Jul
28

El dólar y el opio (Asia II)

By cabezaBomba  //  Sociedad, Viajes  //  2 mechas

Venciendo una ligera embriaguez, incorporó su cabeza y abrió los ojos. La luna llena, rodeada por un halo de algodonadas nubes, flotaba en la noche sin estrellas. Su luz se reflejaba océano adentro, pintando un claro plateado en la calma superficie del agua. Las hojas de las palmeras encuadraban la visión. Al fin estaba en Bali, bajo el auspicio del volcán Batur, rodeado de la boscosa y fértil frondosidad de la Isla de los Dioses. El coral le esperaba al día siguiente, y ahora, en el silencio de un recóndito escondite al este de la isla, todo parecia un sueño. Al fin estaba en Indonesia, y eso significaba que el viaje llegaba a su fin. Pero, también, que su ser estaba ya impregnado de Asia.

Bandera de Malasia

Bandera de Malasia

La propia bandera de Malasia ya expresa diversas paradojas de este gajo del planeta que es el Sudeste Asiatico. Es igual a la de Estados Unidos, las mismas barras rojas y blancas, pero con una luna y una única estrella en la parte azul. También es evidente en la satánica figura de Ronald McDonald, a la entrada de los restaurantes de la cadena yanqui, rezando en bienvenida con las palmas de sus manos unidas frente al rostro. Igual signo de estas paradojas es el hecho de que el dólar americano sea la moneda fundamental en muchos de estos países, y no sólo para los turistas, ya que los cajeros automáticos, como ocurre en Camboya, sólo dispensan esta moneda. El tío Sam te espera en la calle, aunque en las escuelas, la imagen de Ho Chi Minh (en el caso de Vietnam) preside las aulas en todas las escuelas del mismo modo que lo hacía la efigie de Franco en esa España nuestra; Ho Chi Minh, que dió su nuevo nombre a la antigua Saigón, casi como si Madrid fuese de un día para otro rebautizada como “Zapatero City”. Pero quizá nada tan elocuente como la llaga histórica de Camboya, que a día de hoy todavía tiene a flor de piel el recuerdo del Khmer Rojo, la abolición del dinero y la propiedad privada, el envío de la población a campos de producción agraria, la aniquilación de los críticos al régimen hasta alcanzar y superar los 2,000,000 de víctimas… Qué increíble el modo en que sus lisiados por las minas anti-persona hoy día te piden “dollar, dollar”… o baht tailandés. Lo que sea.

Por todas partes, la hoz y el martillo, eso sí. Y la estrellita. Letras amarillas sobre fondo rojo. Lo que tiene que aguantar esta gente.

Pero estas paradojas quizá no sean tal cosa. Quizá no son contradicciones, sino simetrías, dos caras del mismo cuarto de dólar. Del mismo modo, el comunismo (político) ramplante por la zona se contrapone al capitalismo salvaje totalmente fuera de cualquier control. Del mismo modo, la infinita variedad de religiones y creencias parece neutralizar el famoso principio comunista del “opio del pueblo”; la religión tiene aquí un peso específico inmenso, y se manifiesta en infinidad de maneras: la forma de agradecer, de recibir, de ofrecer… Esto es especialmente llamativo en toda la zona: si bien sus líderes son unos déspotas modernos en un grado u otro, sus gentes son probablemente de lo más sencillo y hospitalario que he experimentado en ningún viaje. Si bien es cierto que estas bondades desaparecen en Bangkok, en el caso de Thailandia, no se puede decir los mismo de Hanoi. Sus gentes, si bien hiperactivas y frenéticas, siguen los protocolos de sonrisa y amabilidad — aun en una ciudad de esa magnitud.

La variedad de religiones se manifiesta en grado máximo en Malasia, donde la fé oficial es el Islam, donde se aprecia el mayor rango de variedades de credos por metro cuadrado. Desde burkas con máscaras metálicas, hasta musulmanes de xilaba y turbante, pasando por monjes budistas con su túnica azafrán y grupos de hindús con su bhindi en la frente. Todos juntos, y revueltos, en calles atestadas, no sólo en Malasia; multitudes en los mercados, mezclados, rozándose unos con otros, en una fricción comercial y humana que se extiende por toda la península y los países que la componen. En Tailandia, por ejemplo, vimos cómo el DJ de una discoteca playera de la isla de Phi Phi Don interrumpía la música cuando el almuecín de la mezquita próxima comenzaba a declamar sus Allah wakhbar… En Vientián, capital de Laos, existe incluso un excéntrico parque, híbrido de budismo e hinduísmo, que fusiona ambas mitologías en una misma concepción estética y filosófica. Y al norte de Laos y Vietnam, las tribus hmong (de las que os hablaré en breve) todavía creen en los hombres-lobo, a pesar de ser “católicos”.

(Continuará…)

  • Merche

    ¡¡¡ qué bonita reflexión !!! he de reconocer que no se demasiado sobre Asia, la verdad.
    Pero leyendo estas cosas parece que me voy acercando un poquito mas a esa cultura.
    Un saludo.

  • http://www.nitroglicerino.com nitroglicerino

    Esa mezcla de culturas me recuerda un poco a Estados Unidos. Me pregunto cómo irán organizándose estos países según se vayan haciendo económicamente más fuertes. Sé que pedir más fotos es casi un pecado por la calidad de las conexiones… ¡pero cuando vuelvas a Lexington tienes que subir unas cuantas! :D

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