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Voy camino Waco, TX

Adversity is the path to truth
Lord Byron
Apoteosis Friki
En diciembre teníamos unas vacaciones y decidimos hacer un road trip por el grandioso y extraño Estado de Texas. Tras pasar por Dallas (y visitar el lugar donde JFK fue asesinado, ver fotos) y mientras íbamos camino a la moderna y juvenil Austin, el mismísimo día de Navidad y de modo totalmente improvisado, decidimos detenernos en Waco — una pequeña ciudad que significaba mucho para mí. La verdad es que fue buena idea hacerlo, porque resultó ser una de las cosas más chulas que hicimos durante aquellos días, al menos en cuanto a curiosidades. Y como este blog hace tiempo que dejó de ser un show and tell de viajes y otras experiencias en USA, me centraré únicamente en la visita que hicimos a Mount Carmel, cercano a Waco, donde se desató el infierno sobre la tierra en el año 1993. Desde aquel día, la figura de David Koresh ha sido para mí un sinónimo de ambigüedad, de algo inclasificable, una mezcla de sensaciones: inocencia e injusticia, tragedia y fanatismo, culpa compartida…
Waco es una ciudad de unos 100,000 habitantes que cuenta con hijos predilectos tan famosos como Steve Martin o Jennifer Love Hewitt. También es, curiosamente, la ciudad natal del Dr Pepper, o sea, que es allí donde comenzó a fabricarse y comercializarse la que ahora mismo es una de las bebidas de soda más populares del mundo; al menos aquí, en los EE UU, es omnipresente. Tanto el museo del Dr Pepper como el renombrado museo ‘oficial’ de los Texas Rangers se encuentran aquí y son parte de los panfletos turísticos que te presentan un Waco colorido y ameno. Y no, no nos cruzamos con Chuck Norris, afortunadamente.
La ciudad
La verdad es que el downtown es bastante solitario y está tan muerto como cualquier otra ‘small town’ del Medio Oeste. No ves tumbleweeds atravesando Main Street, pero casi. Hay un silencio sepulcral y todo parece cerrado. Tan sólo el edificio de ALICO da cierto acento urbanístico al pueblo. Precisamente, este edificio fue de los pocos que sobrevivió a los tornados de 1953; al parecer, se inclinó varios pies bajo la fuerza del viento pero no se derrumbó. Y aquí es donde uno empieza a aproximarse a la tragedia que se esconde bajo la piel de Waco. Una especie de escultura en medio de una plaza recuerda con tristeza las 144 personas que murieron engullidos por una serie de tornados que arrasaron la ciudad en Mayo de aquel año, coronados todos ellos por el que azotó el centro de la ciudad — de fuerza F5, la mayor posible en la escala que mide a estos monstruos de la naturaleza, que se llevó las vidas de 114 personas de un plumazo.
Fantasmas
Hace ya 18 añitos de aquello, pero todavía recuerdo perfectamente el impacto que me causó aquella noticia y los días que duró el asedio a la comunidad de Branch Davidians que allí existía (rama de los Adventistas del Séptimo Día). Durante 51 días, y hasta el 19 de Abril —justo el día después de mi 17° cumpleaños—, los Davidianos aguantaron el asedio de la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos). Los que recuerden aquello no podrán evitar un escalofrío al rememorar todo lo que ocurrió y todo lo que estaba en juego. La propia moralidad del mundo parecía estar siendo sometida a juicio. Lo que se suponía que estaba bien colisionó de forma apocalíptica con lo que se suponía que estaba mal.
Quien no recuerde o no conozca lo allí ocurrido, este no es el mejor momento para relatar detalladamente una de las historias más sobrecogedoras del final del siglo XX. Pueden ver el documental Waco: Rules of Engagement que se puede ver por partes en YouTube, siendo esta su primera entrega. A partir de ahí, navegad las siguientes y podréis verlo entero. Por supuesto que lo ocurrido no tuvo las consecuencias letales del tristemente famoso episodio de Jonestown (por cierto, irónicamente hay un Jonestown en Texas), pero la diferencia es tan grande como la que hay entre un suicidio masivo y una masacre encubierta perpetrada por las fuerzas del orden en el “País de los Libres”. Estaba en juego el derecho a la posesión de armas (y Koresh poseía todo un arsenal), la libertad religiosa (¿dónde está el límite de vivir acorde a tus creencias?) y temas tan espinosos como la poligamia o la forma de ver la sexualidad o la familia; ciertamente, hubo ciertas acusaciones de abusos sexuales a menores, si bien nunca demostradas; Koresh había disuelto todos los matrimonios entre sus seguidores porque sólo él podía estar casado; su idea era tener 12 hijos con 12 mujeres de entre sus seguidoras, que serían los futuros líderes de la tribu de Israel; algunas de sus ‘mujeres’ tenían 12 o 13 años cuando quedaron embarazadas… en un país cuyas leyes permiten el matrimonio con menores bajo consentimiento paternal. Koresh se autoproclamaba un profeta, ‘enviado de Dios, Cordero de Dios’, y había decidido que su Apoteosis —y la de otros 100 pobres diablos— sería en Mount Carmel, Waco (Texas) y allí se fue con todos sus seguidores, donde vivieron de forma relativamente tranquila acorde a sus extrañas creencias, hasta que se presentó allí la ATF armados hasta los dientes.
These people remain here because I have thoroughly opened to them the seven seals.
I am more willing to come out when I get my message from my commander.
David Koresh
Por otro lado, se ha cuestionado hasta qué punto la actuación del FBI fue un abuso de fuerza bruta, pues parece ser que fueron ellos los responsables del gaseo y posterior incendio que acabó con la vida de muchos seres inocentes y de mentir flagrantemente a la opinión pública. Por supuesto, en la historia oficial que escriben los poderosos, David Koresh pasará como el asesino responsable del fuego y de la muerte de sus acólitos y el FBI hizo todo lo posible para salvar a los seguidores ‘cautivos’. Ni que decir tiene que yo, ni por lo más remoto, pretendo defender a David Koresh; era un fanático religioso y probablemente tenía muchas cosas de las que responder. Simplemente, era inocente hasta que alguien demostrase lo contrario en un tribunal de justicia. El hecho de que no nos gusten los modos alternativos de vida que tiene cierta gente no es suficiente para provocar el odio y la represión violenta sin un juicio justo. Así sólo se crean mártires e ídolos pop que otros (como veremos más adelante) se encargan de vengar con virulencia.
Una visita a Mount Carmel
La idea de ir a visitar Mount Carmel puede resultar extraña para algunos. Es como si un par de finlandeses visitaran España y, en el camino entre Cáceres y Córdoba, decider salirse por las carreteras rurales en busca de Puerto Urraco. Salvando las distancias, por supuesto; Puerto Urraco fue una riña venida a más en la España negra, mientras que lo ocurrido en Waco era no sólo una tragedia y un espectáculo mediático de primer orden, sino unos eventos que reunían las peores contradicciones y las más atávicas fuerzas enfrentadas que existen en lo más profundo de la cultura y la sociedad estadounidense. Tuvieron, además, incontables consecuencias de todo tipo. Entre ellas, por ejemplo, la de servir de inspiración a Timothy McVeigh para perpetrar el ataque a la sede del FBI en Oklahoma que tuvo lugar el 19 de Abril de 1995 (yo cumplía 20 añitos el día antes), exactamente dos años después del asedio por parte de esa misma agencia a los Davidianos de Waco en su compound (complejo de barracones, asentamientos donde este tipo de grupos endogámicos viven al margen de la sociedad). Los muertos en Waco a manos del FBI tuvieron su sangrienta venganza… si es que querían tomársela, que lo dudo.
Mount Carmel no está cerca del downtown de Waco. Ni siquiera está en Waco, sino que se encuentra a unas 15 millas al sudeste. Al tratarse de una visita improvisada, no llevaba yo ni mapa impreso ni hubiese sido capaz de ubicar el lugar con el GPS, de modo que se imponía una investigación. Aquello resultó ser lo más interesante, y nos llevó a cruzarnos con un par de personajes, esquivos y huraños, muy propios de la zona. Al tratarse del mismísimo día de Navidad, todo estaba cerrado. De modo que el primero a quien preguntamos fue un encargado del centro de Salvation Army en el centro de Waco. Este fue quien nos dijo que no hay señalizaciones ni carteles, y que resultaba un lugar difícil de encontrar. Aquello parecía un reto.
Siguiendo su imprecisa guía de “id al sudeste”, llegamos hasta una gasolinera perdida en una carretera solitaria y de asfalto agrietado. Unas cuantas casuchas de rednecks asomaban por detrás de la estación de servicio. Al entrar, el dependiente, enfundado en un sucio mono de trabajo, me indicó una serie de carreteras de campo (back roads, casi impracticables) que debía tomar para llegar hasta Mount Carmel. No se extrañó cuando le pregunté por el lugar donde Koresh y los suyos fueron aniquilados, pero dejó bien claro que allí nunca iba nadie, que allí no había nada. Bien, pensé, estoy harto de turistas.
Evidentemente, nos perdimos. Dimos vueltas como peonzas (aquello está trufado de cientos de iglesias de todos los credos cristianos habidos y por haber!) hasta dar con un montón de roulottes aparcadas a modo de viviendas, rodeadas de cubos donde crecían hierbas y ropas tendidas. Una señora bastante redneck y con un acento tejano profundísimo nos indicó una dirección totalmente distinta a la que llevábamos. Salimos de allí pitando cuando vimos que un grupo de tipos sin dientes y con ropa de caza nos miraba suspicazmente. Ni que decir tiene que volvimos a perdernos.
Estábamos en el corazón de Texas, ‘the Heart of Texas’, en plena América profunda, rodeados de granjas, cobertizos, iglesias, ranchos, extensos campos de cultivo totalmente secos por el invierno… hasta que vimos la señal de la Boys Ranch Road, una carretera sin asfaltar que resultó ser la pista definitiva. Gracias a las indicaciones de una señora oriental (el bizarrismo aumentaba por momentos) que salía de casa conduciendo un bicharraco enorme, llegamos a otra carretera de grava, flanqueada por árboles secos y arbustos que parecían espinas y esqueletos: la carretera de campo “Doble E”. Un campesino en una pickup destarlatada nos indicó que estábamos en buen camino. Y asi fue; pasamos el cambio de rasante que veis en la foto que sacó mi mujer y llegamos a Mount Carmel, a la parcela de los Davidianos.
En casa de David
Al llegar a la cima de Mount Carmel y bajar del coche, te azota un viento gélido y un silencio inmenso. Todo está rodeado de campos yermos y esporádicos árboles secos. Al entrar en la finca de los Davidianos, te saluda una piedra labrada que indica que allí todavía hay unos pocos que continúan la misión. De hecho, al cabo algunos minutos y tras leer varias placas y carteles, queda claro que hay un grupo de irreductibles Adventistas que pretender reconstruir el legado. Aceptan donaciones, por supuesto.
Bajo un bucólico y melancólico árbol inclinado está el recuerdo a las víctimas, una estructura que sirve de soporte a las placas que recuerdan los nombres de las víctimas del 19 de Abril; mujeres, niños, no-natos… así como los 7 pastores o líderes de la Rama (‘Branch’) Davidiana; el último a la derecha, el mismísimo Vernon Wayne Howell. Prestad también atención, en las fotos que incluyo a continuación, al ‘memorial’ donado por la Northeast Texas Regional Militia, un grupo paramilitar antisistema que se solidariza con los davidianos y su destino fatal, seguramente por su manera de entender las armas, la religión y la resistencia a un ejército prostituido a las órdenes de un demócrata como Clinton responsable de lo que ellos consideran un “acto de terrorismo doméstico”. La extrema derecha, haciendo suya la causa.
Más adelante hay una vista del solar donde estaba el ‘compound’. No queda absolutamente nada excepto un terreno ennegrecido y algunos cimientos de hormigón. Hay algunas construcciones habitadas al final del camino, pero está prohibido ir más allá de un serio cartel que indica “Keep Off / No trespassing / Private property”. Parece buena idea seguir su consejo. Ha llegado el final de nuestro viaje. Por unos minutos, me dejé llenar de ese aire fantasmal, ese residuo histórico del que parecen estar impregnados lugares como este si te dejas llevar por la imaginación.








Aftermath
La leyenda que se formó alrededor de lo ocurrido en Mount Carmel ha proporcionado mucha ‘chicha’ donde la cultura popular ha encontrado una mina de oro. Como muestra, la canción de Acie Cargill sobre los eventos de Waco, en la que se dice que los Davidians eran ‘white suprematists’, lo cual es “mentira y gorda” pues era una comunidad multirracial con miembros venidos de todas partes del mundo, entre ellas África. Pero es curioso como documento, una especie de corrido country:
Waco | Burning Death of The Branch Davidians | Acie Cargill
Enlaces
Hay una infinidad de recursos interesantísimos en Internet sobre Waco y los Davidianos. Indico sólo algunos para evitar labores de búsqueda y porque son muy completos.
- Aquí se puede ver la tumba de David Koresh, situada en Tyler, TX | http://www.findagrave.com/cgi-bin/fg.cgi?page=gr&GRid=6610999
- Enlaces e información detallada sobre muchos aspectos de los eventos de Mount Carmel | http://web.archive.org/web/20080320065640/http://www.fountain.btinternet.co.uk/koresh/index.html
- Waco: The Inside Story | http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/waco/
- Vernon Wayne Howell adoptó el nombre de David Koresh en honor al Rey David judío y de Cyrus, rey persa que permitió la reunión de los judíos en diáspora. Esta conversación entre David y uno de los negociadores del FBI demuestra sus conocimientos teológicos | http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/waco/bookofrevel.html
A continuación se puede ver la entrada de las tierras donde se ubica la nueva comunidad de Branch Davidians en Mount Carmel. Se puede recorrer en Google Streetview como si se estuviese allí mismo; en la esquina inferior derecha está el mapa de localización y se puede ampliar para consulta:
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Sixthman
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pana
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http://www.cabezabomba.com Alex Onôv



