Dec
17

Los pilares del horror francés

By cabezaBomba  //  análisis, cine  //  1 mecha

Los pilares del horror francés

Se está produciendo un resurgir del género de terror en España y Francia en los últimos años. La franquicia ‘REC’ está cortando casi toda la pana en territorio nacional y se producen películas como Secuestrados que parecen inspiradas en una visión (discutiblemente) hanekiana de la intensidad, mientras que los galos están ofreciendo su género de forma más diseminada pero siguiendo unas directrices generacionales de las que voy a hablar a continuación.

Sé que esta entrada llega tarde. Las películas que voy a mencionar en este humilde artículo tienen entre dos y cuatro años, alguna de ellas incluso ocho. Y es que la “nueva ola” de terror francés se ha prodigado a lo largo de la segunda mitad de la primera década de este nuevo milenio y es ahora cuando podemos ver las tendencias y los intereses que han movido a estos cineastas, cuando alguno de los títulos que vamos a ver ha alcanzado un cierto status de culto o, al menos, consolidación más allá de los parámetros comerciales o de éxito puntual.

Los cinco pilares del horror francés del nuevo milenio son, en mi humilde opinión y por orden cronológico, las siguientes:

Vamos a discutir cada una de ellas y al final veremos los puntos en común del conjunto.

Análisis

1. Haute Tension (Alexandre Aja, 2003). Probablemente sea la más floja y vacía de contenido de las cinco. Una pareja de lesbianas, Alexia y Marie, se retira a la casa de campo familiar de una de ellas. Tras una puesta en escena de más media hora totalmente insustancial, el horror irrumpe en la casa en forma de paleto asesino, una suerte de redneck galo que, sin motivo aparente, desencadena una matanza familiar en la casa de lo más sangrienta. Hay que otorgarle cierto valor a la intensidad y brutalidad de sus asesinatos, que nos hacen dar un salto en el asiento e incluso nos dan un punto de dentera. La violencia extrema y algo retorcida (la decapitación en la escalera es ciertamente rebuscada) es mostrada sin cortapisas y su explicitud adquiere un valor en sí mismo. A partir de ese momento la película se convierte en una persecución, un juego del ratón y el gato, entre el asesino y la pareja superviviente, una sucesión de situaciones en las que poco a poco vamos viendo que hay algo que no cuadra. Y es que, efectivamente, nada es lo que parece. Pero ese giro argumental (o twist, como lo llaman los connoisseurs) que desvela el auténtico horror de la identidad del asesino no es para nada sorprendente. De hecho, la película decide no jugar la carta del “último minuto” y prefiere deshilar poco a poco el misterio de lo que realmente le ocurre a Marie, quizá porque cientos de películas han jugado ya esa misma carta antes, ese mismo juego esquizofrénico, que ha dejado de ser convincente. Lo cual hace que Haute Tension gane ciertos puntos al negarse a depender del típico shock value de una revelación final y confiar en el terror intrínseco del hecho en sí, a pesar de su evidente falta de originalidad. A pesar de todo esto, es una película sin pretensiones que simplemente pretende ser un baño de sangre… y lo consigue. Representa, de cualquier modo, un interesante inicio que sin duda influyó en las películas que venían a continuación. ★★★

 

2. À l’Intérieur (Alexandre Bustillo, Julien Maury, 2007). Otro Alex se vuelve a poner a los mandos del terror extremo, en esta ocasión con mucha más carga violenta y, al mismo tiempo, más contenido o trasfondo para delicia nuestra. La extrañeza que causa en el espectador los eventos que se van sucediendo, así como la confusión ante la irracionalidad y lo inexplicable se va transformando en hipnosis según se van desvelando los motivos de la oscura y extraña mujer que acosa a Sarah y la asalta en su propia casa interpretada por una fantástica Béatrice Dalle, a la que yo personalmente echaba de menos. Sarah está a punto de dar a luz a su primer hijo y es viuda desde hace cuatro meses, cuando en pleno ecuador de la gestación la pareja sufrió un accidente de tráfico que se llevó la vida de Matthieu. Esta tragedia es el auténtico punto de partida de esta historia… y la historia va a peor, descendiendo cada vez más a los infiernos, sin concesiones ni complacencias. El infierno que se va desenvolviendo cuando esa misteriosa y temible mujer que aparece de la nada reclama lo que hay en el interior de Sarah va acompañado, de nuevo, de una apoteosis sanguinolenta y de elevadas dosis de violencia y dentera, siendo algunas de las brutalidades mostradas totalmente bizarras y rozando –salvando las distancias– el cronenberguismo (…esas tijeras intentando abrir en canal el bombo de Sarah por el ombligo… esos golpes que se da contra paredes y esquinas con la barriga…). Por momentos, la película se aleja de lo creíble o ‘normal’, pero no importa demasiado ya que el interés que tenemos por lo que ocurrirá con Sarah se eleva sobre los detalles y se consigue la famosa “suspensión de la incredulidad”. Quizá aquella escena en la que el policía que creíamos muerto en el salón ‘revive’ quede un poco fuera de contexto, pero se puede encuadrar dentro de un retorcido sentido de humor de género que no deja de detectarse a lo largo de la cinta. Tampoco nos importa la bajísima calidad de los CGI usados en los momentos en que nos muestran al bebé en el interior de Sarah cuando recibe golpes y se desatan hemorragias en el líquido amniótico. Todos esos detalles quedan eclipsados cuando lo que realmente nos importa es la atávica lucha de maternidades más allá de la venganza, la visceral lucha de voluntades que se desencadena en la casa y que empañará de sangre y vísceras cada pared, cada esquina, cada escalón, cuando se va cobrando víctima tras víctima. La casa se va oscureciendo, enrojeciendo, enrareciendo, y en las escenas finales parece que estamos en un escenario de pesadilla, una antesala del infierno, o quizá la penumbra de un útero convulsionado. ★★★★

 

3. Frontiere(s) (Xavier Gens, 2007). Con Frontiere(s), de Xavier Gens, se volvió a bajar el listón un punto y se volvió a niveles de Haute Tension, lo cual no está nada mal si quieres una buena dosis de gore. En cierto modo sigue el patrón de unos jóvenes de ciudad que van al campo y se encuentran con unos brutos provincianos con tendencia a destripar a los forasteros. En cierto modo, es una especie de Chainsaw Massacre (“Matanza de Texas”) en la campiña francesa, mezclada con un trasfondo político –sí, sí, habéis leido bien, político–, relacionado con la reciente y oscura historia del continente europeo. Unos jóvenes musulmanes parisinos huyen de la policía tras unos disturbios contra la posibilidad de una victoria de la ultraderecha en las elecciones generales. Abandonan París y se dirigen en coche a una región que, al parecer, linda con Alemania, y se esconden en una posada perdida en el campo. Se pueden trazar una línea que entronca con películas como Hostel de Eli Roth, por esa visión terrorífica de la Europa profunda que inspiran los enclaves malditos de las Guerras Mundiales, por el interés por el torture-porn y el canibalismo, la mutilación y muchas otras metáforas con los convulsos conflictos del continente. Parece incluso que se juega con la ironía de que captores y cautivos representan dos colectivos que tienen un enemigo histórico común: los judíos. Y es que pronto sabremos que el patriarca de la trastornada familia de caníbales que regenta la posada es un antiguo oficial de las SS y criminal de guerra nazi, Le Von Geisler, que lidera con puño de hierro a sus exaltados y ultraviolentos hijos e hijas. Los intentos de Le Von Geisler por hacer de Yasmine, una de las jóvenes cautivas, un nuevo miembro de la familia (“impuro”, eso sí) y convertirla en vientre de alquiler para una nueva generación de nazis es acompañada con sus intereses culinarios y las brutalidades que suponen: descuartizar, embalsamar, curar con sal… e incluso cocer especímenes vivos cual marisco. La endogamia entre lo francés y lo alemán en esta familia de dementes parece reflejar una mezcla antinatura franco-germana que habría surgido del odio entre ambas naciones en el punto de fricción de sus peores conflictos: la guerra como punto de unión de una familia (¡una cultura!) basada en la locura más desviada. Quizá la película adolezca de un punto absurdo por intentar elevar el nivel intelectual de su guión en base a un pretendido valor político o una metáfora histórica que no añade gran cosa a la auténtica razón de ser de la película: sangre, violencia, angustia, mutilación, secuestro, tortura, endogamia, martillazos en la cabeza y claustrofobia. Pero lo que está claro es que en cada elemento de esta lista podemos marcar un “OK” para Frontiere(s), con lo que obtenemos una nueva y hasta cierto punto satisfactoria muestra de la brutalidad gala. ★★★

 

4. Martyrs (Pascal Laugier, 2008). Con Martyrs volvemos a elevarnos (nunca mejor dicho), recuperando una calidad apoyada por un trasfondo que, en esta ocasión, apunta bien alto. Las pretensiones de esta cinta no son tan físicas y viscerales como en À l’Intérieur, sino que la violencia desatada tiene una razón trascendental, existe un método para esta brutalidad. Ví Martyrs porque me la recomendó una amiga australiana que canta en un grupo de punk-rock y tiene tatuajes de zombies en sus pantorrillas. La verdad es que ya escribí sobre esta película en FilmBunker.NET, donde hablé de su inusitada estructura y su marcado planteamiento argumental dividido en dos partes completamente diferenciadas que dan la impresión de que estamos viendo dos películas totalmente distintas. Y hay un motivo para ello, si bien el Misterio (en un sentido que roza lo religioso, cual secreto de fe) no se desvela hasta el final… si es que lo hace. Esta ambigüedad, esta ignorancia en la que nos sume la historia, esa inquietud y ese “¿por qué?” que se cuelga en nuestra mente desde el principio, pero sobre todo en la segunda parte, son al mismo tiempo desagradables y adictivos. Os animo a visitar el artículo de FilmBunker; allí entraremos a discutir la propuesta mística que se elabora al final de la película y diseccionamos de una de las historias más estimulantes para el devaneo mental que ha dado el cine de terror de los últimos años (no sólo francés). Y no temáis, la película de Pascal Laugier no tiene ningún rollo intelectual ni deja de ser pura acción y puro terror (en la primera parte) para dejar paso a la violencia brutal y extrema de algo muy parecido al torture-porn (en la segunda parte). Cuchillas de afeitar cortando venas, más martillazos en la cabeza, y otras bizarradas como metales clavados al cuerpo y despellejamientos harán las delicias de los fans más extremos sin dejar indiferente a quien busca algo más. ★★★★

 

5. La Horde (Yannick Dahan, Benjamin Rocher, 2009). Nos acercamos al final de la década y La Horde vuelve a acercarse de nuevo a un cine más inmediato, de consumo fácil pero ciertamente brutal y muy (no encuentro otra palabra) francés. Se trata, ni más ni menos, que de una película de zombies. Lo realmente interesante es que se encuadra en un contexto socio-cultural muy interesante: un edificio de pisos de un suburbio parisino donde una serie de personajes del oscuro mundo del crimen se enfrentan a una horda de muertos vivientes en el mismísimo día en que se desata el apocalipsis zombie. Actitudes de macho-alfa enfrentadas, violencia extrema y matanzas sin paliativos definen una cinta en la que no hay descanso, la cocaína y la locura van por libre y las armas se convierten en la esperanza de los violentos. Todo un entretenimiento con una factura impecable y un final desesperanzador muy en la línea de estas películas. Es imposible endulzar una tonelada de mierda y vísceras. Para qué intentarlo. ★★★★

 

Los puntos en común

No englobaría a estas películas en el mismo saco sólo por el mero hecho de ser francesas y pertenecer a un período concreto. Creo que forman parte de una generación de obras que comparten una serie de elementos que nos permiten estar hablando de este nuevo cine de terror francés, o quizá deberíamos decir “cine brutal francés”. Brevemente, creo que esos elementos son los siguientes:

  • La mujer. Es evidente el papel protagonista de las mujeres en estas películas, en concreto es curioso encontrar un interés por el lesbianismo (como representación completa del mundo femenino) como ocurre en Haute Tension y Martyrs o, cuanto menos, del encuentro entre dos fuerzas femeninas como vemos en À l’Intérieur. Si bien en La Horde estamos en un mundo masculino, el personaje de la agente de policía Aurore aporta esa dureza y esa intensidad que se pueden encontrar en los otros filmes y que, de hecho, influye en el devenir de los acontecimientos.
  • La brutalidad. Con unos efectos especiales más que competentes, se muestra la brutalidad de los impactos craneales y los destrozos corporales sin ningún tipo de tapujos. De alguna manera, la violencia de estas representaciones es realizada y mostrada de un modo que puede revolver incluso al die-hard fan más versado en el gore más extremo. El interés expresado por estas películas por mostrar la bestialidad más intensa fluctúa entre el sadismo puro, el humor malsano, el sinsentido más absoluto o, en muchos casos, el apoyo visual necesario a una historia que no puede ser contada de otra manera.
  • El trasfondo. Excepto en el caso de Haute Tension, donde no hay historia que contar más allá del tour de force psicótico entre Marie y el asesino, todas estas historias se valen en mayor o menor medida de un cierto trasfondo temático como lienzo sobre el que pintar con sangre. Ya sea el remanente nazi en la más oscura de las Europas imaginables, o la maternidad como fuerza asesina, o el misticismo escatológico que roza el asunto del ‘sentido de la vida’, cada uno de estos títulos se aleja de la vacuidad de una simple excusa para mostrar asesinatos. Quizá sea solo un disfraz (sobre todo en el caso de Frontiere(s)), pero de vez en cuando se agradece un engaño si éste es bueno.
  • Europa. Si bien muchos de los directores españoles actuales tienden a globalizar sus historias y evitar los localismos y las variantes culturales, las películas mencionadas en este artículo son plenamente francesas, y más aún, europeas, tanto en sus coordenadas de ubicación geológica como en sus variantes culturales, sus costumbres, su idioma y su historia. Ciertamente, algunas de ellas han triunfado internacionalmente porque no tratan la sociología ni la intrahistoria del continente de un modo inaccesible para espectadores no europeos, pero es cierto que la campiña francesa, la historia europea de las Guerras Mundiales, las tendencias políticas de la juventud y los modos de expresión de la clase media del continente están ahí.
  • Sangre. Todo el mundo termina bañado en sangre. En todas estas películas vemos a una mujer totalmente empañada de rojo intentando recopilar lo poco de cordura que le queda. Rojo profundo cubriendo la totalidad de su cuerpo, y dos puntos blancos de una mirada desquiciada.

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