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Aug
3

La masa neutra

“Si podía darse la sustitución de la voluntad del ciudadano por la del cacique es porque, frente a lo que se suele pensar en la óptica de algunos escritores de la época o historiadores posteriores, la sociedad española se caracterizaba por una manifiesta pasividad y apatía respecto de la vida pública. (…) La apatía y la desmovilización del electorado español contribuían a hacer inviable cualquier tipo de programa y, además, los movimientos renovadores acaban haciendo propios los procedimientos habituales en los grupos políticos de turno”. Javier Tusell, “Historia de España en el Siglo XX [I-Del 98 a la proclamación de la República]”

A nadie le gusta siquiera ponerse a pensar en la posibilidad de que la placidez de sus cotidianidades más íntimas, domésticas o personales se vean perturbadas por la irrupción de un conflicto bélico en la vida comunal de su pueblo o nación. Personalmente, he de reconocer que es uno de mis mayores y más profundos temores. Más aún que la propia muerte, tengo un pensamiento subterráneo constante que me susurra al oído cosas sobre los ciclos históricos, sobre el eterno retorno, sobre la inexorable, inminente y, sobre todo, ominosa repetición de la Historia. Toca guerra; se nota, se siente. Llevamos ya un tiempo sin guerra por estos lares. ¿No da miedo pensarlo? Sale más o menos a una guerra por generación/país.

Del mismo modo, hay a quien tampoco le gusta que la revolución o la lucha por un mundo mejor entre en sus vidas. Pasamos los días dando por sentado que no es necesario dejar de lado esas cotidianidades nuestras que tanto nos gustan, que tanta paz nos dan. Esas rutinas de las que tanto nos quejamos, esos hobbies estupefacientes y dulcemente alienantes, esas familias y esos amigos, esas soledades, esos tiempos muertos tan inútiles y placenteros. Aun sabiendo que nuestro tiempo en el mundo es limitado (“dos días”) no hay nada que nos guste más que matar ese tiempo no haciendo absolutamente nada de provecho. A eso es a lo que con orgullo y querencia llamamos “vida”. ¿Será que damos por sentado que el nivel de democracia, libertad y bienestar es suficiente? ¿Será que somos, efectivamente, borregos dedicados a nuestro pursuit of happiness particular? Quizá, sencillamente, nuestra falta de empatía hacia el sufrimiento ajeno sea inconmensurable, pero es que incluso aunque la injusticia nos azote en nuestras propias carnes parecemos totalmente incapaces de actuar. De luchar.

Y es que no nos gusta manchar nuestra vida con la lucha. Es aburrida, demanda mucho sacrificio y sus soflamas repetidas hasta el hartazgo sólo pueden gustarle a quienes tienen una filia particular por la revolución. Que los hay.  Son aquellos que encuentran sus placeres particulares en el “activismo” (cómo odio esa palabra), en la “revolución” (otra cosa que me provoca un miedo atávico, como la guerra). En cierto modo, hay que tener cierta concupiscencia, cierto gusto fundamental por el conflicto y el caos para desear una revolución, unos disturbios. Una persona “de bien” (pacifista, entiéndase) debería sentir repulsa por una inversión o supresión del “orden” social, de la “paz” de sus días. La fina línea entre el vándalo y el soldado. Revolución y guerra. Scary stuff.

Y aun así, el sentido común parece indicar que esa lucha es necesaria. ¿Cómo activarla, si aparentemente un 95% de la población sufre, como yo he de reconocer que sufro, de esa fobia al caos redentor? Especialmente cuando la experiencia histórica nos dice que, cuando esto ocurre, el escenario resultante es una repetición del previo, con otros nombres, rostros y banderas. La sabiduría popular se dice a sí misma, en su cinismo realista y recalcitrante, que nada merece la pena porque todo seguirá siempre igual. Cosa que, evidentemente, es falsa; se dice eso por miedo a hacer algo, miedo al conflicto y a sus sacrificios.

Hay quien me dirá que es posible la lucha pacífica, que el trabajo constante con las instituciones, la paciencia y la insistencia en la democracia participativa son buenas maneras de evitar soluciones violentas. Pero, seamos honestos con nosotros mismos y contestemos esta pregunta: Si se le diese a la gente las herramientas participativas propias de una democracia total (from the bottom up, que dicen los anglos)… ¿harían uso de ellas? ¿Dejarían de lado sus cómodas cotidianidades para leer y estudiar propuestas locales o legislativas, para tomar una decisión meditada y orientada hacia el bien común, es decir, votar, acudir regularmente a asambleas, hacer uso activo de esas herramientas? Mi pesimismo me dice que acaso un porcentaje irrisorio de la población lo haría. El resto seguiríamos haciendo our thing.

Uno se pasea por las redes sociales y percibe, por un lado, a los indiferentes y los apáticos, y por el lado opuesto a los de la guillotina y la bomba-lapa, los que “tuitean” sus rabiosas ansias de revolución desde su laptop. ¿Dónde están los posibilistas?

Ya Maura se quejaba de esto al inicio del siglo XX: “La inmensa mayoría del pueblo español está vuelta de espaldas, no interviene para nada en la vida pública.” Así que la misión de su partido (el conservador, paradójicamente) debía ser “llenar de vida las instituciones establecidas” apelando a la “masa neutra”: “Uno de los primeros y más importantes orígenes del mal que aqueja a la patria consiste en el indiferentismo de la masa neutra. Yo no sé si su egoísmo es legítimo, aunque sí sobran causas para explicarlo. Lo que digo es que no se ha hecho un ensayo para llamarlos con obras”.

España, pobrecita, intentaba regenerarse. Como Lobezno.

Ahora ya ni eso.

P.D.: Me he decantado por la forma ‘cotidianidad’, aunque en principio había usado, de forma intuitiva, ‘cotidianeidad’. Ambas son formas aceptables, y de hecho me gusta más la segunda, pero he hecho un esfuerzo porque la primera suena menos pedante. Que con un diptongo ya vale.

MÚSICA DE FONDO: “Apathetic” de Lunachicks (Binge and Purge, 1992)

I got run over and I don’t care
my stereo got stolen and I don’t care
the casserole is burning and I don’t care
the phone is broken and I don’t care
I don’t care
I don’t care
I farted on the train and I don’t care
I pissed in the rain and I don’t care
my cat shat on my pillow and I don’t care
my toenail is ingrown and I don’t care
chorus
people say I’m apathetic
I don’t care & I’m pathetic
(I don’t regret it)
I don’t have any aesthetics
because i’m apathetic
i’m gonna die and I don’t care
never know why and I don’t care
sleep between my thighs and I don’t care
never tell me lies but I don’t care
chorus

the world is ending and I don’t care
got a pimple on my butt but I don’t care
theres gum on my shoe, but I don’t care
got a cat and he’s a mutt, but I don’t care
I don’t care
I don’t care
people say I’m apathetic
I don’t care & I don’t let it
bother me in any way
these people come around every single day
nothing to do, nothing to say
they’re just like you so get the hell away!
Apathetic!!!

Jun
18

El objetivo del Juego de Tronos (s03)

SPOILERS AHEAD

He visto la tercera temporada de Juego de Tronos (previo estudio-repaso de lo acontecido en las dos primeras para no perder el hilo) y debo decir que me ha parecido de las mejores. Aparte del truquito de usar a Khalessi para cerrar capítulos con épica, la historia de esta chica es sin duda la más comercial y atractiva de una temporada que, en general, ha tenido unos arcos argumentales interesantísimos (la evolución de Jamie Lannister, por ejemplo) y ha demostrado su excelencia como obra de la televisión actual.

Mi Khaleesi

Mi Khaleesi

Sin embargo, lo que a mí me interesa a nivel fundamental de Juego de Tronos es (“duh!”) la pugna de reyes por el trono, y esta temporada me ha demostrado en sus capítulos finales que eso no importa. Como dice Melisandre, “esta guerra de cinco reyes ya no es importante, no es nada comparada con la gran guerra que viene del Norte”. O sea, que lo que importa es la guerra que viene del Norte. Parece que todo tiende a una gran alianza de linajes para acabar con la amenaza helada… Pero vamos, entre eso y el episodio de la Boda Roja (que sí, que mola, pero se carga a uno de los personajes con quien más nos podemos identificar) parece que nada de lo que ha ocurrido hasta ahora tiene sentido de ser o finalidad argumental, si no es la desintegración de los Siete Reinos y la muy manida idea de ‘amenaza externa que nos une’ y que no me atrae en absoluto.

Entiendo que es una serie de TV, y que ciertos motivos y ciertos personajes, como Talisa, la mujer de Robb Stark, están ahí para el refuerzo dramático, pero de ahí a destruir totalmente el “drive” y el objetivo macro-argumental de la serie va mucho, sobre todo en pleno final de temporada, acabando con las expectativas del espectador… cosa que en sí misma no está mal, pero que en este caso parece un poco traicionero. Espero que la cosa no se desvíe demasiado.

Parece que quieren sacarle partido al tercer volumen de George R. R. Martin y dividirlo en dos temporadas; por mí de acuerdo, si la calidad se mantiene como hasta ahora. Los que hayan leído el libro ya me diréis, sin espoilear, claro… Pero en realidad se me ha posado una mosca detrás de la oreja y simplemente espero que la lucha por el trono siga siendo el centro de la acción. Lo que “viene del Norte” es muy atractivo, muy llamativo e interesante, pero, sin haber leido los libros y sin saber cuál es su función narrativa en el panorama general, espero que sea combinado con el objetivo central de forma armónica.

Nov
20

‘Prometheus’: Lo que pudo haber sido

Mural AlienCreo que no ando muy desencaminado si digo que Prometheus fue para muchos uno de los mayores descalabros de la temporada, si no la decepción de la década. Muchos esperábamos presenciar una nueva muestra del cine de Ridley Scott de la época en que firmaba obras maestras como Alien, el octavo pasajero o la enorme Blade Runner. Ah, ilusos. Nos dejamos llevar por el hype como moscas a la mierda.

Gran parte de la culpa de todos los defectos de Prometheus, cuya historia intentaba explicar nada menos que el origen de la Humanidad y mostrarnos nuestra relación con los Aliens (cuyo destino está inextricablemente entrelazado al nuestro – y al de nuestros creadores, los Ingenieros), era del desastroso guión de Damon Lindelof, responsable del desaguisado que fue Lost, que tanta indignación y cachondeo ha levantado entre el respetable. No os perdáis los dos enlaces que acabo de poner, por favor.

El guión original era de Jon Spaihts, un escritor que se convirtió en un recurso muy socorrido para historias de ciencia ficción después de su film Passengers. Este es el BORRADOR DEL GUIÓN ORIGINAL DE JON SPAIHTS (titulado “Aliens: Engineers”) que he leído este fin de semana pasado y que quiero comentar hoy con vosotros. Spaihts recibió el encargo de escribir un guión para una secuela de Alien, y vaya si lo hizo. Para empezar, os aseguro que muchos de los problemas de la película definitiva, tal y como la vimos en los cines, no están en el guión inicial: ATENCION SPOILERS

  • Weyland no aparece sorpresivamente en el último acto a bordo del Prometheus; tan solo al principio, cuando Watts (Shaw en la película) y Holloway van a buscar su mecenazgo. Su búsqueda de la inmortalidad y la motivación tras toda la expedición, por lo tanto, desaparece. El motivo de la corporación para ir al planetoide sugerido por Watts y Holloway es la búsqueda de nueva tecnología. Después veremos cómo esto incide en el totalmente prescindible e innecesario personaje de Meredith Vickers en Prometheus, interpretado por Charlize Theron, que resulta así mucho más interesante. Tampoco es la hija de Weyland, lo cual era un añadido sin sentido ninguno. De hecho, Vickers tiene mucho más sentido en el guión original, se le da una función que cumplir en el devenir general de los acontecimientos. Mucho mejor.
  • La religiosidad y el mesianismo que empapan la versión definitiva (Shaw y su crucifijo, las conversaciones sobre la fe, Shaw y su esterilidad para después ser fecundada por la baba negra, el hecho de que la acción transcurra el 24 de diciembre, etc.), se reducen en el guión original a un par de citas que después veremos. Mucho mejor.
  • No hay zombies que aparecen de repente sin saber realmente por qué (cierto, el personaje de Fifield muta en algo monstruoso, pero al menos sabemos por qué), ni hay prolongaciones extrañas e inexplicables saliendo de los ojos de Holloway, ni hay una flauta para activar la consola del Juggernaut (la nave de los Ingenieros con forma de herradura). Mucho mejor.
Alternate Fifield
  • (Por cierto, Scott llegó a rodar el “Fifield transformado” del guión original, y creo que nos hubiese gustado a todos mucho más que el zombi estúpido que resultó ser al final.)
  • En el guión preliminar de Spaihts no hay baba negra, no hay barriles apilados; hay huevos de Alien, tal y como los conocemos. Mucho mejor. Pero hay una especie de abejorros que son capaces de invadir tu cuerpo, deshacer tus cromosomas e inocularte nuevas cadenas genéticas. De ahí lo de Fifield, de ahí el sacrificio del Ingeniero al inicio… sí, el que inicia la vida en la Tierra.
  • (Por cierto, Scott también llegó a filmar la escena inicial original del guión, incluyendo unos cuantos Ingenieros con túnicas.)
  • En el guión de Spaihts queda muchísimo más claro cómo los Ingenieros diseñaron e hicieron evolucionar distintas cepas de los Aliens; cómo andaban buscando la más letal; e incluso se indica veladamente por qué pretendían exterminar a su propia creación – la mismísima Humanidad. Oh, Lindelof nos asegura que hay ‘pistas’ en la película que lo explican, pero, sinceramente, yo no las veo claras. Aunque siempre puedo hacer como en Lost y elucubrar, claro.
  • En el guión de Spaihts, la historia tiene lugar en el satélite LV426, es decir, en el planetoide de la película inicial Alien, el octavo pasajero. El guión definitivo de la ‘secuela’ que nos ocupa, Prometheus, se desarrolla en LV223, lo cual es una referencia bíblica, en concreto Levítico 22:3 “Si alguno de vuestros descendientes en todas vuestras generaciones, se acerca a las cosas sagradas estando inmundo, esa persona será cortada de mi presencia. Yo soy el Señor.” Esta cita y su significado tienen una fuerte relación con el motivo de los Ingenieros para condenar a su propia creación al exterminio usando a los pre-Aliens. ¿Quizá para castigarnos por matar a Jesucristo, enviado de los Ingenieros a la Tierra exactamente 2000 años antes? Ay, ay, ay…
  • Al final del guión preliminar de Spaihts, una señal de SOS es enviada desde LV426 – precisamente, la misma que recibe la nave Nostromo en la película original de 1979. Pero Ripley, Dallas y compañía no encuentran las enormes pirámides, ni los restos de la Magellan, sino únicamente las ruinas de la nave en forma de herradura, el Juggernaut de los Ingenieros, con los huevos de Alien tal y como los conocemos. No tendría sentido, en el guión de Lindelof, que ocurriese en la misma luna: en su película no hay huevos, sino barriles de baba negra. En su película, el Space Jockey no sufre la explosión de su esternón ni muere infectado por un Alien, como se veía en la película original. Debían tratarse de Juggernauts distintos.
Alien (1979): Space Jockey
  • En el guión de Spaihts, el robot David magistralmente interpretado por Fassbinder es malo. De hecho, es David quien coloca un facehugger en la boca de Watts y la inocula (es decir, ella no se ‘contagia’ o ‘queda embarazada’ tras hacer el amor con un Holloway infectado), de forma que lo que sale de sus entrañas cuando usa el med-pac para hacerse una cesárea no es ni más ni menos que… un viejo amigo. David hace esto cuando el descubrimiento de tecnología de terraforming en LV426 activa el protocolo #2 de la compañía: librarse del liderazgo de los científicos en la misión, es decir, Watts y Holloway.
  • El hecho de que David sea “malo” en el guión de Spaihts (si bien no podemos aplicar esas etiquetas morales a un androide, desde luego es mucho más violento e inmisericorde que en la película de Scott), hace que Vickers, es decir, el personaje de Charlize Theron, se convierta en un personaje con una necesidad de ser y una función que cumplir: solo su voz puede desactivarlo, detenerlo en su necesidad de ‘despertar’ a los Ingenieros, y recuperar el disco duro que hay en él para salvaguardar toda la información por él recogida – ni más ni menos, que los datos del proceso de terraforming y los códigos de lanzamiento del Magellan para volver a la Tierra. “No necesitamos su colaboración; solo su cabeza”
  • (Por cierto, lo que ‘sale’ del pecho del Ingeniero que pilota el Juggernaut en las escenas finales del guión preliminar (o sea, el famoso Space Jockey de 1979), es una abominación Alien mucho más grande – según el guión, “del tamaño de un lobo”: ‘An ALIEN erupts from his chest. Big as a wolf even at its birth. Dark gray, armored, lethal. More hideous than any chestburster we’ve seen. An ULTRAMORPH. It wails hideously.’ Mola.)

En algunas declaraciones ofrecidas a los medios por Jon Spaihts tras el estreno de la versión definitiva de Prometheus, vemos que es un tipo tolerante y abierto a la versión definitiva, muy profesional:

“…the most dramatic change was the removal of the xenomorph from the film. That was a shift that happened at the same time as I stepped off the film. A lot of that push came from the studio very high up; they were interested in doing something original and not one more franchise film. That really came to a head at the studio – the major push to focus on the new mythology of Prometheus and dial the Aliens as far back as we could came down from the studio.”

Estas ‘órdenes’ del estudio de re-escribir el guión tras leer el borrador de Spaiht se contradicen con el encargo que había recibido Spaihts, ¿quizá cambiaron de opinión a medio camino? ¿Se arrepintieron de la idea de realizar una ‘secuela’?

Así que Lindelof se puso manos a la obra para des-alienizar el guión de Spaihts. Y, de paso, convertir la historia en un galimatías sin sentido, lo más parecido posible a esa forma de tratar el misterio que tuvo en Lost y que ten bien describió Cristian Campos en el primer enlace de este artículo. Leer las declaraciones de Lindelof es algo realmente sorprendente, las salidas que tiene le dejan a uno entre boquiabierto y ciertamente molesto:

“To answer your burning question, allow me to finally put the ‘Is it a prequel?’ issue to rest by saying once and for all, finally and definitively, that the answer is ‘Maybe.’”

“My job was to strip out the familiar ‘Alien’ stuff and rebalance the plot mechanics so that stuff felt more like the RESULT of the story as opposed to the catalyst.”

“Vickers. Is she a robot? She is not.”

“Why didn’t she just run zig-zaggy or sideways to avoid the Juggernaut?! I don’t have the answers to these questions. I’m just the writer.”

“Why did our creators turn on us? I’m all for ambiguity, but if we didn’t know the answer to THAT one, the audience would have every right to string us up. Yes. There is an answer. One that is hinted at within the goalposts of ‘Prometheus.’ I’ll bet if I asked you to take a guess you wouldn’t be far off.”

Me gustaría ahora dejaros con una de las escenas más intensas del borrador de Spaihts – si es que no pensáis leerlo por vosotros mismos, claro. Así podréis imaginaros esa escena que jamás llegaréis a ver en la pantalla grande. Yo, personalmente, vi la película en un IMAX 3D en Broadway y os aseguro que quedé absolutamente hipnotizado. Después, al salir a la calle, me puse a pensar en lo que acababa de ver. Y todo se desintegró, como un cuerpo bajo el efecto de la baba negra.

David drags Watts down into the trench. Breaking the membrane of light. Grips her against his chest like a doll with one arm.

DAVID (CONT’D)
This ship has seven other cargo bays like this one. The eggs in each bay slightly different. They’ve been weaponized.

Watts struggles to free herself. DAVID’s arm is inescapable.

DAVID (CONT’D)
I’ve seen the Juggernaut’s flight plan. Its destination was Earth. Seventeen hundred years ago. This was the ship that never came. This was its cargo.

DAVID caresses an Alien egg. It opens under his touch – fleshy petals folding wetly back. Watts twists frantically in his grip. Wild-eyed.

WATTS
Stop!

DAVID
Perfect predators. Designed to kill human beings. That’s what the Engineers were bringing to Earth. This was a death ship.

A facehugger emerges from the egg, its grotesque fingers clawing at the air. This is not the boneless squid that attacked Holloway; this is a pale skeletal hand, armored. DAVID strokes it curiously: the thing ignores his touch. Climbs Watts’s body.

DAVID (CONT’D)
I’m not what it wants. But you, with your warm wet breath…it knows you.

WATTS
DAVID. No. No.

The facehugger scuttles toward her face. Watts shrieks. DAVID grabs it nonchalantly by the tail. Dangles it in front of their faces, studying it.

DAVID
The Engineers did their work too well. And on this waystation moon, the weapon they made destroyed them.

Watts shudders, staring at the thing. For a moment the grander horror eclipses her own peril.

WATTS
Why would they make such things?

DAVID
To destroy their wayward children. (intoning) “And the LORD said, I will destroy man whom I have created from the face of the earth…for it repenteth me that I have made them.” Genesis six seven.

He regards Watts with something almost like pity.

DAVID (CONT’D)
I know. I met my creators the day I was born. I was disappointed too.

He lets the facehugger go. Watts twists her face away as the long fingers close around her head. Clenches her teeth against the vile proboscis thrusting at her mouth. Her heels hammer the deck.

DAVID (CONT’D) (whispering to her)
Extraordinary.

The scaly tail throttles her. Her mouth opens. The proboscis plunges home. The facehugger seats itself. Watts collapses in DAVID’s arms, a faceless rag doll. Her blasphemous passenger secure in its place.

Juggernaut de los Ingenieros

Oct
15

Cine reposado

Just me and the world

Just me and the world

Una de las sensaciones que tengo cuando ando por Internet es que la gente lo ve todo. Se tragan todas las series sin falta, todas las temporadas de cada una de ellas, oiga, son capaces de seguir al día todos los 52 nuevos cómics de DC, no se pierden ni una sola película (ni de estreno, ni clásicas, ni de culto, ni comerciales) y le siguen el rastro a tal guionista o a tal productor y ven todo lo que hace. Incluso tienen tiempo de ver lo antiguo, lo clásico, lo vintage. ¡Todo!

A mí todo eso me da mucha envidia y me pregunto qué clase de sacrificios hacen para sacarle tanto tiempo al día, si bailan desnudos por la noche alrededor de un fuego en el bosque, sacrificando bebés y bebiendo su sangre. Pero luego pienso que eso es imposible, porque no tienen tiempo para ritos satánicos; están viendo el último capítulo de Homeland, que acaban de sacar los subtítulos. Yo intento estar al día, a pesar de andar liado hasta las orejas con rollos que no le interesan a nadie, pero de verdad que me resulta imposible igualaros. Sois la hostia, sois vórtices de entretenimiento. Agujeros negros de cultura pop que todo lo asimilan. En cuanto una serie roza vuestro horizonte de eventos, la Ley del Completismo se ocupa de que no quede ni un solo capítulo en pie.

Y todo me parece muy bien. Creo que es imposible compaginar esta culturofagia extrema con estar al día, leer libros, salir al campo y relacionarse con la humanidad, pero creedme, tenéis todo mi apoyo. Estando en el campo, respirando el aire fresco, me asalta una angustia, una congoja, y pienso “joder, con la de episodios que podría estar yo viendo ahora”. Intento tranquilizarme a mí mismo pensando que no está mal de vez en cuando interactuar con mi pareja y con el momento presente. De hecho, a veces, sienta bien. Tener vivencias ante las que contraponer lo que vemos en las películas. Y es que las historias ganan muchos puntos si nos resultan relevantes. Aunque otras veces a uno le da la impresión de que vivir en las ficciones es mucho mejor que la vida “real”.

A ver, a lo que iba. Lo que intento decir es que con el cine, a veces, es distinto. Con el cine hay gente que realmente pisa el acelerador demasiado. Maticemos. Hay muchas, muchas películas que no son sino subproductos que pueden ser consumidas al kilo, como churros, una tras otra. No pasa nada, porque son pastiches, clichés, pulp de usar y tirar, fast food audiovisual. Y lo digo con todo el cariño del mundo; son básicamente el componente fundamental de nuestra dieta pseudo-cultural. Y luego están esas obras que realmente te llegan, te golpean en el mismísimo fondo del cerebro, esculpiendo en tu retina formas indelebles y trazando en tu interior una especie de baile sinuoso que tiene su propio ritmo, su propia melodía… algo que, en definitiva, estaba vivo y se ha metido en tu interior.

Personalmente, cuando me ocurre eso, dejo de consumir imágenes por un tiempo. Me regodeo volviendo en la mente a ese momento. Pasan las horas, los días, y mi mente sigue habitando esos momentos, esas escenas, esos rostros, esas palabras, esos movimientos. Nuevas interpretaciones e incluso nuevas (y más fuertes) emociones siguen manando de esa fuente, que ya no es luz ni fotograma, sino pura memoria, pura experiencia personal, que permite la reproducción interna de sí misma en un bucle infinito que, cuanto más se repite, más éxtasis nos proporciona, tanto si estamos conduciendo y esperando en un semáforo en rojo, o caminando hacia el trabajo, o cerrando los párpados antes de ir a dormir. No debe interrumpirse ese encanto, ese hechizo que provocan ciertas historias, ciertas películas. No se debe apisonar con otra historia, no se debe abortar bruscamente esta gestación, debe respetarse su ciclo vital, su metamorfosis, su sublimación en nuestra persona. Es un proceso casi biológico que precisa un cuidado y un cariño casi maternal, un proceso delicado que requiere nuestro celo y esmero, como si estuviésemos protegiendo a una criatura recién nacida que necesita ser incubada en nuestro pecho, como una frágil crisálida, hasta que crezcan sus plumas, sus alas, y pueda eclosionar, volar libre, salir del nido de nuestra mente. Y al hacerlo, paradójicamente, se habrá quedado por siempre con nosotros.

Entonces podremos volver a pulsar play. No seamos ansias.

Aug
29

Las guerras sagradas

Tras la subida del IVA, la gasolina rondará los 1.6 euros el litro

No me encuentro ya en España, pero han dado la noticia aquí mismo, así que debe ser verdad.

Me encuentro perdido en medio de la nada en Estados Unidos, y ayer rellené el depósito de mi minivan en la Interestatal 80 al precio de $3.5 el galón, poco más o menos.

Un galón (como sabrás) son 3.8 litros, así que es fácil deducir que pagué un poco menos de $0.9 por litro, es decir, algo menos de un dólar.

Si haces el cálculo verás que $0.9 son unos 70 céntimos de euro por litro.

Haz la regla de tres. Actualmente, en España la gasolina se paga a un 225% del precio que cuesta en USA.

Precio de la gasolina, impuestos

Bastante más del doble.

Por cierto. En EEUU, el impuesto sobre el combustible va estipulado por galón, no en proporción al importe. En el Estado en que me encuentro el impuesto estatal son 27 céntimos por galón, que sumados a los 18 céntimos por galón más de impuesto federal, nos da un total de 45 céntimos por galón en impuestos. Todo bien especificado aquí. Eso significa lo siguiente:

En EEUU, a diferencia de muchos otros bienes y servicios, el impuesto no viene desglosado en el recibo, pero si hacemos las matemáticas veremos que, pagando esos 45 céntimos por cada 3.5 dólares, los impuestos no suponen más del 12%; más o menos la mitad de lo que se va a gravar el combustible en España a partir de septiembre — recordemos, sobre un precio base ya de por sí muy superior al doble.

La imagen que podéis ver aquí al lado está sacada de la página gubernamental de la Agencia de Información Energética sobre gasolina y diesel, e ilustra estas cábalas que me he hecho hoy.

Y luego nos preguntamos dos cosas:

  1. ¿Por qué los americanos son tan competitivos? Pues porque no les aplastan y ahogan con tributos ni diezmos.
  2. ¿Por qué los americanos atacan y ocupan ciertos países? La respuesta…

…HOLY WARS.

Aunque también es cierto que los precios de la gasolina en EEUU se han disparado en los últimos tiempos (imaginad cómo serían antes), lo cual es una de las principales armas arrojadizas de los republicanos contra Obama. De hecho, quién diría que el siguiente vídeo pertenece a las primarias de un partido republicano, en concreto de uno de sus representantes más extremos en asuntos como, por ejemplo, la sanidad (inglés). Ron Paul asegura, en una vuelta de tuerca fascinante, que es precisamente el belicismo de EEUU uno de los factores más importantes que están minando la economía del país, que no termina de remontar. No os lo perdáis.

Aug
5

Lista estival de Alex Onôv

Durante mi último día en Madrid por mucho tiempo, y justo antes de regresar por un nuevo año al Medio Oeste americano (el hogar), voy a relajarme publicando la típica lista de películas que he visto durante el verano. No son demasiadas porque, como entenderéis, he estado disfrutando de la familia y algunos viajes, pero hay cosas interesantes. Vamos allá.

  • Abraham Lincoln vs. Zombies (Richard Schenkman, 2012) ✪✩✩✩✩
    • Producción videográfica que tiene la gracia de contar con Presi Abe como héroe contra las hordas de los no-muertos, y esa clase de cosas se agradece con buen humor. Mucho CGI y rigor histórico (yeah right)
  • C’era una volta il West(Sergio Leone, 1968) ✪✪✪✪✪
    • La épica del western crepuscular más sucio y auténtico, trufado de personajes inolvidables y leit-motifs que se quedarán en nuestra memoria para siempre. Personalmente veo un par de problemas con el guión que no me satisfacen demasiado a nivel de estructura, pero es algo personal. Una puta maravilla. Charles Bronson, Claudia Cardinale y Herny Fonda en los que pueden ser los mejores papeles de sus vidas.
  • 
Immortals (Tarsem Singh, 2011) ✩✩✩✩✩
    • Una patraña absoluta. Estética hiper-post-producida para una historia risible que intenta encajar el éxito de “300″ en una historia relacionada con la Antigua Grecia. Nunca jamás los Dioses Eternos del Olimpo habían quedado en un ridículo más espantoso. Eso sí, las descuartizaciones de los Titanes del final merecen ver el YouTube de la escena correspondiente.
  • 
John Carter
(Andrew Stanton, 2012) ✪✪✩✩✩
    • Qué cosa tan curiosa me pasó con John Carter. Sabía que estaba viendo una mierda de película, y aun así caí en todas sus absurdas y predecibles trampas y, por un momento, llegué hasta a emocionarme. Soy patético.
  • 
Martha Marcy May Marlene (Sean Durkin, 2011) ✪✪✪✪✩
    • Otra sorpresa agradable. Tenía muchas ganas de ver esta peli y no defraudó. La desapacible sensación de desasosiego que produce esta peli, rozando a veces el horror, te hace aprender (de nuevo) que muchas veces el cine no es una experiencia deseable. Más bien necesaria y sublime.
  • Le Samouraï (Jean-Pierre Melville) ✪✪✪✪✩
    • El inicio de esta maravilla de Melville puede recordar a “C’era una volta il West” por el leit-motif del canario, y de hecho ambas tocan el mundo de un personaje solitario, con su propio código de honor en un mundo de traición y crimen. Alain Delon es un bloque de hielo que emociona en un título del que sólo me extraña (como ya me ocurrió con “Círculo Rojo”) el apresurado final.
  • 
4:44 The Last Day on Earth
 (Abel Ferrara, 2011) ✪✩✩✩✩
    • Gran fracaso de Abel Ferrara. El final del mundo es estar todo el día conectado a Skype en un claustrofóbico apartamento y ver montajes de expresiones culturales místicas en distintas partes del mundo y discursos del Dalai Lama. La triste debacle.
  • Ryan’s Daughter (David Lean, 1970) ✪✪✪✪✩
    • El paralelismo entre la ocupación inglesa en el territorio romántico de la Irlanda rural y la relación adúltera entre la hija de Ryan y un general inglés desata una extraña mezcla de apología nacionalista y profunda podredumbre moral del pueblo irlandés.
  • 
The Devil’s Double (Lee Tamahori, 2011) ✪✪✩✩✩
    • Curiosa película que merece un visionado por tratarse de una ácida crítica a la élite política de la dictadura Hussein en Irak durante la invasión americana. Es una pena que fracase en el intento (a veces roza momentos de caspilla), pero debo decir que recomiendo echarle un vistazo.
  •  
Serenity (Joss Whedon, 2005) ✪✪✩✩✩
    • Por fin lo hice bien. Ví la serie al completo, me emocioné con las geniales interacciones entre los personajes que se iban desarrollando, y cuando vi la película que cierra el ciclo no pude evitar sentirme decepcionado con el resultado. Digna, pero la serie es mucho mejor.
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Calvaire
 (Fabrice du Welz, 2004) ✪✪✪✩✩
    • De nuevo el cine de terror francés de los 2000′s nos devuelve a la campiña francesa, esta vez con sobradas dosis de surrealismo. La escena del baile de los lugareños al son de un piano tétrico es inolvidable. El planteamiento, y sobre todo el final, son interesantes, pero le falta un trabajo de personajes.
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The Innkeepers (Ti West, 2011) ✪✪✩✩✩
    • Sé que esta peli tiene muchos fans entre los amantes del terror. A mí me pareció vacía, aburrida y ni siquiera me pareció que tuviera un especial sentido del humor o guiños que mereciesen la pena. Fatal.
  • Prometheus(Ridley Scott, 2012) ✪✪✩✩✩
    • Gran decepción. Cruces y catolicismo, personajes que sobran, giros estúpidos, zombies innecesarios, científicos inútiles, guión execrable. Un producto para las masas menos exigentes.
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The Raid: Redemption (Gareth Evans, 2011) ✪✪✪✪✩
    • Hay otras pelis, sin embargo, que no necesitan guión. Sólo necesitan acción, hostias como panes, tiroteos y artes marciales a raudales, sin dar un solo respiro. Brutal, brutal. Mucho mejor que la anterior de Evans, “Merantau”, que ya apuntaba formas.
  • Intouchables (Olivier Nakache, Eric Toledano, 2011) ✪✪✪✩✩
    • Película que pertenece a esa clase de historias que mezclan una tragedia personal (cáncer, tetraplejía, sida…) con un optimismo estoico y muy vital, basado en el sentido del humor y la necesidad de sobrevivir dignamente. Agradable y energetizante, pero inflada de tópicos.
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Hardware (Richard Stanley, 1990) ✪✪✪✩✩
    • Principios de los ’90. NIN, Ministry… apocalipsis, Terminator… y ese estilo punk de la sci-fi sucio y mecánico. Mi mundo, vamos. A mí me encantó “Dust Devil” de Stanley, y esperaba más de “Hardware”, que no está mal pero que tiene una segunda mitad aburridilla.
  • Sheitan (Kim Chapiron, 2006) ✪✪✩✩✩
    • De nuevo el terror francés llevándonos a la campiña llena de paletos locos con tintes surrealistas. Lo mejor, la histriónica interpretación de Vincent Cassel y la locura final que se trae entre manos. Lo peor, todo lo demás.
  • Cutter’s Way (F. W. Murnau, 1922) ✪✪✪✪✪
  • The White Ribbon (Michael Haneke, 2009) ✪✪✪✪✪
    • Una cumbre europea. Defender a Haneke y cada una de sus obras es tan innecesario como polémico. A mí, personalmente, me convenció, me horrorizó y me dejó confundidísimo de una manera inexplicablemente dolorosa y satisfactoria al mismo tiempo. Simplemente genial.
  • The Cabin in the Woods (Joss Whedon, 1922) ✪✪✪✩✩
    • Una diversión sin pretensiones que le ha salido bien a Mr. Whedon. Escribí acerca de este fenómeno en este mismo blog.
  • Session 9 (Brad Anderson, 2001) ✪✪✪✪✩
    • Un peliculón que llevaba tiempo deseando revisionar. Puro terror real, anclado en la vida misma, certero y afilado, sin aspavientos ni ridiculeces de género. El mal, la locura.
  • Children of the Corn (Fritz Kierch, 1984) ✪✪✩✩✩
    • Película denostada que, sin embargo, ha logrado convertir algunas de sus imágenes y propuestas estéticas en iconos del cine de terror, más allá de lo que diga Stephen King. A ver, es aburridilla, pero tiene momentos de puro terror ’80s y musiquilla que la hacen imperdible. Sobre todo si vives exactamente en la zona en la que está ambientada (glups).
  • My Week with Marilyn (Simon Curtis, 2011) ✪✩✩✩✩
    • La Williams es lo único que se salva de este bio-pic que ni siquiera lo es. Innecesaria, irrelevante, estúpida película.
  • Take Shelter (Jeff Nichols, 2011) ✪✪✪✩✩
    • De nuevo la locura acecha en nuestro interior para dar cobijo al terror definitivo, el que crece en medio de tu familia, en la intimidad del hogar. Michael Shannon hace un papel intachable, es una pena que la película no se aclare del todo en cuanto al fondo de la cuestión, y lo confía todo a una ambigüedad que no venía a cuento.
  • Shadow of the Vampire (E. Elias Merhige, 2000) ✪✪✩✩✩
    • Para terminar la sesión vampírica de la anterior tanda, vi esta meta-película de Merhige, del que tengo muchas ganas de ver “Begotten”. Si no diera tanta grima el vampiro protagonista, si Malkovich no fuese tan ridículo en su afectación mal entendida, si la historia no se fuese desinflando y perdiendo intensidad hacia el final, quizá hubiese pasado algo. Pero no.
  • Inserts (John Byrum, 1974) ✪✪✪✪✩
    • Cuando comencé a ver esta peli me dí cuenta de que la había visto hacía muchos años, casi de niño. Recordaba vagamente algunas de sus escenas, su retorcimiento bohemio, la amargura de genio y de perdedor del personaje alcoholizado y alejado de la realidad genialmente interpretado por Richard Dreyfuss. En cambio, es un retrato de la decadencia moral, precisamente, de los que van de dignos: los adinerados, los que controlan el cotarro.
May
20

El suicidio (“No remorse, I wanna die!!!”)

Esta entrada es una especie de blog-reply o respuesta al inspirador post de @madpundit, titulado “El suicidio”. Si no lo habéis leído, hacedlo ya porque merece la pena.

Harakiri

Leyendo el artículo mencionado se me iban despertando asociaciones mentales que ya creía perdidas, opiniones viscerales que uno guarda escondidas (escondidas de uno mismo) en el armario del pensamiento superficial diario. Escondidas para que no afecten a nuestro juicio, nuestro funcionamiento de supervivencia, es decir, de auto-engaño.

La vida merece la pena. La vida tiene un valor intrínseco. Estas ideas, estos valores, son probablemente lo único que compartimos como seres humanos. Al menos cuando se trata de la vida propia. Que hay mucho cabrón suelto. Se llama ‘instinto de supervivencia’. Y aun así, tal y como resaltaba MadridPundit, hay mucha gente que tira por la tangente y se despide de todo en un fogonazo, a diferencia de lo que ocurre en el mundo animal. ¿Por qué? No será en este post en el que encuentres la respuesta.

Bailando con la muerte

Todos hemos ‘coqueteado’, especialmente en nuestra juventud, con la posibilidad de quitarnos la vida. Odio la palabra ‘coquetear’ porque es como quitarle hierro al asunto. No es un coqueteo. Es un baile breve e intenso con la parca, en la oscuridad de nuestros pensamientos, enfrentándonos por vez primera a las hostias que da la vida, o a la falta absoluta de interés que sentimos hacia ella. Y es que, en muchas ocasiones, el suicidio puede ser la expresión definitiva de un idealismo inconformista y nada luchador. “Si no es como yo imaginaba, no debe ser”. O quizá sea precisamente la consecuencia de una carencia absoluta de imaginación, de creatividad para afrontar problemas o generar defensas psicológicas contra los mismos (auto-engaños creativos para la supervivencia). Recuerdo ahora mismo un post que escribí recopilando algunos “Silogismos de la Amargura” de E. M. Cioran, una forma de enfrentarse al suicidio peligrosa (y deprimente) pero ciertamente audaz. Lean, por ejemplo, esta joyita: “Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.”

Quién sabe. El suicidio y sus motivos son un misterio, una críptica metáfora. Explican tanto la inanición del nihilismo como la pasión vital más extrema. Ah, el ser humano.

Y cada uno sabrá, en su fuero interno, los motivos íntimos de ese coqueteo del que hablaba antes, de ese baile mental con la idea de la muerte. Puede ser cualquier cosa. La posibilidad de un diagóstico positivo de una enfermedad horrible, la desaparición irremediable de lo único que le daba sentido a nuestra existencia, el vacío y la oscuridad causadas por una insensibilidad gélida anti-vida… o puede que sea el amor, o el desamor, o el desengaño… O quizá un disco puesto al revés.

Un suicidio memorable

A un servidor el suicidio que más le ha llamado la antención en la Historia (de los que conozco) es, sin duda, el de Yukio Mishima. Nunca antes un suicidio estuvo tan lleno de significado, de honor, de historia, de tradición y de mensaje. Fue un suicidio tradicional (un seppuku honroso al método bushido tradicional, es decir, rebanar el bajovientre y que un ayudante te corte la cabeza al momento con una katana), fue un suicidio comunicativo y transformador (Mishima fue escritor y reivindicador del Japón medieval y sus valores, y su suicidio público fue su manera de dirigirse al mundo con toda la seriedad posible). Fue una puta locura, aquello de intentar dar un golpe de Estado con su mini-ejército de neo-samurais aquel día. Pero para Mishima era algo que debía ser hecho, un acto de coherencia individual en relación al mundo y a la Historia. Tras un discurso que nadie oyó (apareció sin micrófonos ni altavoces) ante una multitud confundida y boquiabierta que evidentemente le estaba tomando por un loco, Mishima comprendió que aquello era el final de todo. No se puede vivir con una deshonra, con un fracaso tan grande. Sólo cabía la muerte, lo que él llamaba “the final action” (él llegó a renegar de la literatura, diciendo que sólo la “acción” era aceptable).  Una ‘acción final’, una muerte idealista la suya, desquiciada, genial, y honrosa. Y algo chapucera, porque el ayudante, de lo nervioso que estaba, no acertó bien en el cuello de Mishima y éste se desangró malamente con la cabeza medio colgando, retorciéndose en su propio charco de sangre en lugar de morir al instante, como debe ser un sepukku de dignidad. Banzai!!!

A los que habéis visto la película Mishima: A Life in Four Chapters (Paul Schrader, 1985) quizá os apetezca ahora volver a ver las secuencias finales del suicidio del último samurai del Japón:

Una película perfecta para entender el entramado cultural y ritual del protocolo del suicidio en el Japón medieval podría ser Harakiri (1962), una auténtica obra maestra de Masaki Kobayashi.

Nadie sabe nada

Yo, a diferencia de @madpundit, no soy psicólogo. No tengo datos ni informes más allá de alguna rascada que le pueda pegar a la hemeroteca. Tampoco tengo el interés de salvar vidas, quiero decir que no es esa mi vocación. Por supuesto, me interesa que la gente conserve la suya, simplemente porque me gusta la gente viva y, si es posible, que lo haga feliz de la vida. Pero me cuesta mucho ponerme en contra de una decisión que puede suponer, en esta vida de opresión y mentira, la única y máxima expresión de libertad válida, la única decisión realmente libre que uno puede hacer. Es un tópico, pero no deja de sonarme convincente. ¿O quizá está todo escrito en un gen? Mi ignorancia es total.

El caso es que, a pesar de esa ignorancia que tengo, impedir a alguien dar ese paso se me antoja como una medida extrema de opresión y censura. Además, muchos estudios parecen indicar que cuanto más se habla de suicidios en los medios, sea en el tono que sea, se incrementan los casos (es el llamado “contagio de muerte” como nos recuerda Arcadi Espada). El mero hecho de convencer a alguien de que no lo haga me parece una forma de lavado de cerebro, un paternalismo inaceptable. En ese saco metería las campañas sociales (ver esta, por ejemplo) para la prevención del suicidio, que sinceramente me parecen muy poco efectivas. No puedes llegar al interior del conflicto de una persona en 20 segundos.

Por supuesto, puedo estar muy equivocado. Ya he dicho que son opiniones muy viscerales. Si algún miembro de mi familia decidiese tomar esa decisión, haría todo lo posible por impedirlo. Incluso daría mi propia vida por impedirlo. Qué cosas, ¿verdad? Qué tema tan retorcido.

Algunos números

Hay datos que rompen muchos mitos acerca del suicidio. Por ejemplo, no hay igualdad de géneros en este tema. Los hombres se suicidan mucho más que las mujeres. La tasa de suicidio en Francia es de 26 hombres y 9 mujeres por cada 100.000 habitantes. En España es de 12 hombres y 4 mujeres. ¡El triple! Aunque, todo sea dicho, las mujeres lo intentan sin éxito más que los hombres. Cuando un hombre se intenta suicidar es mucho más efectivo que una mujer. De haber políticas sociales de prevención del suicidio, deberían ir estadísticamente destinadas a un target masculino. En cuanto al índice de “reincidencia” (obviemos el posible sarcasmo aquí) podemos indicar que en Francia hay 135.000 personas que intentan suicidarse cada año, de las cuales sólo el 10% lo consigue y un 85% de los que fallan no vuelven a intentarlo. Suicidarse es difícil, al contrario de lo que puede uno pensar.

Consideremos, en este sentido, la publicación que apareció hace unos años de un libro de “recetas para el suicidio” llamado Suicidio, modo de empleo con la finalidad de ofrecer soluciones caseras seguras, dignas y no dolorosas al ‘derecho al suicidio’ tal y como se le nombra. La finalidad es evitar la violencia y eficiencia limitada de métodos como pistolas y cuchillas, cuyas consecuencias en caso de no funcionar (y muchas veces ocurre que no funcionan como es deseado) son muy indeseables. Algunos consideraron a este libro una incitación al suicido; otros, por el contrario, lo ven como una manera de evitar horribles secuelas. A mí me parece un caso más de la controversia que despierta un tema que, como el aborto o la pena de muerte, levanta las pasiones más atávicas y sobre cuyos mitos se construye toda una cultura y, por qué no, un sistema de tabúes.

Suicidio, modo de empleo: http://elpais.com/diario/1982/05/19/sociedad/390607204_850215.html

Os dejo con un vídeo de Slayer con los desequilibrados de Atari Teenage Riot y su clásico conjunto “No remorse! I wanna die” (‘Sin arrepentimiento, quiero morir’).

Apr
22

The Cabin in the Woods (ni un solo spoiler)

Ayer hice uso del privilegio que supone ver las películas antes de su estreno en España para poner los dientes largos a frikis como @pinker. Durante semanas, había estado evitando leer todo lo que se ha escrito sobre ella, porque sabía que jugaba con el factor sorpresa al hacerle un “twist” al género, y no quería saber a qué se referían con eso.

The Cabin in the Woods

The Cabin in the Woods fue proyectada por primera vez en el Festival de Cine del SXSW, estreno del que dimos buena cuenta en FilmBunker con la crónica de nuestro amigo y corresponsal en Austin TX, @dj_cthulhu, que dijo lo siguiente tras su visionado:

Mientras menos sepas, mejor será. Calma tu ansias y disfrútala, si es que puedes. Drew Goddard fue guionista regular de Lost. Entre él y Damon Lindelof escribieron varios episodios memorables, incluyendo ese donde conocemos a Desmond via sus múltiples flashbacks — para que lo ubiques. El mejor consejo es no leer nada, no ver el trailer, sacarla de tu sistema hasta que te topes con ella. Está bien que la veas como unas clásicas teen slashers de chicos en una cabaña. Todos los clichés aparecen puntuales y entonces, como si fuese un cubo de Rubik, poco a poco se desplega una estructura novedosa que la separa años luz de todas las demás.

Totalmente cierto. Por eso no pienso contaros aquí nada de lo que ocurre en la cinta, sino mi reacción ante ella.

Los compases iniciales me decepcionaron y pensé que estaría frente a una tontería enorme. Y es cierto, a veces tiene momentos tarados, pero poco a poco vas siendo consciente de la gran fumada que supone el asunto al completo. Es una ida de pinza total, una paranoia que va desmelenándose poco a poco, superando todos los límites de contención y los tópicos del genero (el redneck, la gasolinera desvencijada, la cabaña…), hasta que al final solo te queda reírte ante el absurdo. No habían conseguido hacerme reir con los chistes teen iniciales, pero después queda claro que solo eran parte de una fachada, de un meta-comentario sobre el género de terror convertido en comedia sobre el chiste, un experimento más inteligente de lo que parece pero que funciona también con la audiencia que suele acudir a la llamada de los slashers clásicos y atolondrados. Y al final te ríes; no puedes evitarlo, te ríes de todas aquellas veces que no te reíste con un chiste malo en una película de terror.

La explicación de por qué los personajes de las películas de terror siempre toman las decisiones más estúpidas está en The Cabin in the Woods. La respuesta a por qué existen películas de terror y de monstruos está en The Cabin in the woods. No es una obra maestra, pero es refrescante, divertida y… joder, la que se monta al final es parda. Vedla y disfrutad, malditos.

P.D.: Esta película demuestra la influencia que ha tenido Evil Dead sobre todo el género de terror. Es un homenaje a la obra magna de Raimi e indica el nivel de clásico que ha adquirido con el tiempo.

Feb
20

¿Por qué los del cine son de izquierdas?

Ayer asistimos patitiesos a la perpetración anal, perdón, anual, de los Goyardones al cine español y fuimos testigos (¡víctimas!) de sus momentos cumbre: del mensaje rancio del discurso del nuevo presidente de la Academia, de esa pulverización del récord de los límites del decoro y la vergüenza ajena que supuso el ‘rap del patio de butacas’… en fin. Ya tú sabes.

Y mientras se sucedían los improperios a la sensibilidad del espectador y las reivindicaciones políticas típicas de este colectivo, yo volvía a preguntarme una vez más algo que siempre me ha intrigado: ¿por qué el mundo del cine se muestra alineado en bloque con la ideología de la izquierda? Es decir, de la izquierda populista, porque su mensaje, para ser sinceros, es simplista y demagogo. Pero izquierda, al fin y al cabo. Es un tema interesante, ¿no creen? Para mí, es algo tan raro como podría ser que los deportistas tuviesen la costumbre, así, en bloque, en plan cofradía, de defender ideas de la derecha. Absurdo, ¿verdad? Cada uno tiene su opinión, y la estadística indica que esas cosas deberían estar más distribuídas.

Que conste que yo no me considero de derechas, y que esta reflexión no viene inspirada por un rechazo a la izquierda recalcitrante, esa izquierda fast-food de saldo y facebook (en realidad lo que me produce es perplejidad y curiosidad antropológica, al igual que su equivalente al otro lado del espectro), sino por lo incomprensible de esa adscripción gremial sin fisuras. Y es que no me pregunto por qué este actor o aquél director concretos son de izquierdas o dejan de serlo, ni por qué a Willy Toledo le da por hacer las cosas que hace (vilipendiado en exceso el pobre, parece que hay gente nacida para caer mal), sino, repito, por qué todos parecen compartir la misma ideología.

Y es que cineastas, actores, actrices, directores y otros oficios del celuloide parece que no desperdician la más mínima ocasión para levantar su puño contra la guerra (de Irak), a favor de Cuba, de la memoria histórica (ese pleonasmo del que hablaba Albiac), de la apología de lo público… Por cierto, en la gala de ayer, Kike Maíllo se ocupó de hacerle prometer a la niña Claudia Vega que continuara estudiando, y que lo hiciera en escuelas públicas. A mí aquello me recordó a los Testigos de Jehová, que prefieren morirse a recibir una transfusión de sangre.

Entre tanta crítica a los recortes a RTVE, tanto momento Anonymous (que seguramente tenían pase backstage) y tanto momento Garzón (aunque, todo sea dicho, Coixet tenía más excusa que nadie), el nuevo Presidente de la Academia se mostró con su discursito de marras como un perfecto iconoclasta, un valiente predicador en un desierto ‘progre’ (agh, odio usar esa palabra, pero aquí calza bien). Y ya he dejado claro que su discurso me produjo urticaria, como lo hace el de Urbizu, esa figura irrelevante que nos trajo el cliché de “Caja 507” y que se empeña a meternos a Resines en la sopa. Todo muy de Antiguo Régimen, muy pro-Ley Sinde, en lo que concierne a sus lentejas claro. Y después nos saltamos el derecho de defensa. Pero dejemos eso, que no es el momento ahora.

El caso es que con todo esto de los Goyas me he quedado barruntando en la pregunta inicial, en por qué si eres del mundo del cine entonces tautológicamente has de ser de izquierdas. Y se me ocurren varios motivos.

Por supuesto, la acusación habitual resuena la primera, y es que la ‘casta’ del cine español defiende los valores de izquierdas porque responden mejor al sistema del que ellos han venido haciendo uso, es decir, el de las subvenciones estatales a la producción cinematográfica (y que yo, personalmente, no critico sino en sus excesos y corrupciones). Evidentemente, la opción opuesta sería reducir el gasto público en algo que no reporte un beneficio económico. En efecto, la consecuencia matemática es una complacencia del colectivo hacia la mano que, en muchas ocasiones, posibilita su trabajo. Este motivo no tiene un soporte de credibilidad, como es de suponer. Nadie se hace de izquierdas porque recibe una subvención, ¿cierto?

O quizá sea todo lo contrario, es decir, que los artistas, al ser observadores íntimos y espejos líricos del alma humana y los más elevados valores, sean seres humanos de una sensibilidad especial, una sensibilidad de paz, altruísmo, solidaridad, tolerancia, libertad y todos esos ideales a los que la derecha, aparentemente, es insensible. La derecha, al fin y al cabo, es el demonio que aplasta al obrero humilde, que inicia guerras, que traiciona todo lo bueno del espíritu humano. Pero esto tampoco se sostiene, ¿verdad? Y es que para toda regla hay excepciones (y aquí os sorprenderéis), como la actriz Amparo Baró que siempre ha dicho ser de derechas, y otros como Alfredo Landa, Fabio MacNamara… ¿Son todos ellos insensibles e inhumanos egoístas? No lo parece. Eso sí, no expresan sus ideas en voz muy alta, quién sabe por qué motivo. Quizá para que no les pase como a Russian Red.

Puede que no sea ni por interés ni por altruísmo, sino por way of life. Los artistas tienen una vida más bohemia, más libertina, fuera de los parámetros morales convencionales. O, al menos, eso es lo que se espera de ellos, ¿verdad? Excéntricos, promíscuos, coqueteando con las drogas, la vida nocturna… ese es el tópico, ¿verdad? Y la derecha siempre ha sido esa vigilante moral, esa madre superiora gorda y con verrugas que te fustiga y te obliga a rezar un Ave María, que te dice que irás al infierno. La derecha, esa religión que te corta todo el rollo. Pero nadie es de izquierdas para justificar políticamente su poligamia o sus extremos, ¿verdad? Los mayores escándalos sexuales han venido siempre de la derecha, al fin y al cabo. Mirad a Pedro J.; de hecho, “El Mundo” tiene una línea editorial muy abierta y moderna en este sentido.

O quizá sea algo mucho más profundo. Algo específicamente cinematográfico. ¿Es posible que haya una conexión hermenéutica entre el lenguaje del cine, de la imagen en movimiento y el montaje, y cierta cosmovisión política? ¿Es la crítica social burguesa que representa el cine una manifestación cultural del socialismo? ¿Es el cine una demanda de estado de bienestar, de igualdad de clases, de eliminación de la diferencia y el privilegio? Eso explicaría por qué, como decía Vicente Aranda, la derecha se niega a ver cine español. Pero parece que no es así. No solo porque el cine, como lenguaje burgués, también es el lenguaje de la individualidad, el canto a la personalidad y al héroe, la seducción inmediata y la satisfacción capitalista de un intercambio frívolo (de hecho, el cine es el dominio de la superproducción, de las cifras multimillonarias… el negocio definitivo). Sino también porque hay muestras de lo contrario: Leni Riefenstahl, José Luis Sáenz de Heredia y muchos otros probaron que el lenguaje del cine puede ser el lenguaje del franquismo y la propaganda fascista.

En fin, que me quedo como estaba, sin aclararme. Quizá en los comentarios podáis aportar alguna luz. Lo agradezco de antemano.

Vivimos un momento en el que el PP tiene mayoría absoluta, y entiendo que ha llegado el momento en que la izquierda debe refundarse. Esta entrada, hasta cierto punto sarcástica, no pretende hurgar en la herida de la derrota de la izquierda en las últimas elecciones. Pero creo que es el momento de ser honestos, pragmáticos y serios. El corporativismo es la muerte de la opinión verdadera y no debemos perpetuar los tópicos de una España que ya aburre.

Feb
19

Pelis del revés

Ya sé que no soy el primero en hablar de “Irreversible” (Noé) y “Memento” (Nolan) y sus características narrativas comunes. Pero no puedo evitar escribir un par de párrafos acerca de las profundas diferencias que quedan en evidencia precisamente por un parecido anecdótico.

Todos sabemos que ambas películas son contadas “hacia atrás”, es decir, que empiezan con el final (cronológicamente hablando) y al finalizar cada escena se produce un ‘salto’ a un tiempo anterior al principio de la misma. Esto, evidentemente, tiene consecuencias dramáticas e implicaciones que, en cada caso, son más o menos evidentes.

En “Memento” este tratamiento viene dado por la condición que sufre nuestro protagonista, una patología neuronal que le impide recordar nada a medio o largo plazo. Su memoria se va ‘reseteando’ cada pocos minutos. De este modo, cuando el espectador ve la secuencia inicial, está exactamente igual que el protagonista, es decir, no sabe nada de lo que ha ocurrido previamente. Esto genera curiosidad y ganas de saber qué está ocurriendo. Cuando la historia comienza a rebobinarse, vamos juntando las piezas, y el espectador va aprendiendo lo que el protagonista sigue sin saber… hasta cierto punto. Y digo hasta cierto punto porque la pieza más importante (¿se puede confiar en Teddy?) se deja sin aclarar por aquello de la tensión y el thriller. Si bien “Memento” nos habla de las bases de la confianza, de traición y abuso, este método narrativo no pasa de ser una audacia formal, como todo el cine de Nolan, siempre preocupado por la seriedad, la perfección del artefacto que tiene entre manos. Para él, una película son engranajes formales, estilísticos, en los que anda tan preocupado que descuida siempre el elemento humano, el componente filosófico. Nolan es Escher.

En el caso de “Irreversible”, este artificio narrativo viene dado, en cambio, por un intenso sabor filosófico: las ondas expensivas del tiempo y del devenir de nuestras acciones están guiadas por el determinismo más absoluto. Así, la brutalidad de las secuencias iniciales (el club gay, la escena del túnel) deja paso a todo lo que ocurrió antes de la tragedia, lo cual puede parecer un anti-clímax total (lo que no ocurre en “Memento”, siempre repleta de persecuciones y acción hasta el final), un anti-clímax que deviene en un lirismo y una paz profundamente desasosegante… porque sabemos lo que va a ocurrirles a los personajes. Vemos a los personajes reir, bailar, hablar de nimiedades, pero nosotros no vemos eso, vemos lo que va a ocurrirles, y lo triste que supone su desconocimiento de lo que les espera. En efecto, nuestra mente sufre cuando se oye a sí misma decir “No sabéis lo que os espera”. Os espera lo peor. Y vosotros, mientras, hablando de chicas y tomando una copa, con la guardia baja. Disfrutad mientras sois ignorantes de lo inexorable, lo inevitable. Este conocimiento es tan amargo, que cuando se alcanza el lirismo de las escenas finales duele recordar el inicio, es decir, el final que empaña su futuro próximo, el modo en que esa belleza será aplastada. Es incluso terrorífico, produce auténtico terror pensar que no podemos cambiar lo que va a ocurrirnos, que algo terrible nos acecha a la vuelta de la esquina, que estamos plácidamente intalados en nuestro pensamiento de que todo está bien, todo está bajo control. En este sentido Noe se acerca (salvando las distancias) a la reflexión que hay tras el cine de Haneke. Ah, si tan sólo supieras el horror que te espera. Y que no hay manera de cambiarlo. Las escenas iniciales ahí están, lo demuestran. La tragedia te manipulará y la ilusión de tu libertad se resquebrajará. El artilugio narrativo pasa a ser la mismísima fuerza que empuja tu vida real a través del determinismo del tiempo.

Y esto son las “pelis del revés”, esa visión del narrador por encima de las ataduras del tiempo, ese conocimiento que no sabes muy bien si quieres tener. “Memento” hace sentirte bien, te hace sentir ‘clever’, ‘inteligente’, porque consigues poner la penúltima pieza en el puzzle — y el hecho de que falte la pieza final le da un cierto caché a la película, un punto de apertura a la interpretación. “Irreversible” no te hace sentir listo; te hace sentir frágil, temeroso, impotente. Todas las piezas están ahí, tú no tienes que poner ninguna. La pieza final en tu vida la pone un violador, un desconocido. La diferencia es tan inmensa que la comparación entre estas pelis es, como decía, puramente accidental.

[NOTA: No confundir con ‘backwards movies’, que es el ejercicio de contar películas como si las estuviésemos viendo hacia atrás. Por ejemplo…

Alien. La historia de una nave espacial donde hay un monstruo que va reduciéndose de tamaño y vomitando a los tripulantes, hasta que se mete en la tripa de uno de ellos, calmando el pánico general.

Rambo es la historia de un tipo que va resucitando gente con su aspirador de balas.

Cloverfield. La historia de un monstruo creado por la Fuerza Aérea de EEUU que va por Nueva York arreglando edificios hasta que se va a dar un baño, tras lo cual todo el mundo hace una fiesta.

El precio del poder. La historia de un hombre que deja la cocaína y el crimen para cumplir su sueño de convertirse en un lavaplatos para ahorrar dinero y poder visitar Cuba.

Rocky es la historia de un tipo que recibe tantas hostias que se ve forzado a casarse con la tía más fea de la ciudad.

La pasión de Cristo es la historia de un grupo de fanáticos religiosos que resucitan a un tipo cubierto de sangre que se dedica a hablar a la gente y convertirlos en bastardos materialistas.]

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