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Alan Moore Superstar
Lo reconozco, soy un fan incondicional de Alan Moore. Crecí leyendo sus cómics de Swamp Thing (la saga ‘American Gothic’ fue uno de mis ritos mensuales de juventud preferidos durante todo un año), maduré un poquito leyendo V de Vendetta (aunque él mismo lo considere una obra de inmadurez), y las puertas del cielo del cómic se me terminaron de abrir con Watchmen, esa enciclopedia del noveno arte. Pero ahí no quedó todo. Su Miracle Man me convenció por completo como homenaje al superhéroe clásico, From Hell me enganchó con su erudicción y su realismo, y hasta Tom Strong me retuvo entre sus páginas por su gran sentido del humor. Obras inolvidables como su Batman: The Killing Joke han pasado a la historia de los cómics. Puedo añadir que, al contrario de lo que les ha pasado a otros gigantes del cómic como Frank Miller, Alan jamás se ha vendido; siempre estuvo en contra de las versiones cinematográficas de V de Vendetta y Watchmen para mantener la esencia pura y no ‘manchar el nombre’ con la existencia de productos comerciales relacionados. En contra del genio inglés, he de decir que no me gusta nada el rollo que se trae con los anillos.
Bueno, no sólo eso. Verán, hace unos meses me enteré de que Moore estaba preparando junto al dibujante Jacen Burrows Neomomicon, una miniserie inspirada en los Mitos de Cthulhu y el universo de H. P. Lovecraft. No hace falta decir que la conjunción de los apellidos Moore y Lovecraft excitó mi interés y decidí comprar en el acto el prólogo a la miniserie, un cuaderno titulado The Courtyard que estaba bien pero que no me entusiasmó en exceso. Moore edita la obra pero el guión no es suyo, sino que está basado en una historia que escribió en 1994 para un tributo al genio de Providence. Sin ser gran cosa, era un proyecto que prometía grandes cosas si esa misma atmósfera pudiese ser prolongada y mejorada con un guión del propio Moore. Según Burrows, “las historias de Lovecraft canalizadas a través de Alan Moore son oscuras, perturbadoras y, créeme, afectan a la mente”. Suena bien, ¿no?
Lo siguiente fue comprar una edición especial del Neonomicon Hornbook (una tirada de sólo 1500 copias), con tapa de cuero y firmada por el propio Burrows, del ‘teaser’ que la editorial Avatar sacó para ponernos los dientes largos a todos los flipados del mundo. Pues bien, la tapa es en verdad alucinante, todo negro, con rótulos plateados y símbolos místicos de lo más chulos. Sin duda, todo un despliegue de encuadernación, a todas luces inadecuados para… ocho páginas. ¡Ocho páginas! Las tapas son más gruesas que las hojas, de papel normal. Nos muestra una conversación entre dos policías que llegan a una institución psiquiátrica de alta seguridad para hacer una visita de cuatro viñetas a un preso que parece hablar en el retorcido idioma de los Arcanos. Y ya. Menudo timo, puro reclamo comercial, engañifa fetichista. Yo pensaba que Moore no iba a jugar tan sucio. Sí, es cierto, el editor es un tal William Christensen, pero el viejo Alan, a estas alturas y con su reconocimiento y fama, tiene libertad total para decidir sobre este tipo de cosas y para mí es responsable directo de esta decisión editorial que alguien como él no debería permitir. Yo pensaba que alguien como él respetaría los formatos y, sobre todo, las maneras. En fin, esto podría no parecer mucho, pero es que no es el único detalle desagradable que rodea a este proyecto.
El caso es que ya han salido dos números de Neonomicon en USA. No los he leído porque donde vivo no lo venden en ninguna parte, y prefiero esperar a que hayan salido los cuatro para leerlos sin parones. Pero el otro día estuve en Lincoln (capital de Nebraska), y cuando pasé junto a una comic book store me acordé de Neonomicon (fíjense mi nivel de obsesión), le pedí a mi mujer que parase el coche, y me bajé con la intención de comprar un par de cómics para el fin de semana.
Allí no los tenían, por desgracia. Así que no puedo comentarles nada acerca de la calidad de la serie. Pero sí que mantuve una interesante charla con los dependientes. Me dijeron que la serie no era “regular”, es decir, que no aparecía periódicamente. Comentaron que los autores llevan un ritmo muy lento, y que nunca se sabe cuándo va a aparecer el próximo número. Sinceramente, hacía mucho tiempo que no oía nada parecido. Ciertamente he oído de dibujantes lentos, por supuesto. Pero nunca había visto que una miniserie de 4 números pudiese llegar a tardar más de un año en ser publicada, tal y como pronosticaban los expertos que tenía ante mí. Al fin y al cabo, los libreros son los que mejor conocen los ritmos de publicación y distribución. Dijeron que lo mejor sería esperar a que estén todos reunidos en un solo volumen, cosa que evidentemente se hará al finalizar la serie.
No se me ocurre ningún otro autor que, lejos de conseguir disipar el interés a su obra, consigue incentivarlo a base de retrasar la aparición de un nuevo número de poco más de 20 páginas. A estas alturas, tan sólo Alan Moore puede hacer eso. Les aseguro que contar esto me jode, pero además, aumenta mis ganas de que esté todo fuera para devorarlo de una vez y ver si todas las expectativas generadas con este goteo de viñetas estaban justificadas o no. Lo que me extraña es que un tío tan íntegro y enamorado de lo que hace se dedique a este tipo de estratagemas comerciales. O eso, o no le interesa este proyecto. Y eso no dice nada bueno.
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