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Jun
23

Supersticiencia

“Hijos míos, seguidores de la SUPERSTICIENCIA, venid todos a mis brazos. Amantes del zodíaco, el horóscopo, el feng-shui, el ying-yang, Jesucristo o Alá, el ‘destino’, las energías positiva y negativa, el Reiki, los zahorís, el sentido de los sueños, el futuro en las hojas de té, el trébol de la suerte, la ‘telepatía’ con tu ser amado… Todos vosotros venid a mí, que os daré un palazo y os haré entrar en razón” – cabezaBomba.

No escribiría esta entrada si no fuese por dos motivos. El primero, que cada vez me sienta peor reflexionar sobre las falacias del misticismo, de la religión y, en general, toda forma de trascendentalismo, espiritualismo o metafísica. El segundo ha sido constatar (una vez más) cómo la gente sigue cayendo en la trampa de la superstición, los productos milagro y la creencia en que hay “algo más” de lo que vemos, algo que domina nuestras vidas, algo que podemos invocar o a lo que podemos rezar para que nuestros deseos se hagan realidad.

El pasado siglo XX y, por supuesto, el presente, han sido o están siendo francamente impresionantes. Es increíble el progreso que ha experimentado el conocimiento humano y la ciencia en menos de 200 años. Lo que hace dos siglos era considerado magia, hoy es cotidiano: Imágenes trasladadas por los aires y reproducidas en tu mano, contacto e interacción con personas al otro lado del mundo, por no hablar de los descubrimientos a nivel astrofísico y subatómico que serán nuestro trampolín a un nuevo modelo científico, a una “nueva ciencia”, que superará nuestros sueños más locos. Todas estas cosas, hace tan sólo dos siglos, eran llamadas “magia”, ni más ni menos. Falacias históricas como la “telepatía” o los poderes de los mediums se han visto sustituídas por inventos como el iPhone o el e-mail. Las “blasfemias” de Copérnico nos parecen poca cosa cuando abrimos Google Earth.

Todos estos avances han dado a parar en un corpus de conocimiento científico que ha logrado llevarnos donde ninguna doctrina metafísica, ningún dogma religioso, ninguna invención new-age nos ha llevado nunca. Ninguna de esas “disciplinas” de pseudociencia o espiritualismo han ayudado a curar una sola enfermedad, no nos han ayudado a volar como lo han hecho los ingenieros aeronáuticos, esos auténticos profetas. Ese cuerpo de conocimiento científico al que me refiero bien podría no ser definitivo en su explicación del mundo, pero al menos, la ciencia tiene la humildad de aceptar ‘mejoras’, y de hecho espera que esto ocurra, a diferencia de cualquier otra explicación del mundo, que suele ser fundamentalista. Alguien que cree en la existencia de los espíritus de los muertos o que éstos puedan visitarnos, jamás dejará un resquicio en su mente abierto a la posibilidad de que, efectivamente, estos fenómenos no ocurran (excepto, claro está, si se trata de un charlatán fraudulento que se aprovecha de la gente).

Sign o’the times

Ha habido un par de cosas últimamente que me han enfadado y que, al final, han provocado la existencia de este artículo. Una de ellas es la noticia de que una universidad española (en Lleida) ofrece un curso de “Iniciación a la Astrología”… sí, sí, aquello de los Aries y los Piscis. http://listadelaverguenza.blogspot.com/2010/06/la-universidad-de-lleida-y-la_11.html. Esto es, sencillamente, un atentado a la credibilidad académica de la institución, que incita a empezar a pensar en nombres y apellidos de los responsables e incluso acciones legales.

Otra cosa que encontré en la red, bastante más graciosa, es la charla de Mr. Randi acerca de los charlatanes que invocan los miedos de la gente y sus propios poderes “mentales” para hacerse ricos. Es divertido verle tragarse una “dosis letal” de medicamentos homeopáticos, por cierto, otro inmenso bulo nunca demostrado científicamente pero con millones de creyentes o adeptos (adeptos al efecto placebo en realidad) http://www.ted.com/talks/james_randi.html

Pero sin duda alguna, lo peor ha sido volver a España y encontrarme con la maldita moda de las PowerBalance. Es una pena y una vergüenza ver cómo la gente realmente cree que una pulsera de goma con un mineral común va a actuar del más mínimo modo en su organismo o fisiología. Y que cobren más de 30 € por unidad me parece sencillamente un timo que se aprovecha de la superstición ignorante que existe en gran parte de la población de este país.

Pero no sólo el populacho menos “leído” ha caído en las garras este espectacular fraude. Patxi López llevaba la susodicha birria de pulsera, orgulloso, mientras posaba para la portada de una revista (http://blogs.elcorreo.com/magonia/2010/4/26/el-lehendakari-lopez-posa-la-portada-del-xlsemanal-con-su). No quiero decir con ésto que Patxi López sea especialmente inteligente, ni mucho menos. Me refiero a que no hace falta ser iletrado o limitado intelectualmente para caer en estos pozos de vergüenza. Sólo es preciso tener poca personalidad a nivel social, y una buena dosis de superstición.

Más cotidiano

Pero no sólo hay casos de fraude. En realidad, la superstición ocupa gran parte de nuestro día a día, y es una pena comprobar cómo infinidad de gente da por sentadas una serie de cosas que me espanto sólo de pensar por qué lo creen, o quién les ha convencido de ellas. Veamos…

  • Hay gente que te pregunta tu símbolo del zodiaco cuando te conoce o se interesa por tí. No sólo creen que éso tiene algún tipo de significado, sino que además te saldrán con cosas como: “No me extraña que nos llevemos tan bien. Tú eres Leo y yo Capricornio, está claro”… o la omnipresente “es que los Aries sois como un elefante en una cacharrería”, que se ha convertido en un castigo demasiado repetido para mí.
  • El maldito karma. Existe la creencia generalizada de que, lo que hagas en la vida, te volverá de alguna manera. La gente simplifica esta farsa y la reduce hasta pensar que, si te portas bien con la gente, la gente se portará bien contigo. Y lo mismo si te portas mal; te volverá de alguna manera. Como no hay forma de comprobar que esto es así, porque la vida y los comportamientos de la gente son mucho más aleatorios o incontrolables que éso, la gente pasa al siguiente nivel, es decir, pensar que el karma lo arrastras… ¡¡a tu siguiente vida!!
  • No dejo de escuchar cosas como… “Ese tío me roba mucha energía”, o “en esta casa hay muy buenas vibraciones”, o “noto mucha energía negativa”. Vamos a ver, vamos a ver. La energía no es positiva ni negativa, o no lo es a nivel humano por lo menos. La gente no te “roba” energía. La gente te cae mal porque tu cerebro la percibe como una amenaza a tu tranquilidad o tu diversión, y punto. Y en los sitios no hay vibraciones raras. El raro eres tú, que asocias un estado anímico subconsciente y transitorio con la presencia de un “algo” que impregna de bondad o maldad las paredes que te rodean. Muchas películas de mediums hemos visto.
  • Supersticiones. Es increíble cómo la gente, efectivamente, piensa que comer las uvas en fin de año da buena suerte (y que no comerlas es mal augurio); o cómo muchas personas creen que unas bragas rojas bendicen un matrimonio para siempre. Los ejemplos son tan numerosos que no pienso alargarme en esto. Más abajo hay una cita de Richard Dawkins, mencionando los trabajos de B F Skinner, que explica la existencia de estos comportamientos.
  • “Estábamos destinados a estar juntos”.
  • “A veces tengo telepatía con mi novio, ¡te lo juro!”
  • “Las coincidencias no existen; todo pasa por algo”.
  • “No sé si creo en Dios o no. Sólo sé que hay algo, tiene que haber algo”.

¡¡¡¿Qué significa “algo”?!!! Sin duda, es un claro indicio de inseguridad, fragilidad, vulnerabilidad.

Fear is your only God

La religión es básicamente lo mismo que todo lo anterior, pero institucionalizado. Pero este artículo no pretende profundizar en la religión como organización, ni siquiera como sentimiento (al cual englobo dentro de los anteriores, por tratarse de una manifestación más de comportamientos supersticiosos). Sin embargo me ha llamado la atención, tras la muerte reciente de José Saramago, cómo la Iglesia se ha apresurado en escribir un obituario demoledor sobre su persona, tachándolo de “marxista” y criticando sus ataques a la metafísica… lo cual me ha hecho pensar sobre el hecho de que Saramago deseaba que sus cenizas fueses esparcidas en Lanzarote, donde vivía, y en el pueblo portugués que le vio nacer. Lo de la cremación es práctica (preferencia) atea en Occidente, pero… ¿no es también una superstición (una cesion al misticismo) eso de esparcir las cenizas sobre los lugares que uno amaba? ¿Acaso no existe tambien algo que podemos llamar ‘superstición poética’, que nos hace pensar de forma plenamente mística sobre algo tan mundano como un puñado de material orgánico carbonizado, por muy ateos o materialistas históricos que seamos?

Llamaré a esto Ficciencia, o sea, el valor dado a la “verdad poética”, auto-engaño de materialistas y pragmáticos, ateos y escépticos, que no son capaces de serlo del todo y le dan valor de cierta “verdad” a la literatura o la poesía, que otorgan a la ficción un valor supremo, cuando en realidad sólo se trata de devaneos y divagaciones de nuestro complejísimo cerebro. Devaneos con una cierta utilidad, no lo pongo en duda; pero desde luego, completamente desprovistos de “verdad” en sentido alguno. Ah, no se atreven a terminar de ver el mundo en su auténtica majestuosidad sin valores.

En 408 AC, el rey Xerxes de los persas construyó un puente sobre el mar, y el mar vino y lo destruyó. El rey Xerxes se quedó tan furioso, que sentenció al mar a 300 latigazos.

Yo me pregunto si existe algo del Rey Xerxes en nosotros hoy en día; no queremos creer que las cosas simplemente suceden. Queremos creer que hay algún tipo de intención deliberada detrás de todo. Y tal vez esa sea la clave para la creencia humana en lo sobrenatural.

En la entrega de recompensas en una máquina tragaperras de casino, las posibilidades son al azar. Pero muchos jugadores quieren pensar que lo que ellos hacen puede aumentar sus posibilidades de ganar el premio. Se quedan en una pierna o llevan su camisa de la suerte… ¿será que estos comportamientos supersticiosos son un sub-producto de la evolución?

Todos los animales salvajes se ven obligados a ser estadísticos naturales, buscando patrones en el caos aparente de la naturaleza. Cuando buscan comida o intentan evitar depredadores, hay dos tipos de error que pueden cometer: 1) pueden fallar en detectar un patrón cuando éste existe, o 2) pueden pensar que han encontrado un patrón cuando no lo hay; es decir, superstición.

Hace 60 años, el psicólogo B F Skinner investigó el comportamiento de las palomas recompensándolas con comida cuando aprendían a apretar un botón en un aparato de alimentación. Pero entonces Skinner ajustó el aparato para recompensarlos al azar, de modo que las palomas tan sólo debían “sentarse y esperar”. Pero eso no fue lo que hicieron. En lugar de eso, la mayoría desarrolló lo que Skinner llamó “comportamiento supersticioso”:

En el momento en que una paloma, por ejemplo, miraba sobre su hombro izquierdo, y el mecanismo de recompensa funcionaba en ese mismo instante, la paloma “aprende” que el hecho de mirar a la izquierda fue lo que le hizo obtener la comida. Entonces, la paloma lo intenta de nuevo, y cuando por pura suerte vuelve a coincidir con la entrega de más comida, la paloma es reforzada con la idea de que mirar a la izquierda fue lo que le dio la recompensa.

Y la paloma sigue haciendo éso, como un maníaco, mirando sobre el hombro izquierdo.

Quizá los humanos no son mucho mejores que las palomas.

Constantemente creamos falsos positivos. Tocamos madera para tener suerte. Vemos rostros en pan tostado y el futuro en hojas de té.

Todo esto nos da una cómoda impresión de significado. Esta es la condición humana. Queremos desesperadamente sentir que existe una fuerza organizadora en acción.

Y en las mentes irracionales, si usted cree en el patrón místico que usted impuso a la realidad, usted se hace llamar “espiritual”.

“The Enemies of Reason”, Richard Dawkins

Jun
9

Carnívoros vs. Toreros

Últimamente he vuelto a pensar en este tema sin solución tras ver un vídeo del genial Stephen Colbert (ver abajo, al final de la entrada) inspirado por la cornada a Julio Aparicio, además de otras noticias como la iniciativa, apoyada por Ricky Gervais en esta página, de prohibir los toros en Cataluña. También han ayudado a reavivar estos pensamientos ciertas conversaciones domésticas con mi familia.

En resumen, mi conclusión es que las personas que comen carne no tienen autoridad moral para criticar el toreo. Así de fácil y sencillo. Yo mismo he sido vegetariano durante 8 años de mi vida precisamente para poder criticar este tipo de atropellos contra la vida animal sin hipocresía; era lo que yo mismo llamaba “vegetariano político”. Porque, efectivamente, quienes comen carne están apoyando en silencio a la industria alimentaria, perpetradora de las crueldades y los sufrimientos más inhumanos y continuados que se pueden imaginar contra el mundo animal.

La industria cárnica, y su forma de actuar, existe porque a la gente le da miedo o aprensión salir y cazar los animales ellos mismos. La industria cumple la función de no dejarnos ver las “animaladas” que se hacen a los animales, valga la redundancia. Hay miles de documentales sobre esto, pruebas innegables de las torturas masivas cometidas para satisfacer la demanda carnívora humana, que mucha gente se niega a ver para no sentirse culpable. Muchos de ellos, después de cenar un filete de ternera, despotricarán contra la mal llamada “Fiesta Nacional”. Hablo, sí, de esos documentales llenos de sangre y sollozos, publicitados por esos “vegetarianos locos”, que viven “en los mundos de Yupi”.

El caso es que, para poder dormir por la noche siendo carnívoro, se deben dar una de estas dos hipótesis:

1) Los animales sienten y sufren como los humanos, pero éstos son “malos” por naturaleza y se debe aceptar la supremacía del hombre, cruel y criminal. Mata o muere. Ley de la jungla. Basta de buenismos: comemos carne, somos crueles en nuestra industria, cerramos los ojos hipócritamente, y punto. No me marees con cuestiones morales.

2) Los animales son seres “inferiores”, que ni sienten ni sufren como los humanos. De hecho, los animales “no van al cielo”. En virtud de esta idea antropocéntrica (e incluso religiosa-mística por la cual se les niega el alma), matar —e incluso hacer sufrir— a los animales, no debería plantear un dilema moral. Son, digamos, objetos.

En ambos casos, en mi opinión, sigue sin haber diferencia entre alimentarse de animales muertos (gracias a una industria que los hacina, mutila en vida y martiriza), y ser seguidor de una fiesta en la que el animal vive su vida infinitamente mejor que las de los animales destinados a la alimentación humana. ¡Es lo mismo! Hay quien puede alegar que el toreo es peor en el sentido de que “educa” a la sociedad en la crueldad animal, les acostumbra a ella e insensibiliza. Y yo digo que precisamente ése es el problema de la industria alimentaria: que oculta, engaña y muestra una imagen idílica de los apetecibles productos que vende, escondiendo criminalmente los atropellos que nadie vé. En realidad, amigos, ya estamos educados de antemano, de nacimiento, en la crueldad y la indiferencia.

Creo, y es cierto, que hay ciertas personas de buen corazón que con las mejores intenciones quieren que el hombre se comporte “humanamente” (término que se confunde con “dignamente”) en relación a sus vecinos animales, pero que a su vez comen carne sin planteárselo. Creo que son personas buenas pero ignorantes de una realidad salvaje, y participativas de un sistema que les toma el pelo. Estas personas deben informarse y elegir entre dejar de comer carne, o aceptar su naturaleza d-e-p-r-e-d-a-d-o-r-a. (¿Alguien ha visto alguna vez a un leopardo pedir disculpas al venado y comérselo entre lágrimas? ¿O, peor aún, a un leopardo comiendo ensalada?… En este sentido, el argumento de la película Madagascar —aquella del león vegetariano— era una farsa gigantesca, desgraciadamente destinada al público infantil).

Creo que, quienes critican la fiesta del toreo, lo hacen por complejo cultural. Sienten como si España fuese un país prehistórico del que avergonzarse internacionalmente. ¡Abrid los ojos! Todo el mundo es prehistórico en el trato a los animales.Todo el mundo come carne. Todo el mundo paga a los carniceros, a los distribuidores, a los mataderos. Todo el mundo aparta la mirada de aquellos documentales de los que hablaba. Porque, efectivamente, revuelven el estómago. Vuestro país no es peor ni más “cañí” que otros. Es exactamente igual. En todo el mundo, millones y millones de seres vivos agonizan durante toda su vida para llenar vuestros platos a la hora de cenar, para abastecer millones de carnicerías, bares, restaurantes, ávidos de músculo y sangre muerta. Lo que os pasa es que compartís conmigo el  desprecio a una costumbre cargada de simbolismos, complejos e historia.

Pero yo, por mi parte, no me siento autorizado para criticar el toreo. Porque he vuelto a comer carne. La vida, cruel y realista, me ha llevado a la opción 1.

EDITO: Es imposible ser 100% coherente (lo digo por lo del vegetariano político) porque no es sólo la comida, sino muchas materias primas usadas en los productos de uso diario, que provienen igualmente del sufrimiento de los animales, pero qué le vamos a hacer)

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