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Historia = Religión

Poorly Made in China
Mi amigo Olmo me ha recomendado regalado uno de los libros más interesantes (e inusitados) que he leído últimamente: Poorly Made in China, de Paul Midler. Es un relato fascinante sobre el sector de la fabricación y la exportación en China, que estoy seguro interesaría a cualquiera que le diese por leerlo. Recomiendo la compra inmediata.
Midler intenta explicar algunas de las características más inexplicables del negocio y la idiosincrasia en aquella parte del mundo, y lo hace buscando en el lenguaje, la cultura y la historia. Algunos de los pasajes no tienen desperdicio, como el que ha inspirado este post, y que se refiere al modo en que la Historia, para los chinos, es algo así como un mito. Más concretamente, como una religión, en muchos aspectos. Es una comparación en la que yo mismo he pensado en muchas ocasiones. Intentaré que la traducción sea lo mejor posible:
“Los chinos de la actualidad son dogmáticos en lo que se refiere al tema de la Historia, tratando el tema como si fuese una religión — y, hasta cierto punto, así es para ellos.
La función de una religión es proporcionar a los grupos multigeneracionales una explicación de dónde han venido y hacia dónde van. También proporciona un código moral de conducta. La palabra ‘religión’ viene del latín religio, que significa ‘unir’, ‘juntar’, y su propósito a través de los siglos ha sido ayudar a que los grupos se mantuvieran unidos con fuerza, en parte gracias a distinguir a los que pertenecen a cierto grupo de los que no.
La historia china proporciona exactamente ese marco para su gente y, como una religión, viene empaquetada ‘de serie’ con un concepto mesiánico. Como una profecía que espera ser cumplida, hay condiciones previas para que se cumpla la promesa. En el caso de China, estas condiciones incluyen la reunificación de sus territorios desintegrados”.
Yo siempre pienso en esa coletilla, ese tópico que dice que ‘la Historia existe para hacernos aprender de nuestros errores’ (ese código moral de conducta con el que viene de serie), y cuantas más vueltas le doy, más falso me parece. No sólo ha quedado patente que nunca se aprende de la historia, sino que la frase parece una cortina de humo que intenta cubrir la auténtica finalidad de la Historia, ésa que produce pudor y sonrojo: es como una religión, algo que justifica nuestros fallos, nuestros sectarismos, que los perdona, que nos promete redención y apoteosis. Un mito, un sueño del que nos despertamos y que intentamos analizar… inútilmente. Un sueño que no podemos quitarnos de la cabeza y al que otorgamos propiedades precognitivas.
Esta concepción mística de la Historia me atrae mucho y me encantaría hacerla mía. De hecho, creo que siempre la he considerado un poco de esa manera, es decir, ‘a la china’.
En fin, un libro fantástico. Gracias, Olmo.
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marcoiris
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