Nov
2

Un final. Caprica.

Breve post para dar la despedida a una serie que no me tenía especialmente contento, pero sí perdidamente enganchado. Caprica ha sido una serie que ha intentado lo que ninguna antes; de hecho, pocos libros y menos películas se han propuesto narrar algo tan grande como la caída de la humanidad, el inicio de la vida sublimada (en formas robóticas), y una épica religiosa que marca el inicio de la Nueva Era (más atractiva, no os lo niego) que se nos presentó en Battlestar Galactica, una de mis creaciones audiovisuales favoritas de la ciencia-ficción e hito de calidad en el mundo de las series de televisión.

Ni siquiera me apetece utilizar la palabra “precuela”. Caprica ha sido la excusa semanal para entregarnos a un sinfín de meditaciones acerca de temas auténticamente propios del género y que fascina a sus más ‘serios’ seguidores. De hecho, Caprica es una serie que resulta mucho mejor cuando se piensa en ella que cuando se ve. Quizá este ha sido uno de sus problemas con la audiencia. Acaso también sea cierto que la narrativa, en ocasiones, dejaba algo que desear. Debemos reconocer que la inclusión del mundo virtual (‘New Cap City’), si bien absolutamente imprescindible a nivel argumental, nunca debió diseñarse y filmarse como un videojuego. También se ha dicho que Caprica no ofrecía ninguna figura ‘positiva’ en la que identificarse; que ningún personaje en su plantel coral −trufado de mafiosos, terroristas, empresarios sin escrúpulos y odiosos líderes conspirativos−, ninguno ofrecía un ‘alivio moral’ para el lector, con ninguno cabía identificarse o alinearse. Sin embargo, para mí, era ésa precisamente una de las principales virtudes de Caprica: la absoluta decadencia de la humanidad. Ni siquiera hay espacio para el anti-héroe, esa figura irónica a la que se agarran los cínicos. No. Caprica es honesta, fría, brutal. Para desatar el infierno Cylon, para abrir la caja de Pandora de la fruta prohibida, es necesario caer muchas veces, pecar muchas veces, repetir muchas veces el mismo error de forma consciente. Y eso es lo que hacen el señor Greystone y toda la pléyade que puebla esta fantástica serie.

Creo que la ficción especulativa, sobre todo la que tiene tintes metafísicos, es un hueso duro de roer para quienes buscan el (innegable) glamour de una patrulla de Cylons liándose a tiros con todo lo que se menea, o las batallas intergalácticas de naves espaciales, momentazos que eran auténticas maravillas en Battlestar Galactica. Pero, digo yo, hay tiempo para todo, y nada mejor que una pseudobíblica recreación del inicio de la vida sintética o inteligencia artificial, puesta en paralelo con la posibilidad de la vida después de la muerte, para estimular las neuronas.

No quiero entrar a analizar por qué una serie tan prometedora es cancelada antes de finalizar la primera temporada, ni al error que ha supuesto dividirla en dos partes separadas por un año, lo cual, evidentemente, ha matado al show. Y me cuesta trabajo creer que se haya decidido suspender la emisión ipso facto y dejar ‘en latas de conserva’ los 5 capítulos restantes, ya producidos, hasta que se emitan “en algún momento en 2011″ como por obligación. Es simplemente inaudito. Tampoco le quiero dar vueltas a la nueva trayectoria que ha abrazado SciFi, perdón, ahora SyFy, y mucho menos sabiendo que ahora les ha dado por programar wrestling, o lucha libre, o como se llame. Es el principio del fin de un canal que, sin ser una panacea, de vez en cuanto ha ido ofreciendo algún que otro producto entretenido. En fin. Todo el mundo sabe que la avaricia es la reina de este mundo. Sobre todo, los que veíamos Caprica.

Consuelo (o patética consolación) será Battlestar Galactica: Chrome and Blood. Esto sí que va a ser una precuela.

R.I.P.

Temas del blog

FilmBunker.NET

FilmBunker.NET logo

Microblogging

ESTOY LEYENDO...

Follow

Get every new post delivered to your Inbox

Join other followers: