir que una entidad privada (gestora) pase a dirigir el centro.
La Ley NCLB no ha funcionado satisfactoriamente al 100%; de hecho, el gobierno Obama lleva un tiempo pensando en aplicarle algunos arreglos pues, como se puede suponer, sigue habiendo problemas a la hora de hacer que los resultados de los estudiantes alcancen los niveles educativos deseables, pero al fin y al cabo, este artículo trata de la responsabilidad del maestro y de la naturaleza de su puesto de trabajo en un tipo de educación (y Administración en general) muy distinta a la española o europea. Sigue siendo una concepción pública, no lo olvidemos. Simplemente se gestiona como una empresa que compite con otras sucursales de esa misma empresa. En España, un Director de una escuela no tiene ni pizca de responsabilidad comparado con un Director aquí, encargado de contratar, despedir, cumplir objetivos estatales y federales así como conseguir financiación (hay que estar muy avispado) y disponer de ella inteligentemente.
Si extendemos esta concepción a otros aspectos de la vida pública, entenderemos el modo de pensar americano y podremos imaginar posibilidades distintas para nuestra propia circunstancia nacional, ya sea para desearlas como para rechazarlas. ¿Merece la pena temer una posible pérdida del empleo para ponernos las pilas? ¿Es de recibo que se despida a un maestro por un criterio de productividad? Ahí queda eso.
Fuente: What Really Matters / Designing Research-based Programs por Richard R. Allington (información sobre NCLB en págs 17-19).
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Voy camino Waco, TX

Adversity is the path to truth
Lord Byron
Apoteosis Friki
En diciembre teníamos unas vacaciones y decidimos hacer un road trip por el grandioso y extraño Estado de Texas. Tras pasar por Dallas (y visitar el lugar donde JFK fue asesinado, ver fotos) y mientras íbamos camino a la moderna y juvenil Austin, el mismísimo día de Navidad y de modo totalmente improvisado, decidimos detenernos en Waco — una pequeña ciudad que significaba mucho para mí. La verdad es que fue buena idea hacerlo, porque resultó ser una de las cosas más chulas que hicimos durante aquellos días, al menos en cuanto a curiosidades. Y como este blog hace tiempo que dejó de ser un show and tell de viajes y otras experiencias en USA, me centraré únicamente en la visita que hicimos a Mount Carmel, cercano a Waco, donde se desató el infierno sobre la tierra en el año 1993. Desde aquel día, la figura de David Koresh ha sido para mí un sinónimo de ambigüedad, de algo inclasificable, una mezcla de sensaciones: inocencia e injusticia, tragedia y fanatismo, culpa compartida…
Waco es una ciudad de unos 100,000 habitantes que cuenta con hijos predilectos tan famosos como Steve Martin o Jennifer Love Hewitt. También es, curiosamente, la ciudad natal del Dr Pepper, o sea, que es allí donde comenzó a fabricarse y comercializarse la que ahora mismo es una de las bebidas de soda más populares del mundo; al menos aquí, en los EE UU, es omnipresente. Tanto el museo del Dr Pepper como el renombrado museo ‘oficial’ de los Texas Rangers se encuentran aquí y son parte de los panfletos turísticos que te presentan un Waco colorido y ameno. Y no, no nos cruzamos con Chuck Norris, afortunadamente.
La ciudad
La verdad es que el downtown es bastante solitario y está tan muerto como cualquier otra ‘small town’ del Medio Oeste. No ves tumbleweeds atravesando Main Street, pero casi. Hay un silencio sepulcral y todo parece cerrado. Tan sólo el edificio de ALICO da cierto acento urbanístico al pueblo. Precisamente, este edificio fue de los pocos que sobrevivió a los tornados de 1953; al parecer, se inclinó varios pies bajo la fuerza del viento pero no se derrumbó. Y aquí es donde uno empieza a aproximarse a la tragedia que se esconde bajo la piel de Waco. Una especie de escultura en medio de una plaza recuerda con tristeza las 144 personas que murieron engullidos por una serie de tornados que arrasaron la ciudad en Mayo de aquel año, coronados todos ellos por el que azotó el centro de la ciudad — de fuerza F5, la mayor posible en la escala que mide a estos monstruos de la naturaleza, que se llevó las vidas de 114 personas de un plumazo.
Fantasmas
Hace ya 18 añitos de aquello, pero todavía recuerdo perfectamente el impacto que me causó aquella noticia y los días que duró el asedio a la comunidad de Branch Davidians que allí existía (rama de los Adventistas del Séptimo Día). Durante 51 días, y hasta el 19 de Abril —justo el día después de mi 17° cumpleaños—, los Davidianos aguantaron el asedio de la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos). Los que recuerden aquello no podrán evitar un escalofrío al rememorar todo lo que ocurrió y todo lo que estaba en juego. La propia moralidad del mundo parecía estar siendo sometida a juicio. Lo que se suponía que estaba bien colisionó de forma apocalíptica con lo que se suponía que estaba mal.
Quien no recuerde o no conozca lo allí ocurrido, este no es el mejor momento para relatar detalladamente una de las historias más sobrecogedoras del final del siglo XX. Pueden ver el documental Waco: Rules of Engagement que se puede ver por partes en YouTube, siendo esta su primera entrega. A partir de ahí, navegad las siguientes y podréis verlo entero. Por supuesto que lo ocurrido no tuvo las consecuencias letales del tristemente famoso episodio de Jonestown (por cierto, irónicamente hay un Jonestown en Texas), pero la diferencia es tan grande como la que hay entre un suicidio masivo y una masacre encubierta perpetrada por las fuerzas del orden en el “País de los Libres”. Estaba en juego el derecho a la posesión de armas (y Koresh poseía todo un arsenal), la libertad religiosa (¿dónde está el límite de vivir acorde a tus creencias?) y temas tan espinosos como la poligamia o la forma de ver la sexualidad o la familia; ciertamente, hubo ciertas acusaciones de abusos sexuales a menores, si bien nunca demostradas; Koresh había disuelto todos los matrimonios entre sus seguidores porque sólo él podía estar casado; su idea era tener 12 hijos con 12 mujeres de entre sus seguidoras, que serían los futuros líderes de la tribu de Israel; algunas de sus ‘mujeres’ tenían 12 o 13 años cuando quedaron embarazadas… en un país cuyas leyes permiten el matrimonio con menores bajo consentimiento paternal. Koresh se autoproclamaba un profeta, ‘enviado de Dios, Cordero de Dios’, y había decidido que su Apoteosis —y la de otros 100 pobres diablos— sería en Mount Carmel, Waco (Texas) y allí se fue con todos sus seguidores, donde vivieron de forma relativamente tranquila acorde a sus extrañas creencias, hasta que se presentó allí la ATF armados hasta los dientes.
These people remain here because I have thoroughly opened to them the seven seals.
I am more willing to come out when I get my message from my commander.
David Koresh
Por otro lado, se ha cuestionado hasta qué punto la actuación del FBI fue un abuso de fuerza bruta, pues parece ser que fueron ellos los responsables del gaseo y posterior incendio que acabó con la vida de muchos seres inocentes y de mentir flagrantemente a la opinión pública. Por supuesto, en la historia oficial que escriben los poderosos, David Koresh pasará como el asesino responsable del fuego y de la muerte de sus acólitos y el FBI hizo todo lo posible para salvar a los seguidores ‘cautivos’. Ni que decir tiene que yo, ni por lo más remoto, pretendo defender a David Koresh; era un fanático religioso y probablemente tenía muchas cosas de las que responder. Simplemente, era inocente hasta que alguien demostrase lo contrario en un tribunal de justicia. El hecho de que no nos gusten los modos alternativos de vida que tiene cierta gente no es suficiente para provocar el odio y la represión violenta sin un juicio justo. Así sólo se crean mártires e ídolos pop que otros (como veremos más adelante) se encargan de vengar con virulencia.
Una visita a Mount Carmel
La idea de ir a visitar Mount Carmel puede resultar extraña para algunos. Es como si un par de finlandeses visitaran España y, en el camino entre Cáceres y Córdoba, decider salirse por las carreteras rurales en busca de Puerto Urraco. Salvando las distancias, por supuesto; Puerto Urraco fue una riña venida a más en la España negra, mientras que lo ocurrido en Waco era no sólo una tragedia y un espectáculo mediático de primer orden, sino unos eventos que reunían las peores contradicciones y las más atávicas fuerzas enfrentadas que existen en lo más profundo de la cultura y la sociedad estadounidense. Tuvieron, además, incontables consecuencias de todo tipo. Entre ellas, por ejemplo, la de servir de inspiración a Timothy McVeigh para perpetrar el ataque a la sede del FBI en Oklahoma que tuvo lugar el 19 de Abril de 1995 (yo cumplía 20 añitos el día antes), exactamente dos años después del asedio por parte de esa misma agencia a los Davidianos de Waco en su compound (complejo de barracones, asentamientos donde este tipo de grupos endogámicos viven al margen de la sociedad). Los muertos en Waco a manos del FBI tuvieron su sangrienta venganza… si es que querían tomársela, que lo dudo.
Mount Carmel no está cerca del downtown de Waco. Ni siquiera está en Waco, sino que se encuentra a unas 15 millas al sudeste. Al tratarse de una visita improvisada, no llevaba yo ni mapa impreso ni hubiese sido capaz de ubicar el lugar con el GPS, de modo que se imponía una investigación. Aquello resultó ser lo más interesante, y nos llevó a cruzarnos con un par de personajes, esquivos y huraños, muy propios de la zona. Al tratarse del mismísimo día de Navidad, todo estaba cerrado. De modo que el primero a quien preguntamos fue un encargado del centro de Salvation Army en el centro de Waco. Este fue quien nos dijo que no hay señalizaciones ni carteles, y que resultaba un lugar difícil de encontrar. Aquello parecía un reto.
Siguiendo su imprecisa guía de “id al sudeste”, llegamos hasta una gasolinera perdida en una carretera solitaria y de asfalto agrietado. Unas cuantas casuchas de rednecks asomaban por detrás de la estación de servicio. Al entrar, el dependiente, enfundado en un sucio mono de trabajo, me indicó una serie de carreteras de campo (back roads, casi impracticables) que debía tomar para llegar hasta Mount Carmel. No se extrañó cuando le pregunté por el lugar donde Koresh y los suyos fueron aniquilados, pero dejó bien claro que allí nunca iba nadie, que allí no había nada. Bien, pensé, estoy harto de turistas.
Evidentemente, nos perdimos. Dimos vueltas como peonzas (aquello está trufado de cientos de iglesias de todos los credos cristianos habidos y por haber!) hasta dar con un montón de roulottes aparcadas a modo de viviendas, rodeadas de cubos donde crecían hierbas y ropas tendidas. Una señora bastante redneck y con un acento tejano profundísimo nos indicó una dirección totalmente distinta a la que llevábamos. Salimos de allí pitando cuando vimos que un grupo de tipos sin dientes y con ropa de caza nos miraba suspicazmente. Ni que decir tiene que volvimos a perdernos.
Estábamos en el corazón de Texas, ‘the Heart of Texas’, en plena América profunda, rodeados de granjas, cobertizos, iglesias, ranchos, extensos campos de cultivo totalmente secos por el invierno… hasta que vimos la señal de la Boys Ranch Road, una carretera sin asfaltar que resultó ser la pista definitiva. Gracias a las indicaciones de una señora oriental (el bizarrismo aumentaba por momentos) que salía de casa conduciendo un bicharraco enorme, llegamos a otra carretera de grava, flanqueada por árboles secos y arbustos que parecían espinas y esqueletos: la carretera de campo “Doble E”. Un campesino en una pickup destarlatada nos indicó que estábamos en buen camino. Y asi fue; pasamos el cambio de rasante que veis en la foto que sacó mi mujer y llegamos a Mount Carmel, a la parcela de los Davidianos.
En casa de David
Al llegar a la cima de Mount Carmel y bajar del coche, te azota un viento gélido y un silencio inmenso. Todo está rodeado de campos yermos y esporádicos árboles secos. Al entrar en la finca de los Davidianos, te saluda una piedra labrada que indica que allí todavía hay unos pocos que continúan la misión. De hecho, al cabo algunos minutos y tras leer varias placas y carteles, queda claro que hay un grupo de irreductibles Adventistas que pretender reconstruir el legado. Aceptan donaciones, por supuesto.
Bajo un bucólico y melancólico árbol inclinado está el recuerdo a las víctimas, una estructura que sirve de soporte a las placas que recuerdan los nombres de las víctimas del 19 de Abril; mujeres, niños, no-natos… así como los 7 pastores o líderes de la Rama (‘Branch’) Davidiana; el último a la derecha, el mismísimo Vernon Wayne Howell. Prestad también atención, en las fotos que incluyo a continuación, al ‘memorial’ donado por la Northeast Texas Regional Militia, un grupo paramilitar antisistema que se solidariza con los davidianos y su destino fatal, seguramente por su manera de entender las armas, la religión y la resistencia a un ejército prostituido a las órdenes de un demócrata como Clinton responsable de lo que ellos consideran un “acto de terrorismo doméstico”. La extrema derecha, haciendo suya la causa.
Más adelante hay una vista del solar donde estaba el ‘compound’. No queda absolutamente nada excepto un terreno ennegrecido y algunos cimientos de hormigón. Hay algunas construcciones habitadas al final del camino, pero está prohibido ir más allá de un serio cartel que indica “Keep Off / No trespassing / Private property”. Parece buena idea seguir su consejo. Ha llegado el final de nuestro viaje. Por unos minutos, me dejé llenar de ese aire fantasmal, ese residuo histórico del que parecen estar impregnados lugares como este si te dejas llevar por la imaginación.








Aftermath
La leyenda que se formó alrededor de lo ocurrido en Mount Carmel ha proporcionado mucha ‘chicha’ donde la cultura popular ha encontrado una mina de oro. Como muestra, la canción de Acie Cargill sobre los eventos de Waco, en la que se dice que los Davidians eran ‘white suprematists’, lo cual es “mentira y gorda” pues era una comunidad multirracial con miembros venidos de todas partes del mundo, entre ellas África. Pero es curioso como documento, una especie de corrido country:
Waco | Burning Death of The Branch Davidians | Acie Cargill
Enlaces
Hay una infinidad de recursos interesantísimos en Internet sobre Waco y los Davidianos. Indico sólo algunos para evitar labores de búsqueda y porque son muy completos.
- Aquí se puede ver la tumba de David Koresh, situada en Tyler, TX | http://www.findagrave.com/cgi-bin/fg.cgi?page=gr&GRid=6610999
- Enlaces e información detallada sobre muchos aspectos de los eventos de Mount Carmel | http://web.archive.org/web/20080320065640/http://www.fountain.btinternet.co.uk/koresh/index.html
- Waco: The Inside Story | http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/waco/
- Vernon Wayne Howell adoptó el nombre de David Koresh en honor al Rey David judío y de Cyrus, rey persa que permitió la reunión de los judíos en diáspora. Esta conversación entre David y uno de los negociadores del FBI demuestra sus conocimientos teológicos | http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/waco/bookofrevel.html
A continuación se puede ver la entrada de las tierras donde se ubica la nueva comunidad de Branch Davidians en Mount Carmel. Se puede recorrer en Google Streetview como si se estuviese allí mismo; en la esquina inferior derecha está el mapa de localización y se puede ampliar para consulta:
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Fábula Corporativa
Basada en hechos reales.
Hace unos años —suficientes como para contar esta historia hoy en frío— el que suscribe trabajó durante un año para una editorial médica en la ciudad de Madrid. Se trataba de una empresa multinacional, por supuesto diversificadísima, de origen holandés. Era una compañía en la que merecía la pena trabajar, me dije cuando supe de su nivel de expansión y facturación. Qué mal criterio.
Comencé a trabajar allí como ‘Project Manager’ alrededor del año 2006, en la Calle Orense. Siempre he llamado a aquella calle “la calle de los Prósperos”, gente que camina con la barbilla bien alta, mujeres guapas y elegantes, todos con su iPhone, sus periódicos económicos y su aire altivo y trajeado. Aunque también llamé de aquella manera a la Calle Serrano, donde trabajé igualmente cierto tiempo para una empresa de márketing digital, y que replica ese aire pijo y de auto-satisfacción tan llena de sí misma que me repatea. Los Prósperos. Me parto cuando pienso en ellos. Me parto cuando pienso en todas sus filosofías cutres, sus cenas de empresa, sus reuniones de motivación y toda esa morralla corporativa de “mar azul, mar rojo” y otras alegorías baratas.
Al jefe de mi departamento, el Director Comercial, le llamábamos “el Cuca” (diminutivo de ‘cucaracha’, un ser necio y mezquino como nunca antes conocí y que se pasaba media mañana viendo vídeos en YouTube), y el Director General era ‘el Albóndiga’ (un tipo serio y efectivo pero demasiado españolito para mi gusto), para que os hagáis una idea de la estima que inspiraban estos elementos… a los que más de una vez tuve la mala suerte de contemplar ebrios y babeando detrás de secretarias y demás. Los comerciales (sales person los llaman) con los que trabajábamos los Project Managers eran, sencillamente, insoportables: soberbios, engreídos y antipáticos — excepto entre ellos, eso sí. Entre ellos todo era una coba mutua interminable y que provocaba náuseas. Por supuesto nosotros, de Project Manager, no teníamos más que el nombre; hacíamos de todo. Presupuestos, contabilidad, facturación, contacto constante con el cliente una vez el comercial obtenía el OK, amén de lo que suele encontrarse típicamente en el job description de susodicho puesto. Para que os hagáis una idea, había momentos en que tenía a mi cargo una hoja de cálculo con el ‘status’ de unos 200 proyectos editoriales: publicaciones científicas, libros, CD-Roms, ensayos clínicos, todo ello material para investigadores, médicos y especialistas… todo, por supuesto, para mayor gloria de la puta industria farmacológica, que tan contentos tenía a los comerciales. “Esto se vende solo”, no paraban de repetir, evidenciando ellos mismos lo poco necesario que era su presunto ‘talento vendedor’ para aquello que desempeñaban.
En fin, qué os voy a contar. “Vida y estrés del miltrescientoseurista” porque, por mucho dinero que salga de la Pharma (así llamaban a la Gallina de los Huevos de Oro), y por muy bien que vaya la Compañía, no sobra ni un duro para pagar como es debido.
El caso es que otra de las cosas que estaba entre mis responsabilidades era mantener actualizada una herramienta online de Sales (‘ventas’), que básicamente era una base de datos donde se metían todos los presupuestos y trabajos, los productos que más se estaban vendiendo, el dinero que se movía por países, las moléculas más reclamadas a nivel médico (principios activos ‘de moda’, sí, sé que suena fatal), y otros ‘trends’ de ventas — datos que eran compartidos por otras oficinas de la empresa en toda Europa. La idea era maximizar la venta a nivel mundial; si se está vendiendo mucho material sobre un nuevo parche contra el Alzheimer en España, podemos intentar venderlo en otras partes. Tiene sentido.
Al “Cuca” le parecía fatal que los Project Managers ‘perdiéramos el tiempo’ con estas cosas modernas. Nos quitaba de hacer presupuestos para los comerciales. Un día me dijo, sin miramientos, que dejásemos de introducir datos en la herramienta digital de ventas. Que no estaba bien que otras oficinas del Grupo vivieran a expensas de nuestros esfuerzos comerciales. Que la oficina de Madrid debía ser la más efectiva de Europa, y dicha herramienta reducía las distancias. ¡Básicamente, el tipo este estaba robando a la propia compañía posibilidades comerciales! Yo, evidentemente, contesté que el e-mail de Holanda era muy explícito, y que siendo una directiva de esa envergadura, me parecía algo cuestionable. Sin dejar de sonreir (todavía recuerdo esos dientes picados como si los tuviese delante) el “Cuca” me dijo que bueno, que podía meter algún dato de vez en cuando, pero que mi volumen de preparación de presupuestos para su Ejército de las Tinieblas no podía bajar. De modo que, resignado, contesté “de acuerdo”. Un par de días después tuve la oportunidad de comentárselo al Director General, que hizo un ademán de desdén con la mano, como quitando importancia al tema, pero dejando bien claro que sabía de lo que estaba hablando, y que estaba de acuerdo con su secuaz.
Y pasaron las semanas, con la hiperactividad y el agónico estrés que produce una carga de trabajo inmensa para una plantilla de unas doce personas (oficinas que vendían y producían la mitad que nosotros tenían el doble de empleados), de modo que estábamos contentísimos. La contable estaba a punto de un ataque de nervios, los de Producción andaban constantemente enfrascados en una interminable gresca interna, y los Project Managers sufríamos el acoso de los comerciales (“termíname este presupuesto y pídele perdón a la de Pfizer por haber tardado”), las quejas de Producción (“nosotros no podemos imprimir algo que no está especificado al 100%”) y, por supuesto, el cliente (“¿Cómo?! ¿Que se retrasa la impresión por qué?!). Ni que decir tiene que, con este embolado encima, pocos datos metía yo en la herramienta online dichosa, después de las órdenes explícitas del “Cuca”.
Al cabo de un cierto tiempo, recibimos la visita de 2 enviados holandeses que se pasaban por allí con motivo de unas reuniones que ya no recuerdo de qué trataban. De paso, por supuesto, echarían un vistazo a cómo iba todo por allí. Todo muy informal, muy buen rollo. Ese aire como desenfadado de las compañías modernas, no sé si me explico. Pretenden que todo sea muy humano, muy cálido. Me descojono.
La cosa se puso seria cuando se acercaron a hablar conmigo. Vinieron directamente a por mí. Se sentaron junto a mi mesa de trabajo y se pusieron muy serios. Fueron directos al grano. Me indicaron que la omisión de información en la base de datos de la herramienta de ventas estaba significando pérdidas millonarias al grupo. Dieron una cifra concreta, que no recuerdo, pero que hizo que se me subiera la sangre a la cabeza. “Se están perdiendo centenares de oportunidades de venta en muchos puntos”, comentaron. Lo primero que pensé fue, evidentemente, “maldito Cuca”. Pero no les dije nada, por supuesto. Les pedí disculpas, les dije que tenía que hablar con mi Director General, y les aseguré que volvería a hablar con ellos con una explicación.
De modo que, mientras el resto de la plantilla comía pastelitos Mallorca en la cocina tras la ronda de reuniones y conferencias, yo me metí en el despacho del Albóndiga y cerré la puerta tras de mí. Les comenté el tema del que me acusaban los holandeses y le pedí muy educadamente que intercediera por mí, ya que sabía de lo que estaba hablando y, al fin y al cabo, yo únicamente seguía órdenes de su Director Comercial. Y entonces fue cuando me quedé de piedra.
El “Jefe” me miró muy seriamente y, ni corto ni perezoso, contestó:
—No me digas que no has estado metiendo los datos.
Se me cayó la mandíbula al suelo. Se hizo un silencio.
—Se te dijo explícitamente que metieses todos los trabajos, todos los presupuestos. ¿Puedes decirme por qué no lo has hecho? ¿Qué le digo yo ahora a esta gente?
No sé si el lector se da cuenta de lo que semejante Satán estaba diciéndome. Estaba diciendo que no pensaba interceder por mí ante sus propios jefes, que no pensaba admitir haber aceptado aquella directiva del Director Comercial, que lo negaría siempre. Estaba diciendo que me usaría de escudo humano. Estaba diciéndolo, además, echándome una bronca, con una desfachatez inconmensurable, haciéndose el indignadísimo, como si se creyese su propia mentira. Ni siquiera lo reconocía allí mismo, ante mí, a puerta cerrada. No tenía huevos para eso.
Lo que ocurrió a continuación fue una de las cosas más increíbles que me ha pasado en la vida. Lejos de amilanarme o quedarme mudo, le solté cuatro cosas (todo verdades) en un tono de verdadera indignación, que el tío encajó lo mejor que pudo con su sempiterna cara de póker. Yo creo que, por un momento, le sorprendí. No se imaginaba que su gris y sumiso empleado tuviese voluntad, opinión, y un par de narices para ponerle en su sitio. Quizá pensaba que iba a agachar la cabeza y comerme el marrón. La verdad es que recuerdo poco de lo que le dije; quizá fui demasiado intenso. Sólo sé que, antes de decirle que pretendía presentar mi dimisión aquel mismísimo día, el Albóndiga me dijo en voz baja y mirando a los papeles de su mesa que recogiese mis cosas y me fuese. Estaba despedido. Lleno de orgullo, espeté que me parecía una buena idea, sin omitir que, de no haberlo hecho él, yo mismo me hubiese despedido.
Pasé por delante de dos ojipláticos holandeses, a quienes ni siquiera dije adiós. Mis compañeros, en la cocina, ni siquiera se dieron cuenta de que estaba saliendo por la puerta y que nunca más me verían por allí. Siempre tuvimos tanto trabajo que no nos quedó tiempo para formar amistades, de modo que perfecto.
Al mes siguiente empecé a cobrar el paro. En unos tres meses más, procedí a la capitalización del mismo, e invertí en equipo para montar mi propio negocio. Se había forjado un nuevo e indomable autónomo en este valle de lágrimas y abusos.
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Los controladores son ellos (… o ‘España, país de la envidia’)

Bueno, ante todo, quiero dejar claro que el asunto ha adquirido tanta complejidad que, por supuesto, esta entrada no pretende ni sentar cátedra ni ser “original”, ni mucho menos cubrir todos los aspectos del tema que trata. Al fin y al cabo soy sólo un opinador; no tengo todos los datos, no sé demasiado de todo lo que implica el tema, y ni siquiera me encuentro en el país ni he sufrido las consecuencias de lo ocurrido. Simplemente quiero dejar por escrito lo que pienso en estos momentos sobre lo que considero una de las maniobras políticas más retorcidas de los últimos años en España y que, sin duda alguna, indica el principio de un nuevo orden de cosas en el país. Lo hago porque creo que bastante opinan ya los poderosos, ignorantes también ellos, y ya les escucha demasiada gente, y porque quizá alguien esté ávido de la versión “no oficial”.
No quiero decir que los controladores tengan toda la razón, en absoluto. Ellos mismos paracen haberse dado cuenta de ciertas cosas y han pedido “perdón” a los usuarios. Yo mismo, al enterarme de la noticia aquellos aciagos días, pensé que el colectivo se había sobrado. Pero lo que es absolutamente innegable es que hemos asistido (al menos los internautas, porque los espectadores clásicos de TV y lectores de los 2 o 3 periódicos mayoritarios tan sólo han zampado trola tras trola), hemos asistido, decía, a una bochornosa estratagema política digna de la infame “política de cloacas” que tan sólo unos reyes de la intriga como Blanco y Rubalcaba podían perpetrar.
En mi post “Esta huelga es como Facebook” hablaba de la patética demostración de impotencia de la que hicieron gala los sindicatos mayoritarios en lo relacionado a la Huelga General, y de cómo el trabajador de hoy día no reconoce en ellos ni el más mínimo vestigio de representatividad. Son unos peleles de un poder al que le deben demasiadas cañas, unos monopolios agónicos de un viejo régimen de derechos institucionalizados y domesticados. Además, a la gente se le pusieron los huevos de corbata por el miedo a perder el trabajo en una época de crisis. Ni siquiera los estudiantes, que aún no tienen una familia que mantener ni una hipoteca que pagar, dijeron ‘esta boca es mía’, a diferencia de sus compañeros en Europa, que la llevan liando parda unos cuantos días. Ante el desastroso fracaso de dicha Huelga General en septiembre, muchos corazones activistas (si bien poco acompañados de un par de manos en acción) miraban con envidia la furia desatada en Francia y el Reino Unido. “Eso sí que es una huelga, eso sí que es lucha”, se oía de parte de los aguerridos defensores de la lucha social.
Pues bien, llega el viernes del puente de la Constitución y, tras ejercer durante meses un recorte constante de los derechos laborales del colectivo de controladores aéreos (una de las consecuencias de lo cual, por cierto, fue que muchos de ellos se quedaron sin sus vacaciones en verano), van los Rasputines de turno y proceden al decreto-hachazo que supone la humillación total del colectivo. Apuesto, y en verdad me gustaría equivocarme, a que el ejército estaba perfectamente listo para el despliegue cuando fue llamado. Apuesto a que la mente estratega y de ingeniería social del que fue portavoz del gobierno de los GAL había previsto el devenir de los acontecimientos tal y como iban a sucederse, basado quizá en el conocimiento del espíritu combativo del colectivo… y conocedor de la naturaleza brutal de un español al que le quitan su pandereta, o sea, su fin de semana. Conocedor de las reacciones del perro, Pavlov hizo sonar la campanita (léase las sirenas). Y el perro, claro, se puso a babear. Porque, si algo quedó claro, es que en sus momentos de más baja popularidad, el Gobierno supo meterse al país entero en el bolsillo, los embaucó a todos con el cuento de la “mano dura”, la sociedad en bloque se puso de su lado. {NOTA: Me dicen que los traslados en coche durante aquel puente fueron de unos 10 millones de personas, así que si alguien se quiere creer que la gente no se fue de vacaciones, o que la cantidad de gente que aparece en las fotos tirada en los aeropuertos representa a media España, que piense lo que quiera. Es cierto que mucha gente ha sufrido situaciones sangrantes, eso sí. Pero, por favor, seamos estrictos con la realidad. }
El odio que inspiran los controladores es digno de estudio. Conviene repetirlo para que la gente se entere: no son funcionarios. No cobran ni un duro de las arcas públicas. Sus sueldos provienen de las tasas aeroportuarias que pagan los usuarios de aeropuertos; AENA es un ente público empresarial desde 1990 y que, como organismo autónomo se autofinancia. El hecho de que ellos cobren más o menos no debe importarle ni influir a nadie, sería como si les subieran o bajaran los sueldos a los trabajadores en una empresa privada cualquiera. De hecho, los controladores aéreos deberían ser modelos de cómo debería estar retribuído realmente el trabajo en España; es decir, bien. Pero en este país, los mismos izquierdistas o socialistas que están contra los recortes de derechos laborales y contra las privatizaciones, son los mismos que critican a los controladores “por ganar mucho”. Es pura envidia de clase. Los obreros y los mileuristas, enrabietados, se deben de pensar que les están robando el dinero… o las vacaciones; por Dios, que no nos quiten las vacaciones. Son ellos los que realmente deberían hacer algo útil como saltarse los procedimientos de la huelga domesticada a la torera y hacer un plante como en Francia o el Reino Unido, o sea, como el que han hecho los controladores. Porque lo que han hecho éstos no ha sido una huelga de borreguitos, sino una auténtica revolución de la que tan nostálgicos se sienten los luchadores sociales. Porque es este colectivo el que realmente está luchando contra un gobierno que se dice socialista, pero que en realidad es de derechas. Un gobierno que, por llamarse “obrero”, no se puede permitir hacer tales reformas ‘a la luz’, sino que tienen que montar este pollo para quedar impunes, e incluso reforzados, ante una opinión pública becerril que sólo piensa en apelotonarse con sus congéneres en un hotelucho de una ciudad sin teatro.
El estado de alarma supone revocar el orden democrático y la autoridad civil, y es una medida fascista (sí, fascista, con todas las letras, pues supone la imposición por vía militar de una voluntad política). El estado de alarma no se convocó en el 23-F. El estado de alarma no se convocó el 11-M, ni durante la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid que detuvo a la capital en el tiempo. Y el estado de alarma se está prolongando para continuar la demonización del colectivo, y será levantado únicamente cuando todas las reformas y trapicheos estén atados y bien atados, cuando ya no se pueda hacer nada, cuando la política de derechas esté bien asentada y no haya marcha atrás, cuando algún preboste multimillonario controle AENA, su nueva adquisición, el tesoro de la corona.
Así y con todo, ciertos planteamientos en contra de la actitud del colectivo no dejan de ser ciertos. Cierto, se había venido solucionando el problema de la falta de controladores con horas extra pagadas a precio de oro. No es culpa de los controladores, sino de los que deciden que no se van a contratar a más efectivos. Cierto, se estaban alcanzado sueldos sin parangón en el mercado. Cierto, todo cierto, como que eligiendo a un guaperas como portavoz tan sólo consigue caer peor. Pero… ¿No harían ustedes igual, si fueran ellos? (es decir, cobrar su sueldo y trabajar el doble cuando no queda otra opción). E igualmente cierto, su decisión de no acudir a sus puestos aquel día está sujeta a consideraciones morales de cierta talla. Pero recordemos, y por favor no se me confunda con un radical, que muchos de los grandes éxitos sociales en la historia de la Humanidad han pasado por saltarse un par de normas y pegar una patada en la puerta de palacio, aunque se le quede la nariz morada al guardia de turno, aunque las represalias supongan, desgraciadamente, el perjuicio de inocentes. Supongo que muchos controladores se sienten fatal por todo lo ocurrido, y no creo que sean tan sádicos como para disfrutar con los daños causados.
Porque la verdad es que hay motivo para la revuelta: las medidas que está introduciendo el Gobierno, del talante del decreto de aquel viernes, son medidas que recortan derechos laborales y que van encaminadas a un panorama totalmente opuesto a cualquier ideal socialista, izquierdista o laborista que pueda uno evocar. Por todo ello el PP está que no abre el pico, y tan sólo se ha abstenido (que no opuesto) a la prolongación del estado de alarma porque no comparece no sé quién a explicarlo. Lo que en última instancia se pretende es algo que el PP haría sin miramientos, es decir, privatizar AENA, no hacer ningún esfuerzo más por ubicar a todos los nuevos controladores que se necesitan como agua de mayo (creación de puestos de trabajo, ¿les dice algo?) y mejorar la calidad de un sector importantísimo como el control aeroportuario. La manipulación de los sueldos de los controladores en los medios ha sido una constante falacia y, de ser ciertas algunas cifras, responden a la infinidad de horas extra que los controladores se han visto obligados a hacer, cayendo muchos de ellos enfermos por ansiedad o depresión.
He leído en muchos comentarios aquí y allá que “si los médicos hicieran lo que han hecho los controladores, o si los policías lo hicieran, o si los bomberos lo hicieran”, todo se iría al garete, y es cierto: No les toques mucho las narices a algunos de ellos, que los de Justicia te hacen un plante y a ver qué pasa con esa orden de alejamiento que tienes pendiente… o con ese violador que queda suelto. O espérate a que los del Metro de Madrid te detengan la ciudad completamente, a ver si llegas al curro. Pero a los del Metro de Madrid se les perdona porque son víctimas de la mucho más descarada Esperancita (otro convenio violado, por cierto), o sea, que a ésos no les tenemos envidia ninguna, y además nos han dado a todos una excusa de puta madre para faltar al trabajo. Venga, coño.
Me pregunto por qué el electorado socialista que está justificando estas medidas no se sincera y vota directamente al PP. Algunos no se dan cuenta de que, al defender al Gobierno, defienden medidas propias de la derecha. Y muchos otros, aunque sólo sea porque este Gobierno no tiene más remedio que tomar medidas que contradicen su propia “idiología”, deberían sincerarse consigo mismos y votar a quienes tomen esas medidas sin medias tintas ni ocultaciones. Seamos pragmáticos, por favor. O eso, o no nos queda otra opción mínimamente digna más que hacer lo que han hecho los controladores. Pero ser ‘de izquierdas’ y criticarlos a ellos por lo que no han sido capaces de hacer los sindicatos, o aplaudir medidas propias de un gobierno de derechas, no tiene sentido.
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Idiología
Uno de los principales problemas (a nivel político) de la sociedad española es su endémica falta de pragmatismo y su obsesivo ensalzamiento de las ideologías, que se suele cristalizar en un sectarismo generalizado. No es difícil que la gente se considere ‘de izquierdas’ o ‘de derechas’, independientemente del momento político o la situación del país y las medidas necesarias para poner remedios. Me parece sencillamente incomprensible cómo una persona puede defender indefinidamente un modelo determinado, sea cual sea, aun siendo evidente que las medidas necesarias para reactivar el empleo y la economía son las opuestas. Es increíble ver, en este sentido, cómo la gente está suscrita a votar siempre la misma opción, generalmente con el mismo comentario: “Yo nunca votaría a los otros”. Qué condicionados al miedo. Qué repulsión a la alternancia democrática.
Esto, sencillamente, no ocurre en otros países europeos, por muy marcada que esté su idiosincracia, que han demostrado adaptarse a cambios radicales sin despeinarse dando auténticas lecciones de cómo no ser conservador. El Reino Unido, Francia e Italia tienen una marcada tradición o tendencia histórica (socialdemócrata los dos últimos) pero no se les caen los anillos a la hora de votar según las necesidades del país. Eso no quita que, cuando lleguen las vacas gordas y se pueda volver al gasto, no dudarán en votar en otra dirección. ¡Para qué hablar de Estados Unidos! Otros ejemplos que me vienen a la cabeza son los planes quinquenales de Lenin con sus retornos transitorios a formas de capitalismo controlado, o las decisiones de Bush en los últimos meses de su mandato en lo relacionado a los bailouts financieros, generando una crisis ideológica interna.
En España mucha gente tiene su ‘carnet de socio’. Muchos españoles son hinchas ideológicos capaces de excusar hasta los errores más injustificables de sus lidercillos. Yo, por mi parte, nunca podré decir ‘soy de izquierdas’ o ‘soy de derechas’ como oigo decir a mucha gente. Adoptaré uno u otro aspecto de las posibilidades según las circunstancias dadas. Esto no es ser “chaquetero” (término predilecto en el diccionario ibérico de piquetes y esquiroles), en mi opinón es ser pragmático, realista; no me importa dejar de ser ‘moderno’ a ratos. Además, por lo general, toda persona suele mezclar en su fuero interno convicciones de un extremo y otro del espectro según se trate de cuestiones económicas o sociales o de otra índole. Todavía no entiendo cómo ambos ‘lados’ se han apropiado de valores que deberían pertenecer indistintamente a un lado o al otro (religión, homosexualidad, aborto, patriotismo, y un sinfín más). Los partidos se aprovechan de todo esto hasta límites insospechados. En consecuencia, desconfía de quien asegura ser de izquierdas ‘para todo’ o de derechas ‘para todo’. No es sincero consigo mismo. El dogma ideológico se ensalza hoy día como si fuese la demostración de coherencia definitiva, cuando en realidad es una muestra de alienación. Sé suspicaz.
En este sentido, os recomiendo un sitio web en el que podéis ver representada vuestra posición en el plano de coordenadas políticas. Sin embargo, y de ésto trata este post, es interesante hacer el test considerando el momento concreto del país y la política que debería ser implementada de acuerdo al análisis de opinión del lector. Por supuesto, no se deben sacar conclusiones definitorias; más bien, se debería realizar el test cada cierto tiempo para comprobar cómo fluctúa la opinión de uno. Porque, si no lo hace, hay que preocuparse. Al menos un poquito.
A mí, hoy, me ha salido libertarianismo (o anarquismo) de izquierdas — izquierda social, pero contra el intervencionismo estatal.
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Esta Huelga es como Facebook
No voy a entrar a comentar el hecho de que celebrar una huelga en plena crisis no hará más que intensificar la contracción económica, o sobre los componentes politicos que tanto se debaten hoy en los medios como, por ejemplo, qué debe esperarse de un gobierno de izquierdas y de unos sindicatos responsables. Todo esto son, hasta cierto punto, juegos de datos y palabras, estadísticas, tertulias.
Leyendo la prensa he llegado a la conclusión de que en España tenemos un proletariado postmoderno. Un proletariado que ha evolucionado hacia un cinismo intenso y una percepción de la realidad más bien pragmática. Leo comentarios en los medios digitales de lectores y usuarios de clase media trabajadora justificando las tesis de la patronal y renegando de los sindicatos. Esto no solo se debe a la esquizofrénica posición que éstos se han visto obligados a adoptar en lo que respecta a los motivos para esta huelga general, sino a una aceptación sincera y realista de lo innegable: la situación actual viene determinada por la coyuntura europea y la necesidad de ajustarse a los criterios impuestos por la unión, el gobierno no va a cambiar ni un ápice la reforma laboral, y lo que es más importante, dicha reforma vino impuesta por la impotencia de los agentes sociales de llegar a un acuerdo. Ojo. No digo que el gobierno no tenga culpa ninguna; lo que digo es que fueron precisamente sus erróneas e insistentes políticas de gasto social previas (y paralelas) a esta crisis las que propiciaron la necesidad imperiosa de mandarlo todo al garete a golpe de decreto y reforma o sí o sí. Tuvo que llamar Obama, por cierto, porque si no, no hay manera.
Lo dicho. El proletariado ya no es tal cosa, sino una masa de individuos muy informados que comprenden una cosa: si ellos fueran los empresarios, harían lo mismo. Este es un mundo de competencia y competición, donde sobrevive el más fuerte. Es de ilusos pensar que la patronal debiera ceder ante supuestos derechos inalienables. Bienvenidos al Mercado. Esto el ciudadano lo entiende perfectamente. La conciencia de clase (la de verdad, la de los movimientos revolucionarios) se quedó sumergida en el siglo XX, en el tintero de aquellos burgueses librepensadores que lograron acabar con una aristocracia vaga y hortera que envidiaban profundamente. Lo de mayo del 68 fue un espejismo, una convulsión cíclica. Ahora ya todos somos vagos y horteras, nos han dado demasiado de lo que queríamos (eso del libre mercado y la sociedad del entretenimiento ha sido too much of a good thing), y mientras por fuera pataleamos, por dentro entendemos perfectamente que no nos merecemos nada mejor. Esta crisis es moral.
Es decir, que esta Huelga probablemente la han secundado muchos españoles, pero muchos de ellos lo han hecho convencidos, en su fuero interno, de que esta Huelga no valía para nada. Nada va a cambiar esta vez. Se perderán unos cuantos millones de euros, unos cuantos miles de horas, y hala, a recuperarlo todo a partir de mañana a base de… trabajar más. ¿De verdad alguien cree que esta huelga va a hacer que el gobierno eche para atrás la Reforma como ocurrió en 1998 y en 2002? Si lo hacen, nos vamos a peor!!! Los sindicatos están pidiendo algo que saben que es malo para el país, pero, atrapados por su propia identidad, no saben reconocer que esta desagradable medida anti-social que es la reforma del mercado laboral (y que a ninguno nos gusta) viene inspirada por una ideología “pro-social”, si se me permite el palabro. Muchos analistas coinciden en que dicha reforma laboral será negativa para la economía del país… por ser insuficiente!!!
Pero, entonces… ¿Hay algún motivo para convocar y secundar este tipo de huelgas? Hay quien sostiene que existe un componente expresivo, una necesidad del pueblo de hacer saber lo que siente, de explicitar su indignación. Se trata de una motivación romántica e idealista, una forma de decir: ‘Que se entere el opresor, sea quien sea, de nuestra fuerza‘. Me pregunto qué clase de fuerza negociadora puede esconder en la manga alguien que no sabe a ciencia cierta a quién tiene sentado al otro lado de la mesa… ¿Es el gobierno? ¿el socialismo? ¿el PPSOE? ¿la cínica y arrogante clase empresarial española? ¿Europa? ¿la decadente cultura española de cachondeo y picaresca? ¿todos?!… No se sabe bien. El caso es que si estos motivos ‘ideológicos’ o ‘de clase’ son compartidos por mucha gente, para mí son cada vez más difíciles de entender en un mundo en el que nadie hace nada por los demás. Como dijo Mariano,
“…mientras los jóvenes de hace un par de décadas se organizaban e iban a la calle los de hoy esperan que les digan lo que tienen que hacer, o que alguien los convoque en Facebook, o por sms, o hagan una llamada en twitter o mejor aún, aparezca por la tele un reportaje emotivo (entre anuncios de desodorantes, politonos y móviles) sobre un suceso que estimula sus corazones. Pero eso siempre, ‘esperando’ el estímulo…”
Me pregunto si los sindicatos están adoptando ese frívolo papel de ‘red social’, ese vacío y sectario ‘pásalo’ en el móvil que te hace sentir identificado con la tribu de turno, ese estímulo mediático del que habla Mariano.
Aquí en Estados Unidos, todo esto es impensable. Los sindicatos son inexistentes (conozco, eso sí, asociaciones de trabajadores que pelean por sus propios derechos en las negociaciones de sueldos, acuerdos, etc.), y las “unions”, si bien se mantienen en sectores industrials estratégicos, no se ven por ninguna parte en el mercado laboral convencional. No hay una UGT o unas CCOO en la televisión americana indicando hasta qué punto pueden rebajarse las indemnizaciones por despido. Hay quien podría decir que nadie los necesita en un país con un nivel de desempleo bajísimo (se alarman cuando llega al 9 o al 10%) y unos sueldos que justifican el éxodo a estas tierras bizarras y contradictorias. Podría incluso decirse que los sindicatos son síntomas de que algo va mal. Cuanto más fuertes los sindicatos, peor es el problema. Conozco la situación de una empresa en la que se hicieron tan fuertes que monopolizaron el departamento de Recursos Humanos, controlando la selección y contratación, incurriendo en amiguismo, tráfico de influencias, enchufismo, corrupción. Y estoy hablando de una empresa enorme que en su tiempo era propiedad de todos los españoles. Pero su carga ideológica, romántica, de lucha social y revolución visceral la conservan, no sé por qué oscuro motivo. En fin.
Esta huelga es como Facebook: no sirve para nada, pero todo el mundo está dentro.
EDITO: La reforma laboral se mantiene tras la huelga… y, al parecer, no todo el mundo secundó la convocatoria. Pensaba yo que el espíritu español de “cualquier excusa es buena para no currar mañana” se impondría a mi concepto del ‘proletariado cínico’ y desencantado del que hablaba arriba. Al final va a ser verdad.
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El dólar y el opio (Asia II)
Venciendo una ligera embriaguez, incorporó su cabeza y abrió los ojos. La luna llena, rodeada por un halo de algodonadas nubes, flotaba en la noche sin estrellas. Su luz se reflejaba océano adentro, pintando un claro plateado en la calma superficie del agua. Las hojas de las palmeras encuadraban la visión. Al fin estaba en Bali, bajo el auspicio del volcán Batur, rodeado de la boscosa y fértil frondosidad de la Isla de los Dioses. El coral le esperaba al día siguiente, y ahora, en el silencio de un recóndito escondite al este de la isla, todo parecia un sueño. Al fin estaba en Indonesia, y eso significaba que el viaje llegaba a su fin. Pero, también, que su ser estaba ya impregnado de Asia.
La propia bandera de Malasia ya expresa diversas paradojas de este gajo del planeta que es el Sudeste Asiatico. Es igual a la de Estados Unidos, las mismas barras rojas y blancas, pero con una luna y una única estrella en la parte azul. También es evidente en la satánica figura de Ronald McDonald, a la entrada de los restaurantes de la cadena yanqui, rezando en bienvenida con las palmas de sus manos unidas frente al rostro. Igual signo de estas paradojas es el hecho de que el dólar americano sea la moneda fundamental en muchos de estos países, y no sólo para los turistas, ya que los cajeros automáticos, como ocurre en Camboya, sólo dispensan esta moneda. El tío Sam te espera en la calle, aunque en las escuelas, la imagen de Ho Chi Minh (en el caso de Vietnam) preside las aulas en todas las escuelas del mismo modo que lo hacía la efigie de Franco en esa España nuestra; Ho Chi Minh, que dió su nuevo nombre a la antigua Saigón, casi como si Madrid fuese de un día para otro rebautizada como “Zapatero City”. Pero quizá nada tan elocuente como la llaga histórica de Camboya, que a día de hoy todavía tiene a flor de piel el recuerdo del Khmer Rojo, la abolición del dinero y la propiedad privada, el envío de la población a campos de producción agraria, la aniquilación de los críticos al régimen hasta alcanzar y superar los 2,000,000 de víctimas… Qué increíble el modo en que sus lisiados por las minas anti-persona hoy día te piden “dollar, dollar”… o baht tailandés. Lo que sea.
Por todas partes, la hoz y el martillo, eso sí. Y la estrellita. Letras amarillas sobre fondo rojo. Lo que tiene que aguantar esta gente.
Pero estas paradojas quizá no sean tal cosa. Quizá no son contradicciones, sino simetrías, dos caras del mismo cuarto de dólar. Del mismo modo, el comunismo (político) ramplante por la zona se contrapone al capitalismo salvaje totalmente fuera de cualquier control. Del mismo modo, la infinita variedad de religiones y creencias parece neutralizar el famoso principio comunista del “opio del pueblo”; la religión tiene aquí un peso específico inmenso, y se manifiesta en infinidad de maneras: la forma de agradecer, de recibir, de ofrecer… Esto es especialmente llamativo en toda la zona: si bien sus líderes son unos déspotas modernos en un grado u otro, sus gentes son probablemente de lo más sencillo y hospitalario que he experimentado en ningún viaje. Si bien es cierto que estas bondades desaparecen en Bangkok, en el caso de Thailandia, no se puede decir los mismo de Hanoi. Sus gentes, si bien hiperactivas y frenéticas, siguen los protocolos de sonrisa y amabilidad — aun en una ciudad de esa magnitud.
La variedad de religiones se manifiesta en grado máximo en Malasia, donde la fé oficial es el Islam, donde se aprecia el mayor rango de variedades de credos por metro cuadrado. Desde burkas con máscaras metálicas, hasta musulmanes de xilaba y turbante, pasando por monjes budistas con su túnica azafrán y grupos de hindús con su bhindi en la frente. Todos juntos, y revueltos, en calles atestadas, no sólo en Malasia; multitudes en los mercados, mezclados, rozándose unos con otros, en una fricción comercial y humana que se extiende por toda la península y los países que la componen. En Tailandia, por ejemplo, vimos cómo el DJ de una discoteca playera de la isla de Phi Phi Don interrumpía la música cuando el almuecín de la mezquita próxima comenzaba a declamar sus Allah wakhbar… En Vientián, capital de Laos, existe incluso un excéntrico parque, híbrido de budismo e hinduísmo, que fusiona ambas mitologías en una misma concepción estética y filosófica. Y al norte de Laos y Vietnam, las tribus hmong (de las que os hablaré en breve) todavía creen en los hombres-lobo, a pesar de ser “católicos”.
(Continuará…)






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Estambul y Kuala Lumpur (Asia I)
¡Asia!
Puedo decir que es mi “primera vez” en el continente. Ya pisé Africa en su día, y hoy le toca al lado opuesto del planeta, donde las costumbres y usos de las gentes son tan diferentes a nuestro occidente. He de decir que es un placer viajar por estos lares, tras el monotema estadounidense — que tanto me gusta, pero del que me había cansado de escribir.
Y después de visitar Estambul, declaro a Madrid, oficialmente, Ciudad Cadáver. El futuro está en ciudades como la turca, en las vías de un evidente desarrollo, en la mezcolanza de europeísmos aperturistas, orientalismos vivificadores, fiesta sin fin, negocio sin límites, barroquismo cultural. Aquí la gente vive en la calle, la juventud campa a sus anchas, la cultura es efervescente y ubícua, hay intensa actividad urbana. Cautivadora, mediterránea y asiática, plagada de gatos, mezquitas con torres como cohetes, músicos tradicionales y niños buscavidas por la calle a medianoche, Estambul me ha llegado.
La segunda escala era Ammam, Jordania. El capitán de la Royal Jordanian, tras dar el mensaje de bienvenida por megafonía una vez embarcado el pasaje, ha declamado una aliterada oración a Alá con tono trascendental, serio y, al mismo tiempo, tierno. Nos damos rápidamente cuenta de que estamos en los dominios del Islam: En el mapa del mundo de la revista de a bordo, aparecen los nombres de todos los países… excepto de uno.
Al llegar al aeropuerto de Kuala Lumpur tras una breve parada en Bangkok, y una vez más (maldito sea el azar) me toca pasar un rato en la oficina de inmigración; al oficial no le convencía el estado de mi pasaporte. Sin embargo, mejor que en Chicago, eso sí. Estos lugares, semivacíos y como en espera, son encruzijadas dimensionales, grises, fluorescentes, ojerosos. Las funcionarias llevan el pelo tapado completamente con un pañuelo negro, lo cual, en combinación con el masculino uniforme, produce sensaciones encontradas. Casi todo el personal de inmigración son mujeres. Los militares dan bastante respeto… o miedo, quizá. A pesar de todo, de cuando en cuando surge una sonrisa. Todo va bien.
Kuala Lumpur está a 70 kilómetros de su aeropuerto. Vamos en un autobús cuyas ventanas tienen el cortinaje como si fuese una casa; con lazo y visillo. Me costaba localizar al conductor con la mirada, hasta que he caído en que aquí se conduce por la derecha. No en vano, el país fue ocupado por los británicos, entre muchos otros. Suenan ‘It’s my life’ y ‘Billie Jean’; no puedo dejar de pensar que la música occidental es ridícula en un entorno tan serio. Al fin y al cabo, esto se aproxima mucho al tercer mundo. Pero tengo ganas de llegar al hotel. Han sido 14 o 15 horas de trayecto y necesito dormir.
Jet-lag, Hostal, lavabo mugriento. Kuala Lumpur en gigante, un basurero gigante. Una ciudad fea, llena de tenderetes y comercios itinerantes, carritos, motos, basura, basura… El canal que cruza la ciudad es un vertedero de agua marrón. Si levantas la mirada, al ver los rascacielos, modernos, dorados, cromados, coronados por las torres Petronas, parece que estás en otra ciudad, en una ciudad totalmente distinta. A nivel de calle, todo son restos. Musualmanas de estricto burka se mezclan con hinduistas serios y oscuros de pelo blanco, con jovenes variopintos y otra decena de culturas fusionadas en la masa; los chinos son omnipresentes (tambien colonizaron el pais, y se quedaron) y sus negocios estan por todas partes.
Un mendigo se raspa la mugre de las uñas de los pies aprovechando el agua que cae de un desague, en medio del tráfico, el humo, la marea humana…
Kuala Lumpur se redime con lugares como las cuevas Batu (imagenes). Una estatua del Dios Murugan de casi 50 metros reina a la entrada. Su figura dorada marea cuando llegas a sus pies. Tras ella, una subida de casi 300 escalones realmente empinados que llevan a un complejo de cuevas realmente espectacular. Se cortan las respiraciones. El lugar esta plagado de monos. En el interior de las cuevas hay un templo hindu, y es aquí donde se celebra el famoso Thaipusam (ver imagenes!) al que acuden millones de personas y donde los fieles se fustigan hasta niveles dificiles de creer. Un lugar impresionante para el que no sirven palabras…
Os dejo con un par de fotos, es dificil descargarlas y cambiarles el tamano aqui. En fin, un saludo al paciente lector. Intentaremos seguir escribiendo!!







