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Public Display of Affection
El otro día aprendí una nueva abreviatura, de esas que tanto les gustan a los estadounidenses. Si ya pusieron el listón bien alto con BYOB y OOT (“Bring your own beverages” y “Out of town”), de nuevo han vuelto a hacerlo, han vuelto a llamar mi atención plenamente con ‘PDA‘. Y no, no se refiere a personal digital assistant ni a una especie de smartphone. Las iniciales PDA significan “Public Display of Affection” (demostración pública de afecto), y me recuerdan a otras que ya conocía, TMI, que significan “too much information”, aplicables cuando alguien está siendo demasiado explícito con algo.

Y es que el otro día recibí un e-mail de uno de mis jefes en este santo lugar, enviado a toda la comunidad docente, diciendo literalmente que “le revuelve el estómago ver demostraciones públicas de afecto”. Que es absolutamente inapropiado que los estudiantes se abracen en una escuela, por no hablar de besarse. Que es profundamente vergonzoso, tanto para quienes lo practican como para los que tienen la ‘desgracia’ de contemplarlo. Involuntariamente, claro. Y estoy transcribiendo literalmente, que conste.
El e-mail venía rematado con una de esas firmas personalizadas que, a continuación de los datos de contacto, incluía el “Husker Prayer”, la oración al Señor pidiendo por el equipo universitario de football de Nebraska, los Cornhuskers. Un himno sagrado. No, no estoy de coña.
Pero es que el tema sexual es algo que alcanza cotas de puritanismo difíciles de describir, si bien después se da la contradicción de que hay una tasa de embarazos adolescentes que rompe todos los moldes, al menos los europeos. “Kids having kids”, es como se refieren al tema. Y es que si no dejas a los chavales que se miren, ni se rocen, ni se sienten juntos, y comprar condones es algo impensable (en un pueblo pequeño como este, la noticia se extendería como la pólvora), qué esperas que hagan cuando se emborrachen por primera vez y se queden a solas en el maizal. Para que os hagáis una idea, en mi instituto (600 chavales de entre 12 y 15 años) había 5 estudiantes embarazadas el año pasado. Y en el High School tienen guardería. Para los hijos de las estudiantes, muchachas de entre 15 y 18 años. En serio.
Y es que los estudiantes, en los autobuses, no se pueden sentar junto a compañeros del mismo sexo. Chicos y chicas forman filas separadas para entrar en clase tras el recreo. Toda ocasión en la que se puede dar cercanía física, o contacto directo, se evita. Las niñas de 11 años reciben reprimendas si llevan leotardos, por dejar ver su figura. Por el amor de dios, 11 años. Hay que estar muy mal para pensar que el cuerpo de una niña de 11 años es algo que produce pudor o excitación. Es increíble. Del mismo modo, cuando se organiza un juego de football mixto, se organiza de tal modo para que el Center y el Quarterback sean también del mismo sexo, ya que al inicio de una jugada el Center se agacha y se queda con el trasero en pompa, tan sólo medio metro por delante de la cara del Quarterback, también agachado y justo detrás del Center. Os recuerdo que estamos hablando de niños de 12 años.
Pero qué os podéis esperar de un lugar donde la gente se pone pegatinas en el coche que dicen “We support our troops”, “Freedom is not Free”, “Proud mom of a Marine”, “It’s a child, not a choice”, “We do not call 911″ (con un dibujo de un revólver), o mi preferida, la que dice “Miss me yet?” (con una foto de un sonriente George W. Bush). Y seguro que me estoy olvidando muchas otras, igualmente jugosas. Las puedes comprar en todas las gasolineras, desde donde terminan las Rocosas hasta el borde Oeste de Illinois.
Os dejo con la mencionada “Oración de los Huskers”. No os la perdáis, por favor… (estaba entre esto y el vídeo de Vulgar Display of Power de Pantera, pero he optado por la divulgación)
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La Cabeza Bomba de Nimoy
Además de los desvaríos impúdicos que publico aquí, en este mi blog personal, y del honor que supone colaborar en FilmBunker.NET (películas raras para gente exquisita… o viceversa), he decidido colaborar con los amiguetes de La Cabeza de Nimoy, un blog de cómics, cine, series y videojuegos en el que participan toda una serie de personas a las que sigo en twitter y que, junto a otros freaks and geeks de muy diversos pelajes, me proporcionan el humor y la frescura que me mantienen pegado a esa red social.
Para desvirgarme, he escogido escribir acerca de la mid-season finale de la serie Walking Dead que se emitió el sábado pasado. Ya había escrito sobre la primera temporada de Walking Dead en este blog, de modo que os remito a este nuevo artículo si os interesa lo más mínimo mis modestas impresiones sobre lo que hemos visto en la segunda temporada:
Espero que os guste. Y no olvidéis apuntaros el feed RSS de La Cabeza de Nimoy en vuestro Reader, ni seguir su cuenta en Twitter: @Head_Nimoy
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Violines, banjos y tablas de lavar
Desde que estamos en EEUU hemos podido ver muchos conciertos de grupos del Medio Oeste que hacen música folk y/o hillbilly, ese estilo rural de banjos, violines y washboards(o ‘tablas de lavar’, que son mi instrumento de percusión favorito) cuyas melodías hipnotizan y hacen bailar.
He seleccionado un par de vídeos como ejemplo de la autenticidad de esta música. Sé que este es el típico post del que nadie ve los vídeos, pero quería compartirlos. El primero de ellos es un grupo callejero, The Tallboys, y merece la pena ver y escuchar las locuras de la componente femenina (¡ese canto del gallo, ese claqué!).
…y a continuación, un tema instrumental interpretado por Elephant Revival (“indie acoustic quintet”, representantes de lo que se ha venido en llamar nu-folk) en el BlueBird Theater en Denver, Colorado (EEUU) el 17 de Noviembre de 2011.
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¿El huevo o la gallina?

Muchos de vosotros os habéis quedado alucinados con el último post. No quería dejar pasar la oportunidad de poneros un ejemplo de mi calvario diario. El otro día nos mandaron una lista de adivinanzas para compartir con los alumnos y ver quién era capaz de contestar todas ellas, por supuesto había un premio en juego: una mochila auténtica de la Guardia Nacional, de camuflaje.
Una de las preguntas era la siguiente: “What came first, the egg or the chicken?”, es decir, “¿Qué vino antes, el huevo o la gallina?”. Un clásico. Yo, ni corto ni perezoso, envié un email con mis respuestas (yo también podía participar, a ver qué os creéis), a todos mis compañeros, y contestando esa pregunta en concreto puse: “The egg, since dinosaurs laid eggs long before there were chickens”. O sea, “el huevo, ya que los dinosaurios ya ponían huevos antes de ser pájaros”. Siempre fui un provocateur.
Al momento recibo un email de respuesta. Es una de las profesoras del otro lado del primer piso. Una señora cincuentona, grandona, llena de pecas y con mucha experiencia — y, por tanto, soberbia. Su respuesta, dirigida únicamente a mí, decía: “I’ve always claimed that the chicken came first… basing this on the fact (belief) that God created the heavens, earth, animals, birds… and this first chicken and her husband, the rooster, created the egg in marital bliss”.
Siempre he defendido que la gallina vino primero… basada en el hecho (la creencia) de que Dios creó los cielos, la tierra, los animales, los pájaros… y la primera gallina y su marido, el gallo, crearon el huevo en bendición marital.
Esto, que puede parecer de coña, iba muy en serio. Por supuesto, no hubo respuesta por mi parte. Tan sólo una solitaria e inconsolable desazón. Las palabras ‘marital bliss’ (‘bendición marital’), usadas con gallinas y gallos, me habían desarmado completamente.
Minutos después, supervisando el recreo, se me acercó otro compañero y, sin más, comenzó a decirme que no entiende cómo este país tiene tanta tolerancia con los terroristas. Que habría que exterminarlos aunque tan sólo existiesen sospechas. Que el presidente puede invocar una sentencia de pena de muerte para presuntos terroristas sin mediar juicio, y que era una pena saber con certeza que eso no iba a ocurrir nunca. Yo asentía y asentía, profundamente aterrorizado. Es un tipo joven y muy agradable.
Pero esto ya ha dejado de ser divertido, así que lo dejo aquí.
12
Asfixia Cultural
Durante estos tres primeros años viviendo en el Bible Belt en pleno Midwest americano me he tomado las cosas con filosofía. Con la mente abierta (tan abierta que se me podía haber caído el cerebro), interpretando todo como variantes culturales y recibiendo de puertas abiertas las novedades y exotismos de un lugar como este. Sin juzgar, sin experimentar conflicto alguno, sino sorprendido y curioso. Y de verdad que está siendo un verdadera experiencia vivir a fondo la América profunda de los cowboys, los pioneros, los tornados y los búfalos y conocer todo esto de primera mano.
Pero el otro día tuve uno de “esos días”. La acumulación en mi cerebro de la recitación diaria de la jura a la bandera cada mañana a primera hora ha debido de ir pudriendo mi hipotálamo poco a poco, de forma que mis filtros de tolerancia se están erosionando poco a poco. Todo ha ocurrido con la cercanía del Día de los Veteranos, ayer 11-11-11. Durante una semana nos han ido taladrando con mensajes patrioteros, fotos de soldados, discursos filomilitares y una exageradísima profusión de banderas por todas partes. Los maestros vienen vestidos con los colores de la bandera. Hay veteranos de la guerra de Corea paseando por los pasillos y la gente se para y les dice ‘Thank you’. Ayer había vehículos militares (reliquias de la segunda guerra mundial) frente a la escuela, traídos del Museo de Vehículos Militares que tenemos en esta ciudad. Algunos molaban, había hasta orugas camufladas para el combate en nieve.
Los compañeros no pueden evitar sacar a colación, en cualquier conversación, académica o no, el tema del movimiento #Occupy, para dar rienda suelta a su odio y su bilis. Son drogadictos y violadores. “Yo no soy un socialista, ¿sabes? El gobierno no está para pagarle la factura médica ni la educación a nadie. Los padres son los responsables de hacer eso para sus hijos, y educarles para que ellos puedan hacerlo por sí mismos en su vida. Así sólo conseguimos una nación de vagos”.
Todo esto ha venido mezclado con diversas situaciones relacionadas con mis clases de ciencias. Ser profesor de ciencias en el medio oeste es, cuanto menos, una aventura diaria, una prueba de fuego. Los chavales tienen el coco tan comido que, cada vez que sale el tema de la herencia genética o la evidencia de los cambios biológicos y la adaptación, salta alguno que dice algo como: “Yo no creo en la evolución, mister”. Fíjense que no dicen “yo no creo en la fusión nuclear” o “yo no creo en la fotosíntesis” (ambos, procesos invisibles para los ojos).
Una niña interrumpió una de mis clases para decir que los hombres provenimos de Adán y Eva y que lo que estaba diciendo era “una mentira”. Me quedé mirándola y, al cabo de unos segundos, le pregunté: “¿Puedes decirme quiénes son los descendientes de Adán y Eva?”, a lo que la estudiante, no sin estrujar su memoria, contestó: “Caín y Abel”. Muy bien, pensé. “Y, ¿qué pasó con ellos? ¿No fue que Caín mató a Abel?”, pregunté a la muchacha, que contestó afirmativamente. Entonces, con toda la clase expectante, le pregunté: “Y después, ¿qué? ¿Cómo surgen los descendientes de Caín?”. Evidentemente, se hizo un silencio en la clase, hasta que 10 segundos después un estudiante (¡uno!) vio la luz, abrió mucho los ojos, y dijo “¡Claro! ¿Cómo?”. Ese hermoso momento en que brilla la razón y la deducción lógica. El resto, aun sin tener la respuesta, no parecían impresionados por su derrota en la lógica de mi propuesta. Por supuesto, a ninguno se le pasó por la mente la posibilidad de tener hijos con su propia madre. Lo cual explicaría el retraso mental que sufre la especie humana al completo de forma congénita.
Fue un golpe sucio por mi parte. La Biblia dice que Caín, tras su fratricidio, partió hacia la tierra de Nod, al este del Edén, donde literalmente se dice que hizo el amor a “su mujer” y tuvieron a Enoch, un nombre molón, por cierto. Pero ya no podía más con todo ese fundamentalismo e interpretación literal de la Biblia. Además, sigue siendo una pregunta válida. ¿De dónde salió la mujer de Caín y toda la gente que vivía en Nod? ¿Creó Dios distintos “edenes”? ¿O eran los habitantes de Nod los neanderthales y Caín se apareó con uno de ellos? Las últimas teorías parecen aceptar que hubo mezcla genética entre estos peludos homínidos y los humanos.
En fin, para qué entrar en discusiones bizantinas que sólo benefician a los que quieren dar legitimidad a argumentos que nos saquen de un punto de vista exclusivamente científico. Por eso, en las reuniones facultativas, sólo participo en lo tocante a temas académicos. Y os pongo el ejemplo de lo que pasó el miércoles pasado y que terminó de quemarme.
Nos reunimos con el director, como cada semana, todos los maestros de mi curso. Tras los saludos y las pías bromitas iniciales, saca una carta que ha recibido del Consejo Ministerial (o sea, los hombres santos del pueblo, los pastores de hombres) en la que se se le recuerda que los maestros no debemos poner deberes para casa los miércoles, ya que los niños tienen misa. Misa de DOS HORAS. Además de la del domingo. Y es cierto. Todos los padres se llevan a los chavales todos los miércoles a una bonita sesión de adoctrinamiento, sermones y estudios bíblicos amenizada con actividades relacionadas con la Biblia y los 10 mandamientos, o qué sé yo. Los chicos salen de clase y se van a casa, a arreglarse. Todo el pueblo sale emperifollado en sus coches y se distribuye en alguna de las cientos de iglesias que tenemos, que llenan su aforo. Termina la cosa a las 8 de la tarde, todos se van a casa, se cambian, cenan, y… a la cama. No olvidéis que la gente, aquí, se va a la cama a las 9 y media como muy tarde. Después madrugan a las 4.00 porque tienen que dar de comer a los caballos, etc. Una larga historia, su modo de vida. En fin.
Yo escucho la lectura de esa carta ojiplático. No me lo puedo creer. Después de escuchar mañana mensajes por la megafonía que hablan de valores como el sacrificio y el trabajo duro (todo relacionado con el ejército y los valientes héroes de la patria) no me puedo creer lo que estoy oyendo. Para que os hagáis una idea, yo siempre doy deberes a mis estudiantes, a diario. Y es cierto que algunas veces los chicos me habían dicho cosas como, “pero, mister, hoy es miércoles, tengo misa, no voy a poder hacerlo”. Y yo no le daba importancia. Pero la tiene.
De forma que me mordí la lengua. Se supone que no debo dar tareas los miércoles. Supongo que así haré, no sé. Yo no he venido aquí para cambiar esto. Y si lo intento, voy a salir escaldado, lo sé. Bastante mala es mi posición como vocero de ideas herejes y ateístas como la evolución. Bastante tengo con los estudiantes que me dicen que algún día van a traer a su cura para hablar conmigo acerca de eso de que venimos de los monos.
Y eso es todo. Si esperábais un final climático en el que consigo cambiar el sistema y hacer que haya deberes los miércoles, estáis muy equivocados. Este entramado es cerrado, hermético e inmutable.
En serio, teníais que verlo.
P.S.: La primera foto es muy interesante, y muestra cómo el saludo a la bandera en EEUU se realizaba del modo en que véis, con la mano alzada, palma abajo, en dirección a los colores. Es el saludo Bellamy, que después fue utilizado por los Nazis – lo cual prácticamente obligó a los americanos a retirarlo de sus costumbres.
6
Melancholia (o Hasthío), 2011
Me hubiese gustado escribir esta nota no aquí, sino en nuestra página de “películas raras para gente exquisita (o viceversa)”, es decir, en FilmBunker.NET – eso significaría que nos encontramos ante una candidata a film de culto (eso del planeta ha atraído a mucho fan de género) si no fuese por su carácter decididamente comercial, de una sensibilidad menos alambicada que en obras anteriores, más accesible sin dejar de ser sofisticada; un punto medio perfecto para extensas audiencias. Lo cual, dicho sea de paso, no tiene nada de malo per se.
En realidad, estamos ante media película digna de elogio. En efecto, la primera mitad de “Melancholia” (Lars Von Trier, 2011) es bastante buena. Cierto es que no supera a otra película danesa, inscrita en el movimiento Dogma 95 y dirigida por Thomas Vinterberg, titulada “Celebración”, que ya trata el asunto de las reuniones sociales de la élite danesa y el zumbido de fondo que producen los temas sin hablar. Todo lo que había que decir al respecto ya se dijo en la obra de Vinterberg y poco aporta Von Trier, si bien no debemos desmerecer la perfección con la que se dirige y se presenta la boda de Justine y los confusos y tumultuosos sentimientos que comienzan a aflorar en su interior.
Como he dicho, el tema del planeta cuya trayectoria se acerca inexorablemente a la de la Tierra ha gustado a muchos seguidores de la ‘ciencia ficción cotidiana’, esa moda moderna que consiste en utilizar un evento fuera de lo normal e inscribirlo en las vidas diarias y los sentimientos de las personas. Hay quien ha hecho películas de este tipo acercándose al sit-com, otros a la comedia romántica… no para legitimar a la ciencia ficción (eso era manía atávita y necesidad falsa del pasado), sino para legitimar su propia propuesta con el sello pretendidamente alternativo de una tendencia que, por paradójico que resulte, ya es totalmente mainstream.
Cierto es que Von Trier ya tiene su propia legión de fans y que no necesita “atraer” a nadie a su órbita. Pero también es verdad que hay quien se resiste a reconocer los defectos de esta película simplemente por filia a su audacia planetaria. Y eso es incomprensible para mí. Sobre todo porque uno de los principales defectos de “Melancholia” es uno de los más imperdonables: es tediosa, es aburrida. O al menos lo es a partir de su segunda mitad, cuando la historia se aleja de un terreno que tenía bien atado y se dispone a transitar en medio de una terraza, con un niño del que nada se sabe y que nada pinta ahí, y un Jack Bauer que no sabemos por qué termina como termina y tan fuera de lugar que la interpretación de Sutherland da hasta pena. Ese eterno desayuno burgués en la susodicha terraza se convierte en una eterna espera sin desarrollo alguno de los personajes, con alambres medidores de tamaño de planetas incluído.
No penséis que tengo algo en contra de cortar una línea narrativa drásticamente y saltar a otra manteniendo una especie de paralelismo conceptual. Entendedme, capto perfectamente la mega-metáfora de Von Trier y su danza ying-yang en dos volúmenes. Se ha preocupado hasta en llamar “Melancholia” al planeta, por si hay algún tonto en la sala. Se trata, en mi humilde opinión, de la forma torpe con que lo hace. Hasta “Martyrs” (2008, película de terror fuera de lo normal y a la que se le prestó relativamente poca atención a pesar de sus hallazgos) tiene una estructura parecida a “Melancholia”, y espero que los que hayan visto ambas películas entiendan mi paralelismo entre ambas y la forma en que las comparo ‘con pinzas’. Y es que existe una narrativa fuera del canon que se basa en las relaciones intuitivas, casi sinestésicas, entre las diferentes historias que se cuentan dentro de una historia, y que confían en ese paralelismo conceptual, esa (de nuevo) mega-metáfora que se quiere hacer llegar al espectador. Pero es embarazoso ver cómo una peliculita francesa de terror, un pequeño exponente de un género sin pretensiones como el torture-porn, alcanza más altas cotas de contenido y significado que la tortuosa y presuntuosa construcción de Von Trier. El fin del mundo, en esta película, es un final feliz que confirma la identificación del espectador sensible con las intuiciones del personaje protagonista.
Voy a dejarlo aquí. Sólo decir que, personalmente, prefería esa cámara digital en mano de “Los Idiotas” a esta post-producción cargada filtros y altísima definición a la que tiende últimamente el extraviado esteta Von Trier.
PS: No sé ni cómo he conseguido escribir esta entrada; justo después de ver “Melancholia” me puse a ver “The Tree of Life” de Malick y puedo aseguraros que la mayor parte de las imágenes de la primera se han desprendido para siempre de mi retina y mi memoria, ante el empuje de un auténtico mastodonte cinematográfico. Y eso que no creo en Dios.
6
El clavo ardiendo
Ah, Estados Unidos, país de extremos. Donde la gente está enfermizamente obesa, o repulsivamente musculada. Y si alguien está en algún punto intermedio es porque se encuentra en el proceso de alcanzar uno de esos dos estados.
No es fácil hacer amigos en el Bible Belt, en pleno midwest, con sus tradiciones cerradas y una idiosincrasia recta y hermética que haría parecer a los gallegos rurales una gente de lo más afable y campechana. No sólo es que sean ellos cerrados a quien no sea “all american” como ellos, sino que yo tampoco soy gente a quien le interese especialmente tener trato con el perfil conservador, ultrarreligioso y virtuoso que se estila por aquí. De forma que todos los amigos que he hecho han sido mexicanos, (no mejicanos, sino mexicanos), colombianos, guatemaltecos.
Y es que es cierto, esta gente es virtuosa. No se permiten una. Diréis que existe la América hipócrita, la de “American Beauty”, de gente que da una fachada y después en su vida son tristes alcohólicos o adictos al porno. Puede ser, pero creedme, aquí en medio de la Nebraska central, no he visto muchos casos de eso. En serio, la gente es realmente pía. Son castos. Decentes. Rectos, virtuosos de verdad. No beben, no fuman, van a misa 2 horas los miércoles y otras 2 en domingo, donan dinero a la parroquia para colaborar en la comunidad y jamás dicen un taco. Dicen “oh my gosh” por no mentar el nombre del Señor en vano.
Hasta que encontré a Josh, un tipo con el pelo rapado, gafas de sol polarizadas, perilla de palmo y medio, tatuajes de calaveras, telarañas y Mickey Mouse (¡sí!, está obsesionado con el ratón de Disney), un fan del heavy metal, gran apreciador de la cerveza (trae su etiqueta preferida desde Colorado), fumador ocasional de puros y jugador de poker como debe ser, con dinero y whiskey. Además dice tacos y no es precisamente practicante en lo concerniente a asuntos religiosos (se define un “calvinista vago”, con lo que yo evidentemente me descojono) y no respeta las formas sociales de ‘be nice’ y la sonrisa espectacular. O sea, un tío de verdad, un hombre, alguien imperfecto, que da la cara y sabes quién es desde el principio, sus virtudes y defectos, lo bueno y lo malo expuesto al aire libre. Desde luego, es honesto, leal y noble, y nunca le he pillado mintiendo a mala idea, con lo cual pensé que había dado con alguien con quien relacionarme a fondo, el primer americano real, un americano de pick-up, rifle de caza y cerveza, algo auténtico sin el estigma de la perfección.

Pero resulta que tuvo que ser él, precisamente él, quien estuvo el año pasado en la cárcel por pegar a su mujer, quien acosada y escondida en un desván, llamó a la policía, que se llevó a Josh esposado. La había pegado con el agravante del ensañamiento, el muy hijo de puta. La esposa mantuvo la denuncia 24 horas. Después la retiró y el maltratador volvió a su casa. Una mujer vive atemorizada en una casa blanca y algo destartalada en un pueblo olvidado del Medio Oeste, sometida y humillada, absolutamente entregada al hipnótico poder masculino de un cafre.
El único clavo al que agarrarse está ardiendo.
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