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Pastiches y clichés
En el cine y el teatro suele haber una serie de estructuras narrativas standard que se repiten desvergonzadamente hasta la saciedad. Existen “películas tipo” que tienen la peculiaridad de que sabemos cómo van a terminar desde la primera escena debido a que ya hemos visto 500 películas exactamente iguales anteriormente. Vamos a ver algunos de los paradigmas más extendidos:
#1 Un grupo de hombres, mujeres o (¡peor aún!) parejas, se reunen periódicamente (cada año, cada diez años), para rememorar viejos tiempos y comprobar cómo les ha ido la vida según van haciéndose mayores; suelen estar casados, alguno con hijos, pero siempre está el clásico ligón que sigue siendo soltero y un poco “loser” que siempre llega tarde y es un poco impresentable; también aparecen siempre la solterona tímida, el freaky mascota, el guapo perfecto, la salidorra, el borrachito… ya sabéis. Cada uno de ellos arrastra a la citada cita todas sus frustraciones y tragedias personales, que intentan disimular ante los demás tras una sonrisa hasta que, poco a poco, va saliendo toda la mierda y los conflictos y las miserias empiezan a saltar entre ellos. Al final suele morir uno de los personajes más entrañables (¿el anfitrión?), hecho que vuelve a unirles a todos en armonía.
#2 Un ex-combatiente o ex-madero retirado del servicio vive apartado en un lugar rural. Un buen día llega (en helicóptero) un alto mando, que solía ser su mentor y único protector en la época en que solía ser un soldado/policía perfecto, una máquina de matar difícil de tratar. El alto mando le intenta convencer de que vuelva para “una última misión” (que será la penúltima para cuando saquen la segunda parte), a cuya proposición en ex-combatiente se niega. “Venga va, porfa”, le dice el alto mando, que recibe de nuevo negativa tras negativa hasta que le dicen que su hermana, o su prima, o su hamster, están en peligro si no accede a intervenir, tras lo cual accede. Al final mueren muchos en la película excepto el alto mando, el ex-combatiente y el hamster, que es rescatado in extremis.
#3 Grupo de jóvenes decide ir de excursión, de nuevo a un paraje rural, lo suficientemente apartado como para que no haya cobertura ni posibilidad de comunicarse en modo alguno con la sociedad; Suelen dirigirse hacia su destino o bien en coche viejo y desvencijado, o en super-monovolumen o pick-up moderna y nueva, dependiendo de si son pijos de ‘college’ o freakies en paro. Suelen estar tod@s buenísim@s o por el contrario ser una colección de monstruitos, que en las luminosas secuencias iniciales van camino de su perdición mientras escuchan en la radio del coche la última sensación del rock americano, quizá fumando un poco de hierba, contando chistes de tetas o tocando la guitarra acústica mientras sacan un pie descalzo por la ventanilla. Tras un par de indicios de que algo no va bien por la zona como por ejemplo una cabeza decapitada pinchada en un palo (indicios que ellos ignoran totalmente), ocurre lo siguiente: Tras poner el camping o acomodarse en la cabaña de turno, las parejas que al caer la noche hacen guarrerías sexuales (o aquellos que se hacen una pajilla en soledad) van siendo asesinadas uno tras otro, cayendo como moscas, a diferencia de los que se mantienen castos, quién sabe por qué. El caso es que alguien a quien nunca se le puede ver la cara los está matando de las formas más rebuscadas y poco creíbles, por ejemplo con una percha recubierta de centenares de anzuelos o algo similar. Al final mueren todos, claro, excepto uno de los jóvenes, a quien vemos en el plano final huyendo por una carretera lleno de sangre, gritando traumatizado. El asesino resultaba ser, simplemente, un loco de la zona. Títulos de crédito con recortes de periódicos de los días posteriores a la matanza con música metal.
#4 Chico encuentra chica en circunstancias difíciles para ambos; por ejemplo, a ella se le acaba de morir el novio y a él le acaba de dejar la novia. Quedan de vez en cuando y el espectador ve que conectan, aunque ellos aún no se dan cuenta; generalmente son personajes puros e inocentes que no se pueden imaginar que lo que quieren subconscientemente, en realidad, es follar. El caso es que llega el momento del beso, suenan los violines, ha llegado el momento perfecto, el amor vuelve a sus vidas, ella se olvida del muerto, él supera haber sido abandonado. Pero, al día siguiente, ooohhh… ocurre que: A) regresa la novia de él, que vuelve a querer rollo y él se ve obligado a estar con ella porque está embarazada o le extorsiona con un secreto, o B) la chica se da cuenta de que es ella la que está embarazada (del muerto, evidentemente, ya que con el chico aún no se ha acostado) y decide alejarse de él por miedo al rechazo. Durante todo el tercer acto no se llaman, ni se ven, parece que se separan para siempre. Evidentemente en este modelo no muere nadie; después de un par de canciones tristes y un par de escenas de bajón en las que el espectador se entristece por “lo que podía haber sido”, sucede ¡OH! el reencuentro perfecto: ella aborta, o él decide adoptar al hijo, o la ex-novia malvada se lleva su merecido y, no sólo éso, sino que se hace buena y en la boda del final sonríe, orgullosa, de su ex-novio (que no es otro que Ben Stiller, o Adam Sandler, o alguno de estos). Extrañamente, en estas películas siempre está más buena la ex-novia mala que la chica con la que se queda el prota al final, cosa que no ocurre con los chicos de ella. Pensad en ello.
#5 Asesino en serie busca un capítulo chulo de la Biblia que mole y que tenga mazo sangre. Este recurso es bueno porque la Biblia es bastante tocha y de ahí salen miles de películas. Por ejemplo, una de un asesino en serie que sigue los 7 pecados capitales. Otro, que usa partes perdidas del cuerpo de Cristo para reconstruirle en Semana Santa. Otro puede inspirarse en el Apocalipsis, fuente inagotable de inspiración. El caso es que siempre hay 2 policías a quienes adjudican el caso, uno joven y apasionado y otro, algo mayor, más sensato y formal, que suelen enfrentarse pero su enfrentamiento hace que sus dos mentes juntas consigan atrapar al malvado, cosa que no conseguirían solos debido a sus “handicaps”, puestos a prueba por la mente perversa del “killer”. Pero esto da igual, porque el final es siempre el mismo: el asesino, haciendo que nuestros héroes se sientan utilizados, humillados, inútiles y superados, va matando una a una, inexorablemente, a todas las víctimas que tenía en su lista de la compra; una por Lázaro que volvió de entre los muertos fastidiándole su apuesta en internet, otra por el leproso al que Jesús insensiblemente le negó un milagrillo, otra por el agujero del monedero de San Judas… a todas las víctimas excepto a la última, ya que en un último momento aparece una pista del pasado, algo que dejaron por alto cuando al principio de la peli entraron en su domicilio lleno de pinturas macabras y (de nuevo) recortes de periódicos, algo que les enciende una lucecita en forma de flashback revelador y que les dice quién es la víctima y dónde va a morir (como en el Cluedo: el mayordomo, con el candelabro, en el vestíbulo), una pista que les ayuda a detener al villano justo antes de cortarle el cuello a una niña. Al final, todos contentos porque la niña se ha salvado, pero un poco deprimidos porque el caso les ha llevado a un pozo existencial del que tardarán en salir. Música industrial con zumbidos, imágenes de moscas disecadas y mechones de pelo escondidos en un cajón, habitaciones de aire enrarecido.
#6 Nave espacial a punto de volver a la Tierra tras un laaaaaargo viaje interestelar recibe un mensaje anónimo de socorro que proviene de “aquel asteroide de allí, Señor”. Las normas de navegación les obliga, a pesar de que a nadie le apetece estar parando, a desviar su curso y ayudar al emisor de la señal por motivos humanitarios. Pero lo que allí encuentren será todo menos humano: el típico marciano baboso se abalanzará sobre ellos, matando uno a uno a los miembros de la tripulación en un ambiente oscuro y oxidado. Al final, cuando consiguen matar al bicho y escapar en una nave auxiliar, vemos en el último plano cómo el extraterreste ha conseguido dejar antes de morir un montón de huevecillos en la mochila del superviviente. Suena una musiquilla en plan “cuando veas la 2ª parte sabrás lo que ocurre al eclosionar estos huevos en la Tierra”. Y tú no te lo querrás perder, ¿verdad?. (NOTA: Todo aquél que guste de la ciencia-ficción sabrá que no sólo ALIEN, El Octavo Pasajero se ajusta a este modelo. Además, si contamos las películas que siguen este cliché aun sin estar ambientadas en el espacio exterior, el número se multiplica por cien, bueno, por diez al menos).
#7 El siguiente cliché es, sin duda, el más prolífico de todos. En esta otra opción hay 2 posibilidades: que el espectador sepa de antemano quién es el policía infiltrado, o que no se desvele hasta el final. En ambos casos se juega o bien con la tensión de saber al “bueno” en peligro, o bien con el golpe de efecto final al ser desvelada su identidad. ¡No me puedo creer que fuera él!. El caso es que tenemos a un grupo de delincuentes, que no se conocían de nada entre sí (o éso parece), reunidos en un almacén convocados por un cerebro criminal que ha ideado un plan para dar un golpe magistral que les permitirá a todos dejar (si eso es lo que desean) su vida de delincuencia para siempre y retirarse para siempre a una playa con mujeres y daikiris fluyendo sin fin; la identidad de este cerebro, dicho sea de paso, puede también ser o no una incógnita. Así que los delincuentes preparan el plan según las instrucciones del autor intelectual, distribuyéndose las tareas, etc., siguiendo siempre en cada escena los tópicos de este tipo de películas: pinceladas de cine negro, empatía por los delincuentes que son mostrados como personas con sentimientos y dudas y miedos, desconfianza entre los personajes, descripción paso a paso del complicado plan del golpe del que se hace partícipe al espectador, que si hay una cámara por aquí, que si conozco a uno que nos deja entrar, que si yo soy el especialista en explosivos, etc. Mientras tanto, el policía infiltrado se ve obligado a matar a alguien (pongamos por ejemplo un traidor) para demostrar su fidelidad, su sangre fría y su maldad infitina al resto y acallar sus suspicacias (le habían pillado antes hablando sospechosamente por el móvil, mira que te habíamos dicho que el contacto con el exterior está prohibido durante la preparación). Evidentemente se carga al tipo, que atado a una silla llorando le implora con ojitos de cordero degollado que por favor no lo haga; se lo carga pegándole un tiro en los sesos, lo cual le generará un dilema existencial y moral que se ve obligado a ocultar ante los demás. Paralelamente a todo esto suele haber de por medio, aunque no siempre, una chica sexy y no muy de fiar que en realidad no influye para nada en la trama, excepto quizá para darle en la cama ánimos al personaje inflitrado (cariño, no pasa nada por matar a alguien, era un criminal y te viste obligado a hacerlo porque tú eres un hombre de verdad que está dispuesto a todo lo que sea necesario y por éso me pones) o quizá más probablemente para seducir con malas artes al miembro más débil e incauto del grupo que, llegado el momento, la caga de alguna manera influenciado por susodicha fémina, de quien ilusamente se ha enamorado, poniendo en peligro al grupo y al plan. Sin embargo, normalmente, esto no es suficiente para echarlo todo a perder; es sólo un pretexto para meter líneas argumentales. Evidentemente el incauto y la chica mueren de una u otra manera. Por norma general, y casi siempre gracias a la ineficacia de los cuerpos y fuerzas de seguridad de uniforme, que no consiguen evitar la huida de la furgoneta ni rastrearla eficientemente, el grupo consigue dar el golpe (si no lo consiguiesen, no se podría mostrar las luchas intestinas y traicioneras que se desatan para quedarse con todo el botín), y normalmente quedan en pie sólo dos personajes: el infiltrado y el más listo y malo de los criminales, que por cierto a esas alturas ya se han hecho grandes amigos a pesar de las dudas; el malo maloso confía ciegamente en el prota, al fin y al cabo se cargó al traidor sin miramientos. Este es el momento climático en que la tapadera del poli bueno es desvelada, y se desata el conflicto definitivo, casi siempre vía tiroteo o duelo dialéctico pseudo-moral. Y al fin, como podréis adinivar, ocurre una de estas 2 cosas: A) El poli infiltrado se las ingenia para apresar a los malosos (de los que se desentiende por completo) y recuperar el dinero de los contribuyentes, o B) El misterioso cerebro de la operación, hasta ahora en la sombra, demuestra su supremacía acabando con el lacayo y dejando al policía infiltrado con dos palmos de narices (hermosa expresión), huyendo a las Bahamas y dándonos la lección de que los malos siempre ganan, o que si te mezclas con el hampa terminas siguiendo sus reglas, o algo por el estilo. Banda sonora a la vieja escuela, dos horas y cuarto de duración, gran reparto de estrellas, al menos una persecución de coches. [NOTA: En otra variante de este pastiche, la chica se queda con toda la pasta al final sin mover un dedo, bien porque ella era el cerebro del plan desde el principio, o simplemente porque era la más lista de la peli. Versión sin duda más realista que las demás.]
Seguiremos otro día.
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El cerebro del hombre
—Sería una nueva emoción el meterle un cuchillo a un presidente francés y remover después el hierro en la herida.
—Se equivoca usted —dijo el secretario, frunciendo las cejas—. El cuchillo es el arma de la antigua disputa personal con el tirano personal. La dinamita se esparce, y sólo mata porque se ensancha; asimismo el pensamiento, que sólo mata porque se difunde y ensancha. ¡El cerebro del hombre es una bomba! —exclamó, entregándose a su pasión y pegándose con violencia en el cráneo—. ¡Yo siento que mi cerebro es una bomba, a toda hora del día y de la noche! ¡Quiere estallar, quiere estallar! ¡El cerebro del hombre necesita estallar, aun cuando destruya el universo!
El hombre que fue jueves, G.K. Chesterton
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Objetos estúpidos
Esta es una recopilación de… no, perdón, esto es una reflexión sobre una serie de inventos humanos extremadamente contraproducentes pero muy extendidos en todo el mundo y usados de forma masiva por la población, para gran perplejidad de quien escribe. En este post hablaré de los retretes, de los ataúdes y de los ascensores (habrá más, por entregas).
Anter de empezar, una cosa que quede clara. No por ser yo mismo zurdo al realizar un gran número de tareas, sino por puro sentido común, he obviado en esta selección cualquier mención a productos que son bastante estúpidos en sí mismos debido a que sus inventores no tuvieron en cuenta el simple y mero hecho de que cada ser humano utiliza alternativamente sus extremidades izquierdas o derechas según para qué cosas (nadie es totalmente zurdo ni totalmente diestro). Ejemplos de estos objectos-fraude son abrelatas, pupitres de escuela, tijeras de peluquero, sacapuntas, y un sinfín de herramientas que sólo funcionan al 50%, o en un 50% de las posiciones posibles de uso. Además, las ‘tiendas para zurdos’ escasean y siempre pillan lejos; otro mal invento en sí mismas, un ‘parche’ a todas luces insuficiente ante una situación desastrosa.

1. Entre los primeros puestos de nuestra lista tenemos un invento muy extendido en todo el globo, al menos aquellas zonas acomodadas (ahora veremos que no es tan cómodo como parece): el RETRETE, o sea, el trono, el tigre. Ahora bien, este objeto aparentemente tan necesario tiene un hándicap fatal: ¿Cúantos de vosotros mentirán y dirán que nunca jamás se han sentado en la taza para hacer caca y les ha salpicado el agua emponzoñada en el mismísimo agujero del orto? ¿Cómo es posible que nunca se hable de esto, que nadie se queje? Es un tabú, un grandísimo tabú. Nadie quiere reconocerlo pero la desagradable sensación de frescor líquido en la raíz del esfinter tras el chapuzón del zuruño de turno es algo que debería ser erradicado de nuestra experiencia vital. Arrancado de raiz.
EDITO: No pensaba escribir aquí la solución a este problema, alguien me la ha sugerido. De hecho la practico siempre, y supongo que todos vosotros también… Se pone un papelito higiénico dobladito encima del agua, que amortiguará la caída del mojón y eliminará el efecto géiser.
2. Otro invento estúpido son las tumbas. Desde Edgar Allan Poe hasta Kill Bill, todos sabemos que es muy probable (lo dice la estadística) que a alguno de nosotros terminen enterrándonos vivos. Es una situación horrorosa y que no le deseo ni a mi peor enemigo. El caso es, ¿por qué a ningún fabricante de ataúdes se le ha ocurrido la manera de facilitar las cosas en estos casos? Vamos a ver… la solución es muy fácil: Se coloca un botón en el interior del ataúd que, al ser pulsado, emite una señal de auxilio, que es recibida por los empleados del cementerio, quienes nos sacan de allí mientras en cuestión de minutos acude el Samur para proveernos de tranquilizantes, suero fisiológico y atención psicológica. En un par de horas el paciente vuelve a casa. Por cierto, esta idea del “Panic Button” dentro de los ataudes es de mi madre, se le ocurrió mientras comíamos.
Pero es que es verdad: Dejar así encerrado a un muerto, sin poder salir, es una barbaridad.
3. Y por último (estáis deseando que no acabe nunca, ¿eh?), existe un invento definitivamente nefasto. EL ASCENSOR. ¡¡¡Todavía no he visto ni un solo ascensor que te permita anular un botón ya pulsado!!! Por favor, quiero que los botones encendidos puedan volver a apagarse, manteniéndolos pulsados, pongamos, 3 segundos por ejemplo. Con sólo poder hacer esto, ni aquellos gamberros graciositos ni nuestras propias equivocaciones mañaneras volverán a hacernos esperar a que el ‘elevador’ se tenga que ir parando en uno… y otro… y otro… y otro piso en los que NO nos interesa bajarnos. Mil veces se detiene, se abre la puerta, no hay nadie ahí fuera, nadie sale, nadie entra, todos callados esperando. Y otra vez para arriba.
Y vamos a ver otra cosa, ¿por qué algunos ascensores tienen el botón de STOP? ¿Quién quiere detenerse entre piso y piso? ¡Éso es precisamente lo que no debería ocurrir! Y por favor, aquellos promiscuos copuladores compulsivos que estáis pensando, como yo, en el mejor uso posible del susodicho botón de parada, entended de una vez que practicar sexo en el ascensor es peligroso… puede partirse una sujección, descolgarse de las cuerdas de aleación, descender vertiginosamente hasta el subsuelo en caida libre, y puede que del tremendo impacto… ¡¡¡me salpique el culo!!!! ¡¡¡¡JAJAJA!!!!
Bueno chicos, ya se me ha pasado la vena graciosita, así que… ¡hasta luego cocodrilo!
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Bush es Heavy
A Bush le ponen los Judas, los Motorhead y los Maiden, y creo que es de la rama “death-metal”, es decir, los adoradores de Satán, seguidores de grupos como Deicide, Morbid Angel o Putrid Decapitation. He aquí la prueba, obtenida en el Bar eminentemente heavy de Madrid EXCALIBUR, en Vallekas, donde podemos verle junto al ex-bajista de los Ñu en lo que fue una noche loca de sexo, drogas y rock’n'roll:

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Obituario: George Carlin
Ha muerto un genio de la comedia, un stand-up comedian en el sentido más clásico de la palabra, aunque se tratase de una de las voces más iconoclastas de la cultura norteamericana. Yo lo descubrí por casualidad, en mi adolescencia, en uno de mis viajes a EEUU con mi familia. Mi hermano y yo nos quedamos en el hotel haciendo zapping, y ante nosotros apareció su carismática imagen, su atractiva pero árida voz y su cinismo hipercrítico hacia la omnipresente estupidez del ser humano. No entendíamos absolutamente todo, ya que dirigía su mensaje a todos esos americanos que (sí, los hay), se dan cuenta de la gran mentira en la que vive la sociedad yanqui. Algunos de sus números no son aplicables a otros países, pero otros, más genericos (como el que incluyo abajo y que fue la primera actuación que ví de él) describen perfectamente el borreguismo de una civilización frívola, fanática y enemiga de los que no se adscriben al modelo de vida del decente ciudadano convencional y moralista.
Algún tiempo después, mi hermano me regaló su libro “Braindroppings”; sin pretensión alguna, sus textos se acercan a la genialidad de Groucho o Allen, y quizá los sobrepasan en algunos aspectos debido a su gamberrismo y su acidez. A pesar de todo su empeño en dinamitar lo políticamente correcto a base de ataques de ira, palabrotas y rebeldía, nunca dejó de parecer lo que realmente es: Un Buen Tipo.
Pasará a los anales como un ‘maldito’, un grande entre los grandes. RIP.
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Flácidos
Siempre se ha dicho que los hombres envejecen mejor que las mujeres. Ahí están los tópicos de Sean Connery, Anthony Hopkins, Clint Eastwood, y muchos otros. Algunos de ellos son muy ciertos, pero otros son tópicos asentados en la percepción general del público aunque en realidad son falsos, como es el caso de Robert Redford, de quien se dice que sigue siendo atractivo. Redford no ha perdido sus rasgos juveniles ni sus profundos ojos pero, a diferencia de los ejemplos mencionados (en especial Sean Connery, que todavía triunfaría en una discoteca aunque fuera pobre) se ha ido quedando flácido.
Otros, como es el caso de Dustin Hoffman, quizá hayan perdido su posible atractivo (a pesar de su nariz y de no ser ‘guapo’) pero, qué queréis que os diga, no dan repelús. Tampoco da repelús, por ejemplo, Robert de Niro, cuyo metabolismo de envejecimiento actúa sobre su físico con bastante dignidad. Otros, sin embargo, sí que dan repelús, e incluso grima, y suelen ser aquellos que han recurrido a tratamientos de belleza o incluso cirugías y otras frivolidades escalofriantes como el recurso al botox, aquellos que se injertan pelo, o se maquillan, o van por la vida con el “ponme ese foco allí” o el “cógeme sólo el lado izquierdo o te demando”. Las mujeres, en mi opinión, no es que envejezcan peor, sino que la sociedad es tan exigente con ellas que sólo parecen satisfacernos si son perfectas. Sin embargo, algunas de ellas (qué digo algunas; muchas) nos demuestran que la belleza tiene edades, como por ejemplo Sofia Loren, Rafaela Carrá (no os riáis porque lo de esta mujer es increíble) o Jessica Lange.
Jessica, siempre fuiste mi musa. Es verdad que personajes como la (durante décadas) muy deseada Michelle Pfeiffer han caido en estados lamentables (ver abajo) mostrando un cierto grado de flacidez, pero por caballerosidad no profundizaré en estos casos. Al fin y al cabo, las mujeres pasan por embarazos, menopausias, desajustes hormonales que no tienen los hombres, y otros muchos accidentes metabólicos que los hombres no experimentan.
Pero volvamos a los hombres. Es obvio que algunos envejecen de forma estrepitosa y quedan decrépitos, consumidos, cadavéricos; tales son los casos obvios de los dos últimos Papas católicos, del antinatural Michael Jackson, o de Al Pacino, de quien abajo podéis ver una foto muy reveladora de la FLACIDEZ que ha llegado a acumular. De hecho el bueno de ALPA ha sido quien ha inspirado este articulillo. Otros, como Clint Eastwood, pueden en efecto estar auténticamente viejos y demacrados, pero insisto: no son flácidos.
Los flácidos de los que hablo son una clase de hombres maduros que, independientemente de tener o no unas facciones o unos rasgos faciales más o menos armoniosos, han sufrido procesos (naturales o quirúrgicos) que han llevado a su piel y sus carnes a caerse y descomponerse en colgajos o en depósitos de grasa y/o líquidos corporales retenidos. Estos personajes suelen tener un semblante vanidoso, pues son conscientes de su deterioro, o quizá sea su obsesión por la eterna juventud la que les ha llevado a desfigurarse de un modo tan característico que evidencia su propia decadencia, tanto externa como interna. Algunos de ellos, como Paul MacCartney (Dios nos libre de su presencia mediática de una vez por todas; Beatle tenía que ser) se han convertido en señoras con el pelo ahuecado (extraña manía la del pelo ahuecado, que acabáis de ver también en Al Pacino), seres con aspecto de marujas (con perdón de la incorrección política) a las que sólo les falta ir llevando un caniche de la correa. Vean, vean.
No querría resultar cruel; en efecto, esta foto evidencia signos de vejez que cualquier hombre mayor podría tener. Pero insisto con McCartney empujado por el odio que le profeso:
¿Veis lo que digo? ¿A que vuestro abuelo no se tiñe su lacia masa capilar de esta manera tan marujil? ¿A que vuestro abuelo no luce esa asquerosa combinación de rasgos/cara/expresión pretendidamente jóvenes con piel/carnes/abultamientos anormales? Seguro que vuestro abuelo ha envejecido como Dios manda y es, por ende, perfectamente anciano. Sin paliativos. Quizá el abuelo de alguno de vosotros se tiña el pelo de marrón (pues el canoso ya nunca será ‘castaño’), pero, ¿a que vuestro abuelo no se parece a Angela Merkel como este tío? ¿A que no da la impresión de ser un ex-presidente cuyas preocupaciones y/o maquinaciones al borde de lo soportable por un sistema nervioso le han llevado a un estado de salud lamentable? Necesitamos que MacCartney deje de componer música, deje de hacer giras ‘revival’ interpretando los engendros musicales de sus amortizados ‘beatles’ y, sobre todo, que se divorcie de una vez para dejar de darnos la vara. No quiero ni imaginarme su pene.
Prosigamos. El siguiente en la lista es de sobra reconocido por todos como paradigma de personaje ‘Flácido’; de hecho, puede que sea el mayor y más sorprendente de todos ellos. Hablo, sí, del irrepetible SYLVESTER STALLONE, quien, por cierto, nunca fue guapo. Como huelgan las palabras, simplemente reproduciré aquí su ya famosa careta de goma que lució sin pudor alguno por el mundo para el estreno de su nuevo Rambo.
Es increíble. Sus (maquillados) labios llenos de silicona han acentuado su mueca en forma de ‘M’; de hecho, el labio inferior tiene altibajos que cubren, ora sí, ora no, su dentadura. El botox le otorga a su rostro esa expresión de estulticia, de imbecilidad. El sudor de su pelo, chorreando y mezclándose con la gomina, evidencia el uso de drogas (es sospechoso de haber introducido sustancias prohibidas en Australia). Esos mofletes hinchados no son los de un tipo obeso, no; son las deformaciones de su masa adiposa facial. La nariz se le ha desfigurado definitivamente y apunta ahora a Parla, y sus párpados aparecen entrecerrados, quién sabe si debido a los compuestos que consume o a nervios faciales inutilizados por la cirugía.
Habrá segunda parte, no lo dudéis.
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Defectos
Esto no tiene nada que ver con el Midwest.
El otro día, al colgar el vídeo de mi paseo por Lexington, me dí cuenta de la horrible voz aguda y nasal que tengo. Y me quedé pensando en el tema de los defectos y los complejos, y llegué a la conclusión de que con el paso de los años me importa más ir aseado y preparado antes que “estar” o “ser guapo”.
De todos modos, hay una serie de cosas que siempre me ha parecido que son desagradables o poco agraciadas en mi cuerpo, y son las siguientes.
- Calvicie… eterno tema. Me puedo mentir a mí mismo y decir que mis entradas me hacen “interesante” o “intelectual”, pero la verdad es que son dos pistas de aterrizaje inmensas. Además, la parte central que sobresale termina en pico; sí, sí, el típico pico de Drácula sobre la frente. Fatal.
- Cejas. Tengo dos cejas como dos felpudos; podría decirse que me da expresividad pero la verdad es que me dan un aire triste porque apuntan hacia arriba en el centro. Además me crecen pelitos entre ellas. No soy unicejo, pero si te acercas mucho a mi cara podrás ver pelo entre ellas. Procuro quitarlo de vez en cuando. También me sale en la cresta de las orejas, lo cual es horripilante y me siento absurdo quitándolo. ¡Ah!, y en la espalda también, largos, finos y muy separados entre sí. ¡Monstruoso!
- Cabeza pepino. Mi cráneo tiene la forma de un calabacín puesto de pie. Esto hace que mi barbilla sea como un codo doblado y apuntando hacia abajo, y por supuesto me convierte automáticamente en un cabezón (…la mayoría de los cascos de moto no me entran), pues la propia longitud de la cabeza le otorga un tamaño desproporcionado respecto al resto del cuerpo. Este pedazo de olla que me ha dado Dios tan sólo guarda armonía con el tamaño de mi culo, motivo por el que en el colegio me llamaban “culo pollo”.
- Barriga. Pues sí, en los últimos dos años estoy echando barriga. Antes era vegetariano y mantenía mi línea, pero es que ahora es imposible, por mucho cuidado que tenga. Hay días que parece que ha desaparecido, pero es comer algo en el mexicano de aquí al lado, y ¡Pop!, ahí está de nuevo. Redonda, peluda, perfecta. ¡Aaaargh!
- Imperfecciones. Hay una zona cutánea en mi costado derecho, de unos 3 centímetros de diámetro, donde crece un círculo de pelo allá donde no debería haber ninguno. Para colmo, justo debajo hay una verruguita pequeña en la que crece, perenne, un par de pelos-alambre horripilantes que sé que me acompañarán hasta el fin de mis días.
- Granos. A veces creo que soy un eterno adolescente. Con 33 años, todavía sigo criando granos en la cara, de ésos con sustancia, rodeados de una aureola rojiza. No entiendo mucho el por qué de su perseverancia, pero ahí están. Sus lugares preferidos son por encima de las cejas y a los lados de la nariz. Acné forever.
- Barba irregular. Me sale el pelo facial con bastante fuerza (joder, os vais a pensar que soy un critter), pero lo hace de forma irregular, así que mi barba es muy poblada por la parte de la perilla, pero en las mejillas tengo claros en el bosque, “calvas” en los mofletes, que me fastidian porque limitan mi barba a una perilla que parece “colgar” de dos asas que surgen de las orejas. Podría quitarme la barba, pero se me queda cara de niño idiota, y además se realza mi barbilla puntiaguda. Nada, que no hay manera.
- Ojeras. Tengo bajos mis ojos unas eternas y oscuras ojeras, sí sí, ojeras de hindú, como si no hubiese dormido en los últimos cinco años. Se destacan sobre mi piel blanca de pálido y mortecino programador. Quedan fatal en las reuniones de trabajo porque pareces un vicioso con resaca, pero os juro que es genético, no se quitan ni con lejía. Disgusting!
- Pelo. Lo odio. No hay manera de peinarlo, está lleno de remolinos por todas partes (en una peluquería una mujer me dijo que éso era porque “era malo” o “estaba loco”, no recuerdo); si lo dejo largo queda espantoso, con rizos por encima de las orejas y por la zona de la nuca; si me lo corto mucho, se destacan las mega-calvas y queda horrible debido al ya comentado cabezón que me ha dado Dios.
En fin, que soy un adefesio con patas. Si no fuera por mis músculos, mis ojazos, mis labios sensuales, mis manos perfectas (lo retiro, mis uñas son horribles), y mis armoniosos pies (aunque Miriam dice que tienen los deditos cortos), no se me podría ni mirar.
Y vosotros, ¿también sois perfectos?
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Hoy es 6·6·6
Ha llegado el Día.
Satán ya está entre nosotros.
Página web de la Iglesia Satánica
EDITO: Me hace saber Roberto que, inopinadamente, hoy es San Alejandro. Qué casualidad tan agradable.
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Nunca fuimos Frikis
No podía evitarlo, tenía que escribir algo en CabezaBomba acerca de éso que han llamado ‘El día del Frikismo’ y que, al contrario de lo que ocurre con cierto tipo de frikis, no ha pasado en absoluto desapercibido.
Yo le tengo cariño a la palabra porque cuando aprendí a usarla representaba una cosa mucho más noble e íntima de lo que parece significar ahora. En aquel momento (recuerdo que hojeaba los libros de mi hermano acerca del maquillaje de Tom Savini o algún que otro Fangoria de la pésima edición española), ser friki era algo que ni el friki sabía. Hoy en día, un friki es aquél a quien le gusta Star Trek, Star Wars, Lord of the Rings, Spiderman, el manga, el anime… y todos conocemos la lista que sigue porque todos vemos la tele y vamos al cine aunque no seamos frikis. Pero yo abogo por un concepto tan distinto que casi, casi, excluiría a todos esos ‘cinéfilos en masa’ compradores de posters, un tejido social demasiado grande y que es un mercado en sí mismo (Merchandising de los productos antes mencionados hay hasta en la sopa; puto Lucas…)
Para mí, un friki es alguien interesado, no, OBSESIONADO por el lado oculto (y por lo tanto muy minoritario) de la cultura. Piensan de forma distinta, de ahí que sean freaks (fenómenos naturales fuera de la norma, o sea, de la mayoría, de la democracia). Así de claro. Su director preferido es Jörg Buttgereit, o Rainer Werner Fassbinder, o, por qué no, quizá incluso Wes Craven… un friki no tiene vergüenza. Además, normalmente, un friki de los de verdad se deja influir moralmente por los mensajes de aquello que lee o contempla y que de algún modo le apasiona, sea una película o la santa Biblia. Su lado convencional de costumbres y dogmas se deja caer para intentar comprender, y en ese momento se aleja de todo y de todos.
Un ejemplo más amable: según mi consideración, a un friki auténtico le deja de interesar Peter Jackson en el mismo instante en que termina de ver el muermo de ‘El Señor de los Anillos’. Aaaah, seguro que hay tanta gente en contra de lo que acabo de escribir. ‘Bad Taste’, ‘Meet the Feebles‘, ‘Braindead’, ‘Criaturas Celestiales’… aunque casi mejor que me olvide de aquella otra del fantasma de Michael J. Fox.
¡Ah!, muy importante: UN GEEK NO ES UN FREAK. Si necesitáis que os explique esto, enviad 5 dólares a mi dirección y os contestaré enviándoos mi ensayo ‘Nuevas formas de sentirse genuino gracias al Sector Servicios’.
En otro orden de cosas, tengo que decir que también (desde mi punto de vista) se puede utilizar el término ‘friki’ en alguna ocasión para referirnos a cierto tipo de personas que sienten de forma muy poderosa su mundo interior y bucean en él siempre que pueden, viven en él, compartiendo aventuras con Buck Rodgers en su mente o adentrándose en un agujero negro inspirado por las teorías de Hawkings que estudia. Pueden parecer tímidos, pálidos, o gordos, o flacos, pelo lacio, ¿con gafas? …no necesariamente. Está claro que de algún modo no logro explicarme, ¿o sí?; el caso es que este segundo tipo tampoco cuadra con aquel de la televisión que se bebe cinco o diez cervezas y se embucha en un disfraz de Spok, o se va con los amigos a ver la execrable versión cinematográfica (sin razón de ser por otra parte) de ‘V de Vendetta’… ay Dios mío, conocer esa obra maestra del comic antes de que ellos nacieran da una perspectiva muy distinta de todo.
Este rollo de los frikis ya está empezando a estar hasta en la sopa y eso mismo creo que va en contra de todo lo que he escrito aquí, que va a misa. Y es que, en este plan, hasta el más tonto puede ser friki.
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Desconfía de…
Hace tiempo mi hermano, desde FUS magazine, ideó la sección “desconfía de…”, un compendio humorístico que intentaba dejar claro qué seres humanos debían ser rehuidos. Contenía algunas joyas como…
DESCONFÍA DE…
- la gente que dice: “Donde esté un buen plato de lentejas…” mientras devora una pizza o un Big Mac.
- la gente que habla sin parar de las posibilidades de su ordenador.
- la gente de Pozuelo.
- las tías que forran la carpeta con fotos en blanco y negro de tíos cachas cogiendo a un bebé.
- la gente que tiene en su habitación los pósters ésos que sale un mono vestido de hombre en el váter o jugando al tenis.
- la gente que ve un partido por la tele mientras lo escucha por la radio (éstos suelen ser peligrosos).
- las parejas que van en chándal a comprar.
- los tíos que llevan corbata cuando salen de marcha.
- la gente que usa relojes muy grandes con montones de cronómetros y chorradas que no valen para nada (excepto para que el dueño se masturbe mirándolos).
Qué decir. Era imposible no sentirse ofendido; siempre había un “desconfía” que te daba de lleno. Alguno que recuerdo también y que todavía me hace reir es aquél de “la gente que se pone en cuclillas para hablar contigo cuando estás sentado” (!?!, genial)
Pues bien, quiero dejar constancia de muchos otros “desconfías” que se nos han ido ocurriendo con el paso del tiempo. De todos modos, este enlace os enviará al texto primigenio que lo empezó todo (sección ‘Desconfía de…’). ¿Por qué recuperar esta sección? …simplemente porque SIEMPRE será actual.
DESCONFIA DE…
- La gente que te cuenta las cosas que ha hecho bien o lo mucho que ha “triunfado”, pero nunca te cuenta sus errores ridículos, sus bajezas ni sus fallos garrafales.
- Los que leen la frase anterior y piensan “yo nunca tengo errores ridículos, ni bajezas ni fallos garrafales”.
- Los que se enfadan cuando se despiertan con la cara cubierta de pasta de dientes.
- Los que están serios excepto cuando tienen lo que quieren.
- Los amantes del mus que no admiten bromas durante el juego.
- Los amantes del mus en general.
- Los que dicen que las películas de zombies son todas una basura.
- Los que tienen un perro “para proteger la casa”.
- Los que creen que la calidad de una cosa se mide por su éxito de ventas.
- La gente que dice que cree en “su Dios”, pero está “en contra de la Iglesia” (es original, muy original, sólo un 75% de la población).
- La gente que come más de lo necesario.
- La gente que tiene abierto el grifo mientras se cepilla los dientes.
- La gente que le dices que eres vegetariano y te dice: “PUES NO SABES LO QUE TE PIERDES CHAVAL!” (original, muy original)
- Los que dicen “yo soy apolítico”.
- La gente que lleva un jersey del Reino Unido.
- La gente que sale del coche y te dice:
HE VENIDO DESDE BILBAO A MADRID EN MENOS DE 2 HORAS

Bueno amiguitos, este homenaje a la creación de mi hermano no da para más. Os aseguro que pronto hablaré con él para hacer conjuntamente una nueva entrega. No se librará nadie.
Cabeza, bomba.
Cabeza, bomba.
Cabeza, bomba.
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