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Los controladores son ellos (… o ‘España, país de la envidia’)

Bueno, ante todo, quiero dejar claro que el asunto ha adquirido tanta complejidad que, por supuesto, esta entrada no pretende ni sentar cátedra ni ser “original”, ni mucho menos cubrir todos los aspectos del tema que trata. Al fin y al cabo soy sólo un opinador; no tengo todos los datos, no sé demasiado de todo lo que implica el tema, y ni siquiera me encuentro en el país ni he sufrido las consecuencias de lo ocurrido. Simplemente quiero dejar por escrito lo que pienso en estos momentos sobre lo que considero una de las maniobras políticas más retorcidas de los últimos años en España y que, sin duda alguna, indica el principio de un nuevo orden de cosas en el país. Lo hago porque creo que bastante opinan ya los poderosos, ignorantes también ellos, y ya les escucha demasiada gente, y porque quizá alguien esté ávido de la versión “no oficial”.
No quiero decir que los controladores tengan toda la razón, en absoluto. Ellos mismos paracen haberse dado cuenta de ciertas cosas y han pedido “perdón” a los usuarios. Yo mismo, al enterarme de la noticia aquellos aciagos días, pensé que el colectivo se había sobrado. Pero lo que es absolutamente innegable es que hemos asistido (al menos los internautas, porque los espectadores clásicos de TV y lectores de los 2 o 3 periódicos mayoritarios tan sólo han zampado trola tras trola), hemos asistido, decía, a una bochornosa estratagema política digna de la infame “política de cloacas” que tan sólo unos reyes de la intriga como Blanco y Rubalcaba podían perpetrar.
En mi post “Esta huelga es como Facebook” hablaba de la patética demostración de impotencia de la que hicieron gala los sindicatos mayoritarios en lo relacionado a la Huelga General, y de cómo el trabajador de hoy día no reconoce en ellos ni el más mínimo vestigio de representatividad. Son unos peleles de un poder al que le deben demasiadas cañas, unos monopolios agónicos de un viejo régimen de derechos institucionalizados y domesticados. Además, a la gente se le pusieron los huevos de corbata por el miedo a perder el trabajo en una época de crisis. Ni siquiera los estudiantes, que aún no tienen una familia que mantener ni una hipoteca que pagar, dijeron ‘esta boca es mía’, a diferencia de sus compañeros en Europa, que la llevan liando parda unos cuantos días. Ante el desastroso fracaso de dicha Huelga General en septiembre, muchos corazones activistas (si bien poco acompañados de un par de manos en acción) miraban con envidia la furia desatada en Francia y el Reino Unido. “Eso sí que es una huelga, eso sí que es lucha”, se oía de parte de los aguerridos defensores de la lucha social.
Pues bien, llega el viernes del puente de la Constitución y, tras ejercer durante meses un recorte constante de los derechos laborales del colectivo de controladores aéreos (una de las consecuencias de lo cual, por cierto, fue que muchos de ellos se quedaron sin sus vacaciones en verano), van los Rasputines de turno y proceden al decreto-hachazo que supone la humillación total del colectivo. Apuesto, y en verdad me gustaría equivocarme, a que el ejército estaba perfectamente listo para el despliegue cuando fue llamado. Apuesto a que la mente estratega y de ingeniería social del que fue portavoz del gobierno de los GAL había previsto el devenir de los acontecimientos tal y como iban a sucederse, basado quizá en el conocimiento del espíritu combativo del colectivo… y conocedor de la naturaleza brutal de un español al que le quitan su pandereta, o sea, su fin de semana. Conocedor de las reacciones del perro, Pavlov hizo sonar la campanita (léase las sirenas). Y el perro, claro, se puso a babear. Porque, si algo quedó claro, es que en sus momentos de más baja popularidad, el Gobierno supo meterse al país entero en el bolsillo, los embaucó a todos con el cuento de la “mano dura”, la sociedad en bloque se puso de su lado. {NOTA: Me dicen que los traslados en coche durante aquel puente fueron de unos 10 millones de personas, así que si alguien se quiere creer que la gente no se fue de vacaciones, o que la cantidad de gente que aparece en las fotos tirada en los aeropuertos representa a media España, que piense lo que quiera. Es cierto que mucha gente ha sufrido situaciones sangrantes, eso sí. Pero, por favor, seamos estrictos con la realidad. }
El odio que inspiran los controladores es digno de estudio. Conviene repetirlo para que la gente se entere: no son funcionarios. No cobran ni un duro de las arcas públicas. Sus sueldos provienen de las tasas aeroportuarias que pagan los usuarios de aeropuertos; AENA es un ente público empresarial desde 1990 y que, como organismo autónomo se autofinancia. El hecho de que ellos cobren más o menos no debe importarle ni influir a nadie, sería como si les subieran o bajaran los sueldos a los trabajadores en una empresa privada cualquiera. De hecho, los controladores aéreos deberían ser modelos de cómo debería estar retribuído realmente el trabajo en España; es decir, bien. Pero en este país, los mismos izquierdistas o socialistas que están contra los recortes de derechos laborales y contra las privatizaciones, son los mismos que critican a los controladores “por ganar mucho”. Es pura envidia de clase. Los obreros y los mileuristas, enrabietados, se deben de pensar que les están robando el dinero… o las vacaciones; por Dios, que no nos quiten las vacaciones. Son ellos los que realmente deberían hacer algo útil como saltarse los procedimientos de la huelga domesticada a la torera y hacer un plante como en Francia o el Reino Unido, o sea, como el que han hecho los controladores. Porque lo que han hecho éstos no ha sido una huelga de borreguitos, sino una auténtica revolución de la que tan nostálgicos se sienten los luchadores sociales. Porque es este colectivo el que realmente está luchando contra un gobierno que se dice socialista, pero que en realidad es de derechas. Un gobierno que, por llamarse “obrero”, no se puede permitir hacer tales reformas ‘a la luz’, sino que tienen que montar este pollo para quedar impunes, e incluso reforzados, ante una opinión pública becerril que sólo piensa en apelotonarse con sus congéneres en un hotelucho de una ciudad sin teatro.
El estado de alarma supone revocar el orden democrático y la autoridad civil, y es una medida fascista (sí, fascista, con todas las letras, pues supone la imposición por vía militar de una voluntad política). El estado de alarma no se convocó en el 23-F. El estado de alarma no se convocó el 11-M, ni durante la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid que detuvo a la capital en el tiempo. Y el estado de alarma se está prolongando para continuar la demonización del colectivo, y será levantado únicamente cuando todas las reformas y trapicheos estén atados y bien atados, cuando ya no se pueda hacer nada, cuando la política de derechas esté bien asentada y no haya marcha atrás, cuando algún preboste multimillonario controle AENA, su nueva adquisición, el tesoro de la corona.
Así y con todo, ciertos planteamientos en contra de la actitud del colectivo no dejan de ser ciertos. Cierto, se había venido solucionando el problema de la falta de controladores con horas extra pagadas a precio de oro. No es culpa de los controladores, sino de los que deciden que no se van a contratar a más efectivos. Cierto, se estaban alcanzado sueldos sin parangón en el mercado. Cierto, todo cierto, como que eligiendo a un guaperas como portavoz tan sólo consigue caer peor. Pero… ¿No harían ustedes igual, si fueran ellos? (es decir, cobrar su sueldo y trabajar el doble cuando no queda otra opción). E igualmente cierto, su decisión de no acudir a sus puestos aquel día está sujeta a consideraciones morales de cierta talla. Pero recordemos, y por favor no se me confunda con un radical, que muchos de los grandes éxitos sociales en la historia de la Humanidad han pasado por saltarse un par de normas y pegar una patada en la puerta de palacio, aunque se le quede la nariz morada al guardia de turno, aunque las represalias supongan, desgraciadamente, el perjuicio de inocentes. Supongo que muchos controladores se sienten fatal por todo lo ocurrido, y no creo que sean tan sádicos como para disfrutar con los daños causados.
Porque la verdad es que hay motivo para la revuelta: las medidas que está introduciendo el Gobierno, del talante del decreto de aquel viernes, son medidas que recortan derechos laborales y que van encaminadas a un panorama totalmente opuesto a cualquier ideal socialista, izquierdista o laborista que pueda uno evocar. Por todo ello el PP está que no abre el pico, y tan sólo se ha abstenido (que no opuesto) a la prolongación del estado de alarma porque no comparece no sé quién a explicarlo. Lo que en última instancia se pretende es algo que el PP haría sin miramientos, es decir, privatizar AENA, no hacer ningún esfuerzo más por ubicar a todos los nuevos controladores que se necesitan como agua de mayo (creación de puestos de trabajo, ¿les dice algo?) y mejorar la calidad de un sector importantísimo como el control aeroportuario. La manipulación de los sueldos de los controladores en los medios ha sido una constante falacia y, de ser ciertas algunas cifras, responden a la infinidad de horas extra que los controladores se han visto obligados a hacer, cayendo muchos de ellos enfermos por ansiedad o depresión.
He leído en muchos comentarios aquí y allá que “si los médicos hicieran lo que han hecho los controladores, o si los policías lo hicieran, o si los bomberos lo hicieran”, todo se iría al garete, y es cierto: No les toques mucho las narices a algunos de ellos, que los de Justicia te hacen un plante y a ver qué pasa con esa orden de alejamiento que tienes pendiente… o con ese violador que queda suelto. O espérate a que los del Metro de Madrid te detengan la ciudad completamente, a ver si llegas al curro. Pero a los del Metro de Madrid se les perdona porque son víctimas de la mucho más descarada Esperancita (otro convenio violado, por cierto), o sea, que a ésos no les tenemos envidia ninguna, y además nos han dado a todos una excusa de puta madre para faltar al trabajo. Venga, coño.
Me pregunto por qué el electorado socialista que está justificando estas medidas no se sincera y vota directamente al PP. Algunos no se dan cuenta de que, al defender al Gobierno, defienden medidas propias de la derecha. Y muchos otros, aunque sólo sea porque este Gobierno no tiene más remedio que tomar medidas que contradicen su propia “idiología”, deberían sincerarse consigo mismos y votar a quienes tomen esas medidas sin medias tintas ni ocultaciones. Seamos pragmáticos, por favor. O eso, o no nos queda otra opción mínimamente digna más que hacer lo que han hecho los controladores. Pero ser ‘de izquierdas’ y criticarlos a ellos por lo que no han sido capaces de hacer los sindicatos, o aplaudir medidas propias de un gobierno de derechas, no tiene sentido.
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Asterios Polyp

La primera vez que leí algo con dibujo de David Mazzucchelli fue hace más de 15 años, el día que volví a casa ––tras mi periplo semanal por las tiendas de cómic madrileñas–– con todos los números de la miniserie “Batman: Year One” (DC, 1987) bajo el brazo. Por entonces, yo no sabía que lo que me disponía a leer iba a terminar siendo considerada como una de las obras cumbre del hombre murciélago (y, por ende, del cómic de superhéroes) que redefiniría al personaje, cubriéndolo de sombras e impregnándolo de un realismo impresionista difícil de olvidar. Todavía recuerdo perfectamente algunas de aquellas viñetas como si fueran fotos de familia. Algún tiempo más tarde (no demasiado) cayó en mis manos “Daredevil: Born Again”, obra que adquirí guiado, sobre todo, por el renombre de su guionista. La verdad es que jamás olvidé algunas de las viñetas que desfilaron ante mis ojos con aquella lectura. Aquellos cuerpos y escorzos, aquellas composiciones de página, aquel ensamblaje de viñetas y aquellos dibujos a plena página no hacían más que abrirme los ojos a una realidad que ha definido mis gustos y mi forma de ver la narrativa desde que tengo uso de razón: que el cómic es el modo de expresión más avanzado de este siglo. Lamento parecer exagerado, pero así lo siento.
No fue hasta bastante más tiempo después que me entregué al placer de “City of Glass” (Avon Books, 1994), una versión ilustrada de la obra literaria homónima de Paul Auster, guionizada por el novelista neoyorquino y con dibujos de… ¡¿Mazzucchelli?! Y a aquellas alturas ya no sabía decir si quería leerlo por una firma o por la otra. Lo cierto es que ya había leído, entre otras, la novelita del afamado autor (que, por cierto, me había parecido sensacional) y la oportunidad de ver ambos talentos en conjunción me pareció ineludible. Efectivamente, se trataba de un cómic arrebatador en todos los sentidos: en el plano estético, en sus cualidades narrativas, en todas las sensaciones que provocaba. Se trataba de una obra postmoderna (entiéndase el término en toda su extensión y en su sentido más estricto) que pretendía fundir forma y fondo, línea y letra, obra y realidad, persona y personaje. Era una historia relativamente pretenciosa, pero que de algún modo se presentaba a sí mismo como una propuesta que no parecía tener excesivas ambiciones comerciales, editada en un modesto pero adecuado blanco y negro. Se trataba de poner a trabajar a dos talentos en la misma dirección, y ver qué pasaba. Daba la impresión de ser una colaboración entre amigos. Resultó ser una obra que aún se recuerda.
“Asterios Polyp” (Pantheon Books, 2009), bebe de “City of Glass” en bastantes ámbitos, algunos de ellos ya mencionados. Más estilizado, igualmente intelectual, más pretencioso (pero no cargante), más comercial, más preciosista. O más modernista, debería decir. El nuevo cómic de Mazzucchelli ––ahora sí, obra totalmente suya en todos los sentidos: guión, dibujo, color, rotulación… todo––, es un canto al estilo, al diseño, al arte y a los dominios del pensamiento abstracto, pero también a las personas y los sentimientos más universales que las unen. Y cuando digo ‘cómic’ quiero realmente decir cómic porque, a modo de nota aparte, me gustaría recalcar el rechazo que me produce la denominación ‘novela gráfica’ cuando se usa para dar un aire de elevación y superioridad artística a algo que no deja de ser… un montón de viñetas. Porque, aunque parezca increíble, el lenguaje que ha utilizado Mazzucchelli para contarnos su obra cúlmen, es el mismo lenguaje que se usa desde siempre para contarnos las aventuras a todo color de Flash, Superman o la Liga de la Justicia Internacional: el tebeo. Así de claro. Y éso es lo que hace grande a este autor y a esta obra. Que no es nada nuevo. Que los amantes del cómic van a babear, literalmente, al disfrutar del despliegue que hace este hombre de todos los recursos que permite dicho arte. De hecho, Mazzucchelli ha ilustrado tantos ‘tebeos intrascendentes’ de superhéroes como el que más, no es que provenga del cómic intelectual underground europeo, ni mucho menos. Tiene una cierta experiencia en eso de los leotardos.
“Asterios Polyp” es, entre otras cosas, un hermoso y agridulce cuento de amor entre opuestos, un cuento de extremos encontrados, de atracción y repulsión, de amor y… sí, efectivamente, de desamor. La historia es una trenza de biografía, filosofía, vida sentimental, líneas temporales, mundos paralelos, temáticas de la más diversa índole (desde la geometría a la arquitectura, pasando por la música y la psicología). También disecciona esa doble naturaleza entre la América profunda, atávica e ignorante pero también auténtica y mística, y la América moderna de los círculos intelectuales y de gran ciudad. Se puede decir que estamos ante una obra de dicotomías ––de hecho, los extremos opuestos son, en esencia, la visión del mundo que tiene el personaje principal. Y opuestos son los dos personajes que conforman esa pareja que no puede no ser pero que, a la vez, es imposible.
El final (tranquilos, no voy a destripar nada) no me gusta especialmente. Sí, tiene cierto sentido trágico; todos los indicios apuntan hacia esa dirección. De estar en la piel del autor, a mí me hubiese resultado difícil terminar la historia de esa manera que, en cierto modo, encierra un espíritu sádico e irónico. Pero es lo de menos, el final. Es lo que menos afecta al lector, excepto por el hecho de que llega, y que la lectura se acaba ahí. Quizá haya ciertos elementos en la historia, como el gemelo no-nato de Asterios, Ignazio, que son presentados con un cierto peso y que adquieren auténtica significación a lo largo del volumen, y que no son del todo bien desarrollados. De nuevo: no importa. Quizá así es como debe ser. “Asterios Polyp” es una historia de asuntos inconclusos, de cabos sueltos.
De modo que he llegado a la conclusión de que lo que más me gusta de este cómic ––más que su historia–– es, quizá, el diseño de personajes. No tanto por su profundidad y su definición casi literaria, sino por su diseño gráfico. El estilo de cada personaje, incluso la rotulación de sus ‘bocadillos’ de diálogo, refleja perfectamente su personalidad. Algunos de los momentos más emotivos de la historia están basados en el encuentro ‘estético’ de los personajes, en la fusión de sus dos estilos de dibujo. En efecto, los personajes más dionisiacos y apasionados se conforman en base a retazos abocetados y trazos sueltos, como es el caso de Daisy; otros, más apolíneos y sesudos, son representados con líneas y formas geométricas. Es el caso del propio Asterios, del personaje principal. Debo decir que las líneas que componen su rostro me obsesionan. Es, sin lugar a dudas, el mayor hallazgo de la obra. Su cabeza, con forma de concha, me ha llevado a confrontar su contorno con el de un molusco simétrico (ver composición en la imagen), analogía que tiene que ver con los propios impulsos estéticos del personaje, que llega a hablar de su fascinación por el diseño perfecto de la naturaleza. Si tuviera que quedarme con algo de este cómic sería, sin lugar a dudas, con el diseño visual de este gran personaje. Del mismo modo, su evolución personal encontrará un reflejo en el dibujo.
Se mire por donde se mire la cabeza de Asterios, desde cualquiera de los 360 grados, siempre tendrá ésta la misma forma o contorno. Casi se puede adivinar la configuración tridimensional de la misma, como una semiesfera soportada por curvas que se estrechan al bajar hacia los hombros. Asterios es invariablemente mostrado de perfil, con un hieratismo egipcio muy acorde con su personaje, y cuya silueta o contorno es mostrada a veces (quizá al trasluz de una ventana o en medio de la noche) para resaltar la inusitada forma de su cabeza. Solo en muy contadas ocasiones vemos sus rasgos en escorzo; quizá en momentos en que el autor lo presenta algo empequeñecido, humillado o ridiculizado. Y no parece él del todo.
Para terminar, debo decir que los rasgos faciales de Asterios me recuerdan a los de Robert Mitchum. Lo digo por si a alguien se le pasa por la mente la blasfema idea de realizar una película basada en este cómic. Ni lo intenten, señores. El actor ideal está muerto.
6
Zombies cada domingo (‘The Walking Dead’)

[Este artículo no contiene spoilers]
A pesar de que en los últimos años tenemos zombies hasta en la sopa, parece que la gente quiere más. Puede decirse que, para cuando apareció la nueva Dawn of the Dead en 2004, el género ya estaba resucitando… nunca mejor dicho. Había llegado la Edad de Oro de los Muertos Vivientes, poniendo a estas decompuestas criaturas a la altura —o por encima— de vampiros y hombres lobo. Esta Edad de Oro ha proporcionado algunas producciones magistrales pero también muchísima morralla (y mira que a los frikis nos encanta la morralla y la serie Z). De modo que los que queríamos más y más zombies nos dimos cuenta de que demasiadas propuestas… atragantan. No me entendáis mal; nunca hay ‘demasiados’ zombies. Es, simplemente, que a ratos escasea la originalidad. Eran títulos como Undead, Shaun of the Dead o 28 Weeks Later (¿es un sacrilegio decir que es mejor que la primera?) los que mantenían el espíritu vivo, pero estaba claro que la ‘democratización’ del género podía significar su fin.
The Walking Dead, en AMC, ha significado para mí seis reencuentros con nuestros queridos muertos vivientes. Un nuevo encuentro cada domingo. Y un reencuentro con los humanos, esas ruines y mezquinas criaturas que le dan mil vueltas a los zombies en cuanto a ira, crueldad y violencia. Y, para mí al igual que para muchos otros amantes de los cómics, un reencuentro con las historias narradas por Kirkman, Arlard y Rathburn: The Walking Dead, el cómic. Si bien no he leido toda la serie, puedo llegar a una serie de conclusiones, muy obvias para mí:
- Los vasos comunicantes entre los libros (literatura; novelas, etc.) y los cómics son mayores y mejores que entre cualquiera de éstos y el cine o la TV. Está claro que la literatura se traspasa mejor a cómic y viceversa (hay ejemplos grandiosos) y que todo intento de “animar” la secuencialidad de las viñetas pierde bastante esencia en el camino.
- Parte de la “esencia perdida” reside en el drama. En un cómic, los estereotipos son más digeribles; de algún modo, funcionan bien los personajes ‘tipo’ al no verse obligados a tener una justificación realista. Las formas de hablar, los gestos, las posturas… Cuando el mismo personaje es encarnado por un actor de carne y hueso, el drama se convierte en melodrama, el estereotipo se convierte en un personaje que en ocasiones produce irrisión, que “chirría”. Sinceramente, la pinta y la actuación de Andrew Lincoln, si bien correctitas, son algo que tengo que pasar por alto si quiero disfrutar de la serie.
- Pero, sobre todo, que nada de lo anterior importa, porque, al fin y al cabo, estamos aquí para divertirnos. Incluso conociendo por dónde va a ir la historia, resulta muy entretenido ver las trepidantes escenas, los efectos especiales, las tripas, los cerebros, la sangre… espectacular despliegue. Y, si bien los personajes son bidimensionales y predecibles, en fin, el argumento ideado por los autores del cómic es lo suficientemente atractivo como para perdonar toda falta de originalidad y/o profundidad.
De modo que una vez más nos hemos sorprendido a nosotros mismos preguntándonos las mismas viejas preguntas de siempre: ¿prefiero zombies rápidos o lentos?; ¿por qué en las películas de zombis nunca los llaman zombis? (siempre dicen ‘esas cosas’); ¿por qué no se infecta si se ha cubierto de sangre vomitada por un muerto viviente?… y todo eso. Ya sabéis a qué me refiero. Nunca nos cansamos de toda esa mierda. Nos encanta.
El episodio piloto desató una ola inmensa de elogios desaforados, y yo he querido esperar un poco a esperar que acabe esta muy breve primera etapa. Seis capítulos son pocos, sí, pero oiga, ha habido un par de momentos memorables que justifican las ganas de visionar la nueva tirada, digo, temporada. De hecho, el último capítulo ha sido (a mi entender) el mejor. Las relaciones entre los personajes, las decisiones más difíciles, se desatan de la forma más nerviosa y realista de todos los capítulos. No vemos apenas un sólo walker, y… por increíble que parezca, no los echamos de menos. Y, si bien es bastante predecible todo lo que vemos (pero todo; tanto, que cada escena es un spoiler de la siguiente), no importa. Tampoco me preocupa demasiado que sea distinto a la historia original, aunque conozco a alguien que está ‘muy cabreado porque no tiene nada que ver con el cómic…’. En mi opinión se disfruta igual porque, por mucho que odiemos reconocerlo, al final le hemos cogido cariño a los personajes. Pero, sobre todo, yo lo he disfrutado porque no puedo evitar encontrar paralelismos con la que, en mi opinión, es la mejor película de zombies de todos los tiempos, la que ocupa el trono indiscutible e irrebatable: Day of the Dead (1985). No pretendo establecer una comparación de calidad. Simplemente decir que, para ser lo que es, Walking Dead ha reavivado lo mejor y lo más clásico de un género sobre-explotado, volviendo a las raíces con un mínimo de dignidad y sin aspirar a crear una obra maestra.
Para terminar, os dejo con los que para mí han sido los mejores momentos de esta temporada:
- Las escenas con la zombi que se arrastra en el primer episodio. Grandes efectos especiales y momentos llenos de significado
- El ataque al campamento. Bastante bien narrado.
- El descuartizamiento del zombi muerto para cubrirse de su hedor. Sentido del humor a borbotones.
- ¿Cuál es el tuyo?
4
Arsénico por adaptación

Cuando se filtró que la NASA iba a dar una rueda de prensa sobre una nueva forma de vida, saltaron las alarmas ante la posibilidad de la primera noticia en la Historia relacionada con el descubrimiento de vida extraterrestre. En concreto, el anuncio hablaba de “un hallazgo sobre astrobiología que tendrá un impacto en la búsqueda de vida extraterrestre”… Aquello generó una tremenda expectación durante unos días. Yo, por unos momentos, estuve convencido de que iban a hablar de formas de vida primigenias en Titán, la luna de Saturno que (dicen) se asemeja a la Tierra en cierto modo. Además, los de la NASA son esa gente que va al espacio, ¿no es así…?
Pues sí. Pero también realizan muchas otras investigaciones aquí abajo, como es normal. La doctora Felisa Wolfe-Simon ha sido la encargada de destapar hoy su descubrimiento (o, mejor dicho, la incubación bajo condiciones de laboratorio) de la primera forma de vida conocida que no necesita fósforo para establecer su arquitectura bioquímica, lo cual implicaría desechar dicho elemento como uno de los seis bloques básicos absolutamente necesarios para la vida (carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre). Y no lo necesita porque lo reemplaza por el arsénico: los simpáticos científicos del equipo de Wolfe-Simon habían situado a esta bacteria en un entorno extremadamente tóxico saturado de arsénico (el Lago Mono en California), y en ausencia total de fósforo — para ver cómo reaccionaba. Y parece que ha reaccionado bastante bien; esta nueva cepa de la bacteria, este ‘bichito’ ha conseguido utilizar dicho veneno como nuevo componente de la columna de su ADN. Donde no hay pan, buenas son tortas. Sencillamente fascinante. No es un ser alienígena, pero tampoco es un extremófilo más.
Esto, evidentemente, significa que no estamos ante una “nueva” forma de vida. Como el propio equipo responsable por el descubrimiento se ocupa de aclarar, “el organismo está en la naturaleza; es una bacteria conocida. No es nueva, sino que nadie sabía que podía hacer esto“. Lo que sí explican es que “estos organismos podrían haber evolucionado en la Tierra antigua y podrían persistir en medioambientes inusuales hoy” (Diario Jornada).
Pero lo realmente curioso de todo ésto es el modo sensacionalista en el que se ha dado a conocer la noticia por parte de la NASA. En este sentido es interesante lo comentado en el interesante análisis realizado en Ciencia Kanija:
La NASA empieza a tener un sospechoso historial de exageraciones (‘hypes‘), lo cual no parece muy adecuado tratándose de una entidad de tanto prestigio. La agencia ha jugado con los medios, ha orientado una noticia biológica/bioquímica hacia un sector que sabe que le iba a generar un altavoz mucho mayor, el astrobiológico, pero con el que sólo tiene una relación tangencial. Algunos dirán que el fin (la divulgación) justifica los medios (las medias verdades); (…) o que la verdadera culpa es de los medios, ávidos de carnaza sensacionalista. (…) ¿Estamos obligados a vender la ciencia de forma sensacionalista para atraer al público?
En efecto, es revelador cómo el Washington Post ha decidido cambiar el título del artículo que publicó bajo el titular “Second Genesis on Earth?” y que ahora aparece bajo el mucho más discreto “Bacteria stir debate about ‘shadow biosphere’”. Cuando esta mañana intenté volver a leerlo me sentí confundido por unos momentos, no podía comprender cómo el mismo link que había guardado en mis ‘Favoritos’ me podía llevar ahora a un contenido distinto. Pero no era distinto; simplemente, tiene otro título ahora. Es como si se hubiesen dejado llevar por el hype y después se hubiesen visto forzados a rectificar ante el perfil decididamente más bajo (al menos a ojos del público general) que iba adquiriendo la noticia. Y no sólo han cambiado el título, sino que han retirado toda mención a un “segundo génesis” del texto. O quizá quieren jugar ambas cartas: la sensacionalista cuando aparece la noticia, y la ‘seria’ cuando el asunto se apacigua.
Y es que, ciertamente, lo de “Second Genesis” es una expresión exagerada, porque efectivamente no estamos hablando de un espontáneo surgimiento de una segunda ‘línea de vida’ en la Tierra. Más bien creo yo, desde mi humilde opinión de lector amateur amante de la ciencia, que estamos ante un espectacular caso de adaptación evolutiva que se sitúa fuera de todas las predicciones y que va a significar un nuevo principio y un revisión de todo lo que hasta ahora se de por sentado en biología molecular.
Como espectador fascinado que soy del progreso científico, me parece que estamos ante un evento de gran importancia que obliga a redefinir, como he dicho, muchos conceptos que se daban por sentados. Y como amante de la ciencia especulativa (o ciencia-ficción), he de confesar que con estas noticias mi mente vuela, imagina y divaga, y recuerda historias fantásticas como aquel relato Out of the Sun de Arthur C. Clarke (1958), en el cual una forma de vida nunca vista antes formada por ondas electromagnéticas abandona el núcleo del Sol propulsada por una erupción y agoniza en el éter un instante después de ser detectada por humanos del futuro.
También me hace recordar un diálogo de la película Jurassic Park (1993, Steven Spielberg):
Henry Wu: You’re implying that a group composed entirely of female animals will… breed?
Dr. Ian Malcolm: No, I’m simply saying that life, uh… finds a way.
“La vida se abre camino”. Qué gran verdad. Me encanta esa frase. Es cierto, hagas lo que hagas, la pongas bajo las presiones que la pongas, se adapta y sale adelante fortalecida. Ni ahogándola en puro veneno, ni saturándola en ácidos corrosivos o enterrándola en magma puedes exterminar ese fenómeno tan extraordinario que es la vida.
Enlaces:
- Microbios que se alimentan de arsénico pueden redefinir la química de la vida (español)
- Second Genesis on Earth? (inglés, título original)
EDITO: Como era de esperar, hay noticias acerca de la posible imprecisión en las conclusiones de los investigadores de la NASA. Al parecer, no sólo no hay pruebas concluyentes, sino que la metodología deja bastante que desear: http://www.slate.com/id/2276919/
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