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Pastiches y clichés
En el cine y el teatro suele haber una serie de estructuras narrativas standard que se repiten desvergonzadamente hasta la saciedad. Existen “películas tipo” que tienen la peculiaridad de que sabemos cómo van a terminar desde la primera escena debido a que ya hemos visto 500 películas exactamente iguales anteriormente. Vamos a ver algunos de los paradigmas más extendidos:
#1 Un grupo de hombres, mujeres o (¡peor aún!) parejas, se reunen periódicamente (cada año, cada diez años), para rememorar viejos tiempos y comprobar cómo les ha ido la vida según van haciéndose mayores; suelen estar casados, alguno con hijos, pero siempre está el clásico ligón que sigue siendo soltero y un poco “loser” que siempre llega tarde y es un poco impresentable; también aparecen siempre la solterona tímida, el freaky mascota, el guapo perfecto, la salidorra, el borrachito… ya sabéis. Cada uno de ellos arrastra a la citada cita todas sus frustraciones y tragedias personales, que intentan disimular ante los demás tras una sonrisa hasta que, poco a poco, va saliendo toda la mierda y los conflictos y las miserias empiezan a saltar entre ellos. Al final suele morir uno de los personajes más entrañables (¿el anfitrión?), hecho que vuelve a unirles a todos en armonía.
#2 Un ex-combatiente o ex-madero retirado del servicio vive apartado en un lugar rural. Un buen día llega (en helicóptero) un alto mando, que solía ser su mentor y único protector en la época en que solía ser un soldado/policía perfecto, una máquina de matar difícil de tratar. El alto mando le intenta convencer de que vuelva para “una última misión” (que será la penúltima para cuando saquen la segunda parte), a cuya proposición en ex-combatiente se niega. “Venga va, porfa”, le dice el alto mando, que recibe de nuevo negativa tras negativa hasta que le dicen que su hermana, o su prima, o su hamster, están en peligro si no accede a intervenir, tras lo cual accede. Al final mueren muchos en la película excepto el alto mando, el ex-combatiente y el hamster, que es rescatado in extremis.
#3 Grupo de jóvenes decide ir de excursión, de nuevo a un paraje rural, lo suficientemente apartado como para que no haya cobertura ni posibilidad de comunicarse en modo alguno con la sociedad; Suelen dirigirse hacia su destino o bien en coche viejo y desvencijado, o en super-monovolumen o pick-up moderna y nueva, dependiendo de si son pijos de ‘college’ o freakies en paro. Suelen estar tod@s buenísim@s o por el contrario ser una colección de monstruitos, que en las luminosas secuencias iniciales van camino de su perdición mientras escuchan en la radio del coche la última sensación del rock americano, quizá fumando un poco de hierba, contando chistes de tetas o tocando la guitarra acústica mientras sacan un pie descalzo por la ventanilla. Tras un par de indicios de que algo no va bien por la zona como por ejemplo una cabeza decapitada pinchada en un palo (indicios que ellos ignoran totalmente), ocurre lo siguiente: Tras poner el camping o acomodarse en la cabaña de turno, las parejas que al caer la noche hacen guarrerías sexuales (o aquellos que se hacen una pajilla en soledad) van siendo asesinadas uno tras otro, cayendo como moscas, a diferencia de los que se mantienen castos, quién sabe por qué. El caso es que alguien a quien nunca se le puede ver la cara los está matando de las formas más rebuscadas y poco creíbles, por ejemplo con una percha recubierta de centenares de anzuelos o algo similar. Al final mueren todos, claro, excepto uno de los jóvenes, a quien vemos en el plano final huyendo por una carretera lleno de sangre, gritando traumatizado. El asesino resultaba ser, simplemente, un loco de la zona. Títulos de crédito con recortes de periódicos de los días posteriores a la matanza con música metal.
#4 Chico encuentra chica en circunstancias difíciles para ambos; por ejemplo, a ella se le acaba de morir el novio y a él le acaba de dejar la novia. Quedan de vez en cuando y el espectador ve que conectan, aunque ellos aún no se dan cuenta; generalmente son personajes puros e inocentes que no se pueden imaginar que lo que quieren subconscientemente, en realidad, es follar. El caso es que llega el momento del beso, suenan los violines, ha llegado el momento perfecto, el amor vuelve a sus vidas, ella se olvida del muerto, él supera haber sido abandonado. Pero, al día siguiente, ooohhh… ocurre que: A) regresa la novia de él, que vuelve a querer rollo y él se ve obligado a estar con ella porque está embarazada o le extorsiona con un secreto, o B) la chica se da cuenta de que es ella la que está embarazada (del muerto, evidentemente, ya que con el chico aún no se ha acostado) y decide alejarse de él por miedo al rechazo. Durante todo el tercer acto no se llaman, ni se ven, parece que se separan para siempre. Evidentemente en este modelo no muere nadie; después de un par de canciones tristes y un par de escenas de bajón en las que el espectador se entristece por “lo que podía haber sido”, sucede ¡OH! el reencuentro perfecto: ella aborta, o él decide adoptar al hijo, o la ex-novia malvada se lleva su merecido y, no sólo éso, sino que se hace buena y en la boda del final sonríe, orgullosa, de su ex-novio (que no es otro que Ben Stiller, o Adam Sandler, o alguno de estos). Extrañamente, en estas películas siempre está más buena la ex-novia mala que la chica con la que se queda el prota al final, cosa que no ocurre con los chicos de ella. Pensad en ello.
#5 Asesino en serie busca un capítulo chulo de la Biblia que mole y que tenga mazo sangre. Este recurso es bueno porque la Biblia es bastante tocha y de ahí salen miles de películas. Por ejemplo, una de un asesino en serie que sigue los 7 pecados capitales. Otro, que usa partes perdidas del cuerpo de Cristo para reconstruirle en Semana Santa. Otro puede inspirarse en el Apocalipsis, fuente inagotable de inspiración. El caso es que siempre hay 2 policías a quienes adjudican el caso, uno joven y apasionado y otro, algo mayor, más sensato y formal, que suelen enfrentarse pero su enfrentamiento hace que sus dos mentes juntas consigan atrapar al malvado, cosa que no conseguirían solos debido a sus “handicaps”, puestos a prueba por la mente perversa del “killer”. Pero esto da igual, porque el final es siempre el mismo: el asesino, haciendo que nuestros héroes se sientan utilizados, humillados, inútiles y superados, va matando una a una, inexorablemente, a todas las víctimas que tenía en su lista de la compra; una por Lázaro que volvió de entre los muertos fastidiándole su apuesta en internet, otra por el leproso al que Jesús insensiblemente le negó un milagrillo, otra por el agujero del monedero de San Judas… a todas las víctimas excepto a la última, ya que en un último momento aparece una pista del pasado, algo que dejaron por alto cuando al principio de la peli entraron en su domicilio lleno de pinturas macabras y (de nuevo) recortes de periódicos, algo que les enciende una lucecita en forma de flashback revelador y que les dice quién es la víctima y dónde va a morir (como en el Cluedo: el mayordomo, con el candelabro, en el vestíbulo), una pista que les ayuda a detener al villano justo antes de cortarle el cuello a una niña. Al final, todos contentos porque la niña se ha salvado, pero un poco deprimidos porque el caso les ha llevado a un pozo existencial del que tardarán en salir. Música industrial con zumbidos, imágenes de moscas disecadas y mechones de pelo escondidos en un cajón, habitaciones de aire enrarecido.
#6 Nave espacial a punto de volver a la Tierra tras un laaaaaargo viaje interestelar recibe un mensaje anónimo de socorro que proviene de “aquel asteroide de allí, Señor”. Las normas de navegación les obliga, a pesar de que a nadie le apetece estar parando, a desviar su curso y ayudar al emisor de la señal por motivos humanitarios. Pero lo que allí encuentren será todo menos humano: el típico marciano baboso se abalanzará sobre ellos, matando uno a uno a los miembros de la tripulación en un ambiente oscuro y oxidado. Al final, cuando consiguen matar al bicho y escapar en una nave auxiliar, vemos en el último plano cómo el extraterreste ha conseguido dejar antes de morir un montón de huevecillos en la mochila del superviviente. Suena una musiquilla en plan “cuando veas la 2ª parte sabrás lo que ocurre al eclosionar estos huevos en la Tierra”. Y tú no te lo querrás perder, ¿verdad?. (NOTA: Todo aquél que guste de la ciencia-ficción sabrá que no sólo ALIEN, El Octavo Pasajero se ajusta a este modelo. Además, si contamos las películas que siguen este cliché aun sin estar ambientadas en el espacio exterior, el número se multiplica por cien, bueno, por diez al menos).
#7 El siguiente cliché es, sin duda, el más prolífico de todos. En esta otra opción hay 2 posibilidades: que el espectador sepa de antemano quién es el policía infiltrado, o que no se desvele hasta el final. En ambos casos se juega o bien con la tensión de saber al “bueno” en peligro, o bien con el golpe de efecto final al ser desvelada su identidad. ¡No me puedo creer que fuera él!. El caso es que tenemos a un grupo de delincuentes, que no se conocían de nada entre sí (o éso parece), reunidos en un almacén convocados por un cerebro criminal que ha ideado un plan para dar un golpe magistral que les permitirá a todos dejar (si eso es lo que desean) su vida de delincuencia para siempre y retirarse para siempre a una playa con mujeres y daikiris fluyendo sin fin; la identidad de este cerebro, dicho sea de paso, puede también ser o no una incógnita. Así que los delincuentes preparan el plan según las instrucciones del autor intelectual, distribuyéndose las tareas, etc., siguiendo siempre en cada escena los tópicos de este tipo de películas: pinceladas de cine negro, empatía por los delincuentes que son mostrados como personas con sentimientos y dudas y miedos, desconfianza entre los personajes, descripción paso a paso del complicado plan del golpe del que se hace partícipe al espectador, que si hay una cámara por aquí, que si conozco a uno que nos deja entrar, que si yo soy el especialista en explosivos, etc. Mientras tanto, el policía infiltrado se ve obligado a matar a alguien (pongamos por ejemplo un traidor) para demostrar su fidelidad, su sangre fría y su maldad infitina al resto y acallar sus suspicacias (le habían pillado antes hablando sospechosamente por el móvil, mira que te habíamos dicho que el contacto con el exterior está prohibido durante la preparación). Evidentemente se carga al tipo, que atado a una silla llorando le implora con ojitos de cordero degollado que por favor no lo haga; se lo carga pegándole un tiro en los sesos, lo cual le generará un dilema existencial y moral que se ve obligado a ocultar ante los demás. Paralelamente a todo esto suele haber de por medio, aunque no siempre, una chica sexy y no muy de fiar que en realidad no influye para nada en la trama, excepto quizá para darle en la cama ánimos al personaje inflitrado (cariño, no pasa nada por matar a alguien, era un criminal y te viste obligado a hacerlo porque tú eres un hombre de verdad que está dispuesto a todo lo que sea necesario y por éso me pones) o quizá más probablemente para seducir con malas artes al miembro más débil e incauto del grupo que, llegado el momento, la caga de alguna manera influenciado por susodicha fémina, de quien ilusamente se ha enamorado, poniendo en peligro al grupo y al plan. Sin embargo, normalmente, esto no es suficiente para echarlo todo a perder; es sólo un pretexto para meter líneas argumentales. Evidentemente el incauto y la chica mueren de una u otra manera. Por norma general, y casi siempre gracias a la ineficacia de los cuerpos y fuerzas de seguridad de uniforme, que no consiguen evitar la huida de la furgoneta ni rastrearla eficientemente, el grupo consigue dar el golpe (si no lo consiguiesen, no se podría mostrar las luchas intestinas y traicioneras que se desatan para quedarse con todo el botín), y normalmente quedan en pie sólo dos personajes: el infiltrado y el más listo y malo de los criminales, que por cierto a esas alturas ya se han hecho grandes amigos a pesar de las dudas; el malo maloso confía ciegamente en el prota, al fin y al cabo se cargó al traidor sin miramientos. Este es el momento climático en que la tapadera del poli bueno es desvelada, y se desata el conflicto definitivo, casi siempre vía tiroteo o duelo dialéctico pseudo-moral. Y al fin, como podréis adinivar, ocurre una de estas 2 cosas: A) El poli infiltrado se las ingenia para apresar a los malosos (de los que se desentiende por completo) y recuperar el dinero de los contribuyentes, o B) El misterioso cerebro de la operación, hasta ahora en la sombra, demuestra su supremacía acabando con el lacayo y dejando al policía infiltrado con dos palmos de narices (hermosa expresión), huyendo a las Bahamas y dándonos la lección de que los malos siempre ganan, o que si te mezclas con el hampa terminas siguiendo sus reglas, o algo por el estilo. Banda sonora a la vieja escuela, dos horas y cuarto de duración, gran reparto de estrellas, al menos una persecución de coches. [NOTA: En otra variante de este pastiche, la chica se queda con toda la pasta al final sin mover un dedo, bien porque ella era el cerebro del plan desde el principio, o simplemente porque era la más lista de la peli. Versión sin duda más realista que las demás.]
Seguiremos otro día.
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Merche
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