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¿Por qué los del cine son de izquierdas?
Ayer asistimos patitiesos a la perpetración anal, perdón, anual, de los Goyardones al cine español y fuimos testigos (¡víctimas!) de sus momentos cumbre: del mensaje rancio del discurso del nuevo presidente de la Academia, de esa pulverización del récord de los límites del decoro y la vergüenza ajena que supuso el ‘rap del patio de butacas’… en fin. Ya tú sabes.
Y mientras se sucedían los improperios a la sensibilidad del espectador y las reivindicaciones políticas típicas de este colectivo, yo volvía a preguntarme una vez más algo que siempre me ha intrigado: ¿por qué el mundo del cine se muestra alineado en bloque con la ideología de la izquierda? Es decir, de la izquierda populista, porque su mensaje, para ser sinceros, es simplista y demagogo. Pero izquierda, al fin y al cabo. Es un tema interesante, ¿no creen? Para mí, es algo tan raro como podría ser que los deportistas tuviesen la costumbre, así, en bloque, en plan cofradía, de defender ideas de la derecha. Absurdo, ¿verdad? Cada uno tiene su opinión, y la estadística indica que esas cosas deberían estar más distribuídas.
Que conste que yo no me considero de derechas, y que esta reflexión no viene inspirada por un rechazo a la izquierda recalcitrante, esa izquierda fast-food de saldo y facebook (en realidad lo que me produce es perplejidad y curiosidad antropológica, al igual que su equivalente al otro lado del espectro), sino por lo incomprensible de esa adscripción gremial sin fisuras. Y es que no me pregunto por qué este actor o aquél director concretos son de izquierdas o dejan de serlo, ni por qué a Willy Toledo le da por hacer las cosas que hace (vilipendiado en exceso el pobre, parece que hay gente nacida para caer mal), sino, repito, por qué todos parecen compartir la misma ideología.
Y es que cineastas, actores, actrices, directores y otros oficios del celuloide parece que no desperdician la más mínima ocasión para levantar su puño contra la guerra (de Irak), a favor de Cuba, de la memoria histórica (ese pleonasmo del que hablaba Albiac), de la apología de lo público… Por cierto, en la gala de ayer, Kike Maíllo se ocupó de hacerle prometer a la niña Claudia Vega que continuara estudiando, y que lo hiciera en escuelas públicas. A mí aquello me recordó a los Testigos de Jehová, que prefieren morirse a recibir una transfusión de sangre.
Entre tanta crítica a los recortes a RTVE, tanto momento Anonymous (que seguramente tenían pase backstage) y tanto momento Garzón (aunque, todo sea dicho, Coixet tenía más excusa que nadie), el nuevo Presidente de la Academia se mostró con su discursito de marras como un perfecto iconoclasta, un valiente predicador en un desierto ‘progre’ (agh, odio usar esa palabra, pero aquí calza bien). Y ya he dejado claro que su discurso me produjo urticaria, como lo hace el de Urbizu, esa figura irrelevante que nos trajo el cliché de “Caja 507” y que se empeña a meternos a Resines en la sopa. Todo muy de Antiguo Régimen, muy pro-Ley Sinde, en lo que concierne a sus lentejas claro. Y después nos saltamos el derecho de defensa. Pero dejemos eso, que no es el momento ahora.
El caso es que con todo esto de los Goyas me he quedado barruntando en la pregunta inicial, en por qué si eres del mundo del cine entonces tautológicamente has de ser de izquierdas. Y se me ocurren varios motivos.
Por supuesto, la acusación habitual resuena la primera, y es que la ‘casta’ del cine español defiende los valores de izquierdas porque responden mejor al sistema del que ellos han venido haciendo uso, es decir, el de las subvenciones estatales a la producción cinematográfica (y que yo, personalmente, no critico sino en sus excesos y corrupciones). Evidentemente, la opción opuesta sería reducir el gasto público en algo que no reporte un beneficio económico. En efecto, la consecuencia matemática es una complacencia del colectivo hacia la mano que, en muchas ocasiones, posibilita su trabajo. Este motivo no tiene un soporte de credibilidad, como es de suponer. Nadie se hace de izquierdas porque recibe una subvención, ¿cierto?
O quizá sea todo lo contrario, es decir, que los artistas, al ser observadores íntimos y espejos líricos del alma humana y los más elevados valores, sean seres humanos de una sensibilidad especial, una sensibilidad de paz, altruísmo, solidaridad, tolerancia, libertad y todos esos ideales a los que la derecha, aparentemente, es insensible. La derecha, al fin y al cabo, es el demonio que aplasta al obrero humilde, que inicia guerras, que traiciona todo lo bueno del espíritu humano. Pero esto tampoco se sostiene, ¿verdad? Y es que para toda regla hay excepciones (y aquí os sorprenderéis), como la actriz Amparo Baró que siempre ha dicho ser de derechas, y otros como Alfredo Landa, Fabio MacNamara… ¿Son todos ellos insensibles e inhumanos egoístas? No lo parece. Eso sí, no expresan sus ideas en voz muy alta, quién sabe por qué motivo. Quizá para que no les pase como a Russian Red.
Puede que no sea ni por interés ni por altruísmo, sino por way of life. Los artistas tienen una vida más bohemia, más libertina, fuera de los parámetros morales convencionales. O, al menos, eso es lo que se espera de ellos, ¿verdad? Excéntricos, promíscuos, coqueteando con las drogas, la vida nocturna… ese es el tópico, ¿verdad? Y la derecha siempre ha sido esa vigilante moral, esa madre superiora gorda y con verrugas que te fustiga y te obliga a rezar un Ave María, que te dice que irás al infierno. La derecha, esa religión que te corta todo el rollo. Pero nadie es de izquierdas para justificar políticamente su poligamia o sus extremos, ¿verdad? Los mayores escándalos sexuales han venido siempre de la derecha, al fin y al cabo. Mirad a Pedro J.; de hecho, “El Mundo” tiene una línea editorial muy abierta y moderna en este sentido.
O quizá sea algo mucho más profundo. Algo específicamente cinematográfico. ¿Es posible que haya una conexión hermenéutica entre el lenguaje del cine, de la imagen en movimiento y el montaje, y cierta cosmovisión política? ¿Es la crítica social burguesa que representa el cine una manifestación cultural del socialismo? ¿Es el cine una demanda de estado de bienestar, de igualdad de clases, de eliminación de la diferencia y el privilegio? Eso explicaría por qué, como decía Vicente Aranda, la derecha se niega a ver cine español. Pero parece que no es así. No solo porque el cine, como lenguaje burgués, también es el lenguaje de la individualidad, el canto a la personalidad y al héroe, la seducción inmediata y la satisfacción capitalista de un intercambio frívolo (de hecho, el cine es el dominio de la superproducción, de las cifras multimillonarias… el negocio definitivo). Sino también porque hay muestras de lo contrario: Leni Riefenstahl, José Luis Sáenz de Heredia y muchos otros probaron que el lenguaje del cine puede ser el lenguaje del franquismo y la propaganda fascista.
En fin, que me quedo como estaba, sin aclararme. Quizá en los comentarios podáis aportar alguna luz. Lo agradezco de antemano.
Vivimos un momento en el que el PP tiene mayoría absoluta, y entiendo que ha llegado el momento en que la izquierda debe refundarse. Esta entrada, hasta cierto punto sarcástica, no pretende hurgar en la herida de la derrota de la izquierda en las últimas elecciones. Pero creo que es el momento de ser honestos, pragmáticos y serios. El corporativismo es la muerte de la opinión verdadera y no debemos perpetuar los tópicos de una España que ya aburre.
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Adonis
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IronMon
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Jorge
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