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Haber qué pasa con la ortografía
Ahora que lo pienso… RAE y SGAE riman.
cabezaBomba
Las reformas introducidas por la RAE en la ortografía “oficial” del español han disparado la polémica, el Infierno se ha desatado en la Tierra. A mí me resulta un indicador de lo conservadores que somos para algunas cosas. No quiero decir que defienda la reforma; quiero decir que me da igual la reforma porque no acepto la autoridad de la RAE. De hecho, siempre me ha parecido gracioso el modo en que los españoles parecen aceptar dicha autoridad, casi como si los desvaríos de sus empoltronados miembros (a cada cual más repelente) fuesen decretazos legales. Las lenguas no necesitan instituciones que las ‘cuiden’. Las lenguas son seres vivos que evolucionan y cambian anárquicamente de mano de su masa de ‘usuarios’, y el papel de las instituciones debería ser, a lo sumo, reflejar el uso más común de la lengua en el momento actual, no marcar el uso correcto. El inglés no tiene una ‘real academia’, a pesar de lo cual su gramática ‘correcta’ se conserva perfectamente.
De todos modos, mi formación lingüística me lleva a comentar algunos de los cambios, porque la lengua se me antoja a veces un divertido juego, y otras algo trascendental que define nuestras vidas, y en todo caso es siempre ‘food for thought’ (lo cual, por cierto, no tiene traducción literal). Como introducción recordaré el sugerente discurso en 1997 de Gabo, que tituló Botella al mar para el dios de las palabras: “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”
Más que jubilar a la ortografía, que sirve bien como lugar común, se trata de abolir las dictaduras academicistas sobre ella. No debería existir un consejo de sabios, remunerados y obedecidos, que marquen el rumbo de algo que se conduce solo. La mera existencia de esa institución responde a dicha mentalidad formalista y conservadora respecto al lenguaje, y que ha quedado en evidencia estos días con las reacciones a la noticia que nos ocupa: los hablantes son más conservadores que la propia institución.
Todos recordamos con orgullo y admiración la originalidad y libertad creativa y expresiva del poeta total que fue Juan Ramón Jiménez y su manera de jugar con la ortografía, recrearla, mover sus fichas, tildes y letras de un sitio a otro, para resonar y explicar cosas encerradas en las palabras. Pero cuidado, eso sólo puede hacerlo Juan Ramón porque es Juan Ramón; cualquier otro no tiene derecho, el resto de mortales debemos atenernos a los mandatos de cuatro ratones de biblioteca.
Un pequeño repaso
A pesar de todo esto, siempre podemos meternos en vereda normativa y olvidarnos de la naturaleza casi biológica y evolutiva de la lengua, para discutir sosegadamente algunos aspectos de la reforma (click para desplegar)
- La ‘i griega’ será ‘ye’. “Pues vale”, como se diría en la calle. Esperemos a ver cuánta gente termina adoptando este cambio. Sinceramente creo que la ‘i griega’ seguirá llamándose así mucho tiempo, y si termina adoptándose esta nueva nomenclatura, será por esnobismo, demostrando lo que ya comentaba antes: la sumisión a los decretos caprichosos de la autoridad.
- La ‘ch’ y la ‘ll’ dejarán de ser letras del alfabeto. ¡Pero si ya dejaron de serlo hace tiempo! Otra demostración de que el uso natural de la lengua se adelanta al normativo: ¿Cuántos teclados incluyen estas letras? ¿Cuántos niños canturrean el alfabeto incluyendo esas “letras”? Sí, nosotros lo hacemos, porque somos viejos. Actualicémonos. Por cierto, la “rr” (o ‘erre doble’) no se menciona, pero entiendo que queda igualmente desterrada. De hecho, ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, “signos ortográficos de dos letras”. Nada nuevo bajo el cielo.
- Se elimina la tilde en solo. Este cambio es lógico, y no sólo porque quede ya muy poca gente que efectivamente diferencie ‘solamente’ de ‘en soledad’ con una tilde, sino porque la función de las tildes es marcar la posición del acento al entonar la palabra. En ese sentido, si ambas palabras suenan igual, se deben escribir igual. Desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad, sobre todo en monosílabos, por ejemplo, para diferenciar el “sí” afirmativo del “si” condicional, que si me preguntan, por mí podría abolirse igualmente bajo el mismo criterio. ¿Por qué? Porque existe un aspecto de la lengua que es la pragmática y que define la importancia del contexto en la definición del significado. Es decir, que las palabras son ambiguos comodines, y no conceptos fijados y escritos a fuego, que flexiblemente cambian de identidad al ser situados en distintas estancias. Yo lo llamaría a esto “lingüística cuántica”, y apadrino el término porque me gusta. Siempre me quedará la duda de por qué no existía la tilde diacrítica para diferenciar el “fui” (verbo ir) del “fui” (verbo ser), y por qué ese mismo criterio no ha sido aplicado para otras formas similares hasta el día de hoy. De modo que no puedo más que estar de acuerdo con este cambio.
- Se elimina la tilde en los demostrativos. Yo hacía tiempo que practico este cambio. Era evidente que esto terminaría ocurriendo. El principio es el mismo que en el caso de “solo” en cuanto a que palabras que se leen igual se deberían escribir igual. La tilde no debería tener carga semántica, es un neutrón flotando sobre la molécula de la palabra. Estas reformas significan la extinción normativa de la tilde diacrítica.
- Guion, sin tilde. No voy a entrar a discutir este caso; queda bien explicado en el artículo y estoy de acuerdo en que resulta difícil de tragar, pero no mucho más que las correcciones a la ley de la gravedad el día que Einstein nos vino con la Relatividad. Lo que me ofende profundamente es que en este caso, además, la RAE no sólo se limita a proponer, sino que explícitamente “condena” cualquier otro uso. Según Salvador Gutiérrez Ordóñez, “escribir guión será una falta de ortografía”. ¡Por Tutatis, de esto es de lo que trata precisamente este post! A partir de ahora, y sólo por rebeldía, escribiré siempre guión con tilde. Por muy ‘monosílabo’ que lo pinten ahora. Y no usaré guíon de milagro.
- 4 o 5, y no 4 ó 5. Este cambio me resbala tanto que ni merece un comentario por mi parte. Por mí, como si quieren que le hagamos un tirabuzón a la “o”.
En fin, tampoco conviene ponerse demasiado tiquismiquis, ni profundizar demasiado en el juego. Lo importante, lo realmente importante, es que no se cometan burradas como la del título de este post, y muchas otras similares, que son las que realmente hacen daño a la comunicación y la expresividad de una lengua —como el pérfido dequeísmo—, propias de la falta de amor a la lectura y a una expresividad rica basada en la decisión y necesidad comunicativa individual y no en la ignorancia y el analfabetismo.
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