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Sep
29

Esta Huelga es como Facebook

No voy a entrar a comentar el hecho de que celebrar una huelga en plena crisis no hará más que intensificar la contracción económica, o sobre los componentes politicos que tanto se debaten hoy en los medios como, por ejemplo, qué debe esperarse de un gobierno de izquierdas y de unos sindicatos responsables. Todo esto son, hasta cierto punto, juegos de datos y palabras, estadísticas, tertulias.

Leyendo la prensa he llegado a la conclusión de que en España tenemos un proletariado postmoderno. Un proletariado que ha evolucionado hacia un cinismo intenso y una percepción de la realidad más bien pragmática. Leo comentarios en los medios digitales de lectores y usuarios de clase media trabajadora justificando las tesis de la patronal y renegando de los sindicatos. Esto no solo se debe a la esquizofrénica posición que éstos se han visto obligados a adoptar en lo que respecta a los motivos para esta huelga general, sino a una aceptación sincera y realista de lo innegable: la situación actual viene determinada por la coyuntura europea y la necesidad de ajustarse a los criterios impuestos por la unión, el gobierno no va a cambiar ni un ápice la reforma laboral, y lo que es más importante, dicha reforma vino impuesta por la impotencia de los agentes sociales de llegar a un acuerdo. Ojo. No digo que el gobierno no tenga culpa ninguna; lo que digo es que fueron precisamente sus erróneas e insistentes políticas de gasto social previas (y paralelas) a esta crisis las que propiciaron la necesidad imperiosa de mandarlo todo al garete a golpe de decreto y reforma o sí o sí. Tuvo que llamar Obama, por cierto, porque si no, no hay manera.

Lo dicho. El proletariado ya no es tal cosa, sino una masa de individuos muy informados que comprenden una cosa: si ellos fueran los empresarios, harían lo mismo. Este es un mundo de competencia y competición, donde sobrevive el más fuerte. Es de ilusos pensar que la patronal debiera ceder ante supuestos derechos inalienables. Bienvenidos al Mercado. Esto el ciudadano lo entiende perfectamente. La conciencia de clase (la de verdad, la de los movimientos revolucionarios) se quedó sumergida en el siglo XX, en el tintero de aquellos burgueses librepensadores que lograron acabar con una aristocracia vaga y hortera que envidiaban profundamente. Lo de mayo del 68 fue un espejismo, una convulsión cíclica. Ahora ya todos somos vagos y horteras, nos han dado demasiado de lo que queríamos (eso del libre mercado y la sociedad del entretenimiento ha sido too much of a good thing), y mientras por fuera pataleamos, por dentro entendemos perfectamente que no nos merecemos nada mejor. Esta crisis es moral.

Es decir, que esta Huelga probablemente la han secundado muchos españoles, pero muchos de ellos lo han hecho convencidos, en su fuero interno, de que esta Huelga no valía para nada. Nada va a cambiar esta vez. Se perderán unos cuantos millones de euros, unos cuantos miles de horas, y hala, a recuperarlo todo a partir de mañana a base de… trabajar más. ¿De verdad alguien cree que esta huelga va a hacer que el gobierno eche para atrás la Reforma como ocurrió en 1998 y en 2002? Si lo hacen, nos vamos a peor!!! Los sindicatos están pidiendo algo que saben que es malo para el país, pero, atrapados por su propia identidad, no saben reconocer que esta desagradable medida anti-social que es la reforma del mercado laboral (y que a ninguno nos gusta) viene inspirada por una ideología “pro-social”, si se me permite el palabro. Muchos analistas coinciden en que dicha reforma laboral será negativa para la economía del país… por ser insuficiente!!!

Pero, entonces… ¿Hay algún motivo para convocar y secundar este tipo de huelgas? Hay quien sostiene que existe un componente expresivo, una necesidad del pueblo de hacer saber lo que siente, de explicitar su indignación. Se trata de una motivación romántica e idealista, una forma de decir: ‘Que se entere el opresor, sea quien sea, de nuestra fuerza‘. Me pregunto qué clase de fuerza negociadora puede esconder en la manga alguien que no sabe a ciencia cierta a quién tiene sentado al otro lado de la mesa… ¿Es el gobierno? ¿el socialismo? ¿el PPSOE? ¿la cínica y arrogante clase empresarial española? ¿Europa? ¿la decadente cultura española de cachondeo y picaresca? ¿todos?!… No se sabe bien. El caso es que si estos motivos ‘ideológicos’ o ‘de clase’ son compartidos por mucha gente, para mí son cada vez más difíciles de entender en un mundo en el que nadie hace nada por los demás. Como dijo Mariano,

“…mientras los jóvenes de hace un par de décadas se organizaban e iban a la calle los de hoy esperan que les digan lo que tienen que hacer, o que alguien los convoque en Facebook, o por sms, o hagan una llamada en twitter o mejor aún, aparezca por la tele un reportaje emotivo (entre anuncios de desodorantes, politonos y móviles) sobre un suceso que estimula sus corazones. Pero eso siempre, ‘esperando’ el estímulo…”

Me pregunto si los sindicatos están adoptando ese frívolo papel de ‘red social’, ese vacío y sectario ‘pásalo’ en el móvil que te hace sentir identificado con la tribu de turno, ese estímulo mediático del que habla Mariano.

Aquí en Estados Unidos, todo esto es impensable. Los sindicatos son inexistentes (conozco, eso sí, asociaciones de trabajadores que pelean por sus propios derechos en las negociaciones de sueldos, acuerdos, etc.), y las “unions”, si bien se mantienen en sectores industrials estratégicos, no se ven por ninguna parte en el mercado laboral convencional. No hay una UGT o unas CCOO en la televisión americana indicando hasta qué punto pueden rebajarse las indemnizaciones por despido. Hay quien podría decir que nadie los necesita en un país con un nivel de desempleo bajísimo (se alarman cuando llega al 9 o al 10%) y unos sueldos que justifican el éxodo a estas tierras bizarras y contradictorias. Podría incluso decirse que los sindicatos son síntomas de que algo va mal. Cuanto más fuertes los sindicatos, peor es el problema. Conozco la situación de una empresa en la que se hicieron tan fuertes que monopolizaron el departamento de Recursos Humanos, controlando la selección y contratación, incurriendo en amiguismo, tráfico de influencias, enchufismo, corrupción. Y estoy hablando de una empresa enorme que en su tiempo era propiedad de todos los españoles. Pero su carga ideológica, romántica, de lucha social y revolución visceral la conservan, no sé por qué oscuro motivo. En fin.

Esta huelga es como Facebook: no sirve para nada, pero todo el mundo está dentro.

EDITO: La reforma laboral se mantiene tras la huelga… y, al parecer, no todo el mundo secundó la convocatoria. Pensaba yo que el espíritu español de “cualquier excusa es buena para no currar mañana” se impondría a mi concepto del ‘proletariado cínico’ y desencantado del que hablaba arriba. Al final va a ser verdad.

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