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Asfixia Cultural
Durante estos tres primeros años viviendo en el Bible Belt en pleno Midwest americano me he tomado las cosas con filosofía. Con la mente abierta (tan abierta que se me podía haber caído el cerebro), interpretando todo como variantes culturales y recibiendo de puertas abiertas las novedades y exotismos de un lugar como este. Sin juzgar, sin experimentar conflicto alguno, sino sorprendido y curioso. Y de verdad que está siendo un verdadera experiencia vivir a fondo la América profunda de los cowboys, los pioneros, los tornados y los búfalos y conocer todo esto de primera mano.
Pero el otro día tuve uno de “esos días”. La acumulación en mi cerebro de la recitación diaria de la jura a la bandera cada mañana a primera hora ha debido de ir pudriendo mi hipotálamo poco a poco, de forma que mis filtros de tolerancia se están erosionando poco a poco. Todo ha ocurrido con la cercanía del Día de los Veteranos, ayer 11-11-11. Durante una semana nos han ido taladrando con mensajes patrioteros, fotos de soldados, discursos filomilitares y una exageradísima profusión de banderas por todas partes. Los maestros vienen vestidos con los colores de la bandera. Hay veteranos de la guerra de Corea paseando por los pasillos y la gente se para y les dice ‘Thank you’. Ayer había vehículos militares (reliquias de la segunda guerra mundial) frente a la escuela, traídos del Museo de Vehículos Militares que tenemos en esta ciudad. Algunos molaban, había hasta orugas camufladas para el combate en nieve.
Los compañeros no pueden evitar sacar a colación, en cualquier conversación, académica o no, el tema del movimiento #Occupy, para dar rienda suelta a su odio y su bilis. Son drogadictos y violadores. “Yo no soy un socialista, ¿sabes? El gobierno no está para pagarle la factura médica ni la educación a nadie. Los padres son los responsables de hacer eso para sus hijos, y educarles para que ellos puedan hacerlo por sí mismos en su vida. Así sólo conseguimos una nación de vagos”.
Todo esto ha venido mezclado con diversas situaciones relacionadas con mis clases de ciencias. Ser profesor de ciencias en el medio oeste es, cuanto menos, una aventura diaria, una prueba de fuego. Los chavales tienen el coco tan comido que, cada vez que sale el tema de la herencia genética o la evidencia de los cambios biológicos y la adaptación, salta alguno que dice algo como: “Yo no creo en la evolución, mister”. Fíjense que no dicen “yo no creo en la fusión nuclear” o “yo no creo en la fotosíntesis” (ambos, procesos invisibles para los ojos).
Una niña interrumpió una de mis clases para decir que los hombres provenimos de Adán y Eva y que lo que estaba diciendo era “una mentira”. Me quedé mirándola y, al cabo de unos segundos, le pregunté: “¿Puedes decirme quiénes son los descendientes de Adán y Eva?”, a lo que la estudiante, no sin estrujar su memoria, contestó: “Caín y Abel”. Muy bien, pensé. “Y, ¿qué pasó con ellos? ¿No fue que Caín mató a Abel?”, pregunté a la muchacha, que contestó afirmativamente. Entonces, con toda la clase expectante, le pregunté: “Y después, ¿qué? ¿Cómo surgen los descendientes de Caín?”. Evidentemente, se hizo un silencio en la clase, hasta que 10 segundos después un estudiante (¡uno!) vio la luz, abrió mucho los ojos, y dijo “¡Claro! ¿Cómo?”. Ese hermoso momento en que brilla la razón y la deducción lógica. El resto, aun sin tener la respuesta, no parecían impresionados por su derrota en la lógica de mi propuesta. Por supuesto, a ninguno se le pasó por la mente la posibilidad de tener hijos con su propia madre. Lo cual explicaría el retraso mental que sufre la especie humana al completo de forma congénita.
Fue un golpe sucio por mi parte. La Biblia dice que Caín, tras su fratricidio, partió hacia la tierra de Nod, al este del Edén, donde literalmente se dice que hizo el amor a “su mujer” y tuvieron a Enoch, un nombre molón, por cierto. Pero ya no podía más con todo ese fundamentalismo e interpretación literal de la Biblia. Además, sigue siendo una pregunta válida. ¿De dónde salió la mujer de Caín y toda la gente que vivía en Nod? ¿Creó Dios distintos “edenes”? ¿O eran los habitantes de Nod los neanderthales y Caín se apareó con uno de ellos? Las últimas teorías parecen aceptar que hubo mezcla genética entre estos peludos homínidos y los humanos.
En fin, para qué entrar en discusiones bizantinas que sólo benefician a los que quieren dar legitimidad a argumentos que nos saquen de un punto de vista exclusivamente científico. Por eso, en las reuniones facultativas, sólo participo en lo tocante a temas académicos. Y os pongo el ejemplo de lo que pasó el miércoles pasado y que terminó de quemarme.
Nos reunimos con el director, como cada semana, todos los maestros de mi curso. Tras los saludos y las pías bromitas iniciales, saca una carta que ha recibido del Consejo Ministerial (o sea, los hombres santos del pueblo, los pastores de hombres) en la que se se le recuerda que los maestros no debemos poner deberes para casa los miércoles, ya que los niños tienen misa. Misa de DOS HORAS. Además de la del domingo. Y es cierto. Todos los padres se llevan a los chavales todos los miércoles a una bonita sesión de adoctrinamiento, sermones y estudios bíblicos amenizada con actividades relacionadas con la Biblia y los 10 mandamientos, o qué sé yo. Los chicos salen de clase y se van a casa, a arreglarse. Todo el pueblo sale emperifollado en sus coches y se distribuye en alguna de las cientos de iglesias que tenemos, que llenan su aforo. Termina la cosa a las 8 de la tarde, todos se van a casa, se cambian, cenan, y… a la cama. No olvidéis que la gente, aquí, se va a la cama a las 9 y media como muy tarde. Después madrugan a las 4.00 porque tienen que dar de comer a los caballos, etc. Una larga historia, su modo de vida. En fin.
Yo escucho la lectura de esa carta ojiplático. No me lo puedo creer. Después de escuchar mañana mensajes por la megafonía que hablan de valores como el sacrificio y el trabajo duro (todo relacionado con el ejército y los valientes héroes de la patria) no me puedo creer lo que estoy oyendo. Para que os hagáis una idea, yo siempre doy deberes a mis estudiantes, a diario. Y es cierto que algunas veces los chicos me habían dicho cosas como, “pero, mister, hoy es miércoles, tengo misa, no voy a poder hacerlo”. Y yo no le daba importancia. Pero la tiene.
De forma que me mordí la lengua. Se supone que no debo dar tareas los miércoles. Supongo que así haré, no sé. Yo no he venido aquí para cambiar esto. Y si lo intento, voy a salir escaldado, lo sé. Bastante mala es mi posición como vocero de ideas herejes y ateístas como la evolución. Bastante tengo con los estudiantes que me dicen que algún día van a traer a su cura para hablar conmigo acerca de eso de que venimos de los monos.
Y eso es todo. Si esperábais un final climático en el que consigo cambiar el sistema y hacer que haya deberes los miércoles, estáis muy equivocados. Este entramado es cerrado, hermético e inmutable.
En serio, teníais que verlo.
P.S.: La primera foto es muy interesante, y muestra cómo el saludo a la bandera en EEUU se realizaba del modo en que véis, con la mano alzada, palma abajo, en dirección a los colores. Es el saludo Bellamy, que después fue utilizado por los Nazis – lo cual prácticamente obligó a los americanos a retirarlo de sus costumbres.
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Daniel
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Merche
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