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Zombies cada domingo (‘The Walking Dead’)

[Este artículo no contiene spoilers]
A pesar de que en los últimos años tenemos zombies hasta en la sopa, parece que la gente quiere más. Puede decirse que, para cuando apareció la nueva Dawn of the Dead en 2004, el género ya estaba resucitando… nunca mejor dicho. Había llegado la Edad de Oro de los Muertos Vivientes, poniendo a estas decompuestas criaturas a la altura —o por encima— de vampiros y hombres lobo. Esta Edad de Oro ha proporcionado algunas producciones magistrales pero también muchísima morralla (y mira que a los frikis nos encanta la morralla y la serie Z). De modo que los que queríamos más y más zombies nos dimos cuenta de que demasiadas propuestas… atragantan. No me entendáis mal; nunca hay ‘demasiados’ zombies. Es, simplemente, que a ratos escasea la originalidad. Eran títulos como Undead, Shaun of the Dead o 28 Weeks Later (¿es un sacrilegio decir que es mejor que la primera?) los que mantenían el espíritu vivo, pero estaba claro que la ‘democratización’ del género podía significar su fin.
The Walking Dead, en AMC, ha significado para mí seis reencuentros con nuestros queridos muertos vivientes. Un nuevo encuentro cada domingo. Y un reencuentro con los humanos, esas ruines y mezquinas criaturas que le dan mil vueltas a los zombies en cuanto a ira, crueldad y violencia. Y, para mí al igual que para muchos otros amantes de los cómics, un reencuentro con las historias narradas por Kirkman, Arlard y Rathburn: The Walking Dead, el cómic. Si bien no he leido toda la serie, puedo llegar a una serie de conclusiones, muy obvias para mí:
- Los vasos comunicantes entre los libros (literatura; novelas, etc.) y los cómics son mayores y mejores que entre cualquiera de éstos y el cine o la TV. Está claro que la literatura se traspasa mejor a cómic y viceversa (hay ejemplos grandiosos) y que todo intento de “animar” la secuencialidad de las viñetas pierde bastante esencia en el camino.
- Parte de la “esencia perdida” reside en el drama. En un cómic, los estereotipos son más digeribles; de algún modo, funcionan bien los personajes ‘tipo’ al no verse obligados a tener una justificación realista. Las formas de hablar, los gestos, las posturas… Cuando el mismo personaje es encarnado por un actor de carne y hueso, el drama se convierte en melodrama, el estereotipo se convierte en un personaje que en ocasiones produce irrisión, que “chirría”. Sinceramente, la pinta y la actuación de Andrew Lincoln, si bien correctitas, son algo que tengo que pasar por alto si quiero disfrutar de la serie.
- Pero, sobre todo, que nada de lo anterior importa, porque, al fin y al cabo, estamos aquí para divertirnos. Incluso conociendo por dónde va a ir la historia, resulta muy entretenido ver las trepidantes escenas, los efectos especiales, las tripas, los cerebros, la sangre… espectacular despliegue. Y, si bien los personajes son bidimensionales y predecibles, en fin, el argumento ideado por los autores del cómic es lo suficientemente atractivo como para perdonar toda falta de originalidad y/o profundidad.
De modo que una vez más nos hemos sorprendido a nosotros mismos preguntándonos las mismas viejas preguntas de siempre: ¿prefiero zombies rápidos o lentos?; ¿por qué en las películas de zombis nunca los llaman zombis? (siempre dicen ‘esas cosas’); ¿por qué no se infecta si se ha cubierto de sangre vomitada por un muerto viviente?… y todo eso. Ya sabéis a qué me refiero. Nunca nos cansamos de toda esa mierda. Nos encanta.
El episodio piloto desató una ola inmensa de elogios desaforados, y yo he querido esperar un poco a esperar que acabe esta muy breve primera etapa. Seis capítulos son pocos, sí, pero oiga, ha habido un par de momentos memorables que justifican las ganas de visionar la nueva tirada, digo, temporada. De hecho, el último capítulo ha sido (a mi entender) el mejor. Las relaciones entre los personajes, las decisiones más difíciles, se desatan de la forma más nerviosa y realista de todos los capítulos. No vemos apenas un sólo walker, y… por increíble que parezca, no los echamos de menos. Y, si bien es bastante predecible todo lo que vemos (pero todo; tanto, que cada escena es un spoiler de la siguiente), no importa. Tampoco me preocupa demasiado que sea distinto a la historia original, aunque conozco a alguien que está ‘muy cabreado porque no tiene nada que ver con el cómic…’. En mi opinión se disfruta igual porque, por mucho que odiemos reconocerlo, al final le hemos cogido cariño a los personajes. Pero, sobre todo, yo lo he disfrutado porque no puedo evitar encontrar paralelismos con la que, en mi opinión, es la mejor película de zombies de todos los tiempos, la que ocupa el trono indiscutible e irrebatable: Day of the Dead (1985). No pretendo establecer una comparación de calidad. Simplemente decir que, para ser lo que es, Walking Dead ha reavivado lo mejor y lo más clásico de un género sobre-explotado, volviendo a las raíces con un mínimo de dignidad y sin aspirar a crear una obra maestra.
Para terminar, os dejo con los que para mí han sido los mejores momentos de esta temporada:
- Las escenas con la zombi que se arrastra en el primer episodio. Grandes efectos especiales y momentos llenos de significado
- El ataque al campamento. Bastante bien narrado.
- El descuartizamiento del zombi muerto para cubrirse de su hedor. Sentido del humor a borbotones.
- ¿Cuál es el tuyo?
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