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Los controladores son ellos (… o ‘España, país de la envidia’)

Bueno, ante todo, quiero dejar claro que el asunto ha adquirido tanta complejidad que, por supuesto, esta entrada no pretende ni sentar cátedra ni ser “original”, ni mucho menos cubrir todos los aspectos del tema que trata. Al fin y al cabo soy sólo un opinador; no tengo todos los datos, no sé demasiado de todo lo que implica el tema, y ni siquiera me encuentro en el país ni he sufrido las consecuencias de lo ocurrido. Simplemente quiero dejar por escrito lo que pienso en estos momentos sobre lo que considero una de las maniobras políticas más retorcidas de los últimos años en España y que, sin duda alguna, indica el principio de un nuevo orden de cosas en el país. Lo hago porque creo que bastante opinan ya los poderosos, ignorantes también ellos, y ya les escucha demasiada gente, y porque quizá alguien esté ávido de la versión “no oficial”.
No quiero decir que los controladores tengan toda la razón, en absoluto. Ellos mismos paracen haberse dado cuenta de ciertas cosas y han pedido “perdón” a los usuarios. Yo mismo, al enterarme de la noticia aquellos aciagos días, pensé que el colectivo se había sobrado. Pero lo que es absolutamente innegable es que hemos asistido (al menos los internautas, porque los espectadores clásicos de TV y lectores de los 2 o 3 periódicos mayoritarios tan sólo han zampado trola tras trola), hemos asistido, decía, a una bochornosa estratagema política digna de la infame “política de cloacas” que tan sólo unos reyes de la intriga como Blanco y Rubalcaba podían perpetrar.
En mi post “Esta huelga es como Facebook” hablaba de la patética demostración de impotencia de la que hicieron gala los sindicatos mayoritarios en lo relacionado a la Huelga General, y de cómo el trabajador de hoy día no reconoce en ellos ni el más mínimo vestigio de representatividad. Son unos peleles de un poder al que le deben demasiadas cañas, unos monopolios agónicos de un viejo régimen de derechos institucionalizados y domesticados. Además, a la gente se le pusieron los huevos de corbata por el miedo a perder el trabajo en una época de crisis. Ni siquiera los estudiantes, que aún no tienen una familia que mantener ni una hipoteca que pagar, dijeron ‘esta boca es mía’, a diferencia de sus compañeros en Europa, que la llevan liando parda unos cuantos días. Ante el desastroso fracaso de dicha Huelga General en septiembre, muchos corazones activistas (si bien poco acompañados de un par de manos en acción) miraban con envidia la furia desatada en Francia y el Reino Unido. “Eso sí que es una huelga, eso sí que es lucha”, se oía de parte de los aguerridos defensores de la lucha social.
Pues bien, llega el viernes del puente de la Constitución y, tras ejercer durante meses un recorte constante de los derechos laborales del colectivo de controladores aéreos (una de las consecuencias de lo cual, por cierto, fue que muchos de ellos se quedaron sin sus vacaciones en verano), van los Rasputines de turno y proceden al decreto-hachazo que supone la humillación total del colectivo. Apuesto, y en verdad me gustaría equivocarme, a que el ejército estaba perfectamente listo para el despliegue cuando fue llamado. Apuesto a que la mente estratega y de ingeniería social del que fue portavoz del gobierno de los GAL había previsto el devenir de los acontecimientos tal y como iban a sucederse, basado quizá en el conocimiento del espíritu combativo del colectivo… y conocedor de la naturaleza brutal de un español al que le quitan su pandereta, o sea, su fin de semana. Conocedor de las reacciones del perro, Pavlov hizo sonar la campanita (léase las sirenas). Y el perro, claro, se puso a babear. Porque, si algo quedó claro, es que en sus momentos de más baja popularidad, el Gobierno supo meterse al país entero en el bolsillo, los embaucó a todos con el cuento de la “mano dura”, la sociedad en bloque se puso de su lado. {NOTA: Me dicen que los traslados en coche durante aquel puente fueron de unos 10 millones de personas, así que si alguien se quiere creer que la gente no se fue de vacaciones, o que la cantidad de gente que aparece en las fotos tirada en los aeropuertos representa a media España, que piense lo que quiera. Es cierto que mucha gente ha sufrido situaciones sangrantes, eso sí. Pero, por favor, seamos estrictos con la realidad. }
El odio que inspiran los controladores es digno de estudio. Conviene repetirlo para que la gente se entere: no son funcionarios. No cobran ni un duro de las arcas públicas. Sus sueldos provienen de las tasas aeroportuarias que pagan los usuarios de aeropuertos; AENA es un ente público empresarial desde 1990 y que, como organismo autónomo se autofinancia. El hecho de que ellos cobren más o menos no debe importarle ni influir a nadie, sería como si les subieran o bajaran los sueldos a los trabajadores en una empresa privada cualquiera. De hecho, los controladores aéreos deberían ser modelos de cómo debería estar retribuído realmente el trabajo en España; es decir, bien. Pero en este país, los mismos izquierdistas o socialistas que están contra los recortes de derechos laborales y contra las privatizaciones, son los mismos que critican a los controladores “por ganar mucho”. Es pura envidia de clase. Los obreros y los mileuristas, enrabietados, se deben de pensar que les están robando el dinero… o las vacaciones; por Dios, que no nos quiten las vacaciones. Son ellos los que realmente deberían hacer algo útil como saltarse los procedimientos de la huelga domesticada a la torera y hacer un plante como en Francia o el Reino Unido, o sea, como el que han hecho los controladores. Porque lo que han hecho éstos no ha sido una huelga de borreguitos, sino una auténtica revolución de la que tan nostálgicos se sienten los luchadores sociales. Porque es este colectivo el que realmente está luchando contra un gobierno que se dice socialista, pero que en realidad es de derechas. Un gobierno que, por llamarse “obrero”, no se puede permitir hacer tales reformas ‘a la luz’, sino que tienen que montar este pollo para quedar impunes, e incluso reforzados, ante una opinión pública becerril que sólo piensa en apelotonarse con sus congéneres en un hotelucho de una ciudad sin teatro.
El estado de alarma supone revocar el orden democrático y la autoridad civil, y es una medida fascista (sí, fascista, con todas las letras, pues supone la imposición por vía militar de una voluntad política). El estado de alarma no se convocó en el 23-F. El estado de alarma no se convocó el 11-M, ni durante la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid que detuvo a la capital en el tiempo. Y el estado de alarma se está prolongando para continuar la demonización del colectivo, y será levantado únicamente cuando todas las reformas y trapicheos estén atados y bien atados, cuando ya no se pueda hacer nada, cuando la política de derechas esté bien asentada y no haya marcha atrás, cuando algún preboste multimillonario controle AENA, su nueva adquisición, el tesoro de la corona.
Así y con todo, ciertos planteamientos en contra de la actitud del colectivo no dejan de ser ciertos. Cierto, se había venido solucionando el problema de la falta de controladores con horas extra pagadas a precio de oro. No es culpa de los controladores, sino de los que deciden que no se van a contratar a más efectivos. Cierto, se estaban alcanzado sueldos sin parangón en el mercado. Cierto, todo cierto, como que eligiendo a un guaperas como portavoz tan sólo consigue caer peor. Pero… ¿No harían ustedes igual, si fueran ellos? (es decir, cobrar su sueldo y trabajar el doble cuando no queda otra opción). E igualmente cierto, su decisión de no acudir a sus puestos aquel día está sujeta a consideraciones morales de cierta talla. Pero recordemos, y por favor no se me confunda con un radical, que muchos de los grandes éxitos sociales en la historia de la Humanidad han pasado por saltarse un par de normas y pegar una patada en la puerta de palacio, aunque se le quede la nariz morada al guardia de turno, aunque las represalias supongan, desgraciadamente, el perjuicio de inocentes. Supongo que muchos controladores se sienten fatal por todo lo ocurrido, y no creo que sean tan sádicos como para disfrutar con los daños causados.
Porque la verdad es que hay motivo para la revuelta: las medidas que está introduciendo el Gobierno, del talante del decreto de aquel viernes, son medidas que recortan derechos laborales y que van encaminadas a un panorama totalmente opuesto a cualquier ideal socialista, izquierdista o laborista que pueda uno evocar. Por todo ello el PP está que no abre el pico, y tan sólo se ha abstenido (que no opuesto) a la prolongación del estado de alarma porque no comparece no sé quién a explicarlo. Lo que en última instancia se pretende es algo que el PP haría sin miramientos, es decir, privatizar AENA, no hacer ningún esfuerzo más por ubicar a todos los nuevos controladores que se necesitan como agua de mayo (creación de puestos de trabajo, ¿les dice algo?) y mejorar la calidad de un sector importantísimo como el control aeroportuario. La manipulación de los sueldos de los controladores en los medios ha sido una constante falacia y, de ser ciertas algunas cifras, responden a la infinidad de horas extra que los controladores se han visto obligados a hacer, cayendo muchos de ellos enfermos por ansiedad o depresión.
He leído en muchos comentarios aquí y allá que “si los médicos hicieran lo que han hecho los controladores, o si los policías lo hicieran, o si los bomberos lo hicieran”, todo se iría al garete, y es cierto: No les toques mucho las narices a algunos de ellos, que los de Justicia te hacen un plante y a ver qué pasa con esa orden de alejamiento que tienes pendiente… o con ese violador que queda suelto. O espérate a que los del Metro de Madrid te detengan la ciudad completamente, a ver si llegas al curro. Pero a los del Metro de Madrid se les perdona porque son víctimas de la mucho más descarada Esperancita (otro convenio violado, por cierto), o sea, que a ésos no les tenemos envidia ninguna, y además nos han dado a todos una excusa de puta madre para faltar al trabajo. Venga, coño.
Me pregunto por qué el electorado socialista que está justificando estas medidas no se sincera y vota directamente al PP. Algunos no se dan cuenta de que, al defender al Gobierno, defienden medidas propias de la derecha. Y muchos otros, aunque sólo sea porque este Gobierno no tiene más remedio que tomar medidas que contradicen su propia “idiología”, deberían sincerarse consigo mismos y votar a quienes tomen esas medidas sin medias tintas ni ocultaciones. Seamos pragmáticos, por favor. O eso, o no nos queda otra opción mínimamente digna más que hacer lo que han hecho los controladores. Pero ser ‘de izquierdas’ y criticarlos a ellos por lo que no han sido capaces de hacer los sindicatos, o aplaudir medidas propias de un gobierno de derechas, no tiene sentido.





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