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Flácidos
Siempre se ha dicho que los hombres envejecen mejor que las mujeres. Ahí están los tópicos de Sean Connery, Anthony Hopkins, Clint Eastwood, y muchos otros. Algunos de ellos son muy ciertos, pero otros son tópicos asentados en la percepción general del público aunque en realidad son falsos, como es el caso de Robert Redford, de quien se dice que sigue siendo atractivo. Redford no ha perdido sus rasgos juveniles ni sus profundos ojos pero, a diferencia de los ejemplos mencionados (en especial Sean Connery, que todavía triunfaría en una discoteca aunque fuera pobre) se ha ido quedando flácido.
Otros, como es el caso de Dustin Hoffman, quizá hayan perdido su posible atractivo (a pesar de su nariz y de no ser ‘guapo’) pero, qué queréis que os diga, no dan repelús. Tampoco da repelús, por ejemplo, Robert de Niro, cuyo metabolismo de envejecimiento actúa sobre su físico con bastante dignidad. Otros, sin embargo, sí que dan repelús, e incluso grima, y suelen ser aquellos que han recurrido a tratamientos de belleza o incluso cirugías y otras frivolidades escalofriantes como el recurso al botox, aquellos que se injertan pelo, o se maquillan, o van por la vida con el “ponme ese foco allí” o el “cógeme sólo el lado izquierdo o te demando”. Las mujeres, en mi opinión, no es que envejezcan peor, sino que la sociedad es tan exigente con ellas que sólo parecen satisfacernos si son perfectas. Sin embargo, algunas de ellas (qué digo algunas; muchas) nos demuestran que la belleza tiene edades, como por ejemplo Sofia Loren, Rafaela Carrá (no os riáis porque lo de esta mujer es increíble) o Jessica Lange.
Jessica, siempre fuiste mi musa. Es verdad que personajes como la (durante décadas) muy deseada Michelle Pfeiffer han caido en estados lamentables (ver abajo) mostrando un cierto grado de flacidez, pero por caballerosidad no profundizaré en estos casos. Al fin y al cabo, las mujeres pasan por embarazos, menopausias, desajustes hormonales que no tienen los hombres, y otros muchos accidentes metabólicos que los hombres no experimentan.
Pero volvamos a los hombres. Es obvio que algunos envejecen de forma estrepitosa y quedan decrépitos, consumidos, cadavéricos; tales son los casos obvios de los dos últimos Papas católicos, del antinatural Michael Jackson, o de Al Pacino, de quien abajo podéis ver una foto muy reveladora de la FLACIDEZ que ha llegado a acumular. De hecho el bueno de ALPA ha sido quien ha inspirado este articulillo. Otros, como Clint Eastwood, pueden en efecto estar auténticamente viejos y demacrados, pero insisto: no son flácidos.
Los flácidos de los que hablo son una clase de hombres maduros que, independientemente de tener o no unas facciones o unos rasgos faciales más o menos armoniosos, han sufrido procesos (naturales o quirúrgicos) que han llevado a su piel y sus carnes a caerse y descomponerse en colgajos o en depósitos de grasa y/o líquidos corporales retenidos. Estos personajes suelen tener un semblante vanidoso, pues son conscientes de su deterioro, o quizá sea su obsesión por la eterna juventud la que les ha llevado a desfigurarse de un modo tan característico que evidencia su propia decadencia, tanto externa como interna. Algunos de ellos, como Paul MacCartney (Dios nos libre de su presencia mediática de una vez por todas; Beatle tenía que ser) se han convertido en señoras con el pelo ahuecado (extraña manía la del pelo ahuecado, que acabáis de ver también en Al Pacino), seres con aspecto de marujas (con perdón de la incorrección política) a las que sólo les falta ir llevando un caniche de la correa. Vean, vean.
No querría resultar cruel; en efecto, esta foto evidencia signos de vejez que cualquier hombre mayor podría tener. Pero insisto con McCartney empujado por el odio que le profeso:
¿Veis lo que digo? ¿A que vuestro abuelo no se tiñe su lacia masa capilar de esta manera tan marujil? ¿A que vuestro abuelo no luce esa asquerosa combinación de rasgos/cara/expresión pretendidamente jóvenes con piel/carnes/abultamientos anormales? Seguro que vuestro abuelo ha envejecido como Dios manda y es, por ende, perfectamente anciano. Sin paliativos. Quizá el abuelo de alguno de vosotros se tiña el pelo de marrón (pues el canoso ya nunca será ‘castaño’), pero, ¿a que vuestro abuelo no se parece a Angela Merkel como este tío? ¿A que no da la impresión de ser un ex-presidente cuyas preocupaciones y/o maquinaciones al borde de lo soportable por un sistema nervioso le han llevado a un estado de salud lamentable? Necesitamos que MacCartney deje de componer música, deje de hacer giras ‘revival’ interpretando los engendros musicales de sus amortizados ‘beatles’ y, sobre todo, que se divorcie de una vez para dejar de darnos la vara. No quiero ni imaginarme su pene.
Prosigamos. El siguiente en la lista es de sobra reconocido por todos como paradigma de personaje ‘Flácido’; de hecho, puede que sea el mayor y más sorprendente de todos ellos. Hablo, sí, del irrepetible SYLVESTER STALLONE, quien, por cierto, nunca fue guapo. Como huelgan las palabras, simplemente reproduciré aquí su ya famosa careta de goma que lució sin pudor alguno por el mundo para el estreno de su nuevo Rambo.
Es increíble. Sus (maquillados) labios llenos de silicona han acentuado su mueca en forma de ‘M’; de hecho, el labio inferior tiene altibajos que cubren, ora sí, ora no, su dentadura. El botox le otorga a su rostro esa expresión de estulticia, de imbecilidad. El sudor de su pelo, chorreando y mezclándose con la gomina, evidencia el uso de drogas (es sospechoso de haber introducido sustancias prohibidas en Australia). Esos mofletes hinchados no son los de un tipo obeso, no; son las deformaciones de su masa adiposa facial. La nariz se le ha desfigurado definitivamente y apunta ahora a Parla, y sus párpados aparecen entrecerrados, quién sabe si debido a los compuestos que consume o a nervios faciales inutilizados por la cirugía.
Habrá segunda parte, no lo dudéis.



