1
Sueño 3
Me encuentro con un grupo de amigos, todos ellos llevan un arma. Llegamos en mi coche a un sitio que parece una mezcla entre el claro de un bosque y la plaza de Oriente. Aparcamos, bajamos del coche y saco a mi gato, que iba con nosotros. Un par de perros sueltos se lanzan a por él, y lo rodean y comienzan a atacarle. Salgo corriendo en su busca, le saco de las fauces del perro y le echo una bronca a la dueña de los perros.
-¡Los perros se llevan con correa!
Una vez libre, el gato se pone a perseguir a un roedor, que es una mezcla entre un ratoncillo y un conejo del tamaño de un puño. Al cabo de un rato, se pierde por entre las calles. Mi idea original era dejarle libre para siempre, pero al perderle me doy cuenta de que va a morirse de hambre y que va a estar buscándome por esta plaza toda su vida… así que indico a mis amigos que se pongan a buscar. Miramos debajo de los coches, entre los arbustos, pero no hay manera. Comienzo a arrepentirme profundamente de haberle dejado en medio de la ciudad-bosque. Entonces, veo fugazmente el lomo del gato bajando por la cuesta de un garage público. Le pido a un amigo su pistola y me acerco a la entrada del garage. Una vez pasada la puerta metálica, una profunda sensación de peligro lo rodea todo. Hay mucho silencio, y el miedo me obliga a moverme como un agente especial, pegándome a las paredes y mirando por las esquinas antes de doblarlas. Llego a la entrada de la oficina, donde las luces son fluorescentes parpadeantes. A la izquierda de unas escaleras hay un cuarto de baño, y a la derecha está la entrada a la oficina, que está vacía. Decido que voy al servicio, a ver si hay alguien que esté esperando a que yo entre en la oficina para matarme por la espalda. Abro lentamente la puerta, la luz no funciona. Meto la pistola en la oscuridad y tanteo. No hay nadie. Entro, y cierro detrás de mí. Estoy en el interior del servicio, oscuro y frío. Entonces, sé que al otro lado de la puerta está el payaso asesino dueño del garage. Muerto de miedo, apunto con la pistola hacia delante y abro la puerta de un golpe. No hay ningún payaso. Salgo, y me dirijo cautelosamente hacia la siniestra y solitaria oficina. Entonces veo a mi gato (que ahora es blanco) que está en la entrada de la oficina, comiéndose al roedor, que ahora es una pulpa de carne picada, sangre y pelo. El gato está empapado de la sangre del bicho en el hocico y en las patas. Me meto la pistola en la cintura del pantalón, y cojo al gato. El muy hijo de puta me quiere morder, pero a pesar de todo consigo sacarle del garage. Una vez fuera, la sensación de peligro desaparece y la calle me devuelve la tranquilidad. De nuevo aire fresco. Una vez fuera, mis amigos me dicen que han encontrado a mi gato; al parecer estaba jugando con una gata o algo así. Miro al gato que tengo entre mis manos, y una profunda sensación de repulsa recorre mi esófago. Lo suelto, y el gato sangriento se vuelve a las profundidades del garage satánico. Rápidamente, me lavo la sangre de las manos en una fuente y me uno con mis amigos y con mi gato.



