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El Garrafón
Hola de nuevo, esos feligreses ahí.
Seguro que el título del post os ha producido un escalofrío de morbo. ¿Cómo quedarse impávido ante algo que nos toca tan en la fibra sensible? Yo, por ejemplo, soy, como Nacho, de los que cuando entra a un bar o un garito le pide a un posible conocido que ya esté allí y que tenga una copa en la mano que me deje darle un traguito a ese tubo, “para ver si es lo que tiene que ser”. En realidad no es para dar un traguito, sino una olfatada. Si huele a los sobacos del tío Mijail el de la obra o (lo que es peor) a su colonia, entonces ni bebo y me pido una cerveza. Si no huele mal, le doy el trago solicitado y por lo general me quedo contento (Aunque puedes toparte con garrafones engañosos que no huelen a nada, y entonces el trago te amarga).
Imagino a los mayoristas, los distribuidores, los dueños de los bares y discotequis y su tropa de fieles camareros, todos ellos en un código de silencio, adulterando el escocés de 5 años (o lo que fuere) en bidones enormes, mezclándolo con basura a través de mangueras, aguándolo, o haciendo un popurrí de las marcas más chungas, y forrándose. Cuando pienso que en un sitio ponen garrafón me pido una cerveza para no financiar esa mafia (ejem), y he aquí que ocurre algo muy extraño; cuando voy a la barra a pedir esa cerveza de resignación, es normalmente para pedir también los recados de mis acompañantes, que están dispuestos a beber garrafón aun a sabiendas (¡!). En ese momento cara a cara, cuando el camarero o la camarera parece relativamente inofensivo/a y no hay jefe a la vista, alguna que otra vez se lo pregunto: Mientras veo cómo el líquido cae sobre los cubitos, haciéndolos estremecer y ceder un poco, suavizando sus aristas, mientras analizo el color tostado de sus brillos, lo abrasivo del alcohol y el calor que funde esos hielos, le pregunto al ‘bar-man’ o a la ‘bar-woman’ si éso que me está sirviendo con tanto desparpajo es garrafón, sí o sí. Y siempre dicen que no. (Con excepciones dignas de memoria).
El precio del garrafón. Pues caro, muy caro. Seamos realistas; aparte de ese sitio que conoces donde la copa está a 4 euros y sabes que es alcohol de marca FIJO, normalmente se pagan entre 6 y 9 euros. Yo creo que es un tema importante; una vez hemos decidido gastar nuestro dinero ganado con sudor en la tontería de salir por ahí y tomarte un pelotazo (por el precio del cual te compras una botella de alcohol de verdad), pues por lo menos que no te den amoniaco con pepsi-cola por 1500 pesetas. Esos chavales que empiezan a salir y le levantan a sus viejas dos talegos del monedero, no van a ir al infierno con dolor de cabeza. Por lo menos que lleguen con la cogorza bien planchada.
Pero… ¿y si todo esto no fuera más que una paranoia nuestra?
Estos links os hablan de investigaciones que se han hecho en bares y otros locales para inspeccionar el supuesto uso de alcohol de garrafón. Son además de diversos lugares de España, uno muy reciente (de hoy) y otro de hace 3 años, de la Organización de Consumidores y Usuarios. Según estas noticias, NO EXISTE EL GARRAFÓN. Sólo está en nuestra mente; al parecer, estar borracho (entre otras cosas) interfiere en los sentidos del olfato y el gusto, engañándonos cuando hacemos la prueba de la olfatada o incluso la del trago amargo de colonia del tío Mijail. Todo paranoias. En realidad estamos bebiendo calidad de la buena. Y si no, leed, leed.
- Noticia de hoy
- Noticia de la OCU
Otros seres también han pensado cosas (distintas) acerca del alcohol de garrafa… – “Aguachirri” (Poeta Maldito)
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