Jan
11

Fábula Corporativa

Basada en hechos reales.

Hace unos años —suficientes como para contar esta historia hoy en frío— el que suscribe trabajó durante un año para una editorial médica en la ciudad de Madrid. Se trataba de una empresa multinacional, por supuesto diversificadísima, de origen holandés. Era una compañía en la que merecía la pena trabajar, me dije cuando supe de su nivel de expansión y facturación. Qué mal criterio.

Comencé a trabajar allí como ‘Project Manager’ alrededor del año 2006, en la Calle Orense. Siempre he llamado a aquella calle “la calle de los Prósperos”, gente que camina con la barbilla bien alta, mujeres guapas y elegantes, todos con su iPhone, sus periódicos económicos y su aire altivo y trajeado. Aunque también llamé de aquella manera a la Calle Serrano, donde trabajé igualmente cierto tiempo para una empresa de márketing digital, y que replica ese aire pijo y de auto-satisfacción tan llena de sí misma que me repatea. Los Prósperos. Me parto cuando pienso en ellos. Me parto cuando pienso en todas sus filosofías cutres, sus cenas de empresa, sus reuniones de motivación y toda esa morralla corporativa de “mar azul, mar rojo” y otras alegorías baratas.

Al jefe de mi departamento, el Director Comercial, le llamábamos “el Cuca” (diminutivo de ‘cucaracha’, un ser necio y mezquino como nunca antes conocí y que se pasaba media mañana viendo vídeos en YouTube), y el Director General era ‘el Albóndiga’ (un tipo serio y efectivo pero demasiado españolito para mi gusto), para que os hagáis una idea de la estima que inspiraban estos elementos… a los que más de una vez tuve la mala suerte de contemplar ebrios y babeando detrás de secretarias y demás. Los comerciales (sales person los llaman) con los que trabajábamos los Project Managers eran, sencillamente, insoportables: soberbios, engreídos y antipáticos — excepto entre ellos, eso sí. Entre ellos todo era una coba mutua interminable y que provocaba náuseas. Por supuesto nosotros, de Project Manager, no teníamos más que el nombre; hacíamos de todo. Presupuestos, contabilidad, facturación, contacto constante con el cliente una vez el comercial obtenía el OK, amén de lo que suele encontrarse típicamente en el job description de susodicho puesto. Para que os hagáis una idea, había momentos en que tenía a mi cargo una hoja de cálculo con el ‘status’ de unos 200 proyectos editoriales: publicaciones científicas, libros, CD-Roms, ensayos clínicos, todo ello material para investigadores, médicos y especialistas… todo, por supuesto, para mayor gloria de la puta industria farmacológica, que tan contentos tenía a los comerciales. “Esto se vende solo”, no paraban de repetir, evidenciando ellos mismos lo poco necesario que era su presunto ‘talento vendedor’ para aquello que desempeñaban.

En fin, qué os voy a contar. “Vida y estrés del miltrescientoseurista” porque, por mucho dinero que salga de la Pharma (así llamaban a la Gallina de los Huevos de Oro), y por muy bien que vaya la Compañía, no sobra ni un duro para pagar como es debido.

El caso es que otra de las cosas que estaba entre mis responsabilidades era mantener actualizada una herramienta online de Sales (‘ventas’), que básicamente era una base de datos donde se metían todos los presupuestos y trabajos, los productos que más se estaban vendiendo, el dinero que se movía por países, las moléculas más reclamadas a nivel médico (principios activos ‘de moda’, sí, sé que suena fatal), y otros ‘trends’ de ventas — datos que eran compartidos por otras oficinas de la empresa en toda Europa. La idea era maximizar la venta a nivel mundial; si se está vendiendo mucho material sobre un nuevo parche contra el Alzheimer en España, podemos intentar venderlo en otras partes. Tiene sentido.

Al “Cuca” le parecía fatal que los Project Managers ‘perdiéramos el tiempo’ con estas cosas modernas. Nos quitaba de hacer presupuestos para los comerciales. Un día me dijo, sin miramientos, que dejásemos de introducir datos en la herramienta digital de ventas. Que no estaba bien que otras oficinas del Grupo vivieran a expensas de nuestros esfuerzos comerciales. Que la oficina de Madrid debía ser la más efectiva de Europa, y dicha herramienta reducía las distancias. ¡Básicamente, el tipo este estaba robando a la propia compañía posibilidades comerciales! Yo, evidentemente, contesté que el e-mail de Holanda era muy explícito, y que siendo una directiva de esa envergadura, me parecía algo cuestionable. Sin dejar de sonreir (todavía recuerdo esos dientes picados como si los tuviese delante) el “Cuca” me dijo que bueno, que podía meter algún dato de vez en cuando, pero que mi volumen de preparación de presupuestos para su Ejército de las Tinieblas no podía bajar. De modo que, resignado, contesté “de acuerdo”. Un par de días después tuve la oportunidad de comentárselo al Director General, que hizo un ademán de desdén con la mano, como quitando importancia al tema, pero dejando bien claro que sabía de lo que estaba hablando, y que estaba de acuerdo con su secuaz.

Y pasaron las semanas, con la hiperactividad y el agónico estrés que produce una carga de trabajo inmensa para una plantilla de unas doce personas (oficinas que vendían y producían la mitad que nosotros tenían el doble de empleados), de modo que estábamos contentísimos. La contable estaba a punto de un ataque de nervios, los de Producción andaban constantemente enfrascados en una interminable gresca interna, y los Project Managers sufríamos el acoso de los comerciales (“termíname este presupuesto y pídele perdón a la de Pfizer por haber tardado”), las quejas de Producción (“nosotros no podemos imprimir algo que no está especificado al 100%”) y, por supuesto, el cliente (“¿Cómo?! ¿Que se retrasa la impresión por qué?!). Ni que decir tiene que, con este embolado encima, pocos datos metía yo en la herramienta online dichosa, después de las órdenes explícitas del “Cuca”.

Al cabo de un cierto tiempo, recibimos la visita de 2 enviados holandeses que se pasaban por allí con motivo de unas reuniones que ya no recuerdo de qué trataban. De paso, por supuesto, echarían un vistazo a cómo iba todo por allí. Todo muy informal, muy buen rollo. Ese aire como desenfadado de las compañías modernas, no sé si me explico. Pretenden que todo sea muy humano, muy cálido. Me descojono.

La cosa se puso seria cuando se acercaron a hablar conmigo. Vinieron directamente a por mí. Se sentaron junto a mi mesa de trabajo y se pusieron muy serios. Fueron directos al grano. Me indicaron que la omisión de información en la base de datos de la herramienta de ventas estaba significando pérdidas millonarias al grupo. Dieron una cifra concreta, que no recuerdo, pero que hizo que se me subiera la sangre a la cabeza. “Se están perdiendo centenares de oportunidades de venta en muchos puntos”, comentaron. Lo primero que pensé fue, evidentemente, “maldito Cuca”. Pero no les dije nada, por supuesto. Les pedí disculpas, les dije que tenía que hablar con mi Director General, y les aseguré que volvería a hablar con ellos con una explicación.

De modo que, mientras el resto de la plantilla comía pastelitos Mallorca en la cocina tras la ronda de reuniones y conferencias, yo me metí en el despacho del Albóndiga y cerré la puerta tras de mí. Les comenté el tema del que me acusaban los holandeses y le pedí muy educadamente que intercediera por mí, ya que sabía de lo que estaba hablando y, al fin y al cabo, yo únicamente seguía órdenes de su Director Comercial. Y entonces fue cuando me quedé de piedra.

El “Jefe” me miró muy seriamente y, ni corto ni perezoso, contestó:

—No me digas que no has estado metiendo los datos.

Se me cayó la mandíbula al suelo. Se hizo un silencio.

—Se te dijo explícitamente que metieses todos los trabajos, todos los presupuestos. ¿Puedes decirme por qué no lo has hecho? ¿Qué le digo yo ahora a esta gente?

No sé si el lector se da cuenta de lo que semejante Satán estaba diciéndome. Estaba diciendo que no pensaba interceder por mí ante sus propios jefes, que no pensaba admitir haber aceptado aquella directiva del Director Comercial, que lo negaría siempre. Estaba diciendo que me usaría de escudo humano. Estaba diciéndolo, además, echándome una bronca, con una desfachatez inconmensurable, haciéndose el indignadísimo, como si se creyese su propia mentira. Ni siquiera lo reconocía allí mismo, ante mí, a puerta cerrada. No tenía huevos para eso.

Lo que ocurrió a continuación fue una de las cosas más increíbles que me ha pasado en la vida. Lejos de amilanarme o quedarme mudo, le solté cuatro cosas (todo verdades) en un tono de verdadera indignación, que el tío encajó lo mejor que pudo con su sempiterna cara de póker. Yo creo que, por un momento, le sorprendí. No se imaginaba que su gris y sumiso empleado tuviese voluntad, opinión, y un par de narices para ponerle en su sitio. Quizá pensaba que iba a agachar la cabeza y comerme el marrón. La verdad es que recuerdo poco de lo que le dije; quizá fui demasiado intenso. Sólo sé que, antes de decirle que pretendía presentar mi dimisión aquel mismísimo día, el Albóndiga me dijo en voz baja y mirando a los papeles de su mesa que recogiese mis cosas y me fuese. Estaba despedido. Lleno de orgullo, espeté que me parecía una buena idea, sin omitir que, de no haberlo hecho él, yo mismo me hubiese despedido.

Pasé por delante de dos ojipláticos holandeses, a quienes ni siquiera dije adiós. Mis compañeros, en la cocina, ni siquiera se dieron cuenta de que estaba saliendo por la puerta y que nunca más me verían por allí. Siempre tuvimos tanto trabajo que no nos quedó tiempo para formar amistades, de modo que perfecto.

Al mes siguiente empecé a cobrar el paro. En unos tres meses más, procedí a la capitalización del mismo, e invertí en equipo para montar mi propio negocio. Se había forjado un nuevo e indomable autónomo en este valle de lágrimas y abusos.

  • http://www.marcoirisinthesky.blogspot.com marcoiris

    Que guay Alex, tu eres de los mios. Quizas seamos diferentes en otros aspectos, pero en temas como ese pensamos exactamente igual. Yo tampoco naci para ser pisoteado por nadie y la dignidad personal esta por encima de todo. Nadie tiene derecho a abusar de su posición, a mentir ni a humillarte. Ningun trabajo, ninguno, merece la pena soportar segun que condiciones. Y cuando una puerta como esa se cierra, generalmente el cielo se abre. Que les den por el culo de mi parte!

  • http://www.cabezabomba.com Alex Onôv

    Que les den!!! Gracias Marco!

  • http://mividainsustancial.blogspot.com Insustancial

    Emocionante relato.

  • Merche

    ¡¡ diosssss, que asco me ha esa gentuza !! Asi, asi Alex con un par.

  • Bala Perdida

    El mundo es de los audaces.

    Es la gente como tú la que me anima a seguir pensando que todavía queda algo aquí. Gracias por haberlo contado y Vive la Résistance ;-) .

  • paco

    Tristemente un inútil más con un cargo inapropiado para sus conocimientos o preparación. Y al ser consciente de ello lo tiene que defender, el cargo, con uñas y dientes y actuando como un verdadero hijo de puta por salvar su culo. Es el mal común de esta gente. Desafortunadamente hay muchos como el Cuca
    En fin, seguro q te vino bien esta tan triste historia.
    Un abrazo. Y añado tu blog a mis favs.

  • http://doingmyway.blogspot.com Javi “ontheroad”

    El lamentable microcosmos de los tuercebotas.

    Ese tipo de situaciones fueron los que me fueron alejando del entorno típico de trabajo de oficina en España.
    Aunque ahora que lo pienso, por un personaje similar al Cuca, acabé de trabajar por voluntad propia como músico en Portaventura también, con insultos, malas maneras y amenazas por parte de otros lameculos que pretendían mantener a semejante bastardo en el “poder” mientras ésto les asegurase su contrato de por vida.

    Resultado: Hoy, 6 años después, allí no queda ni el tato, ni los de “abajo” ni los de “arriba”, todos a la calle, reestructuración lo llaman… la vida tiene tintes de guión de Woody Allen que hacen que se me escape una sonrisilla malévola de cuando en cuando.

    Bien hecho y escrito, Alex.

  • http://www.nitroglicerino.com nitroglicerino

    Menudo hdp. Yo no sé muy bien cómo habría reaccionado. Creo que me habría mantenido diciendo que mis órdenes eran no meter dato alguno.

    O eso, o salgo y según salga el albóndiga le doy hostias hasta que me duelan los dientes de apretarlos.

    • http://www.cabezabomba.com Alex Onôv

      Me planteé esa posibilidad cuando los holandeses vinieron a mí. Pero, tonto de mí, consideré ‘poco leal’ soltar el ‘chivatazo’ sin avisar al jefe primero. Pensé que él iba a ser leal hacia mí y, como responsable, encontrar una manera silenciosa de evitar el marrón para todos. Evidentemente, fui un iluso. La próxima vez, me mantendré diciendo que mis órdenes eran las que eran. Y punto.

  • qwe

    Entiendo que una reaccion en caliente puede moverte a actuar asi, pero creo que habria una manera mejor de hacer las cosas.

    Lo primero y quizas lo mas dificil, mantener la calma y no sobrereaccionar. Es seguramente lo mas dificil cuando eres el objeto de una agresion, como fue tu caso, no fisica, pero no se si algo peor, te estaban quitando el pan de tu dia a dia, tu trabajo.

    Despues o a poder ser en el mismo momento, actuar con la cabeza, decirle que estaba mintiendo, que estabas tan indignado que si hablabas en ese momento ibas a reaccionar de forma emocional. Que los dos sabiais que estaba mintiendo, que de momento te ibas de su despacho y que veriais luego pensandolo mas despacio que es lo que ibas a hacer.

    Cuando te hubieras calmado, y solo cuando te hubieras calmado, hablar con su jefe y exponerle los hechos. Si su jefe no reacciona seguir subiendo en la jerarquia hasta encontrar alguno que si lo hiciera.

    De esa forma el que se hubiera ido de la empresa hubiese sido el. Y luego, si quieres, te vas tu tambien, pero primero que lo haga el.

    Creo que esa hubiera sido la forma mas inteligente de actuar por tu parte. Lo que tu hiciste fue comportarte de forma inocente y tu jefe de forma malvada.

    Un par de enlaces que pueden ayudarnos a saber como reaccionar en este tipo de situaciones y con estos personajes,

    http://es.wikipedia.org/wiki/Asertividad

    http://casacalandraca.blogspot.com/2010/12/el-triunfo-de-la-tontuna.html

  • AlterDsign

    Años de estudios y preparacion para acabar alienado bajo el sinsentido del mundo corporativo, enganchado a un trabajo que nos domina, bajo presion constante. A cambio, poder pasearte con la frente bien alta.. pensando que se ha llegado a algo en la vida.. con el tiempo ese mundo te engulle y asciendes en el convirtiendote en lo que tanto odiaste al entrar.. y siendo odiado por los que ahora estan bajo tu control.. el ciclo se continua y el odio mueve el mundo… mientras me quede mi voluntad, con una mochila y un mundo por delante no necesito nada mas.. es hora de envidiar a los mendigos. Hiciste bien saliendo de aquello.

    • http://www.cabezabomba.com Alex Onôv

      Gracias por el apoyo y el comentario! La verdad que al mundo corporativo creo que no volveré. La educación me llena, saludos!

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