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Melancholia (o Hasthío), 2011
Me hubiese gustado escribir esta nota no aquí, sino en nuestra página de “películas raras para gente exquisita (o viceversa)”, es decir, en FilmBunker.NET – eso significaría que nos encontramos ante una candidata a film de culto (eso del planeta ha atraído a mucho fan de género) si no fuese por su carácter decididamente comercial, de una sensibilidad menos alambicada que en obras anteriores, más accesible sin dejar de ser sofisticada; un punto medio perfecto para extensas audiencias. Lo cual, dicho sea de paso, no tiene nada de malo per se.
En realidad, estamos ante media película digna de elogio. En efecto, la primera mitad de “Melancholia” (Lars Von Trier, 2011) es bastante buena. Cierto es que no supera a otra película danesa, inscrita en el movimiento Dogma 95 y dirigida por Thomas Vinterberg, titulada “Celebración”, que ya trata el asunto de las reuniones sociales de la élite danesa y el zumbido de fondo que producen los temas sin hablar. Todo lo que había que decir al respecto ya se dijo en la obra de Vinterberg y poco aporta Von Trier, si bien no debemos desmerecer la perfección con la que se dirige y se presenta la boda de Justine y los confusos y tumultuosos sentimientos que comienzan a aflorar en su interior.
Como he dicho, el tema del planeta cuya trayectoria se acerca inexorablemente a la de la Tierra ha gustado a muchos seguidores de la ‘ciencia ficción cotidiana’, esa moda moderna que consiste en utilizar un evento fuera de lo normal e inscribirlo en las vidas diarias y los sentimientos de las personas. Hay quien ha hecho películas de este tipo acercándose al sit-com, otros a la comedia romántica… no para legitimar a la ciencia ficción (eso era manía atávita y necesidad falsa del pasado), sino para legitimar su propia propuesta con el sello pretendidamente alternativo de una tendencia que, por paradójico que resulte, ya es totalmente mainstream.
Cierto es que Von Trier ya tiene su propia legión de fans y que no necesita “atraer” a nadie a su órbita. Pero también es verdad que hay quien se resiste a reconocer los defectos de esta película simplemente por filia a su audacia planetaria. Y eso es incomprensible para mí. Sobre todo porque uno de los principales defectos de “Melancholia” es uno de los más imperdonables: es tediosa, es aburrida. O al menos lo es a partir de su segunda mitad, cuando la historia se aleja de un terreno que tenía bien atado y se dispone a transitar en medio de una terraza, con un niño del que nada se sabe y que nada pinta ahí, y un Jack Bauer que no sabemos por qué termina como termina y tan fuera de lugar que la interpretación de Sutherland da hasta pena. Ese eterno desayuno burgués en la susodicha terraza se convierte en una eterna espera sin desarrollo alguno de los personajes, con alambres medidores de tamaño de planetas incluído.
No penséis que tengo algo en contra de cortar una línea narrativa drásticamente y saltar a otra manteniendo una especie de paralelismo conceptual. Entendedme, capto perfectamente la mega-metáfora de Von Trier y su danza ying-yang en dos volúmenes. Se ha preocupado hasta en llamar “Melancholia” al planeta, por si hay algún tonto en la sala. Se trata, en mi humilde opinión, de la forma torpe con que lo hace. Hasta “Martyrs” (2008, película de terror fuera de lo normal y a la que se le prestó relativamente poca atención a pesar de sus hallazgos) tiene una estructura parecida a “Melancholia”, y espero que los que hayan visto ambas películas entiendan mi paralelismo entre ambas y la forma en que las comparo ‘con pinzas’. Y es que existe una narrativa fuera del canon que se basa en las relaciones intuitivas, casi sinestésicas, entre las diferentes historias que se cuentan dentro de una historia, y que confían en ese paralelismo conceptual, esa (de nuevo) mega-metáfora que se quiere hacer llegar al espectador. Pero es embarazoso ver cómo una peliculita francesa de terror, un pequeño exponente de un género sin pretensiones como el torture-porn, alcanza más altas cotas de contenido y significado que la tortuosa y presuntuosa construcción de Von Trier. El fin del mundo, en esta película, es un final feliz que confirma la identificación del espectador sensible con las intuiciones del personaje protagonista.
Voy a dejarlo aquí. Sólo decir que, personalmente, prefería esa cámara digital en mano de “Los Idiotas” a esta post-producción cargada filtros y altísima definición a la que tiende últimamente el extraviado esteta Von Trier.
PS: No sé ni cómo he conseguido escribir esta entrada; justo después de ver “Melancholia” me puse a ver “The Tree of Life” de Malick y puedo aseguraros que la mayor parte de las imágenes de la primera se han desprendido para siempre de mi retina y mi memoria, ante el empuje de un auténtico mastodonte cinematográfico. Y eso que no creo en Dios.
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