Esos son los tres pilares de la radio aquí en Nebraska. Emisoras de country, metal y… sermones. Girar el dial (generalmente, mientras manejamos el carro por una interestatal infinita y perfectamente recta) produce una extraña sensación de déjà vu, de algo que ya hemos oido. “Bonfire” me parece igualita que “She’s Country”, un hit sucede a otro hit gracias a la clonación musical. No es que no me guste el country (de hecho me está empezando a gustar, ¡peligro!), pero prefiero el metal. Además, aquí siguen triunfando mis grupos preferidos de los 90 (están bastante anclado en esa década, estos DJ’s carrozas), de modo que no logro escapar del todo al déjà vu del que os hablaba. Mis emisoras preferidas son Jack FM y Thunder 103.1, si bien no son más que Kiss FM’s con guitarreo.
Así que sólo me queda una alternativa para llenar esas horas de asfalto. Los radiopredicadores. No son difíciles de encontrar; ocupan la mayor parte del dial. Hay momentos del día que parece que sólo existen ellos. Su tono condescendiente y exaltado me hechiza. Su humor “light” (siempre basado en temas conyugales), sus prolongradísimos razonamientos, pero sobre todo la exégesis a la que se entregar en alma (y cuerpo) de los textos bíblicos más rebuscados, me fascinan. El otro día oí una diserción interminable acerca del libro de Ester del Antiguo Testamento (para mí desconocido hasta el momento), y la verdad es que me mantuvo entretenido y alucinado al mismo tiempo. Con los ojos como platos. Ni el café.
Pero hubo un día en que me topé con una radiopredicadora (la primera que tuve el honor de escuchar) que se llevó la palma, de calle. Estaba yo haciendo zapping radiofónico, saltando de Alice in Chains a STP, y de Metallica a Black Sabbath, cuando de repente creí haber dado con All Things Considered, el único programa razonablemente sensato y (por otra parte) bastante interesante para mí. De modo que me detuve allí, escuchando. Era una voz femenina que, según su propia introducción del programa, se disponía a hablar de sexo. Empezó alertando a los padres de que, si había niños escuchando la radio, podía resultarles un tema “bastante maduro” por si querían cambiar de emisora. Aquel primer aviso no fue suficiente para mí; aquí en Nebraska todo está cubierto por una pátina de precaución cuando se tocan esos temas.
Cuando siguió hablando, me dejó de piedra. Estaba haciendo una apología de cómo los hombres (pobrecitos) se ven tentados es una sociedad desbocada y pecaminosa, que les expone a los estímulos sexuales de explosivas mujeres semidesnudas como reclamo en la publicidad, las películas, la televisión, las revistas… Hablaba cómo “ellos” deben vivir con esos estímulos y no ceder a la tentación, cómo lo sufren en silencio por culpa de las mujeres, que no entenderían jamás que su marido les dijese que se han sentido sexualmente atraídos por Megan Fox. Y cómo las mujeres deben intentar entender que los hombres están bombardeados por esas casi irresistibles llamadas de sirena y optar cada día por vivir acorde a Jesús. Llegó a decir que para los hombres debe ser difícil bajar al supermercado y verse rodeado de minifaldas y escotes. Qué mal se debe de pasar.
“Vaya”, pensé, “tiene razón”. En efecto, uno tiene millones de estímulos sexuales ante sí al cabo del día. Los anuncios de Fa me perseguían mentalmente en el colegio, durante clase de mates… hace casi 20 años. ¡¡Madre mía!! ¡Veinte años de labios mordidos, sufriendo la tentación en silencio como las almorranas! La verdad es que lo que estaba diciendo aquella mujer era totalmente cierto. Si lo hombres contásemos con naturalidad, a nuestras parejas, que la chica que acaba de pasar es muy guapa todas las veces que lo pensamos, acabarían cansándose. Hemos de limitarnos a muchachas hermosas (no tías buenas) que veamos en la televisión (nunca en la vida real), y si es posible que estén ya muertas. Pero, “algo falla”, pensé… algo falla en el razonamiento de esta radiopredicadora…
¡Ya está! ¡Lo que falla es la hipocresía! ¡Ella está echando la culpa a las mujeres de sus celos y de su falta de comprensión hacia la constante libido de sus maridos! ¡Pero en realidad lo que está ocultando es otra cosa! ¡¡¡SU PROPIA LIBIDO!!! Según ella, las mujeres no están expuestas a las fotos de Fredrik Ljungberg para Calvin Klein, ellas son inmunes al encontrarse ante un tío bueno medio desnudo al pasar la página de una revista, se quedan impávidas ante los anuncios de Cool Water…
No me entendáis mal. Me encantan los sermones. Son la sal de la vida en el universo radiofónico nebraskeño. Pero esta mujer me sacó de quicio. Tuve que girar el dial y volver a escuchar ‘99 Ways to Die‘ de Megadeth una vez más para descargarme.
Fredrik Ljungberg
Posted in Humor, Sociedad | 7 Comments »