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May
19

“Las disquisiciones metafísicas de Olivia” (cómic)

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"Las disquisiciones metafísicas de Olivia", por Alex Onôv

“Las disquisiciones metafísicas de Olivia”, por Alex Onôv

Apr
6

Cómo puedo convencerte: “Los miserables”

Fino, fino.

Fino, fino.

¿Cómo puedo convencerte para que leas Los miserables —si es que no lo has hecho ya— sino compartiendo algunos extractos? Son joyas, son perlas selectas que he ido recopilando según leía la inconmensurable (en longitud y en trascendencia) obra de Victor Hugo en la fabulosa traducción que Nemesio Fernández Cuesta y Picatoste hizo en 1863.

Estos fragmentos son anzuelos. Pica:

Este libro es un drama, cuyo primer personaje es el infinito. El hombre es el segundo.

 

Mi crimen, enano horrendo, en mí late, gigante; se ríe con sorna si loan mi faz venerable, me devora el corazón y grita: «¡Miserable!»

 

Hay un punto en el que los desgraciados y los despreciables se mezclan y se confunden en la misma única palabra: los miserables.

 

El escollo de la verdad es la pequeñez; el escollo de la grandeza, la falsedad… Discernir siempre lo grande a través de lo verdadero, lo verdadero a través de lo grande, tal es, pues, la meta del poeta. Y estas dos palabras, grandeza y verdad, lo encierran todo. La verdad contiene la moral, la grandeza encierra la belleza.

 

Las faltas de las mujeres, de los hijos, de los criados, de los débiles, de los pobres y de los ignorantes, son las faltas de los maridos, de los padres, de los amos, de los fuertes, de los ricos y de los sabios.

 

Sólo a Dios pertenece la muerte. ¿Con qué derecho tocan los hombres a esta cosa desconocida?

 

No preguntéis su nombre a quien os pide asilo. Precisamente quien más necesidad tiene de asilo es el que tiene más dificultad en decir su nombre.

 

No temamos nunca ni a los ladrones ni a los asesinos: ésos son los peligros exteriores, los pequeños peligros. Temámonos a nosotros mismos. Las preocupaciones, ésas son los ladrones; los vicios, ésos son los asesinos. Los grandes peligros existen dentro de nosotros. ¿Qué importa lo que amenaza a nuestra cabeza o a nuestra bolsa? Pensemos con preferencia en lo que amenaza a nuestra alma.

 

Si el grano de mijo colocado bajo la rueda del molino pudiese pensar, pensaría indudablemente lo mismo que Juan Valjean.

 

A alma seca, ojos secos.

 

Ni buenos ni malos, ni sabios ni ignorantes, ni genios ni imbéciles, ramas de ese abril encantador que se llama veinte años.

 

Hay una manera de huir que parece buscar.

 

Siendo, pues, calvo e irónico, era el jefe. Iron es una palabra inglesa que significa hierro. ¿Vendrá de aquí la palabra ironía?

 

Estaba aniquilado, pero cubierto de flores. Su juventud, liando el petate antes de tiempo, se retiraba en buen orden, riendo y llena de entusiasmo.

 

Su jovialidad tenía algo de dictadura.

 

Aquella hija de la noche tenía su raza. Era bella bajo ambos aspectos, el del estilo y el del ritmo. El estilo es la forma de lo ideal, el ritmo es el movimiento.

 

Los Campos Elíseos cubiertos de sol y de gente, no eran más que luz y polvo, dos cosas que componen la gloria.

 

Palabras de sobremesa y palabras de amor: tan difíciles son de coger unas como otras. Las palabras de amor son llamaradas, las palabras de sobremesa son humo.

 

El equívoco es la secreción del talento que vuela: la secreción cae en cualquier parte, y el talento, después de haber segregado una necedad, se remonta y se pierde en el azul del cielo. Una materia blanquecina que cae y se aplasta sobre una roca no impide al cóndor que siga volando.

 

Desgraciado del que se entrega al corazón cambiante de una mujer. ¡La mujer es pérfida y tortuosa! Detesta a la serpiente por celos del oficio; la serpiente es para la mujer lo que la tienda de enfrente para el tendero.

 

Todo no ha concluido en la tierra, pues que todavía se puede disparatar. Doy por ello gracias a los dioses inmortales. Se miente, pero se ríe. Se afirma, pero se duda. Lo inesperado brota del silogismo. Esto es bello.

 

El destino se entromete hasta en que una persona esté de pie o sentada.

 

Hay almas, que como el cangrejo, retroceden continuamente hacia las tinieblas, que retrogradan más que adelantan en la vida, empleando su experiencia en aumentar su deformidad, empeorándose sin cesar, e impregnándose más y más de un tizne creciente.

 

Existe en efecto en ciertos hombres un verdadero instinto bestial, puro e íntegro como todo instinto, que crea la antipatía y la simpatía, que separa fatalmente unas naturalezas de otras, que no vacila, que no se turba, ni se calla, ni se desmiente jamás; claro en su oscuridad, infalible, imperioso, refractario a todos los consejos de la inteligencia y a todos los disolventes de la razón, y que de cualquiera manera que vengan los destinos, advierte secretamente al hombre-perro que le posee la presencia del hombre-gato.

 

El yo visible no autoriza en manera alguna al pensador para negar el yo latente.

 

La sociedad mantiene irremisiblemente fuera de sí dos clases de hombres, los que la atacan y los que la guardan.

 

Ciertas personas son malas únicamente por necesidad de hablar. Su palabra, conversación en la sala, habladuría en la antecámara, es como esas chimeneas que consumen pronto la leña: necesitan mucho combustible, y el combustible es el prójimo.

 

Los malos tienen una felicidad negra.

 

La conciencia es el caos de las quimeras, de las ambiciones, de las tentativas, el horno de los delirios, el antro de las ideas vergonzosas, el pandemónium de los sofismas, el campo de batalla de las pasiones.

 

Querer prohibir a la imaginación que vuelva a una idea, es lo mismo que querer prohibir al mar que vuelva a la playa. Para el marinero este fenómeno se llama marea; para el culpado se llama remordimiento. Dios mueve las almas lo mismo que el océano.

 

Todo su cuerpo temblaba con un movimiento parecido al de unas alas dispuestas a abrirse y a llevarla.

 

La muerte tiene un modo peculiar suyo de perseguir a la victoria y traer en pos de la gloria la peste. El tifus va siempre unido al triunfo.

 

Era madre, porque era mamífera.

 

Cien años son la juventud de una iglesia y la vejez de una casa. Parece que la habitación del hombre participa de su brevedad, y la casa de Dios de su eternidad.

 

Nada oprime tanto el corazón como la simetría; y es que la simetría es el fastidio, y el fastidio es el fondo mismo del pesar: la desesperación bosteza.

 

En tiempos normales, para disolver un anacronismo y hacerlo desaparecer no hay más que hacerle deletrear el año de una moneda. Pero ahora no estamos en tiempos normales. Luchemos. Luchemos; pero distingamos. El carácter propio de la verdad consiste en no ser nunca extremado. ¿Qué necesidad tiene de exagerar? Hay cosas que deben destruirse; hay otras que sólo deben ser iluminadas y examinadas. El examen benévolo y grave ¡qué fuerza tan inmensa! No acerquemos la llama a donde sólo hace falta la luz.

 

Supersticiones, hipocresía, devoción fingida, preocupaciones; estas larvas, por más larvas que sean, quieren vivir tenazmente; tienen uñas y dientes en su sombra y es preciso destruirlas cuerpo a cuerpo, y hacerles la guerra sin tregua, porque una de las fatalidades de la humanidad es vivir condenada a la lucha eterna con fantasmas. Es muy difícil coger a la sombra por el cuello y derribarla.

 

Un jardinero tiene algo de sepulturero.

 

Cierta hábil ignorancia es una fuerza: no se desconfía de ella y engaña.

 

La alegría que inspiramos tiene el doble encanto de que lejos de debilitarse con el reflejo, vuelve a nosotros más intensa.

 

Dad a un ser lo inútil y quitadle lo necesario y tendréis el pilluelo.

 

Este ser vocea, se burla, se mueve, lucha, lleva retazos como un niño pequeño, harapos como un filósofo; pesca en los albañales, caza en las cloacas, saca alegría de la inmundicia, azota las calles con su locuacidad, husmea y muerde, silba y canta, aclama y vocea, entona la aleluya por la música del Mambrú, salmodia todos los ritmos, desde el De Profundis hasta la Mascarada, encuentra sin buscar, sabe lo que ignora, es espartano hasta la ratería, loco hasta la sabiduría, lírico hasta la obscenidad, se acurrucaría en el Olimpo, se revuelca en el estiércol, y sale cubierto de estrellas. El pilluelo de París es Rabelais en pequeño.

 

El papanatas representa la monarquía; el pilluelo la anarquía.

 

No ver en lo que nos ofrece un horizonte más que campos, casas o árboles es quedarse en la superficie; los aspectos de las cosas son pensamientos de Dios.

 

Es muy propio de la mojigatería poner tantos más centinelas cuanto menos atacada está la fortaleza.

 

La mojigatería es semivirtud y semivicio.

 

Era el armiño de la estupidez, sin una sola mancha de inteligencia. (…) No había sido mala nunca, lo cual es una bondad relativa. (…) En su persona se descubría el estupor de una vida que concluía sin haber empezado.

 

Era un joven entusiasta y frío, noble, generoso, altivo, religioso, exaltado, digno hasta la dureza, puro hasta ser insociable.

 

La República, el Imperio, no habían sido para él hasta entonces más que palabras monstruosas. La República, una guillotina en un crepúsculo; el Imperio, un sable en la noche.

 

Una noche estaba solo en su pequeña habitación que lindaba con el tejado. La vela estaba encendida; leía, apoyado de codos en la mesa, al lado de la ventana abierta. Una multitud de pensamientos salían del espacio y se mezclaban con sus ideas. ¡Qué espectáculo es la noche! Óyense ruidos sordos sin saber de dónde vienen; se ve centellar como una chispa a Júpiter, que es mil doscientas veces mayor que la Tierra; el azul es negro, las estrellas brillan. Esto es sublime.

 

La lógica puede ir a parar a la guerra, mientras que la filosofía no puede menos de tener por última consecuencia la paz.

 

Cuando entraba la adversidad en su casa, la saludaba cordialmente como a un amigo antiguo, y daba cariñosas palmadas en el vientre a la catástrofe; tenía franqueza con la fatalidad hasta el punto de llamarla por su nombre familiar: «Buenos días, Mala Suerte», le decía.

 

A cierta edad, las fisonomías lo dicen todo en seguida y la palabra es inútil. Hay jóvenes de quienes podría decirse que tienen una fisonomía parlante. Se miran y se conocen.

 

La vanidad tiene un revés y un derecho; el derecho es tonto, es el negro con sus cuentas de cristal; el revés es necio, es el filósofo con sus andrajos. Lloro por el uno, y me río del otro.

 

Toda cualidad se pierde en un defecto; la economía linda con la avaricia, la generosidad con la prodigalidad, la bravura con la fanfarronería; mucha piedad es decir fanatismo; hay tantos vicios en la virtud como agujeros en el manto de Diógenes.

 

Yo hago poco caso de la victoria. No hay nada tan estúpido como vencer; la verdadera gloria es convencer. Pero ¡tratad de probarme alguna cosa! Os contentáis con el éxito, ¡qué medianías! Con la conquista, ¡qué miseria! ¡Ah! Vanidad y vileza en todo.

 

Rusia tiene sus bellezas, entre otras, un gran despotismo; pero compadezco a los déspotas: tienen una salud delicada.

 

Sí, tengo spleen complicado con melancolía, con nostalgia, con hipocondría. Me desespero, rabio, se me abre la boca, me fastidio, me aburro, me embrutezco…

 

La paz es la felicidad en el acto de la digestión.

 

Hay nobles y misteriosos triunfos que no ve ninguna mirada, que no tienen la indemnización de ninguna clase de fama, ni el saludo de ninguna clase de aplausos.

 

Quería vestirse siempre de luto, y se vestía con las sombras de la noche.

 

El alma es el único pájaro que sostiene su jaula.

 

«Si volviera a pasar lo mismo, ¿volvería yo a obrar del mismo modo?» Su orgullo respondía inmediatamente que sí; pero su encanecida cabeza que sacudía en silencio, respondía tristemente que no.

 

La juventud con afabilidad produce en los viejos el efecto del sol sin viento.

 

Los republicanos y los presidiarios no son más que una nariz y un pañuelo.

 

Y para que nada faltase a aquella figura encantadora, la nariz no era bella, era linda; ni recta, ni aguileña, ni italiana, ni griega; era la nariz parisiense, es decir, algo espiritual, fina, irregular y pura que desespera a los pintores y encanta a los poetas.

 

El cielo (estaba) puro como si los ángeles lo hubiesen lavado por la mañana.

 

Comiendo se abre el apetito, y en amor sucede lo que en la mesa.

 

Viéndose guapo, quiso ser elegante; ahora bien, la primera elegancia es la ociosidad; y la ociosidad del pobre es el crimen.

 

Las estrellas me parecen hachas de iluminación; diríase que arrojan humo y que el viento las apaga; me siento aturdida, como si caballos me resoplasen en los oídos; aunque sea de noche, me parece oír organillos y telares, y qué sé yo qué más. Creo que me tiran piedras, huyo sin saberlo; todo da vueltas, todo, todo. Cuando no se ha comido es muy raro lo que pasa.

 

Si nos viéramos obligados a elegir entre los bárbaros de la civilización y los civilizados de la barbarie, escogeríamos a los bárbaros.

 

Ese momento confuso en que el pensamiento, semejante al pájaro fabuloso que se convierte en pez para pasar el mar, toma poco a poco la forma del ensueño para atravesar el sueño.

 

Las mujeres juegan con su belleza como los niños con un cuchillo, y se hieren.

 

Hay meditaciones que podrían llamarse verticales, y cuando se ha llegado al fondo se necesita algún tiempo para subir a la superficie.

 

La ignorancia, convertida en imbecilidad, era lo mismo que la inteligencia convertida en desesperación.

 

La reducción del universo a un solo ser, la dilatación de un solo ser hasta Dios; esto es el amor.

 

Dios está detrás de todo; pero todo oculta a Dios. Las cosas son negras, las criaturas son opacas. Amar a un ser es hacerle transparente.

 

Si eres piedra, sé imán.

 

¡Desgraciado el que no haya amado más que cuerpos, formas, apariencias! La muerte se lo arrebatará todo. Amad a las almas, y las volveréis a encontrar.

 

No hay retroceso en las ideas, como no lo hay en los ríos.

 

Las sospechas no son más que arrugas, y la primera juventud no las tiene.

 

La miseria de un niño conmueve a una madre; la miseria de un joven conmueve a una joven; pero la miseria de un viejo no conmueve a nadie, y es de todas las desgracias la más fría.

 

Si se ha de creer a ciertos oráculos de la política recelosa, bajo el punto de vista del poder, un motín es (para el poder) una cosa deseable. Para ellos es un axioma que el motín afirma a los gobiernos si no los destruye; porque pone a prueba el ejército, concentra a los ciudadanos, estira los músculos de la policía y pone de manifiesto la fuerza del esqueleto social. Es un ejercicio gimnástico, casi higiénico. El poder se siente mejor después de un motín, como el hombre después de una fricción.

 

Muchas veces, insurrección es resurrección.

 

En la generalidad de los casos, el motín sale de un hecho material; la insurrección es siempre un fenómeno moral.

 

Aquella mujer árabe, que habiendo recibido un bofetón de su marido, fue a ver a su padre pidiendo venganza, y diciendo: «Padre, debes a mi marido afrenta por afrenta.» El padre preguntó: «¿En qué mejilla te ha dado el bofetón?» «En la izquierda.» El padre le dio un bofetón en la derecha, y dijo: «Ya estás satisfecha. Ve a decir a tu marido, que si él ha abofeteado a mi hija, yo he abofeteado a su mujer.»

 

Los grandes peligros tienen el privilegio de hacer fraternizar a los desconocidos.

 

Vencer en Austerlitz es cosa grande; pero tomar la Bastilla es una cosa inmensa.

 

La confianza se apodera de nosotros con la misma facilidad que la inquietud.

 

El más augusto de los perfumes es el que sale de la blancura.

 

Dios, ese millonario de estrellas.

 

Era un honrado vecino de cincuenta años, que conducía de la mano a otro honrado vecino de seis.

 

El ruido no despierta a un borracho, y sí el silencio.

 

La embriaguez, especie de lejía que oscurece el cerebro.

 

París. Ciudad eterna. Albañal insondable.

 

Roma da el ejemplo; y París lo sigue, con la tontería propia de las ciudades de talento.

 

Tortuoso, lleno de grietas, desempedrado, cuarteado, cortado de hondonadas, zangoloteado por codos extraños, subiendo y bajando sin lógica, fétido, salvaje, feroz, sumido en oscuridad, con cicatrices sobre sus baldosas y cuchilladas en sus paredes, espantoso; tal era, visto retrospectivamente, el antiguo albañal de París. Ramificaciones en todos sentidos, cruzamientos de zanjas, empalmes, patas de ganso, estrellas, como en las zapas, cæcums, callejones sin salida, bóvedas salitrosas, sumideros infectos, rezumos cayendo de los techos, tinieblas; nada igualaba al horror de esa antigua cripta exutoria, aparato digestivo de Babilonia; antro, foso, abismo atravesado de calles, ratonera titánica donde el espíritu creía ver vagar, en medio de la sombra, entre inmundicias que fueron esplendor, ese enorme topo ciego: lo pasado.

 

El río llegaba hasta los pies de Juan Valjean con el blando susurro de un beso.

 

La noche desplegaba sobre la cabeza de Juan Valjean todas las dulzuras del infinito.

 

Divisaba en las tinieblas la imponente salida de un sol moral desconocido.

 

Ser la tenaza, y convertirse en mano.

 

Nubes espesas ocultaban las estrellas. El cielo tenía un aspecto siniestro. No se veía una sola luz en las casas de la Cité; no pasaba nadie; las calles y los muelles a donde la vista podía alcanzar, estaban desiertos; Nuestra Señora y las torres del palacio de Justicia parecían lineamentos de la noche. Un farol alumbraba el pretil del muelle. Los perfiles de los puentes iban desapareciendo en las tinieblas unos tras otros. El río había crecido con las lluvias.

 

Hay cosas que no son del dominio de la pintura; el sol, por ejemplo.

 

La felicidad necesita de lo superfluo, pues ella, por sí sola, no es más que lo necesario, y conviene sazonarla con artículos de mero lujo.

 

La felicidad a secas se parece al pan a secas.

 

¿A quién es dado realizar su sueño? Para esto habrá elecciones en el cielo; nosotros, sin saberlo, somos los candidatos, y los ángeles votan.

 

Para ser feliz, señor, se necesita no comprender el deber; porque, una vez comprendido, es implacable.

 

Cuando se horroriza uno de sí mismo hasta ese extremo, no tiene derecho para hacer a los demás partícipes, sin saberlo, de su horror, para lanzarlos en su precipicio, para cubrirlos con su casaquilla encarnada, para embarazar solapadamente con su miseria la felicidad del prójimo. Es odioso acercarse a los que están sanos, y tocarlos en la sombra con úlcera invisible.

 

El viento, ese trovador de la eterna boda, ensayaba en los árboles el preludio de la gran sinfonía matinal que se llama la primavera.

 

La naturaleza divide a los vivientes en seres que vienen, y seres que van. Los que se van dirigen la vista hacia la sombra, y los que vienen la dirigen hacia la luz. De ahí cierto desvío, fatal en los viejos, involuntario en los jóvenes. Este desvío, insensible al principio, se aumenta lentamente como toda separación de ramas. Las ramas, sin desprenderse del tronco, se alejan. No es culpa suya. La juventud va a donde está la alegría: a las fiestas, a los parajes luminosos, a los amores; la vejez al término de la carrera. No se pierden de vista, pero no existe ya el lazo estrecho. Los jóvenes sienten el frío de la vida y los ancianos el de la tumba. No acusemos, pues, a los jóvenes.

 

Pudiera decirse que la agonía serpentea, Va, viene, se adelanta hacia el sepulcro y retrocede hacia la vida. Hay algo de titubeo en el acto de morir.

 

Jan
12

Cómo puedo convencerte: “El Conde de Montecristo”

El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas

El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas

¿Cómo puedo convencerte para que leas El Conde de Montecristo, si no lo has hecho ya, si no es compartiendo algunos extractos? Son joyas, son perlas selectas que he ido recopilando según leía esta obra de Alejandro Dumas. Son anzuelos. Pica.

A los amigos no solamente se les debe ofrecer un vaso de vino, sino también impedirles que se beban tres o cuatro vasos de agua.

 

La dicha es como esos palacios de las islas encantadas, cuyas puertas guardan formidables dragones; preciso es combatir para conquistar, y yo, a la verdad, no sé que haya merecido la dicha de ser marido de Mercedes.

 

En política, querido mío, y vos lo sabéis tan bien como yo, no hay hombres, sino ideas; no sentimientos, sino intereses; en política no se mata a un hombre, sino se allana un obstáculo.

 

Era el crepúsculo de ese ignoto país que se llama la muerte.

 

¡Oh, los hombres!, raza de cocodrilos, como dice Karl Moor

El condenado quiso volverse a levantar, pero antes que hubiese tenido tiempo para ello, desplomóse la maza sobre su sien izquierda, oyóse un ruido sordo y seco, y el paciente cayó como un buey, con el rostro contra el suelo, después se volvió de espaldas por el choque. Entonces el verdugo dejó caer su maza, sacó el cuchillo de su cinturón, le abrió la garganta de un solo tajo y subiendo en seguida sobre su vientre, se puso a patearlo con sus pies. A cada golpe, un chorro de sangre se escapaba del cuello del condenado

En lo sucesivo guardad bien en la memoria esta máxima del gran Napoleón: «No me despertéis sino para las malas nuevas.»

Vuestro vino de España es excelente, bien veis que hemos hecho bien en pacificar ese país.

-¿Qué clase de personas esperáis? -repuso Beauchamp. -Un hidalgo y un diplomático -repuso Alberto. -Pues entonces esperaremos dos horas cortas al hidalgo y dos horas largas al diplomático.

 

Ojo de color leonado, cuya pupila disminuye y se dilata según su voluntad, aire sombrío, frente magnífica, tez lívida, barba negra, dientes largos y agudos y modales desenvueltos.

La puntualidad -dijo el conde de Montecristo- es la política de los reyes, según ha dicho, creo, uno de vuestros soberanos.

 

Lo que voy a deciros se os antojará extraño a vosotros, señores socialistas, progresistas, humanitaristas, y es que yo no me ocupo nunca de mi prójimo, no procuro nunca proteger a la sociedad que no me protege, y diré aún más, que no se ocupa generalmente de mí, sino para perjudicarme, y retirándoles mi estimación y guardando la neutralidad frente a ellos, es aún la sociedad y mi prójimo quienes me deben agradecimiento.

La puerta, al abrirse, descubrió un cielo opaco, en el que la luna pugnaba en vano contra un mar de nubes que la cubrían con sus olas sombrías que iluminaban un instante, y que iban a perderse en seguida, más sombrías aún, en las profundidades del firmamento.

Aunque no hubiese visto el rostro de Villefort, le reconocí por los latidos de mi corazón.

Todo mal tiene dos remedios, el tiempo y el silencio.

 

Un cálculo de orgullo, una quintaesencia de aristocracia es la aplicación, en fin, de este axioma: “Estímate a ti mismo, y serás estimado de los demás”. Axioma más útil cien veces en nuestra sociedad que el de los griegos: “Conócete a ti mismo”, sustituido en nuestros días por el arte menos difícil y más ventajoso de conocer a los demás.

Bien sabes que nunca seré yo quien te deje. No es el árbol el que abandona a la flor, sino la flor la que abandona al árbol.
Tengo en el corazón tres sentimientos con los cuales no se puede una aburrir: Tristeza, amor y agradecimiento.
Partió murmurando estos versos de Píndaro: «Es la joven una flor, cuyo fruto es el amor… » Dichoso el que la obtenga después de haberla visto madurar lentamente.
El hombre no será perfecto hasta que sepa crear y destruir como Dios. Ya sabe destruir, luego tiene andado la mitad del camino.
Los orientales son más sabios que nosotros en punto a conciencia, y han suprimido prudentemente el infierno.
El desinterés es el rayo de sol más hermoso a que puede relucir una noble espada.
Habiendo llegado a cierto grado de fortuna, nada es más necesario que lo superfluo.
Un jugador pierde, no tan sólo lo que tiene, sino lo que no tiene.

Por otra parte, ¿qué es lo que exigen en París a un joven? Que hable su lengua, que vaya vestido con elegancia, que sea buen jugador y que pague en oro.

Los corazones más corrompidos no pueden creer en el daño sino apoyándolo en un interés cualquiera. El mal inútil y sin causa repugna como una anomalía.

Cuando se vive con locos, es preciso también aprender a ser insensato.

Vio agitarse en sus labios una sonrisa fría y siniestra, que pasó por sus delgados labios, como uno de esos meteoros siniestros que corren entre dos nubes en una atmósfera tempestuosa.

Los hombres generosos son siempre compasivos, cuando la desgracia de su adversario es mayor que su odio.

Eespectáculo de la muerte tiene una irresistible atracción mientras la muerte es la inmovilidad y no la corrupción.

La noche estaba hermoseada por millares de estrellas.

Antes de tener miedo se ve claro. Mientras se tiene, se ve doble; después de haberle tenido se ve turbio.

No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo.

Sep
6

Traumas de cine

Seguro que a vosotros también os pasa que hay una escena de una película que visteis de niños que se os aparece en la mente, resurgiendo del pozo de la memoria más ignota, en ciertos momentos que relacionas con un tema concreto. Son esos pequeños “traumas de cine” en los que mi sensibilidad se vio agitada por primera vez, despertando conocimientos importantes difíciles de describir y que operan al nivel más subconsciente. Dejémonos de prolegómenos y permitidme hacer una pequeña lista de películas que mi niño interior llevará ya consigo para siempre y cuyas imágenes (ahora ya lo sé) no dejarán jamás de aparecer en mi retina.

El señor de las bestias

Esta película fui a verla con 6 o 7 años al cine. Creo que es la primera vez que recuerdo estar en un cine, aunque sinceramente tengo vagas brumas de una ocasión en la que fuimos a ver Bambi, pero esto último quizá fue un sueño. El caso es que allí estaba yo, rodeado por la oscuridad de la sala (probablemente los cines Las Vegas en la calle Hermanos García Noblejas, ahora un bingo), cuando la película que recuerdo casi escena a escena desde aquel día dio comienzo. Y vaya si dio comienzo. De hecho, hubo otra cosa que dio comienzo: mi conciencia de lo que era la experiencia cinemática, pues las primeras escenas se grabaron a fuego en mi mente con toda su crudeza, visceralidad y sensualidad. Tres brujas con cuerpos de escándalo y rostros desfigurados siseando y contoneándose mientras ven el futuro y dos eunucos ahorcándose simultáneamente, todo en menos de dos minutos. Pero lo peor (lo mejor, en realidad) estaba por venir. En la siguiente escena, una bruja vierte un líquido azul sobre una mujer embarazada diciendo “Debe ser arrancada de su vientre”… El vientre de la mujer se infla y se infla, mientras el de una vaca también comienza a hincharse poco a poco. Al final de la escena, la mujer queda vacía y la bruja se lleva la vaca al campo, donde se produce el parto bovino por cesárea ante una fogata color azul, y donde la bruja marca al bebé a fuego en la palma de la mano y se dispone a degollarlo. La palabra “weird” se queda corta. Por supuesto, esta escena se recrea en mi mente siempre que veo a una mujer embarazada en las últimas etapas de la gestación. Gracias, maestro Coscarelli.

Sssssss!

Si recuerdo perfectamente el sofá que teníamos en la primera casa donde vivimos fue porque tuve una relación de proximidad con él más allá de lo que cualquier humano ha tenido con un sofá. Y es que el primer ataque de terror verdadero con una película lo tuve con Sssssss!, una película protagonizada por Dirk Benedict en la cual la picadura de una cobra en una exhibición le convertirá poco a poco en uno de estos reptiles. El proceso de metamorfosis pasa por la pérdida del pelo, la transformación de la piel en escamas, la unión de brazos y piernas al tronco… para cuando el pobre Dirk ya tiene el aspecto que veis en esta foto, un servidor estaba aterrado, con la cabeza hundida entre los cojines del sofá, con todo el cuerpo estremecido por el miedo. El siseo del hombre-cobra me resultó tan terrorífico que mi cuerpo se quedó helado, sin poder escapar, sin poder levantarme y huir o apagar la tele. Ojalá todos mantuviésemos esa virginidad cada vez que nos pudiésemos a ver una peli de miedo. Cada una sería memorable. Ni que decir tiene que la película, vista ahora, es tan terrorífica como un saltamontes posado en la ventana.

Sssssss!

Sssssss!

El engendro mecánico

Esta película se lleva la palma en esta serie. También es mala, por supuesto. Pero eso no quiere decir que no sea memorable, y no solo para mí, sino en la historia del cine, al suponer un cruce entre La semilla del diablo y 2001, Una odisea del espacio. A nivel personal (que de esto va el post de hoy) es, sin lugar a dudas, una de las películas más importantes que he visto en la vida. El engendro mecánico se desarrolla en un futuro relativamente cercano en el que las casas están completamente controladas por computadoras activadas por voz, y en el preciso momento en que unos científicos crean el primer ordenador con consciencia propia, Proteus IV. Este cerebro se hace con la casa de Julie Christie, lo cual da pie a una de las premisas más fascinantes cuando Proteus se da cuenta de que quiere ser carne (“quiero salir de esta ‘caja’”, declara) y utilizará a la pobre Julie para llevar a cabo sus planes. Y sí, estáis imaginándolo bien. Proteus se las ingenia para secuestrar en su propia casa y violar a la Christie, después de habérsela comido con la “mirada” (unas cámaras, por supuesto), como un viejo verde babeante. El ordenador, en efecto, recrea una especie de útero cibernético en el sótano de la casa, o así lo entendí yo, que tiene la pinta de una estructura geométrica que va ganando en complejidad según avanza la película. Proteus introduce una especie de pene dodecaédrico en Julie mientras la sujeta con su mano robótica, extrayendo de ella un óvulo y células para recrear esperma cibernético para comenzar una gestación hombre-máquina en la casa. Pero no voy a desvelar el final, que de eso no se trata. Más bien, esta película viene a cuento en esta lista porque, además de impactarme de forma imborrable (recuerdo perfectamente casi todas sus escenas, sobre todo el delirante final), al terminar la película, que vi con mis padres a una tierna edad, le pregunté a mi padre qué coño significaba todo aquello. Y, lo creáis o no, esa fue la ocasión en que mi madre me explicó de dónde vienen los niños. Que si una célula del hombre, que si una célula de la mujer. No el tema sexual, sino el asunto biológico. El lado sexual ya lo había dejado bien clarito la película. Para terminar de redondear el asunto, unas semanas después mis padres me regalaron un libro didáctico, dirigido a niños, que enseñaba todo el asunto de la reproducción… utilizando robots para explicarlo. Dos robots, uno masculino, otro femenino. El robot macho tenía una especie de muelle que le salía de la caja metálica central movida con orugas de tanque, y el robot hembra tenía una apertura en su correspondiente caja metálica, que llevaba a una cavidad interior donde había un cojín con un diamante encima. La doble página del robot macho metiendo el muelle por la apertura y regando el diamante sobre el cojín la tengo en mi cerebro a día de hoy, mezclada con el pene dodecaédrico de Proteus, el rostro distorsionado de Julie Christie y el engendro mecánico geométrico que surge de la unión futura de la carne y el ordenador. Si esto no es un trauma, que venga Dios y lo vea.

El pene dodecaédrico de Proteus IV

El pene dodecaédrico de Proteus IV

Y, por supuesto, la televisión

La serie británica Chocky basada en una novela de John Wyndham, algunos episodios de la serie Misterio (“The tennis court”, pero sobre todo “The Corvini inheritance” cuyo final recordaré siempre), la producción española “La huella del crimen” y aquella escena del garrote vil… todas ellas experiencias televisivas que pasarán a los anales de mi memoria audiovisual. No sirve de nada abrir esa lata de gusanos porque sería interminable. Mi propósito era centrarme en las tres películas que he comentado más arriba y que cambiaron para siempre mi forma de ver la gestación de nuevos humanos, la reproducción y sus oscuras alternativas, así como los cruces entre especies y la metamorfosis humana en una crisálida de terror. Sinceramente, creo que todas ellas están relacionadas y creo que han conformado mi visión de estos temas de una manera especial, una visión a la que le tengo mucho cariño porque es la mía, y porque ha sido conformada y moldeada por la cultura popular de una época, los 80, en la que los padres no era ni la mitad de mojigatos de lo que son ahora, en la que la corrección política ni siquiera existía y en la que los niños no eran criaturas escondidas en una burbuja de MPAA ratings, en la que los dos rombos eran simplemente un motivo más para ver la jodida película de marras. Qué suerte hemos tenido algunos.

Jun
18

El objetivo del Juego de Tronos (s03)

SPOILERS AHEAD

He visto la tercera temporada de Juego de Tronos (previo estudio-repaso de lo acontecido en las dos primeras para no perder el hilo) y debo decir que me ha parecido de las mejores. Aparte del truquito de usar a Khalessi para cerrar capítulos con épica, la historia de esta chica es sin duda la más comercial y atractiva de una temporada que, en general, ha tenido unos arcos argumentales interesantísimos (la evolución de Jamie Lannister, por ejemplo) y ha demostrado su excelencia como obra de la televisión actual.

Mi Khaleesi

Mi Khaleesi

Sin embargo, lo que a mí me interesa a nivel fundamental de Juego de Tronos es (“duh!”) la pugna de reyes por el trono, y esta temporada me ha demostrado en sus capítulos finales que eso no importa. Como dice Melisandre, “esta guerra de cinco reyes ya no es importante, no es nada comparada con la gran guerra que viene del Norte”. O sea, que lo que importa es la guerra que viene del Norte. Parece que todo tiende a una gran alianza de linajes para acabar con la amenaza helada… Pero vamos, entre eso y el episodio de la Boda Roja (que sí, que mola, pero se carga a uno de los personajes con quien más nos podemos identificar) parece que nada de lo que ha ocurrido hasta ahora tiene sentido de ser o finalidad argumental, si no es la desintegración de los Siete Reinos y la muy manida idea de ‘amenaza externa que nos une’ y que no me atrae en absoluto.

Entiendo que es una serie de TV, y que ciertos motivos y ciertos personajes, como Talisa, la mujer de Robb Stark, están ahí para el refuerzo dramático, pero de ahí a destruir totalmente el “drive” y el objetivo macro-argumental de la serie va mucho, sobre todo en pleno final de temporada, acabando con las expectativas del espectador… cosa que en sí misma no está mal, pero que en este caso parece un poco traicionero. Espero que la cosa no se desvíe demasiado.

Parece que quieren sacarle partido al tercer volumen de George R. R. Martin y dividirlo en dos temporadas; por mí de acuerdo, si la calidad se mantiene como hasta ahora. Los que hayan leído el libro ya me diréis, sin espoilear, claro… Pero en realidad se me ha posado una mosca detrás de la oreja y simplemente espero que la lucha por el trono siga siendo el centro de la acción. Lo que “viene del Norte” es muy atractivo, muy llamativo e interesante, pero, sin haber leido los libros y sin saber cuál es su función narrativa en el panorama general, espero que sea combinado con el objetivo central de forma armónica.

Oct
15

Cine reposado

Just me and the world

Just me and the world

Una de las sensaciones que tengo cuando ando por Internet es que la gente lo ve todo. Se tragan todas las series sin falta, todas las temporadas de cada una de ellas, oiga, son capaces de seguir al día todos los 52 nuevos cómics de DC, no se pierden ni una sola película (ni de estreno, ni clásicas, ni de culto, ni comerciales) y le siguen el rastro a tal guionista o a tal productor y ven todo lo que hace. Incluso tienen tiempo de ver lo antiguo, lo clásico, lo vintage. ¡Todo!

A mí todo eso me da mucha envidia y me pregunto qué clase de sacrificios hacen para sacarle tanto tiempo al día, si bailan desnudos por la noche alrededor de un fuego en el bosque, sacrificando bebés y bebiendo su sangre. Pero luego pienso que eso es imposible, porque no tienen tiempo para ritos satánicos; están viendo el último capítulo de Homeland, que acaban de sacar los subtítulos. Yo intento estar al día, a pesar de andar liado hasta las orejas con rollos que no le interesan a nadie, pero de verdad que me resulta imposible igualaros. Sois la hostia, sois vórtices de entretenimiento. Agujeros negros de cultura pop que todo lo asimilan. En cuanto una serie roza vuestro horizonte de eventos, la Ley del Completismo se ocupa de que no quede ni un solo capítulo en pie.

Y todo me parece muy bien. Creo que es imposible compaginar esta culturofagia extrema con estar al día, leer libros, salir al campo y relacionarse con la humanidad, pero creedme, tenéis todo mi apoyo. Estando en el campo, respirando el aire fresco, me asalta una angustia, una congoja, y pienso “joder, con la de episodios que podría estar yo viendo ahora”. Intento tranquilizarme a mí mismo pensando que no está mal de vez en cuando interactuar con mi pareja y con el momento presente. De hecho, a veces, sienta bien. Tener vivencias ante las que contraponer lo que vemos en las películas. Y es que las historias ganan muchos puntos si nos resultan relevantes. Aunque otras veces a uno le da la impresión de que vivir en las ficciones es mucho mejor que la vida “real”.

A ver, a lo que iba. Lo que intento decir es que con el cine, a veces, es distinto. Con el cine hay gente que realmente pisa el acelerador demasiado. Maticemos. Hay muchas, muchas películas que no son sino subproductos que pueden ser consumidas al kilo, como churros, una tras otra. No pasa nada, porque son pastiches, clichés, pulp de usar y tirar, fast food audiovisual. Y lo digo con todo el cariño del mundo; son básicamente el componente fundamental de nuestra dieta pseudo-cultural. Y luego están esas obras que realmente te llegan, te golpean en el mismísimo fondo del cerebro, esculpiendo en tu retina formas indelebles y trazando en tu interior una especie de baile sinuoso que tiene su propio ritmo, su propia melodía… algo que, en definitiva, estaba vivo y se ha metido en tu interior.

Personalmente, cuando me ocurre eso, dejo de consumir imágenes por un tiempo. Me regodeo volviendo en la mente a ese momento. Pasan las horas, los días, y mi mente sigue habitando esos momentos, esas escenas, esos rostros, esas palabras, esos movimientos. Nuevas interpretaciones e incluso nuevas (y más fuertes) emociones siguen manando de esa fuente, que ya no es luz ni fotograma, sino pura memoria, pura experiencia personal, que permite la reproducción interna de sí misma en un bucle infinito que, cuanto más se repite, más éxtasis nos proporciona, tanto si estamos conduciendo y esperando en un semáforo en rojo, o caminando hacia el trabajo, o cerrando los párpados antes de ir a dormir. No debe interrumpirse ese encanto, ese hechizo que provocan ciertas historias, ciertas películas. No se debe apisonar con otra historia, no se debe abortar bruscamente esta gestación, debe respetarse su ciclo vital, su metamorfosis, su sublimación en nuestra persona. Es un proceso casi biológico que precisa un cuidado y un cariño casi maternal, un proceso delicado que requiere nuestro celo y esmero, como si estuviésemos protegiendo a una criatura recién nacida que necesita ser incubada en nuestro pecho, como una frágil crisálida, hasta que crezcan sus plumas, sus alas, y pueda eclosionar, volar libre, salir del nido de nuestra mente. Y al hacerlo, paradójicamente, se habrá quedado por siempre con nosotros.

Entonces podremos volver a pulsar play. No seamos ansias.

Jul
9

Los sacerdotes jóvenes urbanos

Herederos de una tradición espiritual milenaria que ya nadie entiende, y aunque una vez estuvieron en el más alto rango de la sociedad, los sacerdotes están hoy reducidos, tras unos estudios terroríficamente largos y difíciles que implican el dominio del Latín, derecho canónico, teología racional y otros temas casi incomprensibles, a sobrevivir en unas condiciones materiales miserables. Cogen el Metro con los otros hombres, van de una sesión de estudios de los Evangelios a un taller de lectura, dan misa todas las mañanas a una audiencia cada vez más reducida y envejecida, privados de los placeres sensuales e incluso los más elementales de la vida familiar, y aun así están obligados por su función a desplegar día tras día un optimismo inagotable. (…) Humildes y pobres, ridiculizados por todo el mundo, sujetos a todos los problemas de la vida urbana sin acceso a sus placeres, los curas jóvenes urbanos constituyen, para los que no comparten su fe, un misterio indescifrable.

Michel Houellebecq, Le Carte et le Territoire (traducción mía)

May
4

Aww…

Este blog sería mucho más mierdoso de lo que ya es si no rindiese ahora mismo el debido homenaje a uno de los personajes más influyentes de las tres últimas decadas a nivel musical y humano. Claro que me refiero a MCA, ¿a quién si no?

“Cancer is an asshole”, y se ha llevado por delante a Adam Yauch, integrante de los incomparables y estratosféricos (¿qué coño? ¡intergalácticos!) Beastie Boys.

Desde que yo era un mocoso adolescente que escuchaba a los Poison y a GN’R, siempre estuvieron ahí desde el principio. Se infiltraron en casa con Paul’s Boutique, en vinilo, cuando adquirí a un vecino todos sus discos de hip-hop en busca de nuevos horizontes. Después, mi hermano y yo machacamos el Check your Head y después el Ill Communication, e incluso el sucio Some old Bullshit con maravillas como el Egg Raid on Mojo.

Ah, qué tiempos. Toda una juventud. Es cierto que quien terminó convirtiéndose en un puto fanático de los Beastie fue mi hermano, pero creedme si os digo que los Beastie Boys son parte de mi juventud de una forma que va más allá de lo normal. Siento como si se hubiese muerto un miembro de la familia (aunque suene exagerado), porque el tipo estaba siempre en casa sonando a todo trapo.

Os cansaréis de las noticias sobre Adam Yauch, pero mostrad un respeto porque nada será suficiente para rendir tributo a uno de los responsables de cambiar el paradigma de la música, la rigidez de los géneros y de abrir la mente, no solo musicalmente, a toda una puta generación. O dos, o tres.

Celebrad su vida a vuestra manera, con un incienso y Namasté de fondo, o quizá como yo, abriendo una cerveza y recordando toda esa energía y pasión juvenil zambulléndome en un océano de nostalgia y head-banging al ritmo de beats and scratch.

Awwww…

Feb
19

Pelis del revés

Ya sé que no soy el primero en hablar de “Irreversible” (Noé) y “Memento” (Nolan) y sus características narrativas comunes. Pero no puedo evitar escribir un par de párrafos acerca de las profundas diferencias que quedan en evidencia precisamente por un parecido anecdótico.

Todos sabemos que ambas películas son contadas “hacia atrás”, es decir, que empiezan con el final (cronológicamente hablando) y al finalizar cada escena se produce un ‘salto’ a un tiempo anterior al principio de la misma. Esto, evidentemente, tiene consecuencias dramáticas e implicaciones que, en cada caso, son más o menos evidentes.

En “Memento” este tratamiento viene dado por la condición que sufre nuestro protagonista, una patología neuronal que le impide recordar nada a medio o largo plazo. Su memoria se va ‘reseteando’ cada pocos minutos. De este modo, cuando el espectador ve la secuencia inicial, está exactamente igual que el protagonista, es decir, no sabe nada de lo que ha ocurrido previamente. Esto genera curiosidad y ganas de saber qué está ocurriendo. Cuando la historia comienza a rebobinarse, vamos juntando las piezas, y el espectador va aprendiendo lo que el protagonista sigue sin saber… hasta cierto punto. Y digo hasta cierto punto porque la pieza más importante (¿se puede confiar en Teddy?) se deja sin aclarar por aquello de la tensión y el thriller. Si bien “Memento” nos habla de las bases de la confianza, de traición y abuso, este método narrativo no pasa de ser una audacia formal, como todo el cine de Nolan, siempre preocupado por la seriedad, la perfección del artefacto que tiene entre manos. Para él, una película son engranajes formales, estilísticos, en los que anda tan preocupado que descuida siempre el elemento humano, el componente filosófico. Nolan es Escher.

En el caso de “Irreversible”, este artificio narrativo viene dado, en cambio, por un intenso sabor filosófico: las ondas expensivas del tiempo y del devenir de nuestras acciones están guiadas por el determinismo más absoluto. Así, la brutalidad de las secuencias iniciales (el club gay, la escena del túnel) deja paso a todo lo que ocurrió antes de la tragedia, lo cual puede parecer un anti-clímax total (lo que no ocurre en “Memento”, siempre repleta de persecuciones y acción hasta el final), un anti-clímax que deviene en un lirismo y una paz profundamente desasosegante… porque sabemos lo que va a ocurrirles a los personajes. Vemos a los personajes reir, bailar, hablar de nimiedades, pero nosotros no vemos eso, vemos lo que va a ocurrirles, y lo triste que supone su desconocimiento de lo que les espera. En efecto, nuestra mente sufre cuando se oye a sí misma decir “No sabéis lo que os espera”. Os espera lo peor. Y vosotros, mientras, hablando de chicas y tomando una copa, con la guardia baja. Disfrutad mientras sois ignorantes de lo inexorable, lo inevitable. Este conocimiento es tan amargo, que cuando se alcanza el lirismo de las escenas finales duele recordar el inicio, es decir, el final que empaña su futuro próximo, el modo en que esa belleza será aplastada. Es incluso terrorífico, produce auténtico terror pensar que no podemos cambiar lo que va a ocurrirnos, que algo terrible nos acecha a la vuelta de la esquina, que estamos plácidamente intalados en nuestro pensamiento de que todo está bien, todo está bajo control. En este sentido Noe se acerca (salvando las distancias) a la reflexión que hay tras el cine de Haneke. Ah, si tan sólo supieras el horror que te espera. Y que no hay manera de cambiarlo. Las escenas iniciales ahí están, lo demuestran. La tragedia te manipulará y la ilusión de tu libertad se resquebrajará. El artilugio narrativo pasa a ser la mismísima fuerza que empuja tu vida real a través del determinismo del tiempo.

Y esto son las “pelis del revés”, esa visión del narrador por encima de las ataduras del tiempo, ese conocimiento que no sabes muy bien si quieres tener. “Memento” hace sentirte bien, te hace sentir ‘clever’, ‘inteligente’, porque consigues poner la penúltima pieza en el puzzle — y el hecho de que falte la pieza final le da un cierto caché a la película, un punto de apertura a la interpretación. “Irreversible” no te hace sentir listo; te hace sentir frágil, temeroso, impotente. Todas las piezas están ahí, tú no tienes que poner ninguna. La pieza final en tu vida la pone un violador, un desconocido. La diferencia es tan inmensa que la comparación entre estas pelis es, como decía, puramente accidental.

[NOTA: No confundir con ‘backwards movies’, que es el ejercicio de contar películas como si las estuviésemos viendo hacia atrás. Por ejemplo…

Alien. La historia de una nave espacial donde hay un monstruo que va reduciéndose de tamaño y vomitando a los tripulantes, hasta que se mete en la tripa de uno de ellos, calmando el pánico general.

Rambo es la historia de un tipo que va resucitando gente con su aspirador de balas.

Cloverfield. La historia de un monstruo creado por la Fuerza Aérea de EEUU que va por Nueva York arreglando edificios hasta que se va a dar un baño, tras lo cual todo el mundo hace una fiesta.

El precio del poder. La historia de un hombre que deja la cocaína y el crimen para cumplir su sueño de convertirse en un lavaplatos para ahorrar dinero y poder visitar Cuba.

Rocky es la historia de un tipo que recibe tantas hostias que se ve forzado a casarse con la tía más fea de la ciudad.

La pasión de Cristo es la historia de un grupo de fanáticos religiosos que resucitan a un tipo cubierto de sangre que se dedica a hablar a la gente y convertirlos en bastardos materialistas.]

Nov
30

Public Display of Affection

El otro día aprendí una nueva abreviatura, de esas que tanto les gustan a los estadounidenses. Si ya pusieron el listón bien alto con BYOB y OOT (“Bring your own beverages” y “Out of town”), de nuevo han vuelto a hacerlo, han vuelto a llamar mi atención plenamente con ‘PDA‘. Y no, no se refiere a personal digital assistant ni a una especie de smartphone. Las iniciales PDA significan “Public Display of Affection” (demostración pública de afecto), y me recuerdan a otras que ya conocía, TMI, que significan “too much information”, aplicables cuando alguien está siendo demasiado explícito con algo.

Public Display of Affection

Y es que el otro día recibí un e-mail de uno de mis jefes en este santo lugar, enviado a toda la comunidad docente, diciendo literalmente que “le revuelve el estómago ver demostraciones públicas de afecto”. Que es absolutamente inapropiado que los estudiantes se abracen en una escuela, por no hablar de besarse. Que es profundamente vergonzoso, tanto para quienes lo practican como para los que tienen la ‘desgracia’ de contemplarlo. Involuntariamente, claro. Y estoy transcribiendo literalmente, que conste.

El e-mail venía rematado con una de esas firmas personalizadas que, a continuación de los datos de contacto, incluía el “Husker Prayer”, la oración al Señor pidiendo por el equipo universitario de football de Nebraska, los Cornhuskers. Un himno sagrado. No, no estoy de coña.

Pero es que el tema sexual es algo que alcanza cotas de puritanismo difíciles de describir, si bien después se da la contradicción de que hay una tasa de embarazos adolescentes que rompe todos los moldes, al menos los europeos. “Kids having kids”, es como se refieren al tema. Y es que si no dejas a los chavales que se miren, ni se rocen, ni se sienten juntos, y comprar condones es algo impensable (en un pueblo pequeño como este, la noticia se extendería como la pólvora), qué esperas que hagan cuando se emborrachen por primera vez y se queden a solas en el maizal. Para que os hagáis una idea, en mi instituto (600 chavales de entre 12 y 15 años) había 5 estudiantes embarazadas el año pasado. Y en el High School tienen guardería. Para los hijos de las estudiantes, muchachas de entre 15 y 18 años. En serio.

Y es que los estudiantes, en los autobuses, no se pueden sentar junto a compañeros del mismo sexo. Chicos y chicas forman filas separadas para entrar en clase tras el recreo. Toda ocasión en la que se puede dar cercanía física, o contacto directo, se evita. Las niñas de 11 años reciben reprimendas si llevan leotardos, por dejar ver su figura. Por el amor de dios, 11 años. Hay que estar muy mal para pensar que el cuerpo de una niña de 11 años es algo que produce pudor o excitación. Es increíble. Del mismo modo, cuando se organiza un juego de football mixto, se organiza de tal modo para que el Center y el Quarterback sean también del mismo sexo, ya que al inicio de una jugada el Center se agacha y se queda con el trasero en pompa, tan sólo medio metro por delante de la cara del Quarterback, también agachado y justo detrás del Center. Os recuerdo que estamos hablando de niños de 12 años.

Pero qué os podéis esperar de un lugar donde la gente se pone pegatinas en el coche que dicen “We support our troops”, “Freedom is not Free”, “Proud mom of a Marine”, “It’s a child, not a choice”, “We do not call 911” (con un dibujo de un revólver), o mi preferida, la que dice “Miss me yet?” (con una foto de un sonriente George W. Bush). Y seguro que me estoy olvidando muchas otras, igualmente jugosas. Las puedes comprar en todas las gasolineras, desde donde terminan las Rocosas hasta el borde Oeste de Illinois.

Os dejo con la mencionada “Oración de los Huskers”. No os la perdáis, por favor… (estaba entre esto y el vídeo de Vulgar Display of Power de Pantera, pero he optado por la divulgación)

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