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Mar
28

Sueño 5

Mariano –el amigo de mi hermano- es conductor de autobuses o camiones grandes. En una calle estrecha maneja un autobús en el que el único pasajero soy yo. Otro camión quiere pasar por la misma calle, y tienen que estar haciendo maniobras diversas durante horas.
Al final, nos metemos en una casa donde hay mucha gente, los cuartos son muy amplios y todo está desordenado. Mariano ya no es Mariano sino un compañero de sueño, una sombra. Llegamos a una cama redonda, deshecha, de unos diez metros de diámetro. En ella está desperdigada un montón de gente, descansando ociosamente. Es como una comuna. Entre todos están Alba, mi hermano, y un montón de conocidos. Entonces, uno de ellos se acerca a mí y me tumba junto a él en la cama.
-Te voy a contar algo aterrador,- me dice.
Y comienza a contarme una historia muy oscura y siniestra. Al parecer, unos días atrás él había cogido el coche para ir a recoger a su nueva novia…. Segun me cuenta la historia, el muy cabrón me mete mágicamente en ella, de forma que yo estoy en el relato, sentado con él, en el coche, como un fantasma al que sólo él puede ver. Efectivamente, llegamos con el coche a unos pisos (muy parecidos a la casa real de Roberto) y comienza a llover de forma atronadora; los limpiaparabrisas no dan abasto. Es noche cerrada, y al parecer tenemos que quedarnos aquí, esperando a que ella salga. Se enciende una luz en la ventana de un piso, al parecer es la de ella. Yo comienzo a ponerme nervioso, no ha pasado ni un alma por la calle en todo el rato. No sé qué hago aquí, dentro del relato de un tipo que está hablando conmigo en una cama redonda. La luz de la ventana se apaga. Tras una larga espera, el tipo, sin la más mínima expresión en el rostro (algo que me hace sospechar) me pide que salga y la llame por el telefonillo. Accedo, no sé por qué… me pongo la capucha y salgo a la lluvia.
Nada más salir del coche, veo que la puerta del portal se abre violentamente, y del interior sale la chica, corriendo hacia la calle con la cara desencajada por el pánico. Yo me quedo paralizado bajo la lluvia. Tras la chica, sale un tipo joven, fuerte, al que no veo bien la cara, con un cuchillo en la mano. La pobre no logra escapar; el tipo la golpea contra un coche y comienza a acuchillarla bajo la lluvia una y otra vez, una y otra vez, en la barriga, en el cuello, en las ingles, los pechos… decenas y decenas de cuchilladas. Yo consigo reaccionar y le pido al tipo que me deje entrar de nuevo en el coche, me pongo histérico, realmente asustado. El asesino ha dejado de acuchillar a la pobre chica y ahora… me mira. Yo intento abrir la puerta del coche, pero está echado el pestillo, y… ¡no hay nadie dentro del coche!. No puedo salir del relato, no puedo volver a donde estoy realmente (¡¡¿¿??!!), en la cama redonda… El miedo comienza a ser demasiado fuerte como para aguantarlo, y la lluvia y la noche se desvanecen con el sueño mientras el tipo se acerca a mí con el cuchillo en la mano.
No recuerdo si escapo o si me mata.

Mar
28

Sueño 4

Voy a una fiesta de disfraces, pero antes, claro, me disfrazo: me maquillo toda la cara con tonalidades moradas y púrpuras, me hago un peinado muy estrafalario y me decoro la cara con tres agujas de acupuntura: una en cada sien y otra entre ceja y ceja. Con las agujas, el maquillaje y el peinado me presento en la fiesta. Estoy solo, aunque salto de grupo en grupo, charlando, bebiendo… al final, acabo borracho tumbado en un sofá, recostando la cabeza y dando vueltas sobre él, medio dormido. Entonces es cuando se me ocurren las imágenes de mi poema nº 5.
Me levanto y voy a mi casa. Al llegar, me miro en el espejo y veo que se me ha corrido el maquillaje y el peinado ha desaparecido. Tiro de la aguja de entre las cejas, y con un pellizco suave, un dolor agradable, sale de la piel. Pero cuando tiro de la aguja de la sien derecha, veo que se me han clavado mucho en el sofá sin yo enterarme. Al sacar la aguja, que estaba metida unos cinco centímetros, sale del ojo en la que estaba pinchada, y este comienza a vaciarse. Saco del todo la aguja, y noto cómo comienzo a perder la visibilidad del ojo poco a poco. Saco la otra aguja, pero esta también había pinchado el otro ojo. Al retirarlas, han dejado de obstruir la salida de la gelatina del ojo y los globos oculares se me vacían poco a poco.
La sensación es desesperante: cada cosa que atraviesa mi mirada (mis propias manos, o cualquier objeto), deja una huella negra en la impresión de imagen que se forma en mi cerebro, huella que forma un punto negro de ceguera que nunca más recuperaré. Tras todo el movimiento, mis ojos has perdido toda visibilidad y están ya vacíos, como globos vacíos. Me vuelvo loco, muy nervioso.

Mar
28

Intolerancia

¿Por qué se les llama inmigrantes cuando en realidad son emigrantes?

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