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Plum Creek Massacre (Una de indios)
Hagamos un poco de historia.
Plum Creek (o “riachuelo de la ciruela”) era el topónimo original de Lexington (donde vivimos ahora) hasta el año 1864 en el que se produjo una infame masacre de pioneros americanos perpetrada por los indios, matanza que recibió ese nombre para la posteridad y tras la cual este pueblo quiso purgar su mal fario bautizándose de nuevo. A día de hoy todavía hay reminiscencias de aquella época en muchas partes de Lexington: el supermercado Plum Creek Market, la venta de autos Plum Creek Motors (estupenda web), incluso el Hospital Plum Creek Care Center reciben el antiguo nombre del lugar. Incluso el logotipo municipal se refiere a él.
La ciudad, quizá escarmentada tras la matanza de la que vamos a hablar, se ha caracterizado desde entonces por su espíritu guerrero y defensivo. Sin ir más lejos, en Lexington existían los míticos Minute Men (…y las Minute Maids, o sea, señoritas armadas hasta los dientes; y sí, de ellas recibe el nombre el famoso zumo). Formaban equipos que lucharon, por ejemplo, contra los británicos en la American Revolutionary War. Recibieron ese nombre por su capacidad para responder inmediatamente (al minuto) a las amenazas. Ojalá hubiesen existido antes de la matanza de 1864.
Nebraska fue uno de los últimos Estados en los que se dió la resistencia armada indígena. En sus llanas tierras fueron arrinconados y doblegados los últimos bastiones de aquellos ‘salvajes’ que, en mi opinión, únicamente intentaban defender sus tierras. Quizá la desesperación fue la que les llevó a perpetrar fechorías tan infames como la que nos ocupa, y en la que hunde sus raíces la historia de este pueblo.
El condado de Dawson es atravesado por el río Platte, que da nombre a varias localidades de la región. Ya en el siglo pasado llegaban hasta aquí las rutas férreas construidas en la Conquista. La cantidad de mercancía transportada era inmensa (hoy día existe como reminiscencia Bailey Yard, operado por Union Pacific, que es el punto de clasificación de mercancías más grande del mundo) y fue aquí, por ejemplo, el único lugar en el que los indios atacaron o sabotearon las líneas telegráficas. Ellos pensaban, al ver los postes y los cables, que el hombre blanco estaba construyendo muros gigantes y que aquellos cables se extenderían hasta el suelo, con lo cual se impediría su progreso en la caza del búfalo. De modo que se pusieron manos a la obra, cortando cables y derribando postes a destajo. Pero se detuvieron cuando les explicaron que no se trataba de ningún muro. Eran bastante más majetes de lo que podría parecer.
Pero ocurrió lo que tenía que ocurrir, y el 7 de Agosto de 1864 aconteció la Plum Creek Massacre. Tres tribus indias coordinadas (los Sioux, los Cheyenne y los Arapahoe) habían tramado un plan secreto y se ocultaron en un punto estratégico cercano al cruce de vías férreas mencionado anteriormente. Como se habían “portado bien” durante muchos años, nadie tomaba precaución alguna cuando pasaban los trenes hasta que, en ese día, los indios salieron de su escondrijo y asaltaron los vagones, matando a once personas y saqueando el contenido del tren. Después lo quemaron todo.
La gente que estaba allí en aquel momento y que presenció la dantesca escena (no quiero ni imaginarme lo de las cabelleras), pensó que había comenzado una guerra por parte de los indios. No era tal cosa, pero los indios ya estaban organizando ataques similares a lo largo de toda la línea férrea. Los testigos, horrorizados, enviaron un telegrama de emergencia al instante, y la respuesta fue fulminante, cortando de raiz más ataques y preparando a todas las estaciones para situaciones similares.
Desgraciadamente, este episodio supuso el principio de la guerra de los “rostros pálidos” contra Sioux y Cheyennes, que duró varios años. Tras este brote de violencia, muchos rancheros y habitantes de este {-hoy en día-} tranquilo condado de Dawson huyeron atemorizados del lugar, más hacia el Oeste. Todo era confusión y terror.
Pero el panorama se fue tranquilizando poco a poco. Se pusieron unos controles de seguridad en Fort Kearney (la ciudad donde solemos ir ahora a tomar unas birras los fines de semana), y se hicieron arreglos para que los vagones, a la menor señal de alarma, se situaran en una posición que servía de barricada perfecta, reduciendo los daños de los ataques al mínimo. Aun así se siguieron dando casos aislados de asesinatos por parte de los indígenas americanos.
Cuando corrían los tiempos del Salvaje Oeste, en esta zona de Nebraska donde hoy vivimos se hallaba la más peligrosa encrucijada de caminos, donde los pioneros, los salvajes y la ley del más fuerte campaban entre el olor del carbón, el almizcle y la sangre.
LOS INDIOS (A quien le pueda interesar, breves descripciones):
Arapahoe
Los Arapahoe se llamaban a sí mismos ‘Inuna-ina’, y eran aliados de los Cheyenne. Su nombre significa ‘nuestra gente’ y eran cazadores de búfalos además de dedicarse a cultivar maíz. A diferencia de los Cheyenne son más dóciles y se adaptaron mejor a la ‘civilización’. Su ‘medicina’ es la pipa de la paz, eran muy buenos comunicándose con signos y se entregaban al baile de los espíritus.
Sioux
Los Sioux se hacían llamar a sí mismo Dakota or Lakota. En la actualidad viven en Reservas situadas en lo que fue su antiguo territorio, sus antiguos dominios.
Su lenguaje se llevó a la escritura en la década de 1840, hecho que dio pie a una considerable producción literaria que continúa a día de hoy. Les gustan los desfiles y siguen llevando sus sombreros de plumas de águila.
Cheyennes
Se llamas a sí mismos ‘Dzitsistas’, que también significa ‘nuestra gente’. Quedan unos 3500 individuos repartidos en dos Reservas situadas en Oklahoma y Montana respectivamente. También fueron cazadores de búfalos en las llanuras y cultivaban el maiz cuando vivían más al Este. Son orgullosos; un pueblo de guerreros muy conservadores que han dejado una marca en la Historia de las llanuras. Excepto en esta fiereza, se parecen bastante a sus aliados Arapahoe.
Pelean y cazan a caballo, viven en tiendas de campaña (‘tipis‘), y llevan los típicos mocasines de la pradera, el faldón trasero, y vestido de piel de venado. Sus peinados eran de lo más llamativos: rapados, crestas, mechones… Son muy altos y delgados, y no tenían la piel tan roja como otras tribus.
ESCENA DE LA CAZA DEL BÚFALO DE ‘DANCES WITH WOLVES’ (Rodada en Nebraska)
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